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viernes, 9 de diciembre de 2011

Recuerdos de la Plaza de la Verdura

 Isabel Álvarez Janeiro


Por Esperanza Cabello


Hoy hemos estado un ratito charlando con nuestra tía Isabel Álvarez que, a sus noventa y dos años, sigue magnífica, con una memoria envidiable y un optimismo que contagia a todos.
Siempre nos gusta hablar de otros tiempos, de otra gente, de gente querida y nunca olvidada, de la familia, de los vecinos, de los amigos, del Ubrique de los años veinte...
Hoy le ha tocado el turno, cómo no, a Papá Manuel y al tío Eloy. Isabel era la segunda nieta del primer matrimonio de Papá Manuel (Manuel Janeiro Córdoba) con Isabel Rubiales Coveñas. Era pequeñita y vivaracha, así que se metía en el bolsillo rápidamente a todos. Su abuelo sentía una especial predilección por esa chiquitilla y, bonachón y afable como era, le hacía muchísimo caso.



Una vez a la semana se jugaba a la lotería en el Café de Janeiro (estamos hablando de principios de los años 20), no sabemos bien qué se jugaba, pero Isabel recuerda a muchas personas mayores repartiendo los cartones y a un hombre diciendo los números. Como era muy pequeña (tres o cuatro años) uno de los parroquianos le regaló una sillita de La Huerta (Benamahoma), y su abuelo le ponía la silla sobre el billar y a ella en su silla, así que durante todo el tiempo de la lotería ella miraba al público asistente desde arriba.
Cada semana se sorteaba "casualmente" (nos cuenta con picardía) un gran muñeco de cartón, que era de publicidad del petróleo que su abuelo vendía, y, casualmente también, alguien decía alegremente que el muñeco le había tocado "a la niña".
Isabel estaba encantada de que siempre le tocara a ella el muñeco. Nos ha explicado que era un gran muñecode cartón, con muchos michelines, así gordito, que venía de propaganda con el petróleo.
Papá Manuel vendía también el producto que se utilizaba para candiles y quinqués (petróleo se llamaba aquí en Ubrique) en un almacén que había junto al café. En ese mismo sitio había una tostadora de café, de esas cilíndricas a las que se daban vueltas.



 Máquina para tostar café, principios del siglo XX


 A Isabel le encantaba dar vueltas a la manivela, a pesar de que era muy pequeña, y los que estaban en el café la miraban  asombrados y sonrientes.
En la misma puerta al lado del café se sentaba Mamá Julia (Julia Rubiales Coveñas, nuestra bisabuela), que pasaba una buena parte del tiempo envolviendo con un papel muy fino y muy blanco los terrones de azúcar.


 Mamá Julia con su hija Julia. 1914



Compraban el azúcar al por mayor, en grandes cajas, y mamá Julia se sentaba todas las tardes un ratito en la puerta, con la caja de los azucarillos a un lado y papel del fino recortado al otro. Sobre una mesa de las del café iba envolviendo los terrones de azúcar de dos en dos con la destreza de quien ha hecho la misma tarea miles de veces.
Es que en la familia el café era sagrado, un buen café tomado en buena compañía es un tesoro. Los Janeiros y los Rubiales tenían, y aún conservan una gran querencia por el café. Nos cuenta Isabel que cada vez que nacía un nieto (y antes había hecho lo mismo con cada hijo que nació) Papá Manuel iba a verlo con una tacita de café, porque le daba dos o tres cucharaditas de café para que se fuera acostumbrando al sabor.




En el café de Janeiro había una gran tradición cafetera, (recuerden que algunos de los hermanos: Eloy, Humberto y Rogelio, se fueron a trabajar a Cuba, a un ingenio de café en Camagüey). Papá Manuel hacía el café para todo el mercado, y nunca les cobraba a los que tenían más de sesenta años (tampoco les cobraba la copita de aguardiente a las seis de la mañana, mientras montaban los puestos del mercado.



Papá Manuel

Pues las monjas le tenían encargado que les guardara las zurrapas (una palabra muy curiosa, de origen prerromano, que se refiere a los posos del café) para poder hacerles un cafelito a los ancianos del asilo. Papá Manuel las iba guardando con cuidado en una lata muy grande, y cuando venían a recogerlas él les daba además un poquito de café molido, para mejorar el gusto.

Isabel nos ha estado hablando también de María Fernández, la mujer que ayudó toda la vida en casa de sus abuelos. Eran tiempos duros y María trabajaba mucho. Llegaba por las mañana desde su casita en el Rodezno y lo primero que hacía era ir a la plaza a llenar los cántaros de agua, entonces, claro está, no había agua corriente en las casas. Y lo segundo, encender el fuego, las cocinas económicas necesitabas estar encendidas desde temprano.
Se pasaba todo el día guisando, limpiando, lavando y echando una mano donde fuera necesario. Con el tiempo María se convirtió en una persona más de la casa. Isabel la recuerda ya de mayor, pequeñita y vestida de negro, con un pañuelo anudado en la barbilla y un gabán sobre la otra ropa.
Las dos grandes penas de María Fernández fueron, primero, la muerte de papá Manuel, que la sintió como si fuera su padre, y después la muerte de su nieta, que se había casado muy joven, con solo trece años, con el Chiriguay, y había muerto a los tres meses de la boda.
Isabel la recuerda como una mujer educada y cariñosa, muy atenta y muy trabajadora. 


La Plaza de Abastos
llevando el Toro enmaromado al matadero

Finalmente hemos hablado de cocina. Papá Manuel era un "cocinillas", y preparaba como nadie el jamón dulce. El matadero de Ubrique estaba, en aquellos años,  en la Plaza de la Verdura. Papá Manuel compraba él mismo las patas y las ponía al horno con un procedimiento especial que hacía que se cocieran sin sal  y muy blandas, consiguiendo una especie de "jamón cocido" muy apreciado en la época. 
Las matanzas se hacían a principios de noviembre ("A cada cerdo le llega su San Martín", el día de san Martín es el once de noviembre), aunque seguían  casi todo el invierno. Papá Manuel tenía en estos días previos a las fiestas muchísimos pedidos de jamones dulces, con lo que el café se llenaba de aromas intensos y de más clientes aún.

Isabel Álvarez Janeiro


Es un lujo poder contar con una "informadora" como Isabel. recuerda las historias con precisión y narra todo como si lo estuviera viviendo de nuevo. Realmente somos muy afortunados de poder contar con ella para recuperar un poquito de nuestra historia viva.


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domingo, 30 de agosto de 2009

Manuel Janeiro Córdoba: La perrita Adriana

Plaza de la Verdura, Ubrique
Escenario de la lectura pública de las noticias de la Guerra de Cuba
Fotografía recuperada por Esperanza Cabello

 

Nuestro padre conservó y atesoró multitud de documentos históricos relacionados con Ubrique y su comarca, no sólo de producción propia, sino de interés general, fundamentalmente los relacionados con la cultura en general. Entre ellos hemos encontrado el primer número de "El Halcón", el noticiero mensual de la Sociedad Deportiva de Caza y Pesca "El Halcón" de Ubrique. Este número es del uno de abril de 1980.
No conocemos los detalles, pero el editorial de este primer número le fue encargado a Manuel Cabello. Él no se dedicó a la caza, quizás en algún momento se interesó por los jilgueros, pero sí fue un enamorado de la naturaleza, le gustaban los largos paseos, buscar manzanilla o espárragos... Así que debió de resultarle difícil escribir para cazadores.
Acostumbrado a salir airoso de los retos, escribió en este caso sobre una perrita de cacería que había sido de nuestro bisabuelo. Transcribimos a continuación su artículo: 

Cabecera de "El Halcón"
1980 

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"Hablar yo de cacería, como me pide vuestro presidente, es un imposible categórico. Yo creo que no he disparado ni en la “mili”, en razón a que en aquel feliz tiempo, mi menester militar se ocupaba de los servicios sanitarios del Arma de Artillería, durante mi época de campamento en África; y durante el acuartelamiento en la Estación 320 de la Estación Meteorológica de Ceuta.
Pero accediendo a la amable invitación, acudo hoy a las páginas de este nuevo y dinámico Boletín informativo con una historia que no sé si llamar humana, sentimental o de animales, pero que rompe con todo lo que de incomprensión pueda tener el amor a los animales.
Ya he dicho que de cacería, nada de nada; no es mi hobby. Incomprensiblemente, ya que por mi apellido Janeiro debería serlo. Nuestra provincia gaditana y numerosos pueblos de la de Málaga se vanaglorian de tener o haber tenido extraordinarias escopetas entre los habitantes “janeiros”, apellido este originario de Galicia, donde, igualmente, existen magníficos cazadores, pero enfin, a mí no me tocó esa fortuna.
Mi abuelo y mi tío Manuel y Eduardo Janeiro Córdoba me han dado la mejor lección de amor a los animales. Inédita, no conocida, pero que encierra en sí misma una de las páginas más bonitas de este mundo que vosotros vivís. Si no, juzgad vosotros mismos:
Corrían los aparatosos años de finales del siglo pasado, 1898. La isla española de Cuba se estremecía en la contienda que por su liberación había encendido a los Estados Unidos de América, en lucha desigual, con las tropas españolas. Eran varios los ubriqueños que luchaban en los más destacados sitios de la guerra cubana. Lógicamente, las noticias no llegaban a la Península con la rapidez que todos deseaban, y mucho menos a Ubrique, cuya única salida eran los caminos verederos a Cortes de la Frontera y las calzadas para diligencias y carretas hacia Arcos y Villamartín, en cuyo caminar había que realizar jornadas completas: la prensa llegaba tarde, la correspondencia también y la radio, por supuesto, no existía.



Ilustración de la perrita Adriana
Noticiero "El Halcón"

 
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Había que buscar una solución para que al menos los periódicos, sobre todo “El Diario” (cuyo nombre no recuerdo bien) llegara con prontitud a Ubrique. A mis familiares se les ocurrió la solución: amaestrar a una perrita que no se destacaba por sus dotes de cazadora. No era de pura raza, sino de las que en el argot de caza se denominan “garabita”, mezcla de setter inglés y perro lobo. De regular alzada, muy peluda, perfil afilado y unos ojillos resplandecientes que hablaban de su vivacidad. Se llamaba “Adriana”.
Mi abuelo fue el encargado de adiestrarla; en ello tardó más de un mes, yendo a diario a Cortes, unas veces a pie y otras sobre las recuas del pescado, y haciendo volver sola a la perra, que traía en el collar, bien sujeto, un número de “El Diario” que, lógicamente debía llegar pronto a Ubrique, donde todos estaban deseosos de conocer, día a día, los datos de la tragedia cubana.
Así una y otra vez, engolosinada la perrita Adriana, llevaba a su salida de Ubrique el dinero en el collar y traía a su vuelta de Cortes el diario bien atado en el mismo. Traía la prensa un día sí y otro no, a la caída de la tarde. Así llegaba al Café de Janeiro, en la Plaza de la Verdura, despertándose la natural expectación, no exenta de ansiedad, por la lectura pública de las noticias ante un silencioso corro, que a veces sobrepasaba el centenar de criaturas.



Ilustración de Pedro Janeiro
leyendo las noticias de la guerra de Cuba
en la puerta del Café de Janeiro


 

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Estas lecturas públicas tenían un todo de ritual. Primero el lector, ante la concurrencia, entre la que normalmente se encontraban las autoridades locales, con voz fuerte y potente, sentado en una silla sobre una mesa en el centro de la plaza, leía todas las noticias interesantes relacionadas con Cuba: un día Cavite, otro Santiago, otro La Habana... Después, para quitar todo el amrgor y el hierro de la penosa información, un sobrino de mi abuelo, esteponero, Pedro Janeiro, se subía a la misma palestra y en tono burlón leía, parodiaba y explicaba la noticia, así el auditorio, a pesar de la tragedia, se despachaba el humor a su gusto y esa noche descansaba tranquilo.
Así siguieron las cosas mucho tiempo, y la perrita Adriana un día, jugando con unos críos, mordió a uno de ellos. Mi abuelo, indignado, se deshizo de ella dándosela a unos señores que en esos momentos estaban en el Café de Janeiro. Estos personajes eran contrabandistas y, conocedores del buen hacer de la perra, la reeducaron para sacar tabaco de Gibraltar, por el mismo procedimiento del collar. Los carabineros sospecharon de ella y la perra, a su vez, aprendió a eludirlos, agazapándose ante la guardia.
Pero un día, en una fuente próxima al Tesorillo, agotada por una persecución y el esfuerzo de cargar el enorme bulto de tabaco que llevaba, dejó de existir. Fue todo un ejemplo de perro al servico de su dueño hasta el final".


Manuel Cabello Janeiro, abril 1980

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jueves, 28 de enero de 2021

El café de Janeiro

 

            La plaza de la Verdura con el antiguo Café de Janeiro


Por Esperanza Cabello


Hace unos días en el programa "Centenarios" de Canal Sur pudimos conocer a una ubriqueña, afincada en Málaga, que nos contaba deliciosamente sus recuerdos y su vida. También conocimos a su familia, una parte en Málaga y otra en Ubrique. Este tipo de programas es magnífico para poder revivir recuerdos y conocer la experiencia de nuestros mayores.

En ese programa, además de los videos sobre Ubrique, tuvimos ocasión de ver algunas estupendas fotografías antiguas de Ubrique y ahora tenemos la oportunidad de ver algunas de ellas (gracias, Ester💜).

En concreto esta fotografía de la fachada de la casa de nuestros abuelos en la plaza de la Verdura, con los anuncios de Coca cola y Casera a ambos lados del conocido como Café de Janeiro y las sillas y mesas de madera apiladas junto a la puerta del edificio.

Nuestro bisabuelo Manuel era un empresario nato, seguramente tuvo que reinventarse muchas veces para mantener a su numerosa familia, pues en sus dos matrimonios (con las hermanas Isabel y Julia Rubiales) tuvo más de diez hijos (en este enlace). Tenía una fábrica de artículos de piel, mantuvo la almona de sus padres y fue conocido, sobre todo, por el café de Janeiro.

 


 

Nosotros conocimos el lugar bajo la dirección del padre de Antonio Cuéllar, pero sabemos que este café había estado en manos de la familia al menos hasta la Guerra Civil, en un anuario de 1932 hemos podido ver que estaba a cargo de Arsenio Janeiro, uno de los hijos menores de nuestro bisabuelo

 

Publicidad del Café de Janeiro en 1932

En este enlace

 

 

En 1931, en las fotografías que conservamos de Francisco García Parra, podemos ver la fachada del café con algunos parroquianos en el interior y en la puerta.

 





sábado, 21 de abril de 2012

La primeras cafeteras exprés de Ubrique

Máquina de café exprés originaria del bar "La Perla"
Oyarzun y Cía, principios de los cuarenta
Fotografía: Luis Eduardo Rubio


Por Esperanza Cabello

Hemos tenido acceso a una parte de la historia de Ubrique al poder fotografiar esta magnífica cafetera exprés de caldera, que estuvo a principios de los años cuarenta en el bar "La Perla" (La Perla y la Chabola son los bares más antiguos de Ubrique) y que después pasó al bar -al ambigú- que estaba dentro del cine Capitol.
Esta cafetera e un trozo de nuestra historia, nos habla de los bares, de los cafés y de las tertulias hace muchos años. Aunque no nos damos cuenta el café, tomar café, es algo muy propio de nuestra sociedad.
 Nuestra tía Isabel Álvarez (nacida en 1919) nos ha contado que el bar más antiguo del pueblo era el café de Janeiro, durante un tiempo el único que había en el pueblo, que había sido creado por nuestra tatarabuela Ana Córdoba. después de Manuel Janeiro Eloy Janeiro siguió con el bar, más tarde Arsenio, que lo tuvo muchos años, e incluso nuestro a buelo Paco lo mantuvo un corto tiempo. Después ya hubo varios bares en la Plaza y además  la Perla y la Chabola, que al principio era un almacén para una tenería y se reconvirtió en bar.
Cuando ella era joven (años treinta) todos los bares estaban concentrados en la misma zona: estaba el bar de Vicente Tenorio, exactamente donde está el bar la Plaza ahora (y ese era el casino, no el que conocimos nosotros). También estaba el bar  la Pila, de Joaquin Orellana, y en la casa de las Piñero estaba el bar de Ramírez. Además existía el café de Manuel Domínguez Pendón, en la esquina de la Plaza con la plaza de Francisco Fatou. 
Además, por supuesto, estaba la Perla y su flamante cafetera exprés...





También hemos estado hablando con Mateo Zapata, quizás el camarero más antiguo que hay en Ubrique, que llegó a nuestro pueblo a trabajar el 16 de marzo de 1941, y nos ha contado la historia del café y las cafeteras en nuestro pueblo. Mateo ha corroborado y completado los datos de los bares de Ubrique en esa primera mitad del siglo pasado.
Al principio no había cafeteras, en los bares se hacía el café de pucherete, calentando el agua y echándole el café molido antes de que hirviera. Cuando se servían los cafés se llevaba la cafetera en una mano y la lechera en la otra, sirviendo los cafés en las mesas.
El café lo traían crudo las "matuteras" desde Gibraltar, en talegas. 
Su primer jefe, Juan Domínguez Pendón, el dueño del café de Pendón, junto al casino, compraba los granos de café y los tostaba.


 Máquina para tostar los granos de café





Mateo recuerda que en 1942 Rodrigo Orellana lo contrató para trabajar en el bar de la Pila (donde está el ayuntamiento), y que tostaban el café en el patio de la casa en la calle Cañito número 9, en una tostadora con una candela de leña.
Después molían el café en un molinillo a dos manos, y los terrones de azúcar los liaban en papel finos de dos en dos.
Se servía café durante todo el día, a diez céntimos los primeros años, después a quince céntimos, y las zurrapas las recogía para el asilo un hombre llamado Manuel "el Cojo", que vivía con las monjas.


Mateo Zapata junto a la cafetera del bar Barrera
Ubrique, 1948

En 1948 Mateo empezó a trabajar en el bar de Barrera, en la calle del Agua, y allí había una magnífica cafetera exprés que habían comprado varios años antes. Mateo cuenta que seguramente esta fue una de las primeras cafeteras que llegó a Ubrique. Funcionaba con electricidad, pero cuando se iba la luz, algo muy corriente en la época, se ponían carbones encendidos en la caldera de abajo.

La otra cafetera, la que se conserva todavía, la de la Perla, debe de ser de la misma época, nos habían dicho que fue la primera que hubo en Ubrique, pero Mateo cree que la primera fue la de Barrera. En cualquier caso esta es  una cafetera Oyarzun de caldera, magníficamente conservada y en perfectas condiciones de uso.



La casa Oyarzun empezó a traer cafeteras exprés de importación en los años veinte. Hemos encontrado un anuncio de 1926 en el que solicitan vendedores para sus increíbles cafeteras.


Anuncio del diario ABC, 1926



Ya en 1934 encontramos que la casa Oyarzun fabrica sus propias cafeteras (hasta el momento eran de importación) y que está asentada en Madrid, en el Paseo Imperial, 10.



Anuncio de Cafeteras Oyarzun,  ABC 1934


La nuestra, la ubriqueña, debió de llegar a nuestro pueblo unos años más tarde, seguramente después de la guerra, cuando los negocios empezaron a recomponerse, y seguramente fue la admiración de todos los parroquianos que se acercaban a la entrada del lugar en aquella época.



Bar La Perla, a la entrada de Ubrique, 1930?
Regentado por la familia López desde su apertura

 Bar La Perla, años cincuenta



 Bar la Perla, 1962
Fotografía Gustavo Herrera


En todos esos años la cafetera exprés de Oyarzun estuvo preparando cafés para los ubriqueños y los visitantes, suponemos que  en los años sesenta o principios de los setenta la llevaron al cine Capitol para su ambigú, pero sólo recordamos que vendían refrescos y chucherías, quizás no se utilizara ya.
A finales de  los ochenta, cuando el cine se cerró,  la cafetera iba a ser tirada junto al resto del menaje, pero fue salvada de su abandono y reparada para que volviera a funcionar debidamente.



Primera fotografía que conocemos de la cafetera  de La Perla
Fabricada, efectivamente, en el Paseo Imperial de Madrid

La casa Oyarzun ha seguido fabricando cafeteras y material de hostelería todos estos años, en los años cincuenta patentaron la tolva de café y actualmente continúan fabricando máquinas de vending, esas que nos permiten comprar un café en cualquier sitio público.




Nunca nos habíamos interesado demasiado por las máquinas de café, ahora hemos descubierto que supusieron toda una revolución en el mundo de la restauración y que se fueron dando muchos pasos para que pudiésemos tomar un café exprés con un amigo en un bar.

Queremos agradecer expresa y encarecidamente a Mateo Zapata y a Isabel Álvarez no solo todos los datos que nos han aportado para hablar del café y las cafeteras, sino el buen rato que nos han hecho pasar con sus anécdotas y sus recuerdos.


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martes, 24 de mayo de 2011

El Callejón de Janeiro

 El callejón de Janeiro desde la calle Botica


Por Leandro Cabello

Hay un elemento arquitectónico en Ubrique que,  a pesar de su modestia, cumple su misión desde hace años (no me han sabido decir cuántos). 
¿Acaso alguien ha visto alguna vez un atasco de vehículos en el callejón de Janeiro? 
Se trata del pivote de hormigón que fue colocado al principio de esta calle hace más de 50 años para evitar que circularan vehículos por ella. 
De pequeños lo usábamos  como potro y saltábamos sobre el o gastábamos multitud de bromas por la curiosa forma que tiene cuando alguien lo tocaba un poco más de la cuenta. 
Sólo con esto me hubiera dado motivo para hablar del callejón pero en verdad siempre para nuestra familia ha significado mucho más.
Al principio del siglo XX se encontraba en este callejón el Café de Janeiro que pertenecía a nuestro bisabuelo Manuel y del que tantas historias nos contaba nuestro padre.
Posteriormente nuestro abuelo Paco tuvo una fábrica de artículos de piel , en la que algunas de las mesas conservaba algunos símbolos masones pues eran las mismas que sirvieron en el café de Janeiro, que a su vez fue local de reunión de la logia Ubriqueña.
Después nuestro abuelo pueso una tienda de ropa, y fueron sus hijas Joaquina y Ana Maria las que continuaron con esta tienda de modas, mientras que en la parte trasera era Antonio Cuéllar el que tenía un bar del que me acuerdo de su vermuth.
 
 
 
El callejón de Janeiro, antigua zona comercial
a la izquierda, la tienda de las hermanas Cabello
a la derecha las tienda de las hermanas Piñero



En realidad han sido algunos negocios más los que han estado instalados en esta pequeña calle de apenas 25 metros pero yo solo hablo del pivote.
 
 
 
 Obras en el callejón, bajo el pivote
se ve el Ubrique el Alto canalizado


Debajo del pivote se encuentra la matrona por la que circula el agua de Ubrique el alto que despues
pasa por la calle el agua y la calle Cervanes para unirse al rio debajo del puente de los Callejones.
 
 


Calle Cervantes
El Ubrique el Alto canalizado




Actualmente en la antigua casa de nuestros abuelos se encuentra la Asociación de Vecinos de la Plaza de la Verdura mientras al principio tiene Vicente Romero una carnicería.



El columpio del Callejón de Janeiro
3 de mayo de 2011


El callejón tiene mucha importancia en algunos de los eventos que se desarrollan a lo largo del año.
Por eso  los días del Belén Viviente, de las cCndelas (cuando se monta el columpio entre sus paredes) o de la Patacabra del Carnaval (cuando hay que hacer una peligrosa maniobra debido a la estrechez) se pone de bote en bote.
 
 
 
 La Petacabra Carnavalera
saliendo por el Callejón de Janeiro




Por cierto siempre me ha llamado la atención los azulejos de la tienda de nuestras tías, muestra de la modernidad de aquellos años y para demostrar que no hay nada nuevo bajo el sol ahora ha se ha puesto de moda el gresite.
 
 

         El gresite en un catalogo actual y el azulejo de la tienda de las tías.



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miércoles, 13 de mayo de 2009

Manuel Janeiro Córdoba. La Plaza de Toros de Ubrique, un recuerdo familiar

Plaza de Abastos de Ubrique. Toro del gayumbo
Fotografía de 1875 recuperada por Manuel Cabello



Por Esperanza Cabello


Ana de Córdoba y Manuel Janeiro tuvieron cinco hijos de los que nuestro bisabuelo, Manuel Janeiro Córdoba, fue el mayor. La pronta muerte de su padre hizo que Manuel se viera obligado a trabajar pronto en la armona (fábrica de jabón) y en la fábrica de pasta, y a continuación siguió trabajando en la carpintería de la calle Madera.
Su alergia hizo que tuviera que dedicarse a otros menesteres, y pronto se consagró a la fonda que Ana de Córdoba regentaba en la Plaza de Abastos (hoy Plaza de la Verdura) creando un café, el Café de Janeiro, que pronto gozó de gran fama, no sólo por ser centro cultural y artístico, desde el que se organizaron representaciones teatrales (la comedia de Ubrique) , sino por ser el núcleo de la logia masónica América, cuyo secretario fue el propio Manuel Janeiro, y que se dedicaba a actividades filantrópicas.
Desde el café se preparaban durante todo el año los diversos festejos taurinos, destacando las corridas que se celebraban en el Catalán y también el "toro del gayumbo", toro enmaromado o toro de la cuerda,  que  iniciaba su recorrido en el corral de la Fula, en la calle de los Expósitos (actual calle Prim), y llegaba a la Plaza de la Verdura o de Abastos, frente al café, donde estaba el Matadero (en el mismo local que después estuvo el Salón Moderno y ahora la Peña Flamenca).
Este festejo desapareció hace más de un siglo, cuando se construyó la plaza de toros y el matadero se trasladó de la plaza de la Verdura hasta la "salía"; desde que se inauguró la plaza ya no fue más necesario trasladar a los toros y ya no se han celebrado más este tipo de eventos en las calles de Ubrique.



Plaza de Toros de Ubrique
Fotografía recuperada por Manuel Cabello.


La Plaza de toros de Ubrique fue construida en Ubrique a instancias de nuestro bisabuelo Manuel Janeiro Córdoba (1859-1923). Le había tocado la lotería, y con la ayuda de su cuñado, Francisco Guerrero, compraron el ejido del Naranjal, mandando construir en él la primera plaza de toros de la localidad.


Plaza de Toros de Ubrique
Fotografía recuperada por Manuel Cabello


El texto siguente, sobre la localización de la Plaza de Toros, fue escrito por Alejandro Pérez Ordóñez el día 9 de agosto de 2003, justo un día antes de que la derrumbaran:

"En el momento de la construcción de la plaza (1909), su situación era a las afueras del casco urbano de Ubrique, en el conocido como Llano de Trebujena, entre el arroyo que baja del manantial del Algarrobal (hoy soterrado), la carretera hacia Cortes de la Frontera, el camino que cruzaba el río Ubrique por el puente de Carlos III (el más antiguo de los conservados en la localidad) en dirección al Prado de San Cristóbal y el propio cauce del río Ubrique".


No sólo porque era un símbolo de nuestro pueblo, sino porque la historia de todas las familias de Ubrique tiene varios capítulos escritos en esta plaza de toros, que podría haber sido reutilizada con cualquiera de los fines sociales o culturales que Alejandro propone en su escrito, queremos hacer desde aquí un homenaje fotográfico a la Plaza de Toros de Ubrique.


Plaza de Toros de Ubrique, 1920
Natalia Fernández en los toros, en el centro del palco
con un magnífico mantón de manila turquesa




Julia Janeiro con Lola y María Luque, 1918
Se adornaban los palcos con magníficos mantones de manila,
flores y plantas. Así las señoras podían asistir a los toros



Plaza de toros de Ubrique, Feria de 1919
Entre las señoritas ataviadas para la ocasión
reconocemos a Pepita Yuste, amiga de la familia.



Plaza de Toros de Ubrique, 1969
Escenario para las actuaciones escolares


Clausurada en 1977, la Plaza de Toros de Ubrique fue destruida en 2003, dejando al pueblo sin uno de los últimos monumentos del siglo XIX, y sin que podamos hacer otra cosa que seguir echándola de menos cada vez que pasamos por el puente de Carlos III.


Esperanza Cabello Izquierdo, mayo 2009

Nota del 22 de septiembre de 2011: Hemos sabido que en la corrida de inauguración de la Plaza de Toros, los toros fueron los de la ganadería de Agustín Campos Miméndiz, en este enlace explican la historia sus descendientes. 

Nota del 15 de noviembre de 2011: en "La Sierra del Mediodía" se ha publicado uno de los primeros carteles de esta Plaza de Toros, anunciando una corrida de 1908. Pinchar en este enlace para acceder. 



 Cartel de 1908
Propiedad de Luis Benítez Ríos
Publicado en Mediodía


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miércoles, 17 de marzo de 2010

Rogelio Janeiro Rubiales

Humberto, Eloy y Rogelio Janeiro Rubiales
Miguel Reguera Rubiales
Pedro Rubiales García
Camagüey, Cuba. 1920




Postal enviada desde Cuba
por los hermanos Janeiro a la familia en 1919



Por Esperanza Cabello

Nuestro tío abuelo Rogelio era uno de los muchos hijos de Manuel Janeiro Córdoba y Julia Rubiales Coveñas.
Nació en 1895, y se crió, como todos sus hermanos, en la Plaza de la Verdura. Nuestra tía Isabel lo recuerda con cariño, y mantiene su recuerdo a pesar de que era uno de los más pequeños.
Rogelio fue creciendo entre la fábrica de fideos de la familia y el café, que era el sustento de todos, aunque también en aquella época arreció la crisis y los hermanos mayores, Eloy y Humberto, decidieron emigrar a Cuba.
También emigraron, en un primer momento, varios primos, cuyas familias siguen hoy día viviendo en Cuba (pinchar aquí).


Los primos en las oficinas de la plantación
Camagüey, 1920



Rogelio los acompañó cuando sólo tenía catorce años. A pesar de conocer ya a la que sería su novia y después su mujer, Juana María Carrasco, en 1910 se fue a trabajar a Cuba, en la ciudad de Camagüey, al este de la capital.




Tarjeta enviada por Eloy a sus padres
desde Santander en 1919
Justo antes de una travesía

Los tres hemanos trabajaban, ¿cómo no? en un ingenio de café (se llamaba así a las fábricas que procesaban el café que iban produciendo los cafetales). Rogelio trabajaba en las oficinas, aunque su hija, nuestra tía Mª de los Ángeles, supone que se encargaría de muchas otras cosas. Sabemos que, por tradición familiar, Rogelio era un artista. Pintaba, como varios de sus hermanos, y, según nuestro padre, era el mejor de todos.
Humberto, Eloy y Rogelio estuvieron trabajando en Cuba, junto a otros ubriqueños, hasta 1923.


En el ingenio de café, 1920


A partir de ese año, Rogelio se asentó definitivamente en Ubrique, su pueblo, al que había vuelto esporádicamente en aquellos trece años, en rápidas visitas a la familia y a su novia, Juana María, que trabajaba en la escuela de su tía, Ángeles Bohórquez, como auxiliar de maestra, trabajo que mantuvo hasta que se casó.


La familia en 1921, durante un viaje a Estepona
Rogelio y Ana a la derecha de la foto


Rogelio y Juana María se casaron en 1924, nuestra tía recuerda que todos estaban de luto aquel año. Con el dinero que había ido ganando en el ingenio de café, Rogelio adquirió una fábrica de artículos de piel, en la esquina de la calle Botica.




Además, hombre emprendedor, acostumbrado al movimiento en la plantación de café y a la modernidad, Rogelio decidió comprar dos automóviles, para empezar un negocio de transportes, uno de ellos lo conducía Bartolo Gómez, y el otro el propio Rogelio.



La vida les sonreía. Rogelio se había convertido en un empresario próspero y la vida de la familia transcurría tranquilamente en su casa de la calle Botica. Pronto los hijos empezaron a llegar. A pesar de haber perdido al primero, en 1926 nacía Manuel, el primogénito, nuestro tío el maestro Manuel Janeiro Carrasco, que fuera alcalde de Ubrique en 1968.
Un par de años más tarde nacía una preciosa niña, María de los Ángeles.
Rogelio se había convertido en un apreciado vecino, concejal del Ayuntamiento.



Rogelio Janeiro, 1924


Pero no duró mucho la felicidad de la familia. El día 20 de marzo de 1929, rogelio tuvo un accidente al ir a aparcar su coche. Acababn de hacer un viaje y había llegado a su destino, en la entonces plaza de Alfonso XIII (la Plaza), se había acercado a ver a su esposa y a sus niños, Manuel con dos años y Mª de los Ángeles con seis meses y decirles que el viaje había terminado bien.



Paseo del Prado, años 50
La fábrica de Curtidos de Manuel Carrasco
se encontraba al final del Paseo


Los coches los aparcaban en el actual paseo del Prado, donde Manuel Carrasco, su suegro, tenía una fábrica de curtidos y donde habían hecho un garaje. En el siguiente recorte de prensa pueden leer lo que sucedió:




A pesar de que lo trataron varios médicos, las heridas fueron muy graves, sobre todo la herida del pecho, que se le cangrenó, por lo que murió cinco días más tarde, con 33 años. Debió de ser muy sonado. Era el primer accidente de tráfico serio en Ubrique y había habido varios heridos.


Juana María nunca se recuperó de esta muerte. Se quedó totalmente destrozada. Toda la vida esperando a un marido que la muerte le arrebató demasiado pronto.
No quiso ocuparse de la fábrica, ni mucho menos del negocio de transportes. Se fue con sus dos niños a casa de sus abuelos con sus tías Ángeles y Sebastiana, en la calle del Agua, el que había sido siempre su hogar.



La vida de la familia Carrasco Janeiro transcurrió, a pesar de la ausencia del padre, casi normalmente. Todos se ocuparon de que a los pequeños no les faltara nada y se criaron en un ambiente culto y de libertad.
Años más tarde pusieron el teléfono en Ubrique. La CTNE (telefónica) empezó a instalar centros familiares, atendidos por familias. Juana María se presentó a unos exámenes que hacían los inspectores de Madrid y obtuvo la licencia para una centralita.
Su hija Mª de los Ángeles recuerda, con una memoria envidiable, los cien primeros números de Ubrique.
Nos los ha recitado todos, y hemos retenido, como curiosidad, los siguientes:

1- El Ayuntamiento
2-Familia Coronel
3-La Guardia Civil
16-El Casino
20-Bar Capitol
25 -Café de Rodrigo
27- Familia Izquierdo
38- Familia Cabello


(Si alguien los quiere saber, tenemos el listado completo)

Juana María (que había nacido en 1898) murió el 31 de enero de 1963, acompañada siempre por su familia, sus tías, sus hijos y ya sus nietos.
Los dos hijos de la pareja hicieron sus estudios de magisterio y hoy Rogelio y Juana tendrían doce nietos y muchísimos bisnietos, a los que desde aquí mandamos un gran saludo.

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