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jueves, 4 de febrero de 2021

Ciento cincuenta días

 

 

Ciento cincuenta días, ciento cincuenta fotos


Por Esperanza Cabello (en femenino singular)


Precisamente hoy, cuatro de febrero, hace exactamente ciento cincuenta días que comenzó una nueva etapa. Llegó el momento de la jubilación.

Y aunque la estaba esperando con ilusión, no era precisamente de esta forma como la había imaginado. Pensaba haber seguido como bibliotecaria honoraria en mi instituto, echando una manita a quienes lo necesitaran. Pensaba viajar, aún me quedan muchos sitios que visitar. Pensaba pasar temporaditas con amigos y familiares que viven lejos. Pensaba participar en miles de actividades en mi pueblo, ahora que iba a tener tiempo...

No contaba con un enemigo común, esta maldita epidemia que nos ha trastocado a todos, un enemigo que ha cambiado los ritmos de vida de todos nosotros, y aquí no íbamos a ser una excepción.

Por eso en lugar de seguir con mis planes me he dedicado, estos últimos ciento cincuenta días, a caminar, es una de las pocas actividades que se pueden hacer tranquilamente y con seguridad, y como si estuviera preparando una particular maratón, he "entrenado" cada día haciendo kilómetros como para ir a los Pirineos.

Montones de kilómetros que me han hecho apreciar aún más nuestro entorno, que me han demostrado lo afortunados que somos por vivir en este pequeño paraíso, que me han puesto en contacto con muchos otros andarines, cada cual más diverso, y que me han enseñado que podemos enfrentarnos a la adversidad bien preparados, sonriendo y seguros de que, haciendo lo correcto, saldremos airosos de las más duras pruebas.

Estas ciento cincuenta fotografías son un buen recuerdo de estos primeros meses de una nueva etapa y el inicio de la siguiente...

¡Vamos allá!

 

 

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sábado, 16 de abril de 2016

Buscando gamones con Melissa Chen caminito de El Hondón

 El gamón en flor
Este año la floración ha sido muy temprana


 Fotografías de Leandro Cabello


La semana pasada tuvimos noticia de que una chica americana, Melissa Chen, estaba muy interesada por nuestra "Fiesta de los Gamones", y buscaba a familias y ubriqueñas que quisieran acompañarla al campo a fotografiar gamones. También quería conocer la historia de esta fiesta ancestral, y vivir en primera persona los prolegómenos de la fiesta.
Hace unos días, cuando por fin conocimos a Melissa, supimos que tiene grandes lazos con Ubrique, que estuvo aquí trabajando hace unos años como profesora de inglés y que más tarde se casó con el ubriqueño Luis de Francisco Camargo.
Melisa, una chica de Dallas que vive a caballo entre Ubrique y Madrid, donde está haciendo un máster en fotografía, está empeñada en hacer su proyecto de final de Máster sobre el Día de los Gamones de Ubrique.
Te das cuenta de que a veces la pasión de los extranjeros por conocernos hace que ellos mismos se conviertan en embajadores de nuestros pueblos y, como es el caso de Melissa, una excelente embajadora.


 La flor del Gamón
Asphodelus albus aún en flor por la zona de Benaocaz


Para ese proyecto lo primero ha sido documentarse, y acudir a las publicaciones que hay hasta el momento sobre la fiesta. Desde las publicaciones sobre las canciones de columpio hasta las publicaciones sobre la fiesta en sí, la primera de ellas fue la de nuestro padre, Manuel Cabello, en su libro "Ubrique, piel al descubierto", Melissa estaba encantada de que fuera una edición en español, inglés y francés.
También le hemos mostrado películas y fotografías, las más antiguas de finales de los sesenta, y le hemos contado curiosidades y anécdotas.
Hemos intentado explicarle la evolución de la fiesta, desde la antigua devoción a la Cruz, que comenzaría seguramente a principios  del siglo XVIII, hasta la actual "parafernalia" de franceses de uniforme, que nada tiene que ver en realidad con nuestras candelas y nuestros gamones.




 Coto privado de "Gamones"
Una buenísima idea, aunque solo es una pequeña broma


Le hemos explicado que esta historia de franceses que se ha desarrollado tanto en los últimos años y que es, con total seguridad, un bulo, debe de estar relacionada antropológicamente con la necesidad de los pueblos de sentirse importantes, y preferir un recuerdo de lucha contra los invasores (aunque en realidad los franceses llegaron, nos vencieron y achicharraron nuestro pueblo en varias ocasiones, pues no éramos guerreros ni soldados) antes que un sencillo y humilde recuerdo rural de aquel antiguo Ubrique del siglo XVIII en el que la práctica totalidad de sus habitantes eran campesinos, labradores, ganaderos, molineros, bataneros y curtidores.
Pero algunos se han empeñado en que el bulo de los franceses perdure, y en definitiva es solo una forma más de mejorar la fiesta, aunque en realidad vaya desvirtuando los orígenes.
También le hemos explicado que ese nombre espantoso con el que registraron la fiesta, con la palabra "Crujía", es un invento de algún iluminado, pues jamás se había utilizado esa palabra. Hasta donde alcanza la memoria de los mayores siempre había sido "El Día de la Cruz", y fue cambiando a finales de los setenta por "El Día de las Candelas", hasta llegar a este siglo dando más protagonismo a los gamones, llamándose "El Día de los Gamones". Lo de la "crujía", además de ser una incorrección de la escritura, es una ordinariez y no tiene nada que ver con nuestra fiesta.
¡Ojalá pueda cambiarse el nombre con el que está inscrita la fiesta!





 Campo de gamones en la Caeta
No sabemos si aguantarán hasta el 7 de mayo

 También le contamos historias de leña, de peleas de niños de barrio, de arcos y flechas para jugar, de hojas de gamones haciendo una alfombra verde para el Día del Corpus, de alimento para los cerdos en otros tiempos de menos bonanza, de trenzado para cestos, de columpios en muchas de las calles, de la candela de la calle Rojas y de la calle Matadero, de canciones de columpios con esa retahíla a veces picaresca y de muchos buenos recuerdos.



 Los gamones, granados
Fotografía de Leandro Cabello

Pero por muchas historias  que se cuenten, las cosas hay que vivirlas, y Melissa necesitaba ir a ver los gamones en el campo, a fotografiarlos, a ver qué se hacía y cómo se planteaba el Día de los Gamones.
Y para dar un paseo por el campo, nada mejor que ir con los que realmente disfrutan de las excursiones y viven la fiesta desde el principio. Leandro, Ramón, Juana, Nieves y Aitana (una madrileña, también fotógrafa) se ofrecieron a ir con Melisa y Luis al puerto de la Caeta, uno de los mejores gamonales de la zona.


 


 El Puerto de la Caeta con el Salto del Cabrero detrás


 La verdad es que, aunque solo se vaya a fotografiar gamones, salir a cualquier rincón de nuestro paraiso natural es un verdadero lujo. El panorama que se divisa es magnífico en cualquier caso.



 Ramón explicaba cómo limpiar un gamón para hacer el "hace", 
aunque para esta tarea cada maestrillo tiene su librillo




 Durante el paseo ha habido tiempo para hablar de gamones en todos los sentidos


 Mientras explicaban a Melisa todos los pormenores de nuestros gamones y qué sienten los ubriqueños cuando se les habla de esta fiesta ancestral, tuvieron la genial idea de mostrar a Melissa uno de los más grandes tesoros de nuestra zona: un nacimiento. Y claro, el Hondón estaba muy cerquita.


 Había agua por todos lados, con las últimas lluvias el nacimiento del Hondón está a rebosar, agua fresca y cristalina que corre cantarina hacia los ríos de la zona.





 Y el nacimiento borbotea de auténtico lujo



 Acompañando a Melissa pudieron subir hasta lo más alto del nacimiento




 Y el agua es muy buena excusa para tomar buenas fotos que es, en definitiva, 
la especialidad de Melissa, y, por supuesto, de Leandro




 Gamones y agua, dos de los tesoros primaverales 
de nuestro entorno



 Nuestra americana fotógrafa disfrutó del paseo, al igual que los ubriqueños y ubriqueñas disfrutan cuando van al campo a buscar gamones.


Todo el grupo gamonero después del paseo

Es un lujo poder explicar una de nuestras fiestas más características a una persona tan interesada y tan atenta. 
Además tenemos una petición para todos: ¿Tenemos fotografías curiosas, historias diferentes, anécdotas interesantes o divertidas que contar a Melissa? Ella está interesada en todo aquello que podamos contarle, así que si alguien puede echarnos una manita, seguro que ella sabrá aprovechar toda la información haciendo un magnífico proyecto de fin de Máster.


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martes, 17 de marzo de 2015

El circuito de la Sierra

Ubrique en la Revista del Ateneo de Jerez, 1932



Por Esperanza Cabello

De nuevo la Revista del Ateneo de Jerez nos da una alegría con un artículo publicado en 1932 por Rafael Fiol, colaborador habitual de esta revista.
 Ya habíamos reproducido uno de sus artículos, una descripción de Ubrique en 1926 (en este enlace), y hoy se trata de un recorrido por la sierra saliendo de Jerez y recorriendo algunos de los pueblos de la comarca. No nos ha gustado ver que habla de algunos de los pueblos con bastante desprecio, y que a otros se los salta directamente. Sin embargo a otros les dedica los más encomiables piropos. 
Reproducimos el artículo completo a continuación, hay algunas alteraciones ortográficas en el texto original que hemos mantenido en esta ttranscripción.







          JEREZ, CENTRO DE TURISMO
          EL CIRCUITO DE LA SIERRA

El viajero que se encuentre en Jerez de la Frontera, donde tanto hay que admirar desde el punto de vista arqueológico, artístico, industrial, agrícola y ganadero, puede hacer un alto en sus visitas a iglesias, bodegas, palacios y archivos, para procurar un descanso a su cerebro cansado, y para esto nada como hacer en un día el recorrido por el que llamo “Circuito de la Sierra”.
Trataré de trazar un programa fácilmente realizable, más en estos largos y luminosos días de nuestra Primavera andaluza, en que se puede viajar en auto, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche.
Necesario es, para ello, un coche de buena marcha, potente motor para vencer las cuestas y conductor experto en esta ruta, ya que si en general es carretera fácil, hay lugares que exigen una mano práctica al volante; tales son de abruptos y accidentados.











Saldremos a las seis de la mañana por la carretera de Arcos, que atraviesa la Colonia Agrícola de Caulina, en su principio. En el kilómetro 10, se ve al pasar la Torre de Melgarejo, una de las señales de fogatas, que a modo de vigías y como avanzadas fortificadas, rodeaban al Xerez medieval.

Cortijos, tierras feracísimas y ricos olivares, a ambos lados de la carretera, hasta el kilómetro 20, en que empieza a hacerse pintoresco el camino y tras empinada cuesta asómase el viajero al balcón natural, desde el que se domina el valle del Guadalete, fértil meandro, que rodea la peña sobre al que se posa Arcos de la Frontera. Unos 45 minutos habremos invertido en estos 30 kilómetros, y esto nos permite tan de mañana, visitar a nuestro gusto la Parroquia de Santa María, de la última época ojival, cuyo interior tanto tiene que admirar y que en otro artículo señalaremos despacio. No se debe a esa hora, dejar de subir, a la alta terraza de la torre de esa iglesia, desde donde se divisa el más admirable panorama de la provincia. San Pedro, iglesia gótica, del siglo XVI, con cuadros de Ribera,  Zurbarán y Pacheco, es la Joya de la Ciudad. San Francisco, con un magnífico zócalo de azulejos del siglo XVII, que en perfecto estado de conservación rodea todo el interior de la iglesia. El Ayuntamiento, la Peña y en fin el castillo, que se muestra en la adjunta fotografía.










En marcha, a las 9 y media, después de desayunar en Arcos y por la carretera que pasa al pie de la gigantesca Peña, cruzaremos sobre las límpidas aguas que ahogaron a don Rodrigo en la batalla del Guadalete. (Conservemos la evocadora tradición, aún a costa de la verdad fría y escueta.) A unos 3 kilómetros del férreo puente, nos detendremos para volver atrás la vista y contemplar a Arcos por su lado oriental, y no nos arrepentiremos de la parada.

Ya vamos en dirección de el pueblecito El Bosque, (28 kilómetros) entre pintorescas dehesas y hermosos olivares, El Bosque se nos oculta a nuestro paso tapándose a la izquierda del viajero con espesa arboleda. No entraremos en el  pueblo, pues eso será objeto de otra excursión. Sigamos nuestro camino: huertos, dehesas, cuestas empinadas y pasemos sobre el río Majaceite para arremeter con furia con nuestro potente 20 H.P., contra la famosa cuesta de Tabizna, que se opone a nuestra llegada  Ubrique. La vencimos ya, y pasados los 16 kilómetros que separan El Bosque de la tierra de las petacas, nos encontramos con la agradable sorpresa de visitar por nuestra izquierda entre frondosas frutales, la blanca masa de casitas que se juntaron al fondo del valle, amparadas por la enorme masa del peñón que las domina y protege.









Como habremos llegado a las 10:45, podremos dedicar algún rato a visitar algunas de las curiosas manufacturas de petacas y carteras de piel, y que constituye la principal y acreditada industria de este próspero pueblo.

También son de gran interés las tenerías de pieles por procedimientos clásicos y las fábricas de paños de lana pura, de gran aceptación y que ya hoy compiten con los de otras regiones. Visitaremos la parroquia de la Asunción con un buen altar barroco de talla y la Iglesia de Nuestro Padre Jesús de talla barroca, de positivo mérito. Subiremos a la Ermita de San Antonio, situada en elevada roca, en el centro del pueblo, y desde donde contemplaremos el bellísimo panorama que desde allí se divisa, que nos compensará la dureza de la subida. Tras ligero descanso en alguno de los cafés que hay en la plaza principal, a las 12 y media emprenderemos la marcha de nuevo.

Debemos recorrer la parte más difícil y peligrosa del día; pasaremos ante Benaocaz, de elevada cota, con emplazamiento de sanatorio. Lo encontraremos a nuestra izquierda, a pocos kilómetros de Ubrique, con una espléndida vista a nuestra derecha sobre la frontera Sierra de Líbar. Seguiremos adelante, y también a nuestra izquierda encontraremos el pueblecito de Villaluenga del Rosario, con hermosa fuente al borde mismo de la carretera, donde podremos apagar la sed de nuestro coche, si lo necesita. En la amplia iglesia parroquial, barroca, de tres naves, hay unas preciosas pinturas en las puertas del tabernáculo del Sagrario antiguo.









¡Adelante! Y adentrándonos en la sierra del Endrinal, llegaremos al cruce de caminos en donde nace el de tres kilómetros, que nos conducirá a Grazalema, tras áspera y pedregosa subida.  (De Ubrique a Grazalema 20 kilómetros). Habremos llegado, pues, a la una próximamente, hora la más a propósito para reparar las gastadas fuerzas con un suculento yantar, que nos servirá con su peculiar amabilidad el pintoresco Antonio Molina, dueño del Hotel Dorado. De sobremesa nos entretendrá dicho servicial hostelero con su amena charla, y nos hablará de la antigua floreciente Grazalema; de los misterios de la Cueva de la Pileta, importante monumento nacional, con pinturas murales rupestres neolíticas, sita en la Sierra de Benaoján; de las ruinas de Ronda la Vieja, y otros rincones de la serranía de Grazalema. Todos son lugares familiares para el buen don Antonio, que con su arcaica charla nos distraerá un buen rato.

En Grazalema, pueblo con 5.000 habitantes, recorreremos sus callejas angostas e irregulares llenas de evocación musulmana; sus empinadas cuestas y enjalbegadas casas nos harán pensar en Xauen, la blanca; nos asomaremos al tajo, balcón natural desde donde gozaremos de la visión de la profunda barrancada por donde serpentea uno de los orígenes del Guadalete, y en fin, veremos el bonito paseo de la Alameda, con el sencillo y elegante ayuntamiento de limpio estilo serrano; la iglesia de la Aurora, desde donde pocos vecinos armados defendieron las casas contiguas contra el saqueo de los franceses durante la epopeya de la Independencia; la iglesia de la Encarnación, hermosa, de tres naves, con bello coro de nogal en el presbiterio; San José, notable por sus curiosos retablos y su Virgen del Carmen.
 





Son las cinco de la tarde. Por aquellas alturas no molesta el rigor de nuestro Padre Helios, y por tanto, tomaremos puesto, de nuevo, en las entrañas de nuestro “monstruo de acero”, que cauto y fiado en el poder de sus frenos, descenderá de Grazalema hacia la bonita gruta de la Virgen de Lourdes que veremos al pasar y llegaremos después de 13 kilómetros por la sierra del Endrinal, de pintorescas perspectivas a la carretera general de Jerez a Ronda en su kilómetro 99.

Nos atrae Ronda, la cuna del toreo, la patria de Espinel, el Tajo, la Casa del Rey Moro, museo de mil preciosidades coleccionadas por sutil inteligencia femenina… Son tentadoras estas atracciones de la hermosa ciudad de Ronda, pero necesitaríamos más tiempo del que disponemos para ver todo esto; merecerá una excursión exclusiva para Ronda y no perderemos el día. Así pues, ¡hacia occidente! Y a bajar la cuesta de la Viña de 9 kilómetros de pendiente y a saturar nuestra vista de bellos paisajes. Al fondo veremos siempre el picacho de Zahara, con su castillo árabe como su nombre que no sufrió cambio alguno ni en su ortografía; cada vez más cerca hasta pasar por su pie mismo, donde nos detendremos para ver el pequeño montoncito de casas apiñadas bajo el torreón del castillo. La subida al pueblo es áspera y ruda y no encontraremos nada que premie el esfuerzo del coche. No subamos pues, y adelante, para llegar a Algodonales escondido entre manzanos y melocotoneros con su airosa torre, su bonita plaza principal ante la iglesia de barroca portada y bajo el enorme peñón de la sierra de Líjar que amenaza aplastarlo, pero en cambio le regala con las puras linfas de su seno que filtran hasta llegar a la luz por la famosa fuente de los 14 caños de fresquísima agua. La iglesia posee curiosos retablos y esculturas barrocas.












Sigamos adelante, con la sierra de la Mota a nuestra derecha, hasta llegar a Villamartín, hermoso pueblo, con calle principal de primer orden y bonita plaza ante el monumental ayuntamiento. Villamartín es la famosa patria del famoso vino “Pajarete”. Veremos allí la parroquia de Nuestra Señora de las Virtudes con retablo mayor plateresco y un buen crucifijo en el altar de la Vera Cruz. Podremos aquí descansar un rato y tomar algún refrigerio en el acogedor casino de la Plaza o en alguno de los muchos cafés que por todo el pueblo hay, pero cuanto antes deberemos hacer rodar nuestro coche para llegar a Bornos, donde veremos además de su escogido emplazamiento entre huertos y jardines, el monumental Palacio Ducal de Medinaceli, construido sobre árabe castillo, con bello patio de armas, curiosos artesonados y capiteles y espléndido jardín. En la frontera parroquia de Santo Domingo, de tres naves, se venera alguna buena escultura en el barroco altar mayor. En la nave de la Epístola, admiraremos un cuadro bajo cristal, de la Virgen con el Niño, que aún de autor desconocido, es de gran mérito. Aún podremos visitar el hermoso Grupo Escolar modernísimo que en la parte alta del pueblo levantó el Ayuntamiento que presidió un prestigioso alcalde.  Existe en Bornos la ruina de un monasterio Jerónimo que, aún sin conservar resto artístico alguno, habla de la prosperidad que este pueblo alcanzaría a principios de la pasada centuria.

Toca a su fin nuestra excursión; sólo al pasar por su lado norte, veremos la luminaria de Arcos; algo fantástico nos parecerá y ya como el camino es conocido hasta Jerez, lo pasaremos comentando las impresiones del día. Habremos recorrido unos 200 kilómetros.

Lector: si has tenido paciencia para llegar hasta el fin de nuestro viaje, no creas que terminó tu actuación, pues te resta recibir el premio: para ello necesitas reclutar cuatro amigos, empuñar el volante con mano firme y decidida y realizar este viaje por el circuito de la Sierra, que debiera ser incluido entre el número de los aconsejados por el Patronato de Turismo. Por lo menos lo aconseja ya nuestro “Centro Local de Información, Propaganda y Turismo” que establecido por el incansable Ateneo Jerezano, se ocupa de facilitar cuantos informes se le soliciten acerca del turismo en la región jerezana.




                                                                                                                             RAFAEL FIOL

                                                                                                                             SEVILLA, 1932




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