Biblioteca virtual de Andalucía (en este enlace)
Periódico "La Dinastía", mayo de 1906
Por Esperanza Cabello
Después de muchas semanas buscando incesantemente en archivos y bibliotecas virtuales con la pretensión de lograr una "serie de gamones" buscando los registros más antiguos de nuestra fiesta, hemos encontrado ¡Eureka! un texto de Williams, periodista (de quien hemos publicado algún que otro artículo en este blog), escrito en mayo de 1906 y que hace referencia a la quema de gamones en Ubrique, a las fiestas, a san Isidro y a las cruces de mayo. Este artículo está en la Biblioteca Virtual de Andalucía, en el diario "La Dinastía".
Eso sí, en este artículo habla de los gamones por san Isidro (el 15 de mayo), recordemos que el padre Sebastián escribía que se crujían "algamones de los montes" el día de la Cruz y en las fiestas de san Isidro, san Pedro y san Juan.
Y, aunque se trata de un artículo bastante extenso, hemos querido transcribirlo en su totalidad, ya que después de su estancia en Ubrique, donde se aloja con el diputado Bartolomé Bohórquez (el fundador del cementerio de san Bartolomé), va a la dehesa del Gamiz (aquí la conocemos como "el Gamín"), una de las fincas que existían en los Alcornocales, como la Alcaría, tan relacionadas con nuestro pueblo y en las que vivían tantas personas.
Se trata de un artículo exquisito, escrito con pulcritud y meticulosidad, en el que podemos ver reflejada la vida de nuestros abuelos y bisabuelos en aquellos tiempos en los que ni siquiera había carreteras ni caminos, solo veredas.
Cada
vez que visito a Ubrique encuentro más pintorescas y lindas las vistas que se
disfrutan paseando por sus alrededores. Ahora si el tiempo nos hubiese
favorecido, si no hubiésemos atravesado las huertas y los jardines con un cielo
plomizo y un viento fresco y desagradable que denunciaba próxima lluvia,
habríamos apreciado en todo su esplendor la lozanía de esta vegetación y las
galas brillantes de la primavera andaluza. Pero nada, todo ha sido cariz de noviembre,
salimos a pasear con paraguas y no dejamos ni un momento el abrigo. Las dos
noches que pasamos allí fueron de frío. Por ello no estuvo este año tan animado
como otros la velada de San Isidro en cuya fecha se encienden a las puertas de
las casas candelas.
Preguntando
yo por el fundamento de esta costumbre me dijeron que era muy antigua: no es la
fogata solo un pasatiempo y un recreo, según hubieron de decirme, sino que
también tiene algo de extraña devoción porque se le enciende la candela a San
Isidro, para que éste, viendo la cosecha y lo sembrado, no se pierdan.
Los
chiquillos echan al fuego, «gamones» y se escucha de cuando en cuando, el ruido
de la detonación que produce la planta seca al caer entre las llamas. Otra
tradición de este mes, es adornar con flores las cruces que hay en las esquinas
de varias calles. En la Parroquia y en el Convento se celebran los cultos a la
Virgen con ofrecimiento de flores y cánticos y ahora los frailes preparan, con
solemnidad, una novena que empezará el 25, a la Pastora.
Durante
nuestra corta estancia en la industriosa villa no ha cesado de prodigarnos
atenciones con su acostumbrada esplendidez, el diputado a Cortes del distrito
tan popular en este pueblo donde tanto se le quiere y se le estima don
Bartolomé Bohórquez. En su casa perfectamente puesta, se encuentran todas las
comodidades y tanto él como su distinguida esposa, se afanan y se desviven por
atender y obsequiar a sus invitados.
♦ ♦
Al
regresar al Gamiz encontré también el mal tiempo. Los que se habían quedado en
la Alcaría todo el día 16, me contaron lo imponente y majestuosa que resultó la
procesión, que yo no pude ver por mi viaje a Ubrique. Dicen que hacía un efecto
precioso el tránsito de la comitiva religiosa por el jardín de la finca, que
llama la atención por los grandes macizos de rosas granas y blancas que tiene.
El
señor cura de Ubrique, que había predicado después del rosario, con gran
elocuencia una plática, ponderando las grandezas de la Virgen, llevó á S. D. M.
bajo palio, yendo con luces los Condes, su familia, sus invitados, sus colonos
y los empleados y sirvientes de su casa.
Hubo
por la noche espléndida comida y terminada ésta se pasó muy amenamente la
velada con juegos de prendas, en los que demostraron su ingenio y su habilidad
muchos de los asistentes.
Hoy
ha habido gran concurrencia en esta dehesa: se han celebrado tres bautizos y
una boda. Era típico ver llegar las respectivas cabalgatas; en las mulas
subidas las mujeres con sus críos, que naturalmente traían «los trapitos de
cristianar»; guiando las bestias los hombres y no faltaban quienes se habían
tomado «como desayuno» cuatro o cinco horas de camino a pie para presenciar la
fiesta.
El
cura de Cortes, D. Antonio Reguera Carrasco, que por cierto habla mucho de
Cádiz, pues estudió en ese Seminario cuando era rector D. Manuel Bosichy, y pío
operario el Padre Rafael Montañez, fue el oficiante en todas las ceremonias.
Primero casó y veló a los novios. Ella ni era una niña, ni tampoco una beldad;
vestía de negro, con su velo del mismo color: el novio trabaja en un molino
cercano; llevaba terno gris, y si no muy joven, era por su aspecto capaz de
luchar y pelear con alcornoques y chaparros: ambos comulgaron en la misa: las
arras fueron monedas de a peseta, y como por estos alrededores no hay platerías,
los anillos tuvieron que facilitarlos dos de los concurrentes.
Mucho
público hubo en la capilla, tanto que hasta el jardincillo de la entrada
llegaban los fieles.
Después
del casamiento predicó el Sr. Reguera; antes había dicho misa el Guardián de
los Capuchinos de Ubrique R. P. Diego de Ronda; y a eso de las once tuvimos los
tres bautizos, de modo que esta modestísima ermita pudo competir hoy en cultos
con una parroquia de importancia y de trabajo.
Los
padrinos y los novios antes de marcharse obsequiaron con «piñonates», dulce
característico aquí en esta clase de solemnidades y que reemplaza al «pudin» ó
bizcocho de boda, y con aguardiente, a los que habían presenciado la ceremonia
y los zagales que por aquí viven, gritaron y vocearon, pidiendo cuartos y
dulces.
Escribo
casi de camino; entre «los horrores» del equipaje y recogida de chismes. Me dan
priesa para terminar y amenazan con recoger el tintero y el papel que necesitan
ser guardados. Y yo, antes de que se cumpla el anuncio, cierro la carta, la
pongo un sobre y se la entrego a un propio.
WILLIAMS.
Dehesa
del Gamiz, 20 mayo.