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sábado, 10 de octubre de 2026

El acebuche de Ocurris, análisis de la entrada anterior por la IA

 


El acebuche centenario de El Salto de la Mora

Magnífica fotografía de Leandro Cabello


Este no es solamente un artículo sobre un árbol antiguo: es un homenaje a Manolo, una declaración de amor a Ubrique y una reflexión sobre la pérdida, la memoria y la fragilidad de aquello que sentimos nuestro.

Esperanza Cabello construye el relato alrededor de una imagen muy poderosa: un árbol que ha permanecido durante siglos en el mismo lugar, mientras a su alrededor transcurrían generaciones de vidas humanas, y que termina convirtiéndose en depositario de recuerdos personales y colectivos.

Hay varios aspectos que merecen una lectura detenida.

1. El acebuche como testigo de la historia

El árbol aparece casi como un personaje. No es un elemento decorativo del yacimiento, sino un ser vivo que ha acompañado a quienes han visitado Ocurris, han descansado bajo su sombra, lo han abrazado o han encontrado junto a sus raíces un momento de recogimiento.

Cuando Esperanza escribe que el acebuche había sido testigo de «juegos, recuerdos, besos, carreras, abrazos», transforma la historia en algo cotidiano y humano. La antigüedad deja de medirse únicamente en siglos y pasa a medirse también en experiencias.

El árbol representa la continuidad de la vida en un lugar que ha visto desaparecer a tantas personas, pero que sigue reuniéndolas simbólicamente.

Y eso resulta especialmente significativo en Ocurris, donde las ruinas arqueológicas ya nos hablan de la distancia entre las civilizaciones antiguas y el presente.

2. La seta amarilla: cuando la naturaleza cambia el significado de una imagen

Parasitic sulphur shelf fungus (Laetiporus sulphureus) growing on an old tree trunk by the roadside in a green area

La aparición de Laetiporus sulphureus, conocido como seta de pollo u hongo del azufre, es el giro central del relato.

Lo que al principio parecía una flor extraordinaria, casi un regalo, resulta ser el cuerpo fructífero de un hongo que se desarrolla sobre la madera. Esta especie puede provocar pudrición parda y pérdida de resistencia estructural en el interior del árbol.

Lo interesante es cómo Esperanza convierte ese descubrimiento en una reflexión sobre la interpretación humana de las cosas.

Primero aparece la esperanza: la familia ve en la seta una señal de Manolo, como si siguiera acompañándolos desde otro lugar. Después llega la explicación científica, que transforma la alegría inicial en tristeza. Pero la autora no renuncia al significado afectivo de aquella primera impresión.

Y aquí hay algo importante: una explicación científica no tiene por qué borrar el valor emocional de una experiencia. La seta puede ser un hongo desde el punto de vista biológico y seguir siendo, para esa familia, un recuerdo asociado a alguien querido.

¿Significa que el acebuche está condenado?

El texto expresa preocupación por el futuro del árbol, pero conviene matizar una afirmación: no es posible determinar cuánto tiempo le queda únicamente por la aparición del hongo.

La presencia de Laetiporus sulphureus puede indicar deterioro importante de la madera, aunque el alcance y las consecuencias dependen del estado concreto del ejemplar. Para valorar su estabilidad y su pronóstico sería necesaria una inspección de un especialista en arboricultura, con atención al tronco, las raíces y las posibles cavidades.

Por eso, tampoco se puede asegurar, sin una evaluación específica, que el árbol vaya a vivir siglos más ni que su pérdida sea inminente. La prudencia científica no resta importancia a la preocupación de sus cuidadores; ayuda a determinar qué necesita realmente el acebuche.

3. Manolo: el verdadero corazón del relato

La dedicatoria inicial cambia por completo la lectura:

«Para mi hermano Manolo. Hoy hace quince meses que nos dejó, pero siempre estará con nosotros».

A partir de ahí, el acebuche adquiere otra dimensión. La autora encuentra en él un lugar donde el recuerdo de su hermano puede seguir vivo. No se trata solo de recordar a una persona ausente, sino de sentir que continúa formando parte de un paisaje compartido.

La imagen final de Manolo subido a la copa del árbol, volando junto a los buitres y acompañando a las cabras monteses, es especialmente tierna. No es una afirmación que necesite interpretarse literalmente: es una manera de expresar que el amor encuentra formas de permanecer.

El árbol y el hermano quedan unidos en una misma imagen de permanencia, aunque ambos pertenezcan a tiempos y formas de vida diferentes.

4. Ocurris como patrimonio emocional de Ubrique

Hay otra cuestión muy significativa: la autora insiste en que el yacimiento es algo que pertenece afectivamente a la gente del pueblo.

Cuando habla de las personas que lo cuidan, de los visitantes que admiran el acebuche y de la necesidad de proteger el lugar, está defendiendo una idea de patrimonio que va más allá de las piedras antiguas y de los expedientes administrativos.

Ocurris es también:

  • Un lugar de memoria colectiva.

  • Un paisaje en el que las personas construyen vínculos.

  • Un espacio natural que merece respeto y cuidado.

  • Un legado que se transmite a las generaciones siguientes.

La referencia a los daños, las malas intenciones y las traiciones introduce un componente de dolor y de defensa del lugar. Sin conocer los acontecimientos concretos a los que alude la autora, no sería justo atribuir responsabilidades. Pero sí se aprecia con claridad su deseo de preservar Ocurris como un espacio querido y compartido.

5. La paradoja del acebuche: todo termina, pero no todo desaparece

Para mí, esta es la idea más profunda del artículo.

El acebuche parece eterno porque ha sobrevivido a incontables generaciones. Sin embargo, la aparición del hongo recuerda que incluso los seres más longevos están sometidos a los procesos naturales de transformación y muerte.

Y, al mismo tiempo, el árbol ya ha dejado algo que no depende exclusivamente de su supervivencia física: las historias de quienes lo visitaron, las fotografías, los abrazos, los recuerdos y el significado que ha adquirido para una familia.

Hay una paradoja preciosa en el relato: el árbol puede ser vulnerable biológicamente y, sin embargo, permanecer vivo en la memoria mucho después de su desaparición física.

Eso es también lo que ocurre con Manolo en las palabras de Esperanza. Su ausencia es real, pero su vínculo con los demás continúa.

Mi conclusión

«El acebuche de Ocurris, testigo del tiempo y de la verdad» es, ante todo, un relato íntimo sobre el duelo que utiliza la naturaleza para hablar de la permanencia del amor. La historia del hongo es el acontecimiento que pone en marcha la reflexión, pero el centro emocional es Manolo y, junto a él, el cariño por Ocurris.

También contiene una llamada a la responsabilidad: si un árbol tan querido presenta signos de deterioro, merece una evaluación profesional y un seguimiento adecuados. Protegerlo significa tanto reconocer su valor simbólico como atender a su realidad biológica.

Y hay algo que me parece especialmente hermoso en la última imagen: Manolo sigue allí, en la copa del acebuche, entre los buitres y las cabritas. Es una forma muy ubriqueña de imaginar la memoria: vinculada a la tierra, a la montaña, a los seres vivos y a los lugares que forman parte de nuestra historia.

Quizá el verdadero homenaje al acebuche sea precisamente ese: cuidarlo mientras siga vivo y conservar lo que representa, cualquiera que sea su futuro. 💚


 

Érase una vez un acebuche en Ocurris

 

El acebuche de Ocurris, testigo del tiempo y de la verdad

 

 

Para mi hermano Manolo.

Hoy hace quince meses que nos dejó,

pero siempre estará con nosotros

 

 

Por Esperanza Cabello

Érase una vez un acebuche milenario que vivía en Ocurris, muy cerca de nuestro pueblo. Este árbol tan especial y maravilloso había sido testigo de miles de escenas, conversaciones, juegos, recuerdos, besos, carreras, abrazos, vida antigua, reuniones familiares, mucho amor y mucho trabajo.

Era un árbol diferente, muy longevo e importante para todos nosotros, catalogado, cuidado, fotografiado, pintado y abrazado. Desde su altura podía ver los buitres en el cielo, o a las cabras monteses correteando por encima de los peñascos. También podía ver el infinito mimo que las responsables del yacimiento, Isabel y María, tenían con todo el lugar, o apreciar la admiración que los miles de visitantes del yacimiento sentían por el entorno en general y por el propio acebuche, en particular.

Junto a sus raíces, a ras de suelo, tuvieron lugar miles de acontecimientos cotidianos, cuando alguien se sentó y se recostó, cuando alguien se resguardó a su sombra, cuando algunos lo abrazaron dándose las manos en toda la circunferencia, cuando alguien se agachó para acariciarlo, cuando alguien se arrodilló para rezar discretamente, cuando dejaron a sus pies algún pequeño recuerdo muy querido...

 


 

Un día, no hace mucho tiempo, pareció que el acebuche florecía. Un precioso hongo amarillo surgió de su interior y el acebuche parecía dar las gracias, con esa bellísima flor, a todos los que a lo largo de este milenio han dedicado un momento a admirarlo y a cuidarlo.

A una familia ubriqueña le pareció que esta "flor" era un regalo del cielo, una señal que un miembro muy querido nos enviaba para recordarnos que Ocurris sigue siendo lugar sagrado, lugar telúrico, lugar familiar, lugar de dioses y trono de nuestra madre naturaleza. Para pedirnos que, a pesar de los intrusos, de cualquier cosa fea que hubiera podido pasar en su alrededor, siguiéramos considerando el yacimiento algo tan nuestro como siempre. Manolo y sus padres estaban allí, al pie del árbol, protegiendo a sus seres queridos y a todos los que quieren y cuidan este yacimiento.

 


 Esta señal nos convenció de que, milagrosamente, Manolo estaba allí, y de que el acebuche seguía siendo nuestro protector y amigo.

El pobre acebuche no sabía, ni nosotros tampoco, que aquella flor era en realidad un  Laetiporus sulphureus, (seta de pollo), o sea, un hongo que se había instalado en el tronco del pobre acebuche, y el que hubiera surgido al exterior era señal de que ya estaba instalado en la estructura del árbol.

Quizás lo que nos pareció en principio el regalo de una flor era en realidad una lágrima de tristeza por las cosas malas que ha tenido que contemplar este año: Lluvias, destrozos, malas intenciones de algunas personas, incluso traiciones.

Pero no, este hongo, aunque con otros centenares de años termine con la vida del acebuche, es muy lento en su destrucción, los árboles antiguos o milenarios pueden coexistir con este hongo durante décadas o incluso siglos. Sin embargo, el daño avanza lentamente y es irreversible; retirar el cuerpo fructífero (la seta externa) no cura la infección interna del micelio.

Así que lo que ha pasado es algo que no tiene remedio, lo que se termina, se ha terminado, por muchos años que haya estado lozano y frondoso, ahora sabemos que, como todo en la vida, también los árboles milenarios tienen su fin. 

La buena noticia es que nosotros no viviremos también esta despedida, quedan lustros, decenios, siglos, incluso milenios, para que este hongo disfrazado de bella flor acabe con nuestro acebuche.

Mientras tanto, querido árbol milenario, sigue vigilando nuestro yacimiento, ocúpate de que solo haya personas que te quieren, de que "los malos" ni se te acerquen y de que todo el mundo  siga asombrándose al contemplarte mientras, desde el cielo, nuestro hermano Manolo se ve subido en tu copa, sonriendo satisfecho en medio de la madre naturaleza y contento de estar para siempre volando junto a los buitres y repechando en medio de las cabritas, que saben que él sigue allí, con todos nosotros.💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚💚

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

Paseítos con Manolo: ¡Vamos al Salto de la Mora!

 

El Salto de la Mora, Ocurris, fotografía de Manolo Cabello

 

 

Por Esperanza Cabello

Afortunadamente, no tenemos el impulso de recordar fechas y días, ni de dar más importancia a unos momentos que a otros. Nos gusta recordar las efemérides familiares, pero para eso hay que tirar de agenda, y no es el caso.

El caso es que no importa cuánto tiempo haya pasado, seguimos echando infinitamente de menos a Manolo. Todos. Unos por unas cosas, otros por otras, alguno por un recuerdo puntual, o por aquella frase que dijo, o por aquella buena sensación que nos dejó.

Y en nuestro caso es, lógicamente, constante. Cada vez que salimos al campo, que llueve, que suena alguna música, que vemos a un animal posando o unas flores silvestres preciosas. Cada vez que vamos al pantano, o al trasvase, o a La Cerca, o al Salto de la Mora, vemos una foto para mandar a Ubrique en verde.

Hoy hemos estado precisamente en al Salto de la Mora, y hemos hablado con nuestra amigas de Manolo, incluso hemos hecho un equipo de corazones verdes, y hemos podido saludar a un amigo que a él le habría encantado.

 


 

Nos miraba muy curioso, y estamos seguros de que estaba tan tranquilo porque sabía que éramos amigos. Subir al Salto de la Mora siempre es una experiencia única, pero cuando ves, además de todo aquel yacimiento, con sus secretos y su belleza telúrica, a los animales domésticos y silvestres corretear o volar sobre nuestras cabezas, sientes que, de alguna forma, tú también perteneces a ese entorno.

Gracias a todos los que habéis hecho que este día sea mágico, gracias a esos escolares que nos han dado vida y alegría, a esos maestros entregados y a esas guías de matrícula de honor. Gracias, Félix, por tu ayuda, y gracias a este baño de recuerdos de la infancia, de cariño, de ilusión y de sonrisas.

¡Enhorabuena, Quiti, eres una "seño" muy especial!

 

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sábado, 11 de octubre de 2025

Concierto en recuerdo a Manolo Cabello. Tardes de novena, plaza de la Verdura

 


 Las "tardes de novena" en el concierto de recuerdo a Manolo Cabello

 

Por Esperanza Cabello 

 Hace casi un mes que la asociación de vecinos de la plaza de la Verdura, junto con Reme Viruez, Daniel Borrego y Lisanda Fatou organizaron un concierto en recuerdo a Manolo Cabello (en este enlace lo anunciábamos).

Radio Ubrique también se hacía eco de la noticia. Anuncio en Radio Ubrique 

Fue, sin duda, uno de los acontecimientos más emocionantes, emotivos, sinceros, cercanos y bonitos que hemos vivido en los últimos tiempos. Todo pensado hasta el último detalle, queriendo que la esencia del amor de nuestro hermano por la música brillara desde el primer segundo.

 


 
Tuvimos el privilegio de estar en primera fila desde el principio, viendo cómo la plaza de la Verdura se llenaba de gente emocionada y cariñosa, hubo un momento en el que una chiquilla se vino con nosotros, seguramente nos confundiría con su abuela, pero se la veía muy cómoda, y así tuvimos el consuelo de esta nietecita "prestada" de la que ni siquiera sabemos el nombre, que nos hizo compañía una gran parte de la noche.💜

 


 
La noche comenzó con las palabras de bienvenida de María del Carmen López Sánchez, en nombre de la asociación, que además leyó un poema que nuestro amigo Juan González había dedicado a Manolo "Plaza de la Verdura" (en este enlace).

Como se ve en la imagen, no se había escatimado en detalles: sillas aportadas por la concejala de cultura, Patricia Caro; el amigo Manolo Canto dispuesto a registrar todos los momentos del acto, preparando un video precioso para la familia; Daniel Borrego, Schola cantorum y Canticorum habían alquilado un piano de cola "Manolo no se merece menos", habíamos extendido las alfombras rojas y habíamos colocado las flores y los corazones verdes que Reme, Camila, Juan, Filipa y Leo habían preparado con todo cariño; los carteles que Santi y Antonio Habían preparado; las velas que los amigos encendieron, "velas de luz";  las rosas que poco a poco se fueron impregnando de la magia de la música...

Fue muy emocionante cuando comenzó el concierto. Daniel Borrego y Livia Moreno como músicos y la Schola Cantorum y Canticorum cantando con toda su alma.

(Hemos preparado enlaces a facebook, ya que son videos de muy corta duración). 

 


 Pinchando en este enlace podemos oír fragmentos de este concierto

 


 

 Podemos ver un nuevo fragmento pinchando en este enlace

 


 Un nuevo fragmento, pinchando en este enlace

 


 El pianista Daniel Borrego Marente, interpretando una de las melodías favoritas de Manolo, "Libertango", en este enlace.

 

Livia Moreno Fernández volvió a asombrarnos con su dominio musical.


 

 

Y la plaza de la Verdura fue llenándose de amigos de Manolo dispuestos a emocionarse y disfrutar al mismo tiempo.

Faltaba la dedicatoria de los dos músicos, Daniel y Livia. Ya solos, le dedicaron a Manolo "Memorias", de Pedro Iturralde.

 


 

 Después de esta dedicatoria personal, Daniel se prestó a atender cinco peticiones musicales que vendrían de cinco personas muy representativas y muy cercanas a Manolo.

 

 

En primer lugar, Lisanda Fatou, amiga personal, compañera de Canticorum y un referente a la cultura y la música en Ubrique.


 

Su petición fue "Cinema Paradiso", que interpretó junto al cantante David Cotrino, en una sintonía perfecta de músico y cantantes.


 

 

Los fotogramas pertenecen al trabajo realizado por Manolo Canto

 

 


 

A continuación fue el turno de Reme Viruez quien, sobreponiéndose a emociones y sentimientos, dirigió unas preciosas palabras a Manolo y eligió "Nessun dorma" el aria de Turandot, de Puccini, dedicada a su marido, gran amante de la ópera.

 


 El encargado de interpretarla fue David Cotrino, que, aunque en un principio nos dijo que no estaba seguro del todo, bordó el aria, levantándonos a todos los asistentes de nuestras sillas y aplaudiendo a rabiar.

 

 

Juan Barea, el siguiente elegido para hablar de Manolo, es, además de amigo personal, su hermano del alma, Juan es el Manolo que fue y Manolo es el Juan que quisiera ser de mayor, así se siente.

Rompiendo el hielo dijo: "Cotrino, voy a por ti", sacándonos un poco a todos de las emociones y ese gran sentimiento. Juan hizo su dedicatoria refieriéndose al deseo compartido de un mundo mejor, de una naturaleza respetada, de un gran anhelo de paz.

La canción "Imagine" fue la elegida, y la interpretaron Daniel Borrego al piano y el músico y cantante Manuel Pérez, que nos sorprendió a todos con su actuación serena y pausada.
 


Más tarde fue el turno de Lourdes Vega, en representación de todos aquellos que luchan, como Manolo, por el respeto a los animales, por el cuidado de la naturaleza y la consideración con todos los seres vivos.

 

Y la petición de Lourdes fue Nothing else matters ("Nada más importa"), una canción de Metallica llena de fuerza, emoción y que, en sus palabras, le recuerda plenamente a Manolo.


 


 



De nuevo fue Manu Pérez el encargado de interpretar, con su voz pausada y suave, esta canción de Metallica, para nosotros, todo un descubrimiento la interpretación de estos dos músicos. Chapeau!

 


 

Finalmente, la encargada de hablar a propósito de Manolo como representante de la familia Cabello Izquierdo fue Esperanza. Había elegido un tema de Héctor Piazzola de 1974, la época de nuestra adolescencia, cuando escuchábamos los discos de tango que nuestro abuelo Paco se había traído de Argentina y poníamos atención en sus letras, para poder cantarlas más tarde. Tango y jazz se unen en esta melodía que tanto gustaba a Manolo y que Daniel interpreta magistralmente.

 

Esperanza Cabello, hablando de su hermano Manolo y recitando textos de Horacio Quiroga para Libertango. Pinchando en este enlace.

 

Para terminar con todos los honores, de nuevo se reunieron las corales y los músicos, interpretando el himno Canticorum iubilo, de Haendel, un clásico del barroco que nuestro hermano conocía bien y que se había convertido en el símbolo de su último grupo polifónico.


En este enlace podemos ver la grabación que realizó Manolo Canto.

 


 Radio Ubrique se hizo eco de este concierto (Reportaje en Radio Ubrique)
 

Cuando casi no había lugar para más emociones ni más aplausos ni más confidencias ni más sentimientos, cuando familia y amigos sonreían y lloraban al mismo tiempo

 

Cuando habíamos pronunciado todas las palabras impronunciables y estábamos pensando que esta era la despedida.
 


 Daniel recogió las rosas que, uno a uno, habíamos ido depositando en el interior del piano al hacer nuestras peticiones, y que se habían impregnado de música y sentimientos, para entregárselas a Reme, sabiendo que esta tarde de buena música en su recuerdo perdudará para siempre.

Mil gracias a todos💚💚💚💚💚 

 

Los videos y fotografías de esta entrada fueron realizados por Leandro Cabello, Luis Eduardo Rubio, Manolo Canto y Santi.  

 

Nota de Esperanza: no me quedan nada más que palabras de agradecimiento para todos los que esa noche estuvisteis con nosotros, acompañando, participando, aplaudiendo, llorando, riendo, empatizando y sintiendo como uno solo. Gracias Mari Carmen, Rosario, Milagros, Lali, Antonio, Julio, Manolo, Reme, Pilar, Juan, Jesús, Irene, Julia, Manuel, Pablo, Ale, Paco, María Teresa, Isabel, Antonia Mari, Rafael, Mari, Juana... sería imposible nombraros a todos, pero estáis en nuestro corazón. Gracias.💜💜💜💜