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sábado, 8 de agosto de 2026

Reseña histórica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, por Francisco García Parra

 

 

La iglesia de Jesús, principios de siglo

Fotografía original de Francisco García Parra

Negativo de cristal deteriorado, localizado por Andrés Angulo y digitalizado por Luis Eduardo Rubio 

 

 

Por Esperanza Cabello

Es un lujo poder leer las historias de nuestro pueblo escritas por alguien que las estaba viviendo en ese momento. Es el caso de las crónicas de don Francisco García Parra que, siendo camarero de Nuestro Padre Jesús, en 1953, escribió una breve reseña histórica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y sus iglesias. 

No sabíamos que esta hermandad radicaba, en su origen en la iglesia de San Antonio, y que después ha estado entre la parroquia y la iglesia de Jesús, según los vaivenes del estado de deterioro de esta última. 

 

 

La antigua plazuela de Jesús, conocida como "El Jardín de Jesús" después de que en 1927 se trazara un jardín público frente a la ermita.

 

 

Reseña Histórica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de sus iglesias, en Ubrique.

 

Esta hermandad, establecida antiguamente en la iglesia de San Antonio, fue trasladada a principios del siglo XVII a la nueva ermita de San Sebastián (vulgo de Jesús), situada en extramuros, al sur de la villa, cuya imagen titular se veneraba en el amplio camarín del altar mayor de la citada ermita desde su fundación.

 

El año 1605, primero del pontificado de Paulo V, le fueron concedidas por este papa indulgencias especiales a la hermandad y a su iglesia, cuya bula de texto en latín escrito en caracteres góticos del siglo, con las iniciales adornadas y el sello en plomo pendiente de cordón de seda, se conserva hoy en poder de sus camareros con los libros de la hermandad que datan del año 1600.

 

 

San Sebastián titular de la ermita en sus orígenes

Imagen destruida en 1936 

 

Del 1775 al 1776 se reformó la mencionada iglesia de San Sebastián o de Jesús, que desde su fundación el año 1600 debió de constar de una sola nave, dotándosele con esta reforma de dos naves más con sus correspondientes imágenes y altares. Desde entonces recibieron culto en esta ermita las imágenes siguientes: En el altar mayor, las de Nuestro Padre Jesús acompañado del Cirineo y la pequeña Virgen del Socorro, conocida por "La Socorrita", que fue traída del lugar de este mismo nombre en las afueras de la población, al desaparecer el pilar y hornacina donde se hallaba expuesta a la devoción pública al borde del camino de Ubrique a Cortes de la Frontera.

En la nave del Evangelio: las de la Virgen de los Dolores, San Juan Evangelista y la Verónica, en el mismo camarín; la de Jesús Niño en el altar siguiente y la de San Isidro el Labrador a continuación.

Y en la nave de la Epístola: San Sebastián (Patrono de la villa), San Juan Nepomuceno y la rara imagen de San Dimas el Buen Ladrón.

 

Semana Santa años 20. Encuentro de la Madre con su Hijo. Fotografía de Francisco García Parra

 

Mediante escritura pública otorgada con fecha de uno de febrero de 1866 por el notario de esta, don Diego Ramón Guerrero, se hizo cargo don Francisco García Bohórquez, entonces mayordomo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, de la conservación y custodia de los efectos y prendas de vestir para uso de la Imagen de la Santísima Virgen de los Dolores que se veneraba en la ermita de San Sebastián de esta villa y que a continuación se expresan:

 

Seis varales y un trono plateados, para las andas.

Un cielo de tafetán celeste, guarnecido de estrellas, sol y luna también plateados, con la caída de terciopelo morado, festoneado de galón y fleco de oro.

Un vestido de terciopelo color guinda, bordado en oro.

Un manto de terciopelo negro, bordado en oro

Una corona de plata.

Un peto de glasé blanco, bordado en oro.

Una toca de holán bordada en oro.

Un pañuelo de holán, bordado en oro.

 

 

De estos objetos y vestidos le hizo entrega la señora donante, doña Beatriz Carrasco Romero, vecina de Jerez de la Frontera, para que fueran destinados al uso de la citada imagen para su mayor culto y decoro.

La señora María Mancilla Angulo, hija de Ubrique, dotó de rica candelería a la misma ermita en el 1880.

El primer día del año 1900 se celebró por las autoridades locales la entrada del siglo con una acción de gracias, colocando y descubriendo solemnemente en la fachada principal de la misma ermita de San Sebastián una gran cruz de madera con inscripción alusiva a la conmemoración del nuevo siglo. Esta cruz permaneció en el mismo sitio hasta el derrumbamiento del templo.

Alrededor de esta ermita, sobre las fachadas sur y oeste de la misma, se hallaba enclavado el cementerio municipal de la villa, hasta el año 1900 que se trasladó al nuevo cementerio de San Bartolomé, inaugurado con gran solemnidad.

 

Imagen primitiva de Nuestro Padre Jesús con el Cirineo, esta imagen fue quemada en 1936

Fotografía de Francisco García Parra

 

La hermandad estuvo funcionando en dicha ermita hasta el año 1925, que fue cerrada al culto porque amenazaba ruina. Durante este largo período de tiempo se celebraron anualmente sin interrupción solemnes cultos en honor de Nuestro Padre Jesús, cuya imagen tuvo siempre una extraordinaria veneración popular. La novena se celebraba a mediados de mayo, en los mismos días que las de San Isidro y San Juan Nepomuceno, y los cultos principales consistían en las ceremonias de Semana Santa: las imágenes de Nuestro Padre Jesús, la Virgen de los Dolores, San Juan Evangelista y la Verónica, adornadas con sus mejores galas, eran expuestas en su Santuario a la devoción de los fieles en la tarde y noche del Jueves al Viernes Santo. El pueblo desfilaba ante ellas con la fervorosa ofrenda de sus limosnas y sus saetas cantadas dentro del templo, interrumpiendo el impresionante silencio de la madrugada en sus naves tan recogidas y llenas de encanto y poesía, donde nuestros antiguos gremios de trabajadores se congregaban a la sombra de sus hermandades.

El Viernes Santo, a las 9 de la mañana, salía la procesión con dichas imágenes, iniciándose previamente la original ceremonia del Sermón del Paso, predicado en un púlpito portátil a la puerta de la ermita, donde se representaban a lo vivo escenas de la pasión, conforme eran citadas por el predicador. Al llegar a la segunda estación del vía crucis se ponía en marcha la procesión por la carrera de costumbre, para volver a su iglesia en cuya plazuela de entrada seguían representándose con las imágenes, ante el pueblo congregado allí, las escenas de la pasión del Señor que el sacerdote iba describiendo. Las tres caídas; el encuentro de la Madre con el Hijo; los "soldados romanos" impidiendo el paso de la Virgen hasta que un ángel alado, espada en mano, atravesaba las filas de aquellos dirigiéndoles una breve exhortación que hacía rendir sus armas dejando el paso franco; la entrevista del Maestro con San Juan el discípulo amado; la Verónica limpiando el rostro al Señor, etc. Un precioso niño de corta edad representaba cada año el papel de ángel, con tanta propiedad que parecía una celeste y graciosa aparición.

 

Romano de la Semana Santa

Fotografía de Francisco García Parra

Recuperada por Manuel Cabello

 

Durante la Cuaresma, uno de los "soldados romanos" recorría por la noche las calles de la población, anunciando la Semana Santa con melancólicos toques de trompeta que semejaban el eco de tristes lamentaciones.

Siendo alcalde de esta villa don Claudio Reguera León en el año 1927, fue trazado el jardín público que existe hoy en la explanada frente a la fachada principal de esta ermita, que siempre se llamó la plazuela de Jesús.

Al fallecimiento de don Cristóbal Romero Bohórquez el año 1928, dejó un legado testamentario de 7000 pesetas a beneficio de la iglesia de San Sebastián, con la expresa condición de que fuera destinado para costearle una solería de mármol. Esta disposición no pudo cumplirse con arreglo a los deseos del testador, por hallarse en ruinas dicha iglesia, pero en 1937, con motivo de las obras de reparación efectuadas en los templos asaltados el año anterior, previa conformidad de los albaceas del señor Romero Bohórquez y la debida autorización del obispado, se destinó la citada cantidad a las obras realizadas en la iglesia parroquial de esta villa.

 

La iglesia de Jesús, ruinosa y destrozada

Ver su estado en este enlace y en este otro


Acentuándose cada día más el estado ruinoso de la mencionada ermita, el año 1932 (dos años antes de su total derrumbamiento), fueron retiradas todas las imágenes que recibían culto en la misma, trasladándose a la parroquia, donde desaparecieron destruidas por el fuego, con el asalto a los templos en abril de 1936.

Poco después, el señor cura párroco dispuso de los vestidos de las imágenes y objetos del culto propiedad de esta ermita y de ellos solo se conservan hoy en poder de los patronos la túnica antigua de Nuestro Padre Jesús, de terciopelo granate bordado en oro y el manto de la Virgen de los Dolores, de terciopelo negro también bordado en oro. De las imágenes, únicamente pudo salvarse la del Niño Jesús porque su camarera, doña Isabel Pérez de García la reclamó como de propiedad suya y logró conseguir que atendieran su reclamación.

El año 1941, por donación debida a la generosidad y devoción de los señores Juan Romero Soto y su esposa doña Ana María Reguera Rubiales, hijos de Ubrique y vecinos de Jerez de la Frontera, fue solemnemente bendecida y expuesta al culto en el centro de la nave de San José en la parroquia, una nueva imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, artística y valiosa talla del escultor sevillano don Antonio Illanes.

Y con tal motivo volvió entonces a reorganizarse la hermandad, establecida con su nuevo titular en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la 0 de esta villa.

Actualmente se celebran sus solemnes cultos anuales, que consisten en un quinario dentro de la Cuaresma y la procesión con la imagen el Jueves Santo a las diez de la noche, acompañada por los hermanos vistiendo túnicas y portando hachones.

Fue nombrado hermano mayor honorario de la misma don Juan Romero Soto, y camarera honoraria la señora doña Ana María Reguera de Romero.

En la actualidad es hermano mayor efectivo don Pedro Pérez Sánchez y son patronos y camareros efectivos la familia García Parra, sucesores de sus padres, sus abuelos y bisabuelos.

Ubrique, año 1953. Francisco García Parra.

 


martes, 4 de agosto de 2026

La visita pastoral del obispo en 1918, publicada en "El Mensajero" de Jerez

 


 El Mensajero, Periódico independiente de Jerez

Edición del cinco de mayo de 1918 

 

 

Por Esperanza Cabello

 

Nuestra admiración por don Francisco García Parra aumenta día a día. A medida que vamos descubriendo sus escritos, sus recortes de prensa, sus fotografías, sus notas, vamos confirmando que se trata del mejor cronista y difusor de nuestra cultura de la primera mitad del siglo XX.

La semana pasada publicamos (en este enlace) su crónica de la visita pastoral del obispo don Manuel González García (canonizado en 2016) a Ubrique en abril de 1918, y hoy amplía esta crónica uno de los periódicos que guardaba y archivaba con esmero. Se trata de un ejemplar de El Mensajero, un periódico independiente publicado en Jerez, del cinco de mayo de 1918.

Este ejemplar tiene una etiqueta "SR. Alcalde. Ubrique", es decir que García Parra lo recibió en la alcaldía y lo guardó celosamente junto a su crónica. En este enlace podemos saber algo más de esta publicación. 

Además, gracias al alucinante archivo fotográfico de García Parra, y también al de la familia Cabello Izquierdo, hemos conseguido algunas fotografías de aquellos días y de algunos de los personajes que se citan en el artículo periodístico.

Lo firma "El corresponsal", al principio creíamos que era el propio García Parra quien lo había escrito, porque él era colaborador de varias publicaciones, pero después de leer varias veces el artículo hemos llegado a la conclusión de que ni es el mismo tipo de escritura ni utiliza las mismas expresiones ni la redacción, a pesar de ser parecida, dado que estamos a principios del siglo pasado, es la misma. Nos encantaría conocer la identidad de este corresponsal, para darle el espacio que merece en la historia de nuestro pueblo. 

 

 

 

Notas de Ubrique

Santa visita pastoral. El obispo de Olimpo.

 

Hay ocasiones solemnes, hechos determinados, que sirven para revelar la característica cualidad de un pueblo. Esto ha sucedido en Ubrique, con motivo de la visita pastoral llevada a cabo en los días 26 y 27 del presente mes por el excelentísimo o ilustrísimo, señor obispo de Olimpo, administrador apostólico de Málaga, don Manuel González García.

 

San Manuel González visita Ubrique

En este enlace 


Bien porque hacía más de 25 años que ningún sucesor de los apóstoles llegaba a estos apartados lugares de la sierra, ya porque los elocuentes ecos de una misión preparatoria, realizada por los reverendos padres de la compañía de Jesús, don Tiburcio Arnaiz y don José Romero Bohórquez, hubiesen caldeado los sentimientos religiosos de la villa, o tal vez porque el alma colectiva de este rincón español es por naturaleza esencialmente cristiana, lo que resulta cierto es que en la presente ocasión, este pueblo ha sabido dar prueba plena de la cultura que honra y de la fe que edifica.

 

 

En el atrio del convento de San Francisco

don Antonio Carrasco, don Fermín Sánchez de Medina, un padre capuchino y el sacerdote don José Cabello Medina

Fotografía gentileza de Elena Lobatón

 

 

Y para que tal juicio no se califique de hiperbólico, vaya la nota de hechos que son la más elocuente demostración de cuanto queda dicho.

Nuestro celoso párroco, don Antonio Carrasco Ruiz había anunciado con la anticipación conveniente que la llegada del sabio y virtuoso pastor tendría efecto el día 23. Así lo tuvo en cuenta nuestro digno alcalde, don Francisco García Parra, quien, cumpliendo acuerdo del ilustre Ayuntamiento, invitó al vecindario para que saliese a recibir a la primera autoridad eclesiástica. Hízose la cita por atento B. L. M.  (actualmente, un saluda) para el elemento oficial, y con hojas impresas, profusamente repartidas, al comercio, a la industria, a los obreros, al pueblo todo. Y el pueblo respondió con entusiasmo al llamamiento.

 

Por la mañana se prepararon las niñas y niños que asisten a las escuelas para recibir los beneficios de la gracia sacramental. Y todo el día, hasta el momento de ir a recibir al prelado, estuvo el clero de la parroquia en el tribunal de la penitencia. En tan piadosa tarea cooperaron los reverendos padres capuchinos, que tienen aquí casa residencia y el por muchos títulos digno padre Romero, de la compañía de Jesús, el cual es hijo de este pueblo y siente por la patria chica, el cariño intenso de las almas grandes.

 

Con anticipación a la hora señalada fue concentrándose el público en las inmediaciones del convento de San Francisco, como si dijéramos la “estación del norte” de este pueblecito pintoresco, ya que su ilustrísima venía de la cercana Villa de Benaocaz, empleada hacia aquel cuadrante.

Serían próximamente las 7:00 de la tarde cuando sonaron cohetes, la música y las campanas confundieron sus notas y por el costeroso camino vecinal, se presentó la comitiva.

 

La impresión que causó en los espectadores la arrogante figura del ex arcipreste de Huelva, con los hábitos morados, el sombrero de borlas, la cara bondadosa y sonriente, repartiendo bendiciones a uno y otro confín, fue inmenso. Estalló un vibrante ¡Viva el señor obispo! Que repercutieron los ecos de la montaña y que satisfizo, sin duda a los recién llegados. Eran estos, además del diocesano, el señor don Francisco Martínez Navas, secretario de cámara y gobierno; don Fernando Díaz de Gelo, capellán de su excelencia; los virtuosos párrocos de Grazalema y Benaocaz, don Carlos Jiménez y don Martín Morales Cañamaque, y los presbíteros, señores Romero Martel y Romero Mateo.

 

Don Sebastián Coveñas Macías

Presbítero ubriqueño en 1936

 

En el atrio del convento echaron pie a tierra, y nuestro párroco hizo las presentaciones de rúbrica.

Allí esperaban: el ya citado don Francisco García Parra, alcalde, presidente de este ilustre Ayuntamiento, con la mayoría de la corporación y su secretario, don Miguel Reguera, Bohórquez, don José Ayala Bohórquez, juez municipal, con su secretario don Francisco Álvarez; don José González Romero, oficial de la guardia civil, jefe de esta línea; don Manuel Herreros, inspector de sanidad; don José Corrales, médico titular; don Sebastián Coveñas Macías, presbítero; todo el clero y personal afecto a la parroquia; la comunidad de padres capuchinos con el superior, reverendo padre Arcángel de Mairena; las maestras nacionales Doña Ángeles Bohórquez y doña Ana Jurado, con sus numerosas discípulas; los maestros, don Diego Infante, don Antonio Sánchez y el prestigioso pedagogo, gloria y honra del magisterio, don Francisco Fatou Lucas, con todo el elemento escolar masculino, y muchas otras personalidades significadas, cuyos nombres harían interminable la lista.

 

Don Francisco Fatou y Lucas 1953

 

Después de besar el simbólico anillo, acompañaron a su ilustrísima hasta el altar de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Ubrique, donde el prelado hizo breve oración, pasando luego a revestirse de pontifical.

 

Inmediatamente se organizó la procesión. Constituían esta las niñas y niños de las escuelas nacionales con banderas, las hermandades con ciriales, la comunidad de religiosos capuchinos, el prelado bajo palio, las autoridades civiles y militares y un numerosísimo grupo de hombres, sin más distintivos que la fe en el alma, la hidalguía en el rostro y el sombrero en la mano.

 

De los balcones engalanados caía lluvia de flores. De este modo se recorrió el trayecto que media desde el convento de San Francisco hasta la iglesia parroquial. La emoción del que llegaba en nombre del señor era intensísima. Así lo expresó visiblemente conmovido y dirigiéndose al pueblo desde el presbiterio de la parroquia.

 

El día 26 principiaron las confirmaciones.

 

Unas 2000 personas recibieron la gracia santifícante que conforta y robustece en la vida de la fe. De todas ellas han sido padrinos la señorita María García Parra y su hermano don Francisco, alcalde de esta noble población.

 

El día 27 hubo una comunión general para adultos, administrada por el mismo señor obispo que, con paternal alegría, repartió el pan espiritual a muchos centenares de hombres y mujeres, a quienes dirigió después sentida y elocuente plática.

Tras la comunión general vino la visita de escuelas.

Y allí, en contacto con los niños, el señor obispo de Olimpo dejó de ser obispo para convertirse en arcipreste de Huelva, es decir, en maestro perito, pedagogo genial que sabe sensibilizar las ideas para hacerlas comprensibles a los entendimientos a quienes habla. Gallarda prueba de este talento especial, peculiar suyo, de esa sencillez admirable que hace surgir luz en la inteligencia más oscura, fue la conferencia que tuvo con las congregaciones, conferencia, sin tono magistral, sin ampulosidades oratorias; conferencia cristiana, esto es, como la daría Cristo Nuestro Señor (salvo las naturales diferencias entre lo divino y lo humano) a cuántos escucharon la divina palabra del hombre dios.

 

¡Buen día para el señor Obispo, este 27!

Sobre el trabajo relatado siguieron: otra conferencia a la recién creada Asociación de señoras y señoritas catequistas; visita de enfermos, nuevas confirmaciones; visita a los obreros, asistencia a una salve memorable en el templo donde se venera la imagen de Nuestra Señora de los Remedios. En este templo dirigió la palabra a los fieles que llenaban por completo el recinto, concedió 50 días de indulgencia a los que frecuentaban el culto y puso el pueblo bajo la protección de aquella madre bendita.

 

Aún no había terminado la jornada. Quedaba despedirse del pueblo en la representación de su Ayuntamiento. Y a la casa capitular se trasladó el santo e incansable varón.

 

A las breves, pero muy sentidas palabras del señor alcalde, contestó el ilustre mitrado, agradeciendo el homenaje de que era objeto, por donde quiera que iba y ofreciéndose incondicionalmente a todos sus hijos espirituales de la villa. Pronunció estas palabras que condensan sus sentimientos: “Mi estancia aquí puede sintetizarse en un Viva que principió al llegar y que terminará cuando me vaya”. No se engañó el dignísimo pastor. El día 28, a las 9:00 de la mañana, partía en el automóvil del excelentísimo señor Conde de los Andes, galante cedido y tras el vehículo quedaban aclamándole millares de personas.

 

Poco antes de la partida el concejal don Francisco Reguera recibió un despacho telegráfico para que felicitara al señor obispo el nombre del excelentísimo señor marqués de Casa Mendaro, diputado a Cortes por el distrito.

La casa alojamiento ha sido la de don Antonio Carrasco, que durante estos días se ha visto frecuentadísima. La mesa, adornada con exquisito gusto, estuvo siempre dispuesta para todos, desfilando por ella numerosos individuos que disfrutaron el placer material de delicados manjares y el espiritual de una conversación amena, sencilla, sin remilgos de etiquetas, sostenida por el ilustre huésped, por el clero y autoridades locales.

 

La circunstancia de que la vivienda de don Antonio radica en la plaza misma del Ayuntamiento ha dado mayor realce al cuadro, pues la iluminación extraordinaria que ella ha tenido, en unión de la que lucía la casa consistorial, el casino de la juventud maurista y la propia morada del señor cura regente daban al lugar esplendores reservados para las grandes fiestas de la villa.

 

Mauristas de Ubrique en 1916

En este enlace

Gentileza de Elena Lobatón

 

Alma colectiva, que así demuestra su amor por la verdad eterna, es alma de un pueblo generoso, digno, hijo de España.

 

¡Viva Ubrique!

El corresponsal

29-4-918