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domingo, 4 de octubre de 2026

Cuatro de octubre: San Francisco de Asís

 

Nuestro abuelo Paco (Francisco Cabello Orellana) recogiendo la medalla al mérito artesano en los años cincuenta.

 

Por Esperanza Cabello

Lo miremos por donde lo miremos, en nuestro pueblo y nuestra familia tiene una gran  trascendencia un santo en particular: San Francisco de Asís.

En nuestro pueblo, porque desde 1660 se fue construyendo el "Convento de San Francisco" (ese fue el nombre primitivo del actual convento de capuchinos) y la devoción al santo de Asís se ha prolongado a lo largo de los años y de los siglos hasta llegar a nuestros días, se trata de uno de los santos más populares, apreciados y queridos.

Y en nuestra familia porque tanto desde el lado materno como desde el lado paterno tenemos ascendentes que continúan cediendo su nombre a las nuevas generaciones, así que  conocemos a un buen montón de Francisco Cabello y de Francisco Izquierdo. 

Con ambas familias hemos llegado hasta nuestros tatarabuelos, encontrando en cada generación uno o incluso dos Francisco (nuestro abuelo Paco se llamaba así al igual que uno de sus hermanos mayores, fallecido antes de que naciera el abuelo). En entradas anteriores hemos hablado de esos tatarabuelos y de sus orígenes argentinos, malagueños y vallisoletanos, y hoy queremos felicitar, especialmente, al más pequeño de las dos familias, al jovencísimo Francisco Alfonso, que lleva el mismo nombre que su padre, su abuelo, su bisabuelo y su retatarabuelo, y eso nos hace especial ilusión.

 

 

Nuestro bisabuelo Francisco Izquierdo Moreno, natural de Ataquines, Valladolid, con sus ojitos claros, como tantos de la familia Izquierdo



 

Por el lado paterno, volvemos a descubrirnos ante un escrito de nuestro tío Pepe -José María Cabello Janeiro- que nuestra prima Noemí nos recuerda frecuentemente en los grupos familiares.

 

Todos los años, en esta fecha, he dedicado un recuadro en nuestro rincón familiar de los Cabello, al  popular nombre. 

No en vano, de tatarabuelo a biznieto Francisco es el nombre más repetido, que se acogen al patronato del Poverello de Asís. 

Esta vez amplío el marco de mi felicitación a tantos y tantas integrantes del grupo y paisanos/as que llevan el nombre de Francisco y que se repite tanto en las familias ubriqueñas. Fueron varios los siglos que una rama reformada franciscana, los capuchinos, que vivieron en nuestro convento, incrementando con la devoción al Santo la religiosidad popular.

 Son varios los Santos que con el nombre de Francisco aparecen en el calendario. Ayer mismo, día 3, fue la festividad de San Francisco de Borja, un santo español que cambió su lujo de la Corte de Carlos V por la austeridad de la Congregación de Ignacio de Loyola. 

San Francisco de Javier (día 3 de diciembre) es punto y aparte. 

Y el día 2 de abril es San Francisco de Paula, otro reformador y creador de los franciscanos mínimos.

Pero en popularidad, les gana por goleada el santo de Asís, que ya en el siglo XII protagonizó una verdadera revolución interna de la Iglesia con la creación de la primera orden mendicante. Y fue un verdadero mensajero de paz. 

Mientras los cruzados con sangre y fuego intentaban el rescate de los Sagrados Lugares, "el varón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís..." (Rubén Dario) visita, en difícil camino, Jerusalén. Y consigue unos acuerdos con el emir de Egipto que permiten la estancia de sus religiosos en el país. De ahí se deriva el hecho de que la custodia de los Santos Lugares les esté confiada a los franciscanos. 

O que en Marruecos, solo la orden franciscana esté legitimada para estar arraigada en su país. Por algo el Papa Francisco -de la misma nacionalidad que el bisa argentino- ha roto la cadena tradicional en los nombres de los papas con el del santo de Asís.

Y además de esta felicitación tan amplia, la específico en los que forman parte de mi familia, mi hijo Francisco Manuel(Keko) y mis sobrinos Paco Cabezas, Francisco Cabello (padre e hijo) Francisco Julio …
El decano Pepe, octubre 2018 

 

Y además, justo esta noche, nuestro párroco, don Daniel, nos ha contado que precisamente hoy se cumplen ochocientos años del día de la muerte de san Francisco, símbolo de paz y diálogo.

 


 
 

jueves, 17 de agosto de 2023

Francisco Cabello Orellana en la Guerra de África.

 

Francisco Cabello Orellana en el campamento de Tarfesit (Marruecos)

18 de mayo de 1923

Gentileza de Natalia Julia Cabello

 

 

Por Esperanza Cabello

 

Siempre habíamos oído que nuestro abuelo Paco hizo el servicio militar en Marruecos, en plena Guerra del Rif, y que otros paisanos de Ubrique e incluso de Villaluenga había ido con él.

Nuestra tía Reme nos ha contado que aquella "mili" duró mucho tiempo, dos o tres años, que nuestro abuelo siguió ganándose la vida (y la de su madre y hermanas) vendiendo carteras y artículos de piel en Marruecos y que llegó descompuesto al ver la mala saña que tenían algunos de los militares marroquíes.

Ella conserva una fotografía con su padre y un compañero marroquí sentados sobre una piedra. Pero nosotros nunca lo habíamos visto hasta que nuestra hermana Natalia nos ha traído esta increíble fotografía que ya tiene más de cien años. Escrita y enviada en mayo de 1923, nuestro abuelo, con su diminuta letra y su  muy correcta ortografía, habla con su madre y hermanas de un modo fluido, preocupándose por su salud y por la marcha del negocio familiar.

Cuando nuestra bisabuela Joaquina Orellana Artacho (muerta el 20 de marzo de 1947) enviudó en Argentina, se trasladó con toda su familia, en 1909, a Ubrique, donde ejercía como cura párroco don José Cabello (muerto en enero de 1923), y en un principio, vivieron todos con él en su casa de la calle Real. Más tarde, y a cuenta de roces con la asistenta del cura, nuestra bisabuela y sus hijos se trasladaron a la calle Botica, donde comenzó, con la "platita" que había traído de Argentina y todos sus hijos menores de edad, un negocio familiar de marroquinería. Abuela Joaquina fue una de las primeras mujeres empresarias de la piel de nuestro pueblo (si no la primera).

 

Joaquina Orellana y sus seis hijos tras la muerte de Francisco Cabello

"Los argentinitos", llegados a Ubrique en 1909

Fotografía de Lupe Quirós Sánchez de Medina

Guadalupe, Elena, Joaquina, Paco, José y Miguel


Fundó la empresa marroquinera "Hermanos Cabello",  y muy pronto todos empezaron a arrimar el hombro, porque hacía falta mantenerla a flote. Desgraciadamente, pocos años después murió el hijo mayor, José, el 19 de enero de 1918, a los veinte años, y recayó sobre Paco, con sus dieciocho años, el peso de la empresa.

Abuela Joaquina debía de ser muy fuerte para haber soportado todas las vicisitudes de la familia. Pocos años más tarde Paco fue llamado a filas, más lejos no se podía, a Marruecos, en una de sus peores épocas, poco después del desastre de Annual (1921, donde murieron casi doce mil soldados españoles) y durante un periodo terrible también en el gobierno español.

Paco fue enviado a Tarfesit, al sur de Annual, a más de trescientos kilómetros de Ceuta, y allí estuvo casi tres años, ocupándose de la guerra y del negocio familiar al mismo tiempo.

 

 



 En la página de la agencia EFE (en este enlace) podemos ver una fotografía de junio de 1923 del antiguo poblado de Tarfesit y el campamento militar español.


Nuestro abuelo soportó, como tantos compatriotas, el aislamiento en Marruecos, varios años de penalidades y la crudeza de una guerra que terminó al mismo tiempo que el protectorado. Mientras, el contacto con la familia era constante. 

Ya era novio de nuestra abuela Julia (1898-1971), con quien se casaría tres años más tarde, el once de septiembre de 1926 (nuestros padres se casaron el diez de septiembre de 1957), fue una boda de luto, los padres de Julia habían muerto recientemente, bastante jóvenes, el bisabuelo Manuel Janeiro tres años antes, el ocho de abril de 1923 (de un "hipo" -padecía hernia de hiato-), y la bisabuela Julia Rubiales el 14 de octubre de 1925. Nuestra tía María Remedios guarda algunas de las cartas que se escribieron los novios durante aquella época. 

Pero hoy la fotografía que nos ha traído nuestra hermana Natalia tiene una preciosa sorpresa en el reverso. 

 

Carta de Francisco Cabello Orellana a su madre y hermanas. Algunas palabras son ilegibles por las manchas, pero hemos podido transcribirla casi en su totalidad.



Abuelo Paco: Tafersit, 18 de mayo de 1923

 

Querida madre y hermanas,

recibo su carta del 12 y por ella veo que están todas buenas. Yo bien, gracias a Dios. Supongo recibieron una tarjeta militar donde les decía que había recibido el paquete certificado.

Ya en anteriores cartas me comunicaron la fechoría del comisionista Medina de Jerez; y no crean, que cuando yo estuve en Jerez para facturar las mercancías de Francisco J. pedí informes de él y me los dieron buenos, así es que cuando lo sucedido me lo relataron ustedes me extrañó mucho.

Y después de todo gracias a Dios que de las cajoneras no tuvo lo que le diera la gana. Más, bien pensado, lo de ustedes que siquiera las 100 pesetas se les cogieron.

Lo que más siento que el trabajo se haya cortado y el tío este Benchimol[1] pudiendo hacer negocio aquí, tampoco eso se mueve, escribidle y mandadle una tarifa de precios. La última vez que hablé con él me dijo que se le había extraviado. A mí también me mandan una o dos si las tenéis hechas.

Les mando esta foto para que me vean, nos dicen por aquí que serviremos dos años, todo lo más treinta meses.

Sin otra cosa por hoy reciban besos y abrazos de su hermano e hijo que os quiere, Paco.



[1] Apellido árabe.

 

Es increíble ver cómo a más de quinientos kilómetros de distancia y con las comunicaciones del primer cuarto de siglo, nuestro abuelo manejaba, junto a su madre y hermanas, el negocio familiar hace exactamente cien años.

Lo vemos preocupado por las "fechorías" del comisionista Medina, de Jerez, (parece que les robó en la fábrica 100 pesetas) o por el comercial árabe, Benchimol, que no se mueve nada para vender, con todo el negocio que representaban tanto los otros soldados españoles como los habitantes del lugar.





El comisionista Medina de Jerez

 


"... la fechoría del comisionista Medina, de Jerez"


Por Esperanza Cabello


En la entrada anterior (en este enlace) hablábamos de una carta que nuestro abuelo Francisco Orellana envió a su madre y hermanas en mayo de 1923, hace cien años.

En ella comenta aspectos del negocio familiar (Marroquinería Hermanos Cabello), y lamenta la fechoría del comisionista Medina, de Jerez, que, por lo visto, se llevó un dinero que no era suyo.

Buscando en internet algún dato de este comisionista, nos ha llamado la atención que al escribir en un buscador "comisionista Medina de Jerez, 1923"  ha salido, en primer lugar, una noticia del diario "Viva Jerez" por una supuesta estafa de otro comisionista, también apellidado Medina, que supuestamente se llevó un dinero que no era suyo, pero en 2023 (en este enlace).

Es decepcionante que justo cien años más tarde (1923-2023) se de una coincidencia de estafa, apellido y lugar. Decepcionante y una lástima. En la época fueron cien pesetas las que sustrajeron a nuestra bisabuela (unos quinientos euros actuales) y ahora hablamos de estafas de cientos de miles de euros. 







viernes, 20 de diciembre de 2019

El adiós de abuelo Paco en el recuerdo de tito Pepe

Julia Janeiro y Francisco Cabello




Por José María Cabello



Otra vez, un año más, la rueda del tiempo señala la misma fecha. Amanece el día veinte de diciembre, casi inmediato a las alegrías navideñas. Se nos marchó -hace ya muchos años- en vuelo que rompió las nubes nuestro padre, el abuelo Paco. Ya había fallecido la abuela Julia. 
La doble pérdida fue un tremendo hachazo a nuestro árbol familiar, y su vinculación a las fiestas navideñas nos hizo más dolorosa la pérdida y más permanente su recuerdo. Especialmente ahora para sus tres hijos sobrevivientes: María Remedios, Ana María y Pepe. 
Abuelo Paco volvía -días antes- de Sevilla cargado de juguetes y regalos para la tienda. Así hacía soñar a los pequeños y compartir ilusiones con la venida de los Reyes Magos. Abuela Julia también gozaba a tope en estas fiestas. 
Recuerdo con nostalgia aquel hermoso balcón que se extendía por toda la fachada que daba a la Plaza de la casa natal. Ahora, que este año renace la original tradición de los canastos para la Noche de Reyes, se me agudiza la memoria. Y veo la policromía de tantos y tan diversos canastos sacados al exterior con las macetas de flores y aquella guirnalda de capullos azules que se entrelazan en la balconada. Allí están los preparados para los seis hermanos y para todos y todas las petaqueras. Así era de generosa aquella maga de excepcion, la abuela Julia. Con la inestimable ayuda de la mejor artista de la familia, la prima Isabelita Álvarez Janeiro.
Estos son mis sentimientos, que me gusta encuadrar en este grupo familiar. El primero, de un piadoso recuerdo no solo de los abuelos, sino de tantos familiares directos que nos antecedieron en el Reino. Seguro que se unirán al coro angelical de Belén que pregonan la Paz y el Bien.
 Y enseguida la de alegría. La vida sigue. Y las sillas que ellos dejaron vacías para la cena familiar ya estan ocupadas. Nada menos que cuatro generaciones se enorgullecen de ser sus descendientes. El árbol familiar sigue frondoso y las seis ramas distinta que lo configuramos siguen muy vivas y siguen sus retoños. El último incorporado es una preciosa niña, biznieta de nuestro hermano Prudencio y nieta de su hijo Prudencio Cabezas Cabello. 
"Fuera las penas...Venga la alegría... Que en un humilde establo, ha parido María.. y en esas circunstancias nos nació el Mesías". 
Besos "a pelón" y mis mejores deseos a todos y todas para el Nuevo Año.

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domingo, 16 de junio de 2019

La magia de la piel

El papel pasa de un lado a otro por “arte de magia”


Por Esperanza Cabello



LA VERDADERA MAGIA DE LA PIEL

         La exposición que dio vida al Museo de la Piel de Ubrique tiene un nombre muy curioso: “Manos y magia en la piel”. Y nosotros sabemos cuál es la verdadera magia de la piel, la que hace que un conocido fabricante de artículos de piel, de petacas y de estuches, comience a fabricar un juguete, un juguete de magia, en los años cincuenta, para regalar a los niños ubriqueños.

         Francisco Cabello Orellana fabricó cientos de estas “carteras de magia” que a todos nos asombraban y nos permitían soñar con ser magos por un día. Un sencillo mecanismo, aprovechando retales de pieles, de rasos y de cinta, que hacía que cualquier objeto cambiara de lugar en la cartera como si de teletransportación se tratara.



Nota del 17 de junio: Nuestra amiga Sandra Ramírez Piña nos cuenta que su padre fabricó muchos en sus inicios como petaquero. También que se llama "cartera mágica" y que cuando el petaquero va a fabricar uno dice: "Voy a hacer un mágico". 
¡Gracias Sandra!


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miércoles, 4 de octubre de 2017

4 de octubre. San Francisco de Asís

Francisco Cabello Orellana
Ubrique 1940
Fotografía retocada por Salvador Romero   



Por Esperanza Cabello



Hoy es el día de San Francisco de Asís, un día grande en la familia. Nuestro abuelo Paco, patriarca de la familia paterna, celebraba su onomástica cada cuatro de octubre, pues era el nombre familiar por excelencia. Conocemos a un "Francisco Cabello" en al menos seis generaciones, y estamos seguros de que el nombre familiar se conservará durante muchos más.
Hoy, que es un día un poquito más feliz que otros porque todas las noticias que  llegaron ayer fueron muy buenas, queremos felicitar a todos los Francisco de la familia, especialmente a nuestro hermano y nuestro sobrino y sin olvidar a todos los primos.
¡Felicidades!


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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Petacas de Ubrique

Petaca de Ubrique
Gentileza de nuestro amigo Juan Gutiérrez


Por Esperanza Cabello


Tenemos la suerte y el privilegio de contar con muchos amigos muy especiales, y Juan Gutiérrez, nuestro antiguo compañero de docencia, es uno de ellos. En varias ocasiones nos ha dado una magnífica sorpresa regalándonos petacas de Ubrique que adquiere en diversos mercadillos. Y esta semana, con ocasión de la jubilación de nuestro hermano Francisco, nos hemos reunido los compañeros de Las Cumbres y Juan nos ha traído  tres "cachas" (cada una de las partes de una petaca) que, en principio, parecían independientes, aunque pudimos comprobar que dos de ellas encajaban, formando una petaca completa, quizás de los cuarenta.


Las dos cachas de una antigua petaca de Ubrique

Es una bonita pieza, gastada por el uso pero con las costuras en perfecto estado y la piel bastante flexible aún, la mimaremos y la añadiremos a nuestra pequeña colección.




La otra pieza es la parte interior de una petaca, muy original, por cierto, pues la piel está taladrada con pequeños agujeritos simétricos, nunca habíamos visto una petaca igual. 
Nuestro padre explica en sus escritos que uno de los primitivos usos de las petacas que eran utilizadas por los arrieros era a modo de vaso, para beber. Imaginamos que este modelo, ya mucho más moderno, no serviría mucho para ese fin, pero seguro que el aroma a tabaco se extendía con facilidad gracias a estos minúsculos agujeros.



Nuestro padre pasó los últimos años de su vida buscando petacas para un futuro Museo de la Piel de Ubrique, y compró muchas en los mercadillos cercanos a nuestro pueblo. Cada domingo que iba a Jerez, a Cádiz,a Fuengirola, a Málaga y encontraba una pieza para su colección volvía contentísimo a casa, y nos explicaba los pormenores de su hallazgo.
Nosotros no somos demasiado expertos en mercadillos, pero continuamos con esta colección que comenzó nuestro abuelo Paco y siguió nuestro padre, y buscamos petacas en páginas de internet. La verdad es que conseguimos encontrar algunas piezas, y nos interesamos sobre todo por las menos usuales, las que están selladas o repujadas.
Estas son algunas de las petacas de este verano, deben de ser de los sesenta, y tienen unos repujados preciosos, no sabemos quién fue el artista repujador que las hizo, ni quién fue el patronista, pero se trata, sin lugar a dudas, de verdaderas obras de arte.







 

 





 En Ubrique se fabricaron, desde mediados del siglo XIX hasta los setenta, cientos de miles de petacas, la mayoría de esas piezas habrá desaparecido para siempre, pero seguro que una pequeña parte sigue existiendo en los cajones de las cómodas familiares, en los desvanes, en los altillos, y sería fantástico poder conservar en nuestro Museo de la Piel una buena parte de las petacas que aún existen.


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