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martes, 11 de noviembre de 2025

La fundación del convento de Ubrique, por Fray Ambrosio de Valencina

 

Grupo de acción franciscana en la plazuela del convento

Ubrique, año de 1934

Fotografía de Francisco García Parra

 

Por Esperanza Cabello

Siempre estamos indagando en internet, y damos muchas vueltas, sobre todo, a los libros, y hemos tenido la suerte de dar con una serie de libros escritos por el capuchino fray Ambrosio de Valencina (1859-1914)  en los que relata las historias de los conventos andaluces.

 

 


 Convento de capuchinos en 1935

 

CAPÍTULO XLVII

Fundación del convento de Ubrique

Ya dijimos en el capítulo XL de este libro que el Duque de Arcos nos edificó a costa suya un precioso convento en su palacio de Marchena por los años de 1651, señalando una parte de sus rentas para sustento de los religiosos; y no satisfecha su devoción con eso, quiso labrarnos otro convento en su villa de Ubrique con las mismas condiciones. A este fin, hallándose enfermo de gravedad en Marchena, el año de 1659, llamó a N. P. Leandro de Antequera (que era Provincial y estaba de visita en aquel convento) y le suplicó con mucha instancia que le diese palabra formal de admitir la fundación de Ubrique, para salir él de este mundo consolado con esa promesa. Prometióle el P. Provincial trabajar cuanto pudiera por complacerlo, y en cumplimiento de su promesa, expuso en el capítulo inmediato que se celebró en Sevilla por septiembre de 1660 los deseos del Duque, quedando admitida la fundación.

Participáronle el buen éxito que había tenido su pretensión, y el Duque anunció por cartas a los cabildos eclesiásticos y secular de Ubrique el bien espiritual que había procurado a su villa con la fundación de un convento de Licencia del PP. Capuchinos. Recibió cada uno de los cabildos su respectiva carta y de común acuerdo éstos y el Duque, escribieron al Ilmo. y Rmo. Sr. D. Antonio Piña y Hermosa, Obispo entonces de Málaga, suplicándole se dignase conceder su licencia para la fundación de un convento en la villa de Ubrique, que es de su obispado. Fue esta petición muy bien acogida por aquel ilustrísimo prelado que solicitaba el alivio espiritual de sus ovejas, y para manifestarlo, en 30 de septiembre de 1660 dio su licencia in-scriptis.

Obtenida esta licencia, el Padre Provincial, que ya lo era N. P. Francisco de Jerez, envió a Ubrique al P. Bernardino de Granada con otro padre a escoger sitio para fundar el convento. Entre tanto murió el Duque, que tenía el propósito de edificarlo a sus expensas, como hizo en Marchena, lo que no pudo tener ahora efecto por los trastornos y ocurrencias que su muerte trajo a la casa Ducal, y esto fue motivo para que la fundación se demorase. Noticioso de esto y de la causa de retardarse dicha fundación, el Licenciado Antonio Borrego de Carvajal, presbítero y beneficiado de la Iglesia de Ubrique, trayendo a la memoria lo que después referimos, escribió a N. M. R. P. Provincial diciéndole que estaba pronto a fabricar a sus expensas el convento, con tal que le concedieran el patronato del mismo, con las condiciones que proponía; las que vistas por el Definitorio fueron aprobadas en 1º de Noviembre de dicho año, y el mismo día se comisionó a N. P. Bernardino de Granada para que nombrase Síndico, el cual otorgase en nombre de Su Santidad y de la Provincia la escritura de Patronato con el licenciado Borrego.

Este, siendo de 18 años y hallándose estudiando en Sevilla, solicitó ser capuchino, y a fuerza de ruegos consiguió del P. Provincial la licencia obediencial, para pasar a nuestro convento de Sevilla á que allí le vistiesen el hábito y tuviera en él su noviciado. Llegó al dicho convento, y presentando la obediencia como es costumbre al P. Guardián, éste convocó a los sujetos más dignos de su Comunidad para examinarlo y recibirlo. Mucho se alegraron los Padres con el examen del pretendiente, pues en su buen aspecto, modestia y compostura leían la pureza de su alma y lo cierto de su vocación; pero, cuando todos los que a este acto habían concurrido lo aprobaron, el V. P. Juan Francisco de Antequera, varón señalado en virtud y letras, mirando con atención al pretendiente, habló con el P. Guardián y le dijo: Padre Guardián, este joven lo tiene Dios elegido para que en el siglo obre cosas de su mayor agrado, que tal vez cederán en provecho nuestro.

Voces fueron éstas que así en los PP. como en nuestro pretendiente mudaron del todo los intentos pues ni aquéllos insistieron más sobre admitirlo, ni él se hallaba ya con aquellos fervorosos deseos que al convento le habían conducido; por lo cual, hablando al pretendiente el P. Guardián, le dijo: Ya ha oído usted lo que este Padre ha dicho, por lo que le aconsejo que, restituyéndose a su casa, tenga siempre presente estas razones para corresponder agradecido a los divinos llamamientos, y aplicándose mucho al estudio de las virtudes y letras aguarde resignado en la voluntad divina el tiempo y fin para que Dios le tiene preparado. Alegre se restituyó nuestro joven a su casa, sin volver a sentir jamás aquellas continuadas ansias con que vivía de profesar el estado religioso. Continuó sus estudios, llegó a ser sacerdote, y después beneficiado de la Iglesia parroquial de Ubrique, donde pensaba fundar un convento de religiosos, para que con su doctrina y ejemplo tuviesen sus compatriotas motivos y medios para adelantarse en el camino de la perfección.

Resuelto ya a esta empresa, dióse a pensar detenidamente a cuál de las religiones que en nuestra España se conocen ofrecería, para que lo habitasen, el convento que iba a edificar. En esta deliberación se hallaba aquel generoso corazón, cuando llegó a sus oídos la noticia de la fundación que para los Capuchinos pretendía el Duque hacer allí; pero viendo que la casa Ducal desistía de Escritura de Ia empresa, recordó lo que algunos años antes oyó en Sevilla al V. P. Juan Francisco de Antequera y creyó que era él a quien Dios tenía predestinado para fundarnos convento en su propia patria. Y así escribió como queda dicho, al P. Provincial y al Definitorio, haciéndole el ofrecimiento que arriba expresamos. Entonces envió N. P. Provincial al P. Bernardino facultado para nombrar Síndico apostólico al capitán D. Juan Morales Moreno, el cual en nombre de la Provincia firmó la escritura de patronato con el beneficiado Borrego, el día 12 de noviembre de 1660; y ese mismo día tomaron los religiosos posesión de la nueva fundación en la ermita de San Juan Bautista llamada San Juan de Letrán, para que allí residiesen mientras el convento se fabricaba.

No era aquel sitio competente para dicha fábrica, por lo cual fue preciso buscar otro más acomodado. Este sitio lo señaló milagrosamente el cielo con un prodigio que vamos a narrar. El lugar que ocupa hoy en Ubrique la Iglesia y convento de los Capuchinos era entonces una huerta, propiedad de doña Juana Aguilar que la tenía arrendada a Bartolomé Romero. Este tenía una hija llamada Leonor, niña de ocho años, la cual vio una mañana entre los árboles frutales a una Señora llena de resplandores celestiales, llevando en su mano una carta y una cuerda como la que usamos los PP. Capuchinos; llamó a la niña para dársela, y como ésta espantada rehusara acercarse, poniendo sobre una piedra la carta y la cuerda, dijo la Señora: Ven por esto que dejo aquí, y desapareció.

La niña voló a contarle a su padre lo que había visto, y éste tomando de aquel lugar la carta y la cuerda las entregó al P. Bernardino. ¿De quién era la carta? ¿Qué decía? Este es un secreto que se llevó a la tierra el V. P. fundador. Solo se sabe, que 8 años después, el de 1668, hecho ya el convento y establecida la Comunidad, se llevó de Sevilla una imagen de la Virgen titulada de los Remedios, para colocarla en el altar mayor; y al verla Leonor, que ya era moza, prorrumpió admiradísima en estas aclamaciones: ¡Esta es la que se me apareció! ¡Esta es la que yo vi!¡Esta es la Señora de la carta para el Padre Bernardino! De todo lo cual se le tomó declaración bajo juramento por el tribunal eclesiástico; y comprobado este suceso, el pueblo aclamó por su Patrona a la Virgen de los Remedios, que hasta hoy sigue siendo el consuelo de los buenos ubriqueños.

 Aunque no sabemos lo que decía la carta misteriosa de la Señora aparecida, se infiere claramente que hablaría del sitio destinado por ella para fundar el convento; porque inmediatamente habló el P. Bernardino con el licenciado Borrego, y éste compró la huerta para edificarlo allí. Duraron las obras algún tiempo, hasta que por fin se terminaron felizmente, quedando el convento muy seráfico y con suficiente huerta para los religiosos. La Iglesia quedó también muy primorosa, y a ruegos del patrono Alfonso Borrego, se le dio por titular a su santo, el glorioso San Ildefonso de Toledo, al cual está dedicada.

La fuente de Benafis, que era propiedad del Duque, la cedió al convento la casa Ducal y se hizo un cauce para conducir las aguas y regar con ellas la huerta. Para esto se hicieron dos postes en el arroyo y encima de ellos un canal de madera, el cual duró hasta el año 1680, que el hermano Fr. Pedro de Teba hizo la cañería que actualmente existe. Más tarde quiso el ayuntamiento de Ubrique abastecer con estas aguas una fuente que hizo en la plaza del pueblo, y pidió al P. Provincial que permitiese tomar dicha agua y venir por nuestra cañería hasta el convento, quedando el municipio con la obligación de componer la cañería hasta allí, siempre que fuese menester, sin perjuicio del convento. A esta petición dio N. M. R. P. Provincial en 20 de octubre de 1726 respuesta, condescendiendo con la proposición del ayuntamiento, por donde se ve claramente que el convento tiene la propiedad de dicha agua y cañería.

Este Convento dio mucho lustre a Ubrique, de cuyo lugar salieron hombres eminentes en ciencia y en virtud, como diremos en el curso de esta historia. Fue habitado muchos años por el Apóstol de Andalucía Bto. Diego de Cádiz y por otros varones insignes en santidad.

Después de la exclaustración de 1835, compró este convento el ilustre y piadoso caballero de Jerez, D. José García Pérez para librarlo de la ley desamortizadora, y darlo a sus moradores cuando pasada la revolución pudieran restablecerse en él. Con esta condición lo dejó en mejora a su primogénito, don Francisco García Pérez y Romero, y éste a su hijo D. Juan M. García Pérez, que con laudable generosidad nos lo ha cedido, reservándose los derechos de patrón y propietario del mismo. Este convento es uno de los que actualmente tiene la Provincia, y de los más estimables por los recuerdos que encierra de nuestro Bto. Diego J. de Cádiz.

La fundación de este convento fue decretada, como dijimos al principio, en el capítulo provincial celebrado en Sevilla el 17 de septiembre de 1660, en el cual se hicieron las elecciones siguientes:

 

Provincial

M R. P. Francisco de Jerez.

 

Definidores     

1º R.P. Alejandro de Granada.

2º R.P. Gabriel de Vélez.

3º R.P. Antonio de Alhama.

4º R.P. José de Campos.

 

Custodios

1º R.P. Alejandro de Granada.

2º R.P. José de Campos.

 

Secretario de Provincia

P. Agustín de Córdoba.

 

Guardianes

R. P. José de Campos,     Sevilla.

R.P. Alejandro de Granada,     Granada.

R.P. Buenaventura de Antequera, Antequera.

R.P. Gabriel de Vélez,      Málaga.

R.P. Alonso de Cáceres,  Jaén.

R.P. Bernardo de Antequera,  Andújar.

R.P. Francisco de Málaga,       Castillo.

R.P. Antonio de Alcalá,    Alcalá.

R.P. Tomás de Cañete,    Ardales.

R.P. José Francisco de Vélez,  Córdoba.

R.P. Ambrosio de Almonte,    Écija.

R.P. José de Málaga,        Vélez.

R.P. Ángel de Tenerife,    Sanlúcar.

R.P. Bernardino de Málaga,    Cabra.

R.P. Juan Francisco de Antequera, Cádiz.

R.P. Salvador de Baza,     Motril.

R.P. Buenaventura de Ocaña, Marchena.

R.P. Bernardino de Granada,  Ubrique.

 


 


 El convento de capuchinos en la actualidad

Fotografía de Leandro Cabello



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martes, 16 de octubre de 2018

Nuestro patrimonio: el convento





Esta es la ficha que sobre el convento de Ubrique podemos leer en este enlace: la base de datos del

Patrimonio Inmueble de Andalucía

 


Convento de Capuchinos

El Santuario de Ntra. Sra. de los Remedios ocupa todo el lado norte del Convento. Para llegar a él hay que atravesar una pequeña plazuela, bordada de cipreses, en cuyo centro hay un monolito con una cruz de forja que perteneció al viacrucis de Fray Buenaventura S.XVII (se considera que esta cruz señalaba el inicio del viacrucis que partía desde el santuario hacia el camino del Calvario), y pasar por un pequeño pórtico arcado.

Tanto la mole conventual como la Iglesia Santuario poseen unos curiosos contrafuertes exteriores, al igual que en los monumentos románicos. una de las paredes que lo conforma existe un retrato en cerámica sevillana, a manera de mosaico, que representa al Beato Fray Diego de Cádiz, hijo de Ubrique.

El templo, reformado tras los incendios sufridos en 1936, consta de una amplia y elevada nave con una bóveda de cañón, y una cúpula en el altar mayor de media naranja, donde la sencillez es el factor determinante (ésta se debe a que los incendios sufridos dejaron a la ermita totalmente despojada del altar e imágenes, debiendo ser sustituidos a partir de los años 40). En dicho altar, sobre una pared lisa y encalada, hay dos nichos con adornos marmóreos, uno de los cuales lo preside la imagen de la Patrona Virgen de los Remedios, y el otro un Cristo Resucitado. Hay dos pequeñas peanas, también ribeteadas con mármol, destacando sobre una de ellas una pequeña imagen de San Rafael. Cubriendo los laterales existentes a la altura del Resucitado hay dos muestras pictóricas del S. XVIII. Una representa a S. Miguel Arcángel y la otra a la Piedad. Dichas "andas" han sido restauradas en 1991 con los donativos de los ubriquenses.

Del convento sólo hemos incluido en esta ficha la Ermita del mismo. Los muros son de mampostería (piedra, barro y cal). La bóveda de cañón que cubre la nave de la ermita es de ladrillo y cemento, al igual que la cúpula de media naranja que cubre el altar mayor. El armazón de las techumbres es de vigas de madera y ladrillo, y la cubierta es de teja árabe. Los muros son de mampostería (piedra, barro y cal) de unos 50-60 cm. de grosor. La bóveda de cañón que cubre la nave de la ermita es de ladrillo y cemento, al igual que la cúpula de media naranja que cubre el altar mayor. El armazón de las techumbres es de vigas de madera y ladrillo, y la cubierta es de teja árabe. Los del patio son de cemento, mientras que los del interior de la ermita son de mármol blanco con unas líneas en mármol rojo que señalan el pasillo a cuya derecha e izquierda están distribuidos los bancos utilizados para sentarse en las celebraciones.

En el lateral derecho existen tres ventanas que iluminan de manera escasa el interior de la nave; la puerta de entrada a la ermita es de madera. Toda la Ermita está encalada. Hay una cruz de forja situada en el patio del santuario; un retrato en cerámica sevillana en una de las paredes que conforma el pórtico arcado a través del cual se accede al interior de la ermita, a modo de mosaico, que representa al Beato Fray Diego de Cádiz, hijo de Ubrique. Es un altar de cerámica donado por la Hermandad del Gran Poder de Sevilla, de la que era hermano, en conmemoración del segundo centenario del nacimiento (1742) de este hijo de Ubrique.

Este inmueble es de enorme interés etnológico. En primer lugar ha sido la sede de la Patrona de la localidad desde su construcción, convirtiéndose en un referente local de enorme importancia. A la dimensión social del inmueble, se le debe añadir el valor de la construcción y la conjunción de la ermita con su patio delantero y el verdor que la rodea, constituyendo sin lugar a dudas un lugar de interés etnológico que debiera ser catalogado mediante su introducción en el C.G.P.H.A. De esta manera se evitaría una próxima remodelación ya aprobada por el ayuntamiento, pendiente de la llegada de fondo, que dejaría a este santuario sin el patio que tiene en la parte delantera y a través del cual se accede. Este patio junto con la Ermita configura un espacio propio, siendo éste de enorme interés etnológico. 


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sábado, 13 de octubre de 2018

Los primeros guardianes del convento de Ubrique en 1660

Portada de la Reseña histórica de la provincia capuchina de Andalucía
Por Fray Ambrosio de Valencina
Biblioteca virtual de Málaga




Por Esperanza Cabello


En las últimas semanas hemos estado buscando información sobre fray Buenaventura de Ubrique y los primeros tiempos de nuestro convento de capuchinos, y afortunadamente son muchos los datos que hemos podido consultar en la Biblioteca virtual de Málaga, pues están digitalizados muchos de los libros de la diócesis (Ubrique pertenecía a Málaga antiguamente) y también muchos de los libros de los capuchinos.
Uno de los datos que nos ha llamado la atención es la relación de frailes y guardianes que se encargaron de la comunidad y de las instalación los primeros cinco años  después de su fundación.





Los guardianes del convento de Ubrique fueron los muy reverendos padres Bernardino de Granada, en 1660; Gregorio de Cañete, en 1661 y en 1663; y Sebastián de Sevilla en 1665.
Los frailes que fundaron el convento de Ubrique eran de otros pueblos (al tomar el hábito se ponían otro nombre de pila y el nombre de sus pueblos), pero muy pronto comenzaron a ir por el mundo los frailes de Ubrique (en esta entrada citábamos a algunos de ellos).

Diego, Agustín, Pedro, Ventura, Thadeo, Pedro, Lorenzo María, Leopoldo, Juan Evangelista, Vicente, Félix José, Félix, Juan, Lorenzo, Sebastián, Pedro... Fueron algunos de los religiosos de nuestro pueblo que  más repercusión tuvieron. 

De los frailes ubriqueños nosotros nos quedamos con fray Buenaventura de Ubrique, que tanto bien hizo en la Sierra y  que nos dejó las cruces y los calvarios como recuerdo permanente. Hombre que dejó una gran impronta en su sucesor, el ubriqueño fray Diego de Cádiz, beato reconocido mundialmente, autor de novenas y sermones.
Fray Félix José de Ubrique, que  también se dedicó al arte de la escritura y fue muy conocido en su época (coetáneo de los dos primeros, a principios del siglo XVIII) por los sermones fúnebres que publicó.
Le sigue por fecha de nacimiento (1886), fray Sebastián de Ubrique (Antonio Carrasco Cides), que publicó en 1945 la "Historia de la villa de Ubrique", primer compendio de historia de nuestro pueblo, además de escribir la vida del Beato en dos volúmenes y muy diversos escritos sobre nuestro pueblo (el texto de la Espasa era suyo, aunque escrito por don Francisco García Parra) y también de índole religiosa.
Termina nuestro quinteto extraordinario un hombre realmente singular,  Francisco Panal Ramírez (1893-1970), que tomó como nombre fray Leopoldo de Ubrique y se fue a las misiones en la República Dominicana. Allí ejerció su ministerio  y se convirtió en el obispo de la Vega, conocido como "Obispo Panal", un hombre capaz de plantar cara y humillar al dictador Trujillo.
El obispo Panal es un referente en el país, y era casi un desconocido en nuestro pueblo hasta que nuestro padre, Manuel Cabello Janeiro, se interesó por su figura y fue descubriendo poco a poco la impresionante biografía de este hombre con halo de santidad. Escribió sobre él un libro (que podemos leer desde este enlace) que nos descubrió a todos a un ubriqueño excepcional. Tanto que su hazaña sirvió de inspiración a Vargas Llosa, que en "La fiesta del chivo" habla sobre este ubriqueño excepcional.

Nuestro amigo José María Gavira explica en su blog la historia de este personaje:


"Casi cuarenta años después de su muerte, el obispo Panal sigue ocupando un lugar en la memoria y el corazón de muchos fieles dominicanos entre los que goza de fama de santo. Tanta, que no hace mucho el actual obispo de la diócesis de La Vega, Antonio Camilo González, hizo una discreta visita a Ubrique que tenía algo de devota peregrinación. Monseñor Camilo quería conocer en persona el lugar donde vio la luz una figura tan admirada en su país. Le sirvió de sin par cicerone nuestro recordado Manuel Cabello Janeiro, en cuya proverbial inquietud de historiador de todo lo nuestro quedó sembrada una semilla de interés que acabó transformándose en entusiasmo incondicional hacia tan ilustre paisano. Don Manuel viajó a la República Dominicana siguiendo el rastro del olor a santidad y narró sus experiencias en su obra Obispo Panal, un hombre comprometido"




miércoles, 3 de octubre de 2018

La fundación del Convento de Capuchinos de Ubrique

El convento de capuchinos de Ubrique
Fotografía del libro "Historia de la Villa de Ubrique"



Por Esperanza Cabello


Continuamos investigando en la Biblioteca Digital de Málaga, y como nuestro pueblo perteneció a la Diócesis de Málaga hasta bien entrado el siglo pasado, podemos disfrutar de muchísima información relacionada con nuestra historia.
En el tercer tomo de la "Reseña histórica de la provincia capuchina de Andalucía y varones ilustres en ciencia y virtud que han florecido en ella desde su fundación hasta el presente", escrita entre 1906 y 1908 por el padre Ambrosio de Valencina hemos encontrado la historia de la Fundación del convento de Ubrique, que transcribimos a continuación.



La Virgen sale del convento. Ubrique, septiembre 1935



 
Ya dijimos en el capítulo XL de este libro que el Duque de Arcos nos edificó á costa suya un precioso conven­to en su palacio de Marchena por los años de 1651, señalando una parte de sus rentas para sustento de los religio­sos; y no satisfecha su devoción con eso, quiso labrarnos otro convento en su villa de Ubrique con las mismas con­diciones. A este fin, hallándose enfer­mo de gravedad en Marchena, el año de 1659, llamó á N. P. Leandro de Antequera (que era Provincial y estaba de visita en aquel convento) y le suplicó con mucha instancia que le diese pala­bra formal de admitir la fundación de Ubrique, para salir él de este mundo consolado con esa promesa. Prometióle el P. Provincial trabajar cuanto pudie­ra por complacerlo, y en cumplimiento de su promesa, expuso en el capítulo in­mediato que se celebró en Sevilla por Septiembre de 1660 los deseos del Duque quedando admitida la fundación.

Pretensión del Duque.
Participáronle el buen éxito que ha­bía tenido su pretensión, y el Duque anunció por cartas á los cabildos ecle­siásticos y secular de Ubrique el bien espiritual que había procurado á su vi­lla con la fundación de un convento de PP. Capuchinos. Recibió cada uno de los cabildos su respectiva carta y de común acuerdo éstos y el Duque, escribie­ron al Ilmo., y Rmo. Sr. D. Antonio Piña y Hermosa, Obispo entonces de Málaga, suplicándole se dignase conce­der su licencia para la fundación de un convento en la villa de Ubrique, que es de su obispado. Fué esta petición muy bien acogida por aquel Ilmo. Prelado que solicitaba el alivio espiritual de sus ovejas, y para manifestarlo, en 30 de Septiembre de 1660 dió su licencia inscriptis.
Obtenida esta licencia, el P. Provin­cial, que ya lo era N. P. Francisco de Jerez, envió a Ubrique al P. Bernardino de Granada con otro Padre á escoger si­tio para fundar el convento. Entre tanto murió el Duque que tenía el propósito de edificarlo a sus expensas, como hizo en Marchena, lo que no pudo tener ahora efecto por los trastornos y ocu­rrencias que su muerte trajo á la casa Ducal, y esto fué motivo para que la fundación se demorase. Noticioso de es­to y de la causa de retardarse dicha fun­dación el Licenciado Antonio Borrego de Carvajal, presbítero y beneficiado de la Iglesia de Ubrique, trayendo á la memoria lo que después referimos, es­cribió á N. M. R. P. Provincial diciéndole que estaba pronto a fabricar á sus espensas el convento, con tal que le concedieran el patronato del mismo, con las condiciones que proponía; las que vistas por el Definitorio fueron aproba­das en 1º de Noviembre de dicho año, y el mismo día se comisionó á N. P. Bernardino de Granada para que nombra­se Síndico, el cual otorgase en nombre de Su Santidad y de la Provincia la es­critura de Patronato con el licenciado Borrego.
Este, siendo de 18 años y hallándose estudiando en Sevilla, solicitó ser Capu­chino, y á fuerzas de ruegos consiguió del P. Provincial la licencia obedencial, para pasar á nuestro convento de Sevi­lla á que allí le vistiesen el hábito y tu­viera en él su noviciado. Llegó al dicho convento, y presentando la obediencia como es costumbre al P. Guardián, éste convocó á los sugetos más dignos de su Comunidad para examinarlo y recibirlo. Mucho se alegraron los Padres con el examen del pretendiente, pues en su buen aspecto, modestia y compostura leían la pureza de su alma y lo cierto de su vocación; pero, cuando todos los que á este acto habían concurrido lo aprobaron, el V. P. Juan Francisco de Antequera, varón señalado en virtud y letras, mirando con atención al pretendiente, habló con el P. Guardián y le dijo: Padre Guardián, este joven lo tiene Dios elegido para que en el siglo obre co­sas de su mayor agrado, que tal vez ce­derán en provecho nuestro.


Su vocación de capuchino.
Voces fueron éstas que así en los PP. como en nuestro pretendiente mudaron del todo los intentos pues ni aquéllos insistieron mas sobre admitirlo, ni él se hallaba ya con aquellos fervorosos deseos que al convento le habían conducido; por lo cual, hablando al preten­diente el P. Guardián, le dijo: Ya ha oí­do usted lo que este Padre ha dicho, por lo que le aconsejo que, restituyéndo­se á su casa, tenga siempre presente estas razones para corresponder agrade­cido á los divinos llamamientos, y apli­cándose mucho al estudio de las virtu­des y letras aguarde resignado en la vo­luntad divina el tiempo y fin para que Dios le tiene preparado. Alegre se resti­tuyó nuestro joven á su casa, sin volver á sentir jamás aquellas continuadas an­sias con que vivía de profesar el estado religioso. Continuó sus estudios, llegó á ser sacerdote, y después beneficiado de la Iglesia parroquial de Ubrique, donde pensaba fundar un convento de religio­sos, para que con su doctrina y ejemplo tuviesen sus compatriotas motivos y medios para adelantarse en el camino de la perfección.
Resuelto ya á esta empresa, dióse á pensar detenidamente á cual de las reli­giones que en nuestra España se cono­cen ofrecería, para que lo habitasen, el convento que iba á edificar. En esta de­liberación se hallaba aquel generoso co­razón, cuando llegó á sus oídos la noticia de la fundación que para los Capuchinos pretendía el Duque hacer allí; pe­ro viendo que la casa Ducal desistía de la empresa, recordó lo que algunos años antes oyó en Sevilla al V. P. Juan Francisco de Antequera y creyó que era él á quien Dios tenia predestinado para fundarnos convento en su propia patria. Y así escribió como queda dicho, al P. Provincial y al Definitorio, haciéndo­le el ofrecimiento que arriba expresa­mos. Entonces envió N. P. Provincial al P. Bernardino facultado para nombrar Síndico apostólico al capitán D. Juan Morales Moreno, el cual en nombre de la Provincia firmó la escritura de patro­nato con el beneficiado Borrego, el día 12 de Noviembre de 1660; y ese mismo día tomaron los religiosos posesión de la nueva fundación en la ermita de San Juan Bautista llamada San Juan de Letrán, para que allí residiesen mientras el convento se fabricaba.





Escritura de Patronato.
No era aquel sitio competente para dicha fábrica, por lo cual fué preciso buscar otro más acomodado. Este sitio lo señaló milagrosamente el cielo con un prodigio que vamos á narrar. El lugar que ocupa hoy en Ubrique la Iglesia y convento de los Capuchinos era enton­ces una huerta, propiedad de Dª Juana Aguilar, que la tenía arrendada a Bartolomé Romero.


Aparición de la Virgen.
Este tenía una hija llama­da Leonor, niña de ocho años, la cual vio una mañana entre los árboles frutales á una Señora llena de resplandores celestiales, llevando en su mano una carta y una cuerda como la que usamos los PP. Capuchinos; llamó á la niña pa­ra dársela, y como ésta espantada rehu­sara acercarse, poniendo sobre una pie­dra la carta y la cuerda, dijo la Señora: Ven por esto que dejo aquí, y desapa­reció.
La niña voló á contarle á su padre lo que había visto, y éste tomando de aquel lugar la carta y la cuerda las entregó al P. Bernardino. ¿De quién era la carta? ¿Qué decía? Este es un secreto que se llevó á la tierra el V. P fundador. Solo se sabe, que 8 años después, el de 1668 hecho ya el convento y establecida la Comunidad, se llevó de Sevilla una imagen de la Virgen titulada de los Remedios, para colocarla en el altar mayor; y al verla Leonor, que ya era moza, prorrumpió admiradísima en estas aclamaciones: ¡Esta es la que se me apareció! ¡Esta es la que yo vi! ¡Esta es la Señora de la carta para el Pa­dre Bernardino! De todo lo cual se le to­mó declaración bajo juramento por el tribunal eclesiástico; y comprobado este suceso, el pueblo aclamó por su Patrona á la Virgen do los Remedios, que hasta hoy sigue siendo el consuelo de los buenos ubriqueños.

Empiezan las obras.
Aunque no sabemos lo que decía la carta misteriosa de la Señora aparecida, se infiere claramente que hablaría del sitio destinado por ella para fundar el convento; porque inmediatamente habló el P. Bernardino con el licenciado Borrego, y éste compró la huerta para edificarlo allí. Duraron las obras algún tiempo, hasta que por fin se terminaron felizmente, quedando el convento muy seráfico y con suficiente huerta para los religiosos.

Titular del Convento.
 La Iglesia quedó también muy primorosa, y á ruegos del patrono Alfonso Borrego, se le dió por titular á su santo, el glorioso San Ildefonso de To­ledo, al cual está dedicada.
La fuente de Benafis, que era propie­dad del Duque, la cedió al convento la casa Ducal y se hizo un cauce para conducir las aguas y regar con ellas la huerta. Para esto se hicieron dos postes en el arroyo encima de ellos un canal de madera, el cual duró hasta el año 1680, que el hermano Fr. Pedro de Teba hizo la cañería que actualmente existe. Más tarde quiso el ayuntamiento de Ubrique abastecer con estas aguas una fuente que hizo en la plaza del pueblo, y pidió al P. Provincial que permitiese tomar dicha agua y venir por nuestra cañería hasta el convento, quedando el municipio con la obliga­ción de componer la cañería hasta allí, siempre que fuese menester, sin perjui­cio del convento. A esta petición dió N.M. R.P. Provincial en 20 de Octu­bre de 1726 respuesta, condescendien­do con la proposición del ayuntamiento, por donde se ve claramente que el con­vento tiene la propiedad de dicha agua y cañería.
Este convento dió mucho lustre á Ubrique, de cuyo lugar salieron hom­bres eminentes en ciencia y en virtud, como diremos en el curso de esto his­toria. Fué habitado muchos años por el Apóstol de Andalucía Bto. Diego de Cá­diz y por otros varones insignes en santidad.
Después de la exclaustración de 1835 compró este convento el ilustre y piadoso caballero de Jerez, D. José García Pérez para librarlo de la ley desamortizadora, y darlo á sus moradores cuando pasada la revolución pudieran restable­cerse en él. Con esta condición lo dejó en mejora á su primogénito, d. Francisco García Pérez y Romero, y éste á su hi­jo D. Juan M. García Pérez, que con lau­dable generosidad nos lo ha cedido, re­servándose los derechos de patrón y propietario del mismo. 




Su estado actual.
Este convento es uno de los que actualmente tiene la Provincia, y de los más estimables por los recuerdos que encierra de nuestro Bto. Diego J. de Cádiz.
La fundación de este convento fue de­cretada, como dijimos al principio, en el capítulo provincial celebrado en Sevi­lla el 17 de Septiembre de 1650, en el cual se hicieron las elecciones si­guientes:

Provincial
M R. P. Francisco de Jerez.

Definidores
   R.P. Alejandro de Granada.
   R.P. Gabriel de Vélez.
   R.P. Antonio de Alhama.
   R.P. José de Campos.

Custodios

1º R.P. Alejandro de Granada.
2º R.P. José de Campos.

Secretario de Provincia

P. Agustín de Córdoba.

Guardianes

R.P. José de Campos, Sevilla
R.P. Alejandro de Granada, Granada
R.P. Buenaventura de Antequera, Antequera
R.P. Gabriel de Vélez, Málaga
R.P. Alonso de Cáceres, Jaén
R.P. Bernardo de Antequera, Andújar
R.P. Francisco de Málaga, Castillo
R.P. Antonio de Alcalá, Alcalá
R.P. Tomás de Cañete, Ardales
R.P. José Francisco de Vélez, Córdoba
R.P. Ambrosio de Almonte, Écija
R.P. José de Málaga, Vélez
R.P. Ángel de Tenerife, Sanlúcar
R.P. Bernardino de Málaga, Cabra
R.P. Juan Francisco de Antequera, Cádiz
R.P. Salvador de Baza, Motril
R.P. Buenaventura de Ocaña, Marchena
R.P. Bernardino de Granada, Ubrique



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