Rosa abardela para mamá
Fotografía de Leandro Cabello Izquierdo
Por Esperanza Cabello
Querida mamá:
Hoy
hace exactamente noventa y un años que naciste. ¡Noventa y un años! Y aunque
parece una edad muy avanzada, se queda corta con lo que en realidad
vivirás entre nosotros, porque eres, para todos los que te queremos,
eterna: y siempre será así, porque vives en nuestros corazones y en
nuestro recuerdo constantemente.
Parece
mentira cómo pasa el tiempo, y más aún cuánto deseo, de todo corazón,
seguir tu ejemplo siempre. Cuando era pequeña, si me preguntaban qué
quería ser de mayor, siempre respondía que arqueóloga o maestra, ahora,
pasados ya los sesenta y con la mochila de vida que llevo a la espalda,
solo deseo ser una cosa: Ser como mi madre.
Porque
es en estos momentos, cuando la tranquilidad, el sosiego y los momentos
felices se han instalado en la vida, cuando más me doy cuenta de lo que
fuiste, de lo que eras y de lo que serás siempre: nuestro apoyo y
nuestro modelo.
Echo
mucho de menos poder hablar contigo, aunque sea de las cosas más
nimias, contarte lo feliz que me siento de saber que tienes dos
bisnietas adorables, que Victoria es todo un personaje, inquieta, feliz y
simpática, como tu hijo mayor; que Luna nació el mismo día que tú y que
hoy cumple dos añitos, me encanta que naciérais el mismo día, así tengo
la ilusión de que siempre pensaremos en vosotras dos cuando apaguemos
las velas de la tarta de cumpleaños, tu nieto Serafín es el padre más dedicado y cariñoso que te podrías imaginar. Y serás la más feliz del mundo
sabiendo que tu bisnieto Manuel es el niño más feliz del mundo, repartiendo
felicidad y alegrándonos a todos con su felicidad y la de Julia.
Echo
de menos también tantos ratos de conversación seria, tú siempre
escuchando todos los puntos de vista e intentando comprender. Echo de
menos aquellos ratos de silencio, cuando ya no estabas tan bien,
entonces también seguías siendo mi refugio y mi confidente y yo estaba
segura de que me oías y me entendías.
Imagino
que cada persona que ha perdido a su madre debe de sentir el alma rota,
y que cada uno vive con sus recuerdos y sus melancolías, pero estoy
segura de que no tantos pueden declarar, firme y noblemente, que su
madre fue siempre honesta, sincera, fuerte, valiente, comprensiva,
cariñosa, prudente, discreta... (y si leyeras esto seguro que te
sonrojarías y me recordarías que el blog es para hablar de papá).
(Mi
madre nació en un pequeño pueblecito de seis mil habitantes, en 1932,
vivió una época difícil, muy difícil, como todos los españoles, porque
sufrió en sus propias carnes lo más duro de la Guerra Civil, desde saber
que habían matado a la madre de su querida María fría y cruelmente,
hasta quedarse sin padre durante muchos años, porque lo habían
encarcelado y lo habían dado por muerto. Su madre y sus abuelos se
encargaron de que todo fuera lo mejor posible, y cuando su padre
regresó, todo había cambiado.
Fue
una estudiante brillante, ávida lectora, muy culta, muy interesada por
la música, por el pensamiento, por la vida. Dócil y muy devota, su vida
estuvo llena de grandes alegrías y muchas tristezas. Siempre fue la
familia lo más importante para ella, nos dedicó todos los minutos de su
vida, siempre con el mismo talante y la misma comprensión, aunque
fuésemos adolescentes y jóvenes un poco demasiado rebeldes para aquel
mundo de los setenta tan cambiante).
Mamá,
ahora que yo también soy madre y abuela, no pasa un día sin que intente
ponerme en tu lugar y comprenda lo difícil que te lo pusimos en algún
momento, lo siento mucho mamá; ahora quisiera que algunas cosas hubieran
sido diferentes para protegerte, aunque siempre has sido tú la que nos
has protegido.
Me
siento muy afortunada de que hayas sido tú mi madre, y muy agradecida
por todo lo que he podido aprender de tí, mamá, y en este día de
cumpleaños, en este día tan bonito para nacer, todo mi cariño y mis
ilusiones se reparten entre mi querida madre y mi querida nieta, con el
anhelo de que la vida de esta chiquitina sea tan plena como la tuya y de
que a través de nosotros pueda recordarte, ella también, siempre.
Verás
que Leandro fue a fotografiar tus flores favoritas, las abardelas;
Manolo tiene para ti un nuevo rosal de pitiminí (como te regalaba papá
en cada cumpleaños); y los demás te hemos buscado muchas flores en
aquel olivarito en el que tantos ratos felices pasamos en nuestra
infancia, todo en él nos recuerda a nuestros abuelos, a papá y a ti,
flores humildes, discretas y preciosas, como tú.
¡Feliz cumpleaños, mamá! Te queremos muchísimo.