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miércoles, 5 de junio de 2024

Preparando un guiso en la "Viña del Moniato"

 

Preparando un guiso en la "Viña del Moniato"

Francisco Pérez Rivera (a la izquierda)
En la Viña del "Moniato". Ubrique


Por Esperanza Cabello

Nuestra prima María Teresa nos ha traído esta entrañable fotografía de la Viña del "Moniato". En ella está su padre, Francisco Pérez Rivera, con un vasito de café, y un montón de amigos, seguramente recogiendo ya la uva, pues esa viña tenía un lagar y en ella se pisaba y se hacía el mosto como en tantas de los alrededores de Ubrique.
Esa foto es de los años sesenta, cuando la viña tuvo más importancia en el pueblo. La llevaban un puñado de amigos, entre ellos "Rivera" (como cariñosamente conocíamos a nuestro tío). Nos encanta la cafetera de pucherete, el molinillo, las camisetas interiores  (caladitas y de tirantes, como estaba mandado en la época) que llevan todos y lo bien que se estaba en la viña.
Nosotros recordamos con especial cariño los días que íbamos a la viña, estaba justo enfrente de la actual entrada de Ocurris, y al lado del camino había un antiguo pozo artesiano como los de Villaluenga, en el que siempre había un cucharro de corcho para beber y una panera para lavar. Seguramente era el mejor pozo de la zona, y a su alrededor jugábamos los niños a mil y una historias. El pozo de Santa Lucía era todo un referente para nosotros y es un tesoro del patrimonio de los ubriqueños.
Los días en que íbamos a la viña eran especiales. Por la mañana nuestra madre preparaba la comida en un canasto, y nos íbamos andando por la "calzá". Teresa y las niñas también venían, y muchos días nos juntábamos un montón de familias.
Los mayores hacían una candela y los niños íbamos a buscar leña, algunos ponían un empeño especial, porque las candelas eran lo mejor de los domingos.
Más tarde preparaban un arroz o unas migas, siempre con el vasito de mosto, y unas aceitunas "partías" y comíamos todos juntos. Curiosamente no recuerdo nunca haber comido boniatos.

Por la tarde era la hora del café. Todo un rito: alguien molía en el molinillo los granos de café (como el niño de la foto) y se ponía la cafetera en la candela con el agua para hacer el café de pucherete. Se esperaba a que estuviera el agua hirviendo, se retiraba del fuego, se le echaba el café, se esperaba a que recomenzara a hervir justo un segundo y se dejaba reposar. Al servirlo se colaba con la manga, y utilizábamos unos vasitos de "duralex".
A los niños también nos daban café, si no había leche con un trozo de queso fresco, y también una magdalena o  un gañote, o  carne de membrillo...
A atardecer volvíamos por la "calzá" a Ubrique, oliendo a candela y casi siempre llenos de barro, con un membrillo en la mano y algunos "candilitos" para hacer collares o jugar a las casitas.
Realmente merecían la pena los domingos en el campo...

La viña del "Moniato" sigue estando allí, pero ahora pertenece a otra familia, y también  sigue estando el antiguo pozo, testigo de tan buenos momentos, aunque ya no hay cucharro de barro ni panera. Menos mal que siguen quedando los recuerdos y las fotografías... Ojalá lo tengan en cuenta y lo recuperen pronto.

¡Gracias, María Teresa!


(Nota del 3 de diciembre: nuestro amigo José Luis, del blog "Cuaderno de campo Payoyo", nos ha enviado un enlace con información sobre el pozo de Santa Lucía , y es una lástima que está un poco dejado, el pobre pozo. Sería fantástico que esa entrada sirviera como toque de atención para que se adecente un poco su entorno y se ponga en valor esa joya quizás árabe. ¡Gracias, José Luis!)

El pozo de Santa Lucía

 Entrada publicada en "Cuaderno de Campo Payoyo  el 18 de febrero de 2010 por José Luis Valencia Oca. En este enlace.


El Pozo de Santa Lucía (Ubrique)


El pozo de Santa Lucía está pegado a la carretera Ubrique-Benaocaz a la altura de la entrada a las ruinas romanas de Ocurri. Es un pozo también techado pero a diferencia de los que hay por Villaluenga, este es más estrecho y la puertecilla está abierta hasta el suelo, el nivel del agua está en superficie, ya que es también un pozo de aguas sub-alveas. Este pozo es otro de los mencionados por Alejandro Pérez Ordóñez en su artículo sobre el Qanat de Villaluenga. La tradición popular lo data en la época musulmana.


El entorno del pozo está un poco "dejado" síntoma claro del desuso y el olvido, así un majuelo crece junto a la boca del pozo, mientras zarzas y nuezas negras van tapando y rodeando un  pequeño y viejo pilón de piedra.


Las fotos son del pasado 30 de enero, en unos días de tregua de las continuas lluvias que caen desde diciembre sobre la zona. Lluvias que se van canalizando hasta por el menor de los arroyos arrastrando a su paso todo lo que encuentran, por desgracia muchas de estas cosas que encuentran son nuestras porquerías, las de la foto de abajo estaban en las proximidades del pozo protagonista de este artículo.

Para no terminar con mal sabor de boca, pongo una foto de una planta en flor típica de bordes de caminos y lindes de cultivos (es una especie nitrófila). La bibliografía dice que florece de marzo a abril, pero el ejemplar de la foto está floreciendo un 30 de enero, la especie en cuestión es Fedia cornucopiae.

Fedia cornucopiae

domingo, 6 de agosto de 2023

El Día de los Paseos, por Luis Miguel Fernández

 

Día de los Paseos.
De pie: Juan Chacón Coronil, Francisco Orellana Pacheco y Eduardo Fernández Arenas
Agachados: Antonio Suárez Romero y Diego Caro.

 

Luis Miguel Fernández ha compartido en Ubrique en el Recuerdo una preciosa fotografía del Día de los Paseos en Ubrique.

Un grupo de cinco jóvenes, en el que se encuentra su hermano Eduardo Fernández, haciéndose una fotografía el Día de los Paseos en la zona de Santa Lucía. Por la edad y la ropa, imaginamos que es de principios de los cuarenta.

Eduardo Janeiro comenta que casi todos estos jóvenes ya nos faltan:

Y sigue la conversación con otros miembros del grupo comentando cómo se perdió esta bonita tradición. Era el día de fiesta de los petaqueros, que antaño trabajaban en jornadas larguísimas, casi sin vacaciones, y se permitían el "lujo" de irse a las viñas un día señalado de principios del otoño a descansar y disfrutar con las familias, casi siempre alrededor de los llanos, las viñas y el pozo de Santa Lucía, un elemento de nuestro patrimonio fundamental en nuestro recuerdos.

Luis Miguel especifica:



Gracias, Luis, por compartir con todos estos preciosos recuerdos y estos versos. 💜💜💜



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domingo, 1 de agosto de 2021

Visitar Ocurris, la mejor idea del verano

 

Los hermanos Cabello Izquierdo, en la entrada del columbario



Por Esperanza Cabello


En estos días veraniegos, cuando no hay demasiado interés por hacer grandes viajes, ni por pasar el tiempo en lugares de ocio masificados y cuando coincidimos los cinco hermanos en el pueblo todos de vacaciones, no hay nada mejor que inventar que recorrer nuestro entorno.

Y así, durante un paseíto por los alcornocales, visitando dólmenes y templos de lejanas épocas, Leandro tuvo una idea "¿Y si fuéramos los cinco al Salto de la Mora? Debe de hacer mil años que no vamos todos juntos."

Porque el yacimiento íbero-romano de Ocurris ha sido casi siempre uno más de la familia, y como tal lo hemos apreciado, lo hemos querido y lo hemos protegido, y ahora que todos los ubriqueños lo tenemos al alcance de nuestras manos, tan bien mantenido, tan bien organizado, tan bien defendido y tan bien gestionado que incluso luce un magnífico galardón de calidad turística (en este enlace), es cuando más tenemos que apoyarlo y ayudar en la difusión y en el refuerzo.

Volvemos a nuestro relato.  Leandro propuso que fuéramos y todos convinimos que el martes era un buen día, y además teníamos la suerte de que tanto Isabel Pajuelo como María Campos, dos de las responsables del yacimiento, estaban ese día para las visitas, y además a primera hora había plaza para la reserva.

Como en realidad hemos heredado un poco del espíritu "inventor" de nuestros padres, se nos ocurrió que deberíamos hacerles un pequeño homenaje, y así sugió la idea de las camisetas. 

 


Ya que íbamos a formar el "Cabello team" lo mejor era ir uniformados, y como afortunadamente tenemos ingenio, tesón y buen humor, fabricar, de la noche a al mañana, cinco camisetas con la imagen de nuestros padres impresa fue un juego de niños (menos mal que Leandro es un genio en esto de las camisetas y Manolo y Reme tienen todo lo necesario para estas manualidades!).

Así que con las cinco camisetas preparadas y una reserva para todos los miembros de la familia que no teníamos compromisos laborales, nos fuimos al Salto de la Mora.

 


En la entrada del yacimiento


Tuvimos suerte, Isabel y María ya nos estaban esperando y una vez hechas las primeras fotografías en el centro de recepción comenzaba la visita "nostálgica" al yacimiento.

Nos acompañaba María Campos, la arqueóloga municipal que se ocupa felizmente de nuestro patrimonio desde 2012. Gracias a ella y al gran equipo municipal que se encarga del yacimiento, Ocurris se ha convertido en la joya de nuestra oferta cultural y turística. La "pobre" no sabía bien la que le esperaba con tanto "Cabello" alrededor, todos con ganas de hablar, de recordar, de contar y de saber.

La primera sorpresa que tuvimos nos la dio Natalia, al comenzar el camino que sube al yacimiento nos estuvo explicando que fue precisamente ella misma quien, cuando se estuvo encargando del yacimiento en 1996, contratada por la Mancomunidad, trazó el camino de este sendero que intentaba hacer más accesible la entrada, alejándose además de la entrada por Santa Lucía, que era la entrada tradicional. Además, la entrada tradicional tenía un "regalito" para todos los excursionistas de antaño: poder refrescarse en el pozo de Santa Lucía, que estaba justo en el camino.

 



Por cierto, que si queremos saber cuáles han sido las actuaciones en el yacimiento o relacionadas con él hasta 2015, debemos consultar esta magnífica entrada de José María Gavira Vallejo :

"Ensayo de cronología del yacimiento turdetano, púnico y romano de Ocur (o guía para interpretarlo)"

Hay que tener en cuenta que el actual yacimiento es el resultado de los trabajos y desvelos de muchísimas personas, para nosotros es fundamental en primer lugar Vegazo, que fue la primera persona de la época moderna que se ocupó de él (en 1792) , y, por supuesto, nuestro padre, Manuel Cabello Janeiro, que en los sesenta se ocupó de llamar la atención del mundo de la cultura y de la arqueología sobre los monumentos que quedaban a la vista, que estaban sufriendo un deterioro muy grande.

A partir de 1968 han sido más de cincuenta años de trabajos y preocupación por parte de muchos arqueólogos, muchas personas del pueblo y también gobernantes municipales. Y desde hace diez años el yacimiento goza de una fantástica salud, cada vez con más visitantes, cada vez con más actividades, cada vez con más prestigio y con más cuidado. 

María nos contaba que el trabajo y la colaboración del concejal de cultura, José Manuel Fernández Rivera, ha sido fundamental desde el principio.

Continuamos con nuestra visita, la primera parada, el columbario. Allí todos queríamos contar nuestras historias, contar cómo el columbario se usaba para guardar cerdos o cabras, y cuánto trabajó nuestro padre para convencer al dueño de los animales para que no lo utilizara más para ese fin, y cómo le ayudó, con algunos obreros, a construir cerca de la finca una cabreriza.

 


 Entrada al columbario en 1963

 Entrada al columbario en 2021

 

La primera fotografía familiar que tenemos es de 1951, la primera vez que nuestros padres participaron en una excursión de amigos y subieron juntos al yacimiento, a partir de ahí tenemos fotografías y películas de muchos años, y resulta divertido comparar algunos lugares con más de cincuenta años de diferencia.

Francisco y Manolo en el interior del columbario, 1967


 


Francisco y Manolo en el interior del columbario, 2021


Todo ha cambiado en el interior, recordamos aquellos primeros momentos limpiando y adecentando el interior, totalmente lleno de excrementos de animales, y después cuando los arqueólogos comenzaron a excavar, y aquella gran roca que apareció, una gran roca que quizás fuera un altar de tiempos pretéritos.

Ha sido muy curioso hacer la visita con dos arqueólogas juntas, dos arqueólogas que además se han encargado del yacimiento en épocas diferentes, y nos ha encantado oírlas tan profesionales, tan respetuosas, tan atentas la una con la otra.

 

Dos arqueólogas en acción ¡Impecables!

 


 

Continúa la visita poquito a poco, pues unos y otros íbamos comentando montones de detalles, no solo históricos, sino también naturales... La importancia de la torbisca, la carcasa de las chicharras, cómo jugábamos con candilitos y otras plantas de la zona; hasta Francisco nos enseñó a hacer un pito con un sombrerito de bellotas.


 

La segunda parte del camino es más rocosa, recordábamos cómo saltábamos y corríamos cuando éramos chicos yendo hacia arriba.

Y claro, cada vez que llegábamos a un hito, hacíamos la foto de rigor, poniendo a prueba la paciencia de nuestra guía, que no podía ser más amable, y de nuestra familia 💜💜




Al llegar a la primera cisterna, recordamos una fotografía de nuestro padre, y también intentamos copiar el momento.


Midiendo el aljibe con los chicos de Misión Rescate

 

 

 

Por fin llegamos al foro, allí pudimos recordar mil y una ocasiones de juegos y de familia. 

¿Te acuerdas cuando todos los primos subimos en un burro? ¿Recuerdas cuando encontramos la cueva de los Beatles? ¿Y cuando jugábamos al fútbol? ¿Alguien se acuerda del columpio que poníamos en  ese acebuche? ¿Y de cuando subíamos a la piedra más alta?...

 


 















Toda nuestra infancia está jalonada  por momentos en el Salto de la Mora, los domingos de paella, las subidas desde el Rano, la búsqueda de la cruz del Benalfí, la emoción del comienzo de las excavaciones, la importancia del respeto y el cuidado a todo lo que aquello significaba. 

 

La visita en el foro fue de lo más animada, todos convencidos de que nos contemplaban miles de años diferentes de civilizaciones diferentes. Como decía María, lo conocemos como yacimiento romano, y efectivamente a simple vista puede verse el mundo romano, pero indudablemente hay una base histórica muy anterior, que saldrá quizás a la luz con las próximas actuaciones.

 

A la sombra del acebuche milenario


Natalia y Manolo "vigilando" la entrada del templo

 

Con tanta charla y tanto detalle apenas nos dio tiempo de discutir sobre las termas y los majanos de Vegazo, seguro que vamos a tener que reservar otra visita próximamente, tendremos que aprovechar la oportunidad de las actividades programadas para agosto, porque se nos quedaron muchas cosas en el tintero.


Eso sí, al terminar la visita y el visionado de la película, y una vez compradas camisetas, gorras y mochilas, que hay que hacer patria y publicidad del yacimiento ubriqueño, tuvimos la oportunidad de descansar un ratito al fresco en la venta de Ocuri, todo un lujo en las alturas con unas vistas inmejorables.

 



 



De lo que no cabe duda es de que tanto nuestra guía como nuestros acompañantes se merecen todo nuestro agradecimiento por la paciencia y la disposición que mostraron con nosotros.

 


 ¡Hasta la próxima, Ocurris!



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domingo, 30 de octubre de 2016

Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo

Esperanza Izquierdo y Manuel Cabello, por José Antonio Martel    



Por Esperanza Cabello

Este fin de semana hay muchas fechas que nos superan. Hoy hace cuatro meses que murió nuestra madre, después será el Día de los Difuntos y finalmente, el día 2, será el Día de los Paseos.
Y precisamente del Día de los Paseos de 1951 era la fotografía en la que se inspira este cuadro, la misma que ustedes ven en blanco y negro a la derecha de estas palabras.
Fue cuando nuestros padres "se conocieron" (como se decía en la época). En realidad se conocían desde siempre, vecinos de la calle del Perdón, la calle Real y la calle San Pedro; pero fue entonces, en una excursión al Salto de la Mora un Día de los Paseos, cuando él "se le acercó" y ella supo que algo iba a cambiar en sus vidas.
Esta fotografía es para nosotros muy importante, los vemos tan jóvenes, tan sonrientes, tan alegres, tan felices... En la puerta de Santa Lucía, un día de fiesta para todo el pueblo, sin petaquería, sin estudios, sin tareas domésticas. Solo grupos de amigos  o familias de excursión.
En la época todas las familias subían a Santa Lucía el dos de noviembre, en el conocido "Día de los Paseos". Los petaqueros y petaqueras colgaban el pañete, las escuelas cerraban sus puertas, las madres preparaban canastos con frutos secos, membrillos, tortillas o picadillo y los padres iban a las viñas por una arroba de mosto.
Los niños jugábamos en el campo, bebíamos en el pozo de Santa Lucía, correteábamos por una carretera en la que aún no pasaban apenas coches y aprovechábamos el verdor de la "otoñá" para sentarnos y disfrutar de un día especial.

Como esa foto era tan especial para nosotros, decidimos inmortalizarla aún más, y pedimos a nuestro amigo, el pintor ubriqueño José Antonio Martel, que nos la convirtiera en lo que ahora es un cuadro maravilloso.
No es la primera vez que Martel se enfrenta a una petición como esta. Ya anteriormente había dado color a otras fotografías en blanco y negro, incluso de sus cuadros se han hecho azulejos de cerámica (en este enlace). Y tampoco es la primera vez que pinta un retrato, es un artista capaz de captar el alma de las personas y de los lugares y plasmarlos dándoles vida.
Cuando hizo aquel cartel de feria nos enamoramos de su pintura, y queríamos que, de alguna manera, el amor de nuestros padres se inmortalizara también. (cartel de feria).

Y no hemos sido unos clientes fáciles. Le pedimos que fuera un cuadro alegre y feliz, que los hiciera sonreír, que vistiera el paisaje de primavera, en esa zona en la que crecen orquídeas y varitas de San José en primavera; que los dejara solos, sin más personajes, a la sombra de esa preciosa encina ¿o será un olivo?; también que pusiera a nuestro padre su reloj característico...

Y aquí están, para siempre, ahora con nosotros: sonrientes, felices, con una luz que ilumina toda la casa, nada podría hacernos tan felices.

Por eso hoy, que hace cuatro meses que perdimos a nuestra madre, tenemos, a pesar de todo, una razón para sonreír, y es que gracias a un buen amigo tenemos un magnífico recuerdo.
¡Infinitas gracias por todo, Martel, ha sido un verdadero lujazo!


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domingo, 22 de septiembre de 2013

La Hacienda de Santa Lucía

 Azulejos a la entrada de la hacienda de Santa Lucía
 Fotografía: Manuel Cabello



Por Esperanza Cabello 
Fotografías: Manuel Cabello


Hace ya unos meses que nuestro hermano Manolo nos trajo una serie de fotografías de la finca de Santa Lucía, un lugar emblemático para todos nosotros, para nuestra familia, porque allí, como dice nuestra madre "echamos los dientes", subiendo y bajando del Salto de la Mora. No había semana en la que no estuviéramos allí, ya fuera entre semana, una tarde a dar un paseíto, como cualquier domingo  a hacer una paella.



 Las gallinas de Santa Lucía
En un gallinero de toda la vida


Todos nuestros recuerdos infantiles pasan por allí, el recuerdo de los cabreros, siempre afanándose con el ganado y siempre amables y educados con todos nosotros, y eso que, pensándolo ahora fríamente, debimos de darles la tabarra muchas veces.
Dejábamos el coche fuera, cerca de la puerta, pedíamos permiso y subíamos por el camino, personalmente siempre con miedo a las vacas que pastaban tranquilas y siempre intentando acariciar a los tres o cuatro perrillos que había en la finca.



 Para reunir al ganado


 También había cabras, gallinas, gatos... todo un paraíso para aquella chiburralea que componía nuestra familia, porque íbamos con la familia Vilches Arenas, con nuestros primos Izquierdo, con nuestros primos Cabello... Todos siempre entusiasmados, porque en aquel campo había miles de lugares para jugar. Hace unos años hablaba nuestro hermano de la cueva (en este enlace) y siempre aprovechábamos para echar unos partidos (aquí con Antonia Mari y María Teresa).



 La parte trasera de la hacienda
Donde nunca faltan los gatos


 A veces los mismos dueños de la finca subían con nosotros, nuestros padres tenían mucha amistad con ellos, y participaban en las reuniones familiares. Nos encantaba jugar con el burro, que era tan noble que permitía que se montaran los niños sin poner resistencia. (Aquí se puede ver a los primos con el burrito).
Y pasábamos muchos días en aquel campo, siempre acompañando a nuestro padre, que era un enamorado de aquel entorno y que luchó y batalló como un Quijote, convencido de que aquella maravilla debía ser protegida, cuidada y conservada con mimo. Lo mejor es que logró, después de mucho insistir,  convencer a todos de que el Salto de la Mora era el tesoro de todos los ubriqueños, y que la ciudad de Ocurris era un magnífico reclamo turístico y cultural.
Tanto, que la totalidad de los escolares de este pueblo comenzó a interesarse por el lugar, y las excursiones de las escuelas ubriqueñas para conocer el yacimiento y aprender a valorarlo se hicieron muy frecuentes.
Todos los batidores de Misión Rescate conocieron Santa Lucía y subieron al Salto de la Mora. Y, por supuesto, al subir o al bajar siempre hacíamos un alto en el pozo de Santa Lucía para beber del cucharro, uno de los pozos más famosos de nuestra infancia.
Llegó el momento, después de las primeras excavaciones, en que hubo que poner una entrada alternativa, para no molestar tanto en la finca  y para proteger al ganado.



 Los vasares y la cantarera
Llenos de detalles tradicionales


 A nosotros, en aquellos años de finales de los sesenta, lo que más nos gustaba era cuando nuestro padre se paraba a echar un cigarrito con los dueños de la finca. Así podíamos jugar un rato con los gatos o mirar a las gallinas. Cuando entrábamos en la casa siempre teníamos la misma impresión: pensábamos que el tiempo se había detenido en aquel lugar, que era una casa de siempre.
Ahora recordamos aquel fuego en el hogar, siempre con un puchero de barro al lado. Aquella palangana que hacía las veces de lavabo. Aquellos cántaros de agua siempre fresca, que traían con el burro de una fuente cercana, aquellas sillas de La Huerta alrededor de la mesita. El banquete de corcho junto al fuego. Aquellas paredes encaladas y el suelo pintado...
Viendo estas fotos de nuestro hermano nos damos cuenta de que el tiempo sigue, aparentemente, detenido en Santa Lucía.



 La fachada de Santa Lucía
Una casa de campo tradicional

 Y hoy, casi cincuenta años más tarde, Santa Lucía sigue siendo un ejemplo de finca tradicional. La familia Mangana la lleva, y se dedica, como siempre, a la ganadería. El burrito ha sido sustituído por un vehiculo y las cántaras de leche... siguen tal cual.
Ya no hay paso por Santa Lucía para subir al Salto de la Mora. Los visitantes de Ocurris entran por el nuevo camino que abrieron años más tarde, y hace muchísimos años que no pasamos por alli, pero mirando las fotos comprobamos que los recuerdos de infancia reviven con facilidad ante cualquier estímulo.


En una finca el agua es un tesoro
Sea cual sea el recipiente



Y siempre pensamos que fuimos muy afortunados por haber aprendido, desde muy pequeños, a conocer y respetar los tesoros que nos rodeaban. Aprendimos a caminar sin estropear nada, aprendimos a mirar al suelo por si aparecía alguna moneda, aprendimos a examinar con minuciosidad cada piedra que tirábamos no fuera a ser valiosa, aprendimos los nombres de los materiales, los nombres de las "tejas", de la cerámica.
Hasta la pequeña,  Natalia, que apenas sabía andar, llegó un día con un trozo de hueso de cabra dicendo:  "Mira, papá, un hueso tan antiguo y tan romano".
Realmente hemos sido muy afortunados y hemos disfrutado de una niñez al aire libre, pasando tantos ratos en un lugar tan especial como el Salto de la Mora, en la finca de Santa Lucía.


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lunes, 9 de abril de 2012

Un recorrido por la Cola del Elefante

Torcal de la Cola del Elefante
Fotografía: Manuel Cabello


Fotografías: Manuel Cabello
Textos: Esperanza Cabello


Haber escrito ayer sobre el descubrimiento del municipio Occurritano nos ha recordado este magnífico recorrido por la "sierra del Elefante" que teníamos pendiente.
Alrededor de Ubrique hay muchas  sierras, pero una de ellas es muy especial, tiene un nombre muy peculiar, que ha ido cambiando a lo largo de los años: la sierra del Benalfi (también conocida como "Benafín" por los mayores).
Nuestro padre y nuestro tío Bartolo Romero decían que posiblemente este nombre fuera de origen árabe y tuviera que ver con la palabra "alfil" (elefante). Si nos fijamos bien realmente parece esta sierra un elefante tumbado, estando su trompa en la zona del nacimiento, el lomo donde está el Salto de la Mora y la cola el tramo final, terminando en los llanos de Santa Lucía.


Calzada que baja del Columbario

El recorrido que nos falta es el último, pasando por la cola del supuesto elefante, pero lo hemos comenzado por la parte de la carretera de Ubrique a Benaocaz, entrando por la finca de Santa Lucía, esta era la entrada normal en los años setenta, cuando empezamos a conocer el yacimiento arqueológico de la ciudad de Ocurris.




El Columbario


Empezamos el recorrido por la parte trasera, y esta es también la parte trasera del yacimiento, donde está el mausoleo que llamamos columbario. Merece la pena el trabajo realizado, y convendría realmente que volviéramos a poner en valor todo el conjunto, cuidándolo y preservándolo.




Estamos en la parte superior del Columbario



Seguimos subiendo, ahora podemos fotografiar el Columbario desde arriba




La finca de Santa Lucía



El camino oficial de acceso al yacimiento



Del otro lado están el llano de Santa Lucía y la sierra de los Paredones



Desde la sierra de los Paredones llegaba el agua que abastecía la ciudad
Hay restos de un acueducto romano en la zona



En la zona hay muchas piedras en tenguerengue


Una vez llegados arriba podemos mirar del otro lado
Veremos la zona del Rano y al fondo la  calzada romana Ubrique-Benaocaz



La vista del Rano es magnífica, con la sierra de Ubrique al fondo





La ciudad de Ocurris estaba bien defendida con murallas ciclópeas
Aún se conservan varios tramos de esta muralla



La muralla es realmente impresionante



Hay restos de muralla  en casi toda la zona final del Benalfí



Vamos subiendo la vereda entre restos de tégulas y cerámicas


Llegamos a uno de los depósitos de agua que recogía, seguramente, las aguas 
que llegaban gracias al acueducto, además de las aguas de lluvia
 Detrás de los lentiscos y los olivos  podemos ver la sierra de los Paredones



Hay vestigios de los ocurritanos y sus descendientes por doquier



 Volvemos de nuevo al camino "oficial", llegando a otro depósito de agua

 
 En esta zona se encontraron en 1797 varios tesoros arqueológicos
En 1973 se encontraron tres monedas romanas sobre un escalón
de la escalera que comunica los dos depósitos



 Al fondo se vislumbra el castillo de Fátima
con un atardecer de lujo



Terminamos nuestro recorrido por la cola del elefante 
saliendo por la "puerta" de la muralla ciclópea
 que está cada vez más deteriorada


 Una vez abajo, nos volvemos para fotografiar la cola del elefante desde Santa Lucía



 Ya desde la carretera Ubrique-Benaocaz observamos atentamente nuestro recorrido
¡Ha valido la pena!
Este recorrido por la "Sierra del Elefante" termina aquí. Para nosotros ha sido muy importante poder hacerlo, no solo porque esta sierra, el Benalfí, es uno de los lugares más increíbles que podemos visitar en nuestra sierra, sino porque constantemente nos lleva a nuestra infancia, a las Arenitas, al Chiriguay, al Rano, a la "Calzá", al Salto de la Mora, al Columbario, a las excursiones de los domingos, a las paellas en el llano de Santa Lucía, a la viña del "Moniato", al pozo de Santa Lucía, y a tantos y tantos lugares que recorrimos, exploramos, admiramos y aprendimos a respetar y a querer con  nuestros padres.
Finalmente quisiéramos llamar la atención de las autoridades para que el Salto de la Mora no quede en el olvido, fueron tantos los esfuerzos que nuestro padre  y tantas otras personas hicieron por poner el yacimiento en valor y recuperarlo que sería una pena que todo quedara en el olvido.


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