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martes, 31 de marzo de 2020

El Rodezno desde otro punto de vista

El Rodezno de Ubrique
Fotografía de Romero de Torres coloreada por Leandro Cabello


Por Esperanza Cabello


Hoy nos hemos encontrado con una agradable sorpresa al entrar en el grupo Ubrique en el Recuerdo, del que hemos comenzado una tercera temporada.
Y ha sido esta fotografía que nuestro hermano Leandro ha coloreado digitalmente. En origen, esta fotografía apareció en el Catálogo Monumental de España en 1908, obra de Enrique Romero de Torres, pero en blanco y negro, como corresponde a la época.
Nuestro hermano le ha devuelto una parte de su vida al colorearla (buen trabajo, hermano), pues podemos ver aún mejor la tremenda calidad de la fotografía original, además de la estupenda remodelación.
Pero es que además nos ha llamado terriblemente la atención un comentario que Eduardo Janeiro ha hecho al ver esta fotografía:
"En aquella época, años 50 , el río era totalmente de agua limpia y las anguilas subían hasta la misma salida de agua por el arco. Los hermanos Romero Soto, Manuel y Miguel, allí las cogían y hasta más de 2 kilos.  Se las compraban las Piñeritas, que eran dos hermanas familia de Baldomero Fernandez Pinero."

No solo nos parece fantástico que hubiera anguilas en el río (nosotros habíamos oído que las había más abajo, cerca del pantano), sino que Eduardo ha mencionado a Las Piñeritas, tías de nuestra abuela Natalia Fernández,  unas de las mujeres de referencia de nuestra familia.

Gracias, hermano, por esta nueva visión del Rodezno, y gradias, Eduardo, por recuperar para nosotros recuerdos de nuestro pueblo.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Uno de diciembre: Santa Natalia

 Natalia Fernández Piñero
Nuestra queridísima abuela



Por Esperanza Cabello

Hoy es Santa Natalia, y cada vez que damos la vuelta al calendario de diciembre se nos encoge un poquito el corazón y a la vez sentimos mucha alegría.
Diciembre es el mes de la familia, de los encuentros, de las risas, de las vacaciones, de los caramelos de violeta que nos traía abuelo Leandro de Madrid, de los regalos de abuelo Paco, del belén de abuela, de los regalos del "árbol grande", de los madroños, de los buenos recuerdos... y a la vez es el mes de la nostalgia, de las ausencias, de esas "sillas vacías" de las que todos hablan.
Por encima de todo, al comenzar diciembre es el santo de nuestra abuela Natalia, la madre de nuestra madre, y cualquier pensamiento que la incluya está rodeado de ternura, de cariño, de delicadeza, de generosidad, de belleza💜💜💜💜💜. La recordamos como la persona más buena del mundo (con el permiso de nuestra madre, claro), la que nos enseñó a ver el lado bueno de las cosas y a ser una verdadera familia por encima de todo.
Así que hoy es un día de felicidad y de felicitaciones, porque, como es debido, queremos felicitar a todas las Natalia de la familia:
En primer lugar a nuestra hermana Natalia Julia, a la que deseamos toda la felicidad del mundo.
A nuestras primas Natalia Esperanza, Natalia Rocío y Natalia Izquierdo.
A nuestras sobrinas Natalia, Natalia, Natalia y Natalia.
A nuestra sobrina Noelia, que hemos sabido por "El Almanaque" que su santo es, como el de todas, el uno de diciembre, santa Natalia de Constantinopla.


Un magnífico regalo de santo "à l'envers"



Y dejo para el final a una Natalia muy especial, porque como somos las dos el espíritu de la contradicción y un poquito "rebeldonas" hoy nos ha traído ella misma un regalo magnífico y original para celebrar su santo: una increíble cesta de alimentos morados. Y su regalo, como no podía ser de otra forma en diciembre, caramelos de violetas de Madrid.
¡Muchísimas gracias, Natalia Eugenia!

Y muchas, muchísimas felicidades para todas las Natalia.




Todos los regalos color violeta y color morado. ¡Gracias!


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jueves, 24 de marzo de 2016

El ajuar, aquellas tradiciones populares.

 El ajuar en los cajones de una antigua cómoda

 Por Esperanza Cabello

La vida va evolucionando y las costumbres, por supuesto, también. Poco a poco vamos teniendo una visión de lo cotidiano que difiere, cada vez más, de los muy jóvenes, y eso hace que nos empeñemos en dar a conocer un poco mejor antiguas costumbres y tradiciones que se han perdido o se están perdiendo.
No es que quisiéramos que volvieran, pero sí que no nos gusta que caigan en el más absoluto de los olvidos.
Pertenecemos a una generación que hizo de llave entre los tiempos antiguos, aquellos de la dictadura, y los modernos, estos de la democracia. Las costumbres de las casas han cambiado, aunque a veces no nos damos cuenta de que hay cosas que se perdieron.
Hace poco, durante una clase a chavales de diecisiete años, vimos un "coffre de mariée" (el baúl del ajuar) en uno de los castillos del Loira, y fue la primera vez que nos dimos cuenta de que la costumbre del ajuar, tal y como se conocía hace cincuenta años, se ha perdido para siempre.




Los chavales y chavalas no sabían que antes había que confeccionar a mano todo el ajuar. Explicamos que en tiempos de nuestra madre las mujeres preparaban, desde su más tierna infancia, su propio ajuar, desde su ropa hasta toda la ropa de casa: manteles, sábanas, paños de cocina, toallas, delantales y cualquier tipo de prenda. Todas estas prendas se guardaban en un baúl, o, en su defecto, en cajas debajo de la cama. Cuando las muchachitas se iban haciendo mayores toda la familia ponía su empeño en que fuera "preparando el baúl".







Nuestra generación aún conoció "el baúl" y también tuvimos ocasión de comenzar a hacer nuestros propios manteles. De hecho, comenzamos con la costura desde los primeros años. Al revisar nuestro "ajuar" hemos encontrado algunos mantelitos que hicimos con la señorita Mari Gloria Janeiro, la recordamos con mucho cariño, intentando enderezar aquellas torpes puntadas infantiles con sus diestras manos. Hicimos varios mantelitos en "El Asilo", pero también durante las largas tardes de verano. En aquellas ocasiones eran nuestra tía Reme o Teresita las que enderezaban con gran destreza todos nuestros puntos fallidos.


Lo más alucinante es que al aprobar las oposiciones al cuerpo de Enseñanzas Medias, en 1982, nos vimos obligados a entregar el certificado de haber realizado el "Servicio Social"  de la Sección Femenina (que aún existía), y para poder expedirlo María Sánchez (que era la encargada) nos pidió que hiciéramos una mantelería y la entregásemos en El Asilo.
En aquella ocasión todas las manos de la familia ayudaron a hacer aquel trabajo.

Pero sigamos con el ajuar. Nuestra madre había confeccionado ella misma decenas de prendas con delicadas vainicas y las iniciales CI bordadas; nuestra bisabuela, por ejemplo, también había bordado hasta sus toallas (aunque ella les bordaba sus propias iniciales, porque decía que el ajuar era suyo); y nuestras abuelas habían cosido sábanas, paños, cortinas, toallas y todo tipo de mantelitos.



Como explicábamos antes, nuestra generación ya apenas conoció el baúl; había buenas tiendas en Ubrique y se compraban las sábanas de tergal, los camisones, las mantelerías ya bordadas y todo tipo de prendas necesarias para la casa.
Sin embargo atesoramos un precioso ajuar, muy poco estereotipado, eso sí, que nos permite recordar a todas y cada una de las mujeres de nuestra familia.
Bordados de María Teresa y de Tere; mantelitos de Teresita, de tita Reme y de Tita Carmen; mantelerías de nuestra madre; trapitos de abuela Natalia; manoplas y toallas de bisabuela Antonia; fundas de almohada de bisabuela Pepa; guarda-pañuelos de Antoñita; paños de croché de Dolores o de abuela Lola; marcadores de María, de María Teresa, de Antonia Mari, de Tere, de Esperanza, de Rosario, de Luisa; bolsas de peines de las Piñeritas. 


Son todas obras de arte con puntadas milimétricas, con diminutos bordados, con puntillas de croché casi invisibles. Obras de arte que significan cientos de horas de costura, sentaditas en sus sillas bajas, afanándose por calibrar las puntadas, haciendo coincidir las esquinas, inventando puntos nuevos...



Así que el ajuar, ese montón de primores que las mujeres iban confeccionando desde su más tierna infancia preparándose para el "único" fin que la sociedad tenía pensado para ellas se ha convertido, a fuerza de insistencia y dedicación, en un verdadero muestrario de obras de arte.
La costura doméstica era una actividad exclusivamente femenina, y, a pesar de nuestras reivindicaciones y de denunciar que no se  daba a las mujeres ninguna otra posibilidad de expresarse que cosiendo, hoy nos sentimos muy orgullosos de conservar y poder disfrutar de una parte del trabajo de las mujeres de nuestra familia, del "ajuar familiar" que, después de cinco generaciones, seguimos guardando en el cajón de la cómoda de las Piñeritas.


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sábado, 8 de junio de 2013

Eduardo Fernández Muñoz: viajante de comercio.

Pepa Piñero y sus hijos: Natalia y Baldomero
La familia de Eduardo Fernández


Por Esperanza Cabello

La pasada semana hemos tenido una noticia muy triste: la muerte de Eduardo Fernández Arenas, primo de nuestra madre. Hablando sobre él, hemos comentado, que fue el primer nieto de Eduardo Fernández Muñoz, nuestro bisabuelo, y  anotados algunos datos aportados por nuestra madre hace unos años.

Eduardo Fernández Muñoz era, efectivamente, nuestro bisabuelo; su padre se llamaba Baldomero y su madre Natalia los dos  naturales de Grazalema. Era viajante, vendía telas y  mantones de Manila. Cortejó a nuestra bisabuela durante mucho tiempo, le escribió lindas cartas de amor enviadas desde todos los puntos de nuestra geografía y consiguió su cariño y hacerla su esposa.
Tuvieron tres hijos,  Pepa le había prometido a la Virgen de la Macarena que, si Eduardo se casaba con ella,  su primera niña sería Esperanza. El primogénito fue un niño, que murió, el segundo, Baldomero, otro niño; la tercera una niña. Pepa quería que se llamara Esperanza, pero la abuela María insistió en que le pertenecía por nombre Natalia, así que no pudo cumplir su promesa, pero cuando Natalia tuvo su primera hija, le puso por nombre Esperanza, en honor a su madre.
 Eduardo murió en 1910, cuando su hija Natalia tenía apenas dos años. Pepa tenía una tiendecita, y se quedó viuda con 32 años. Volvió a vivir con sus primas, las Piñeritas, con las que siempre mantuvo una estrecha relación de hermandad.


 
María Piñero con sus hijas, Isabel y Josefa Coveñas Piñero
"Las Piñeritas", primas hermanas de nuestra bisabuela Pepa

 
Los padres de Pepa eran Luis Piñero y María de la Rosa, de Ubrique, tuvieron varios hijos: Pepa, Manuel, Pepe, Luis y María. El abuelo Luis, al que todos llamaban cariñosamente "papalí"  estuvo en la Guerra de Cuba.
El resto de su vida lo pasó con sus primas y sus hijos. Pepa murió en 1942, después de haber pasado toda su vida ocupándose de su familia y su tiendecita.
Curiosamente no hay ninguna "Pepa" en la familia en honor a esta abuela. Nuestra abuela Natalia se encargó de cumplir su promesa y muchas de las mujeres de la familia llevamos el nombre de Esperanza en honor a nuestra abuela, bisabuela y tatarabuela Pepa Piñero, la mujer de Eduardo Fernández.


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viernes, 27 de abril de 2012

Las Piñeritas

 María Piñero
Madre de Isabel y Josefa Coveñas Piñero
con sus hijas

Por Esperanza Cabello 

Las piñeritas han sido las personas más queridas, apreciadas, recordadas y admiradas en nuestra familia materna. Isabel y Josefa Coveñas Piñero, hijas de María Piñero y José Coveñas, eran primas de nuestra bisabuela Pepa.
Las dos hermanas vivían en la calle San Francisco, y eran confiteras. Cuando nuestro bisabuelo Eduardo murió y Pepa se quedó viuda con sus dos niños, Natalia y Baldomero, se fue a vivir de nuevo con sus primas, que fueron todo para la familia Fernández Piñero. Todos vivían de las pequeñas ganancias de la tiendecita que llevaban las dos mujeres, unas excelentes confiteras, que nos dejaron las recetas de todos los dulces tradicionales ubriqueños que conocemos.


 Don Sebastián Coveñas, tío de las Piñeritas
Ubrique, 1936


Isabel y Josefa venían de una familia adinerada en la que hubo una historia de herencias como en tantas otras (por lo visto toda la herencia fue a parar a una sola persona) y tuvieron que vivir siempre de su trabajo. Nuestra madre cuenta que eran pulcras y bondadosas. Siempre tenían la casa y la tienda relucientes, y siempre tenían algo que dar a quienes no tenían nada.
Cuando en 1936 entraron en Ubrique las tropas sublevadas les destrozaron la tienda totalmente, les quitaron los alimentos, les ropieron los tarros, les robaron el dinerillo que tenían... y nunca superaron completamente el miedo que pasaron. Nuestra bisabuela Pepa se quedó tan marcada que murió al poco tiempo sin haberse recuperado.


Josefa Coveñas Piñero

Ya mayores se vinieron a vivir con nuestra abuela Natalia a su casa, en la calle San Pedro. Aqui vivieron unos años muy familiares con todos los sobrinos y los "sobrinos-bisnietos" que fueron llegando a la casa. Siempre educadas, prudentes, cariñosas... Nuestra madre las recuerda con gran cariño, y nosotros no las recordamos, pero vivieron el tiempo suficiente para conocer a los nietos mayores, y los recibieron con gran alegría.

Natalia Fernández  Piñeroy Esperanza Izquierdo Fernández con
Josefa e Isabel Coveñas Piñero

Las dos "Piñeritas" no pararon de ocuparse de las pequeñas tareas domésticas ni siquiera muy mayores. Siempre oímos contar que la tía Isabel, a pesar de no ver muy bien, se pasaba el día cosiendo, y que para ensartar (enhebrar) la aguja esperaba a que cualquiera de los niños pasara jugando por el pasillo para llamarlo y que le echara una mano.
De ellas hemos heredado, gracias a nuestra abuela y a nuestra madre, una forma diferente de ver la vida, más pausada, más tranquila, más bondadosa, porque su vida siempre fue amable.



 Isabel Coveñas Piñero

Isabel y Josefa querían muchísimo no solamente a Natalia, sino también a Baldomero, su hermano, y por supuesto a su mujer, Nieves y a sus tres hijos, Eduardo, Pepe y Luis Miguel, porque las familias de Baldomero y Natalia eran su familia.
Nuestra tía Nieves era una excelente cocinera y mejor repostera, también se ocupó de las tías  y tuvo la suerte de aprender de ellas no solo las dulzuras gastronómicas, sino la dulzura de carácter.




Nuestra tía Nieves Arenas con Isabel Coveñas
Natalia Fernández y José Luis Izquierdo
Ubrique, 16 de junio de 1955 


Y su memoria perdurará siempre, no solo porque conservamos con mucho cariño "el almirez de las Piñeritas" o "la cómoda de las Piñeritas", sino porque fueron pasando, de generación en generación, su manera de hacer los dulces tradicionales de su confitería: el piñonate, los roscos, los gañotes, las magdalenas, los borrachos, los buñuelos de leche, las tortas de morón, los bollos de leche, las hogazas... que siguen siendo un delicioso tesoro.


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viernes, 15 de octubre de 2010

Abuela con nietos, 1959

Natalia Fernández con sus nietos
Ubrique 1959

Por Esperanza Cabello

"Abuela con nietos, 1959."

Como si de una obra de arte se tratara, así nos hemos encontrado esta fotografía de nuestra abuela Natalia con tres de sus primeros nietos: Antonia María, Francisco y Manolo.
Y hoy la traemos a este blog no sólo porque se trata de nuestra abuela, la que más tiempo ha vivido con nosotros, ni para hablar de lo estupendísima que era como abuela, de eso ya hemos hablado y volveremos a hablar cuando se tercie.Tampoco del carrito ultramoderno de nuestro hermano.
Hoy hablaremos de las carteleras de cine ¿Se acuerdan ustedes de una cartelera que iban paseando por las calles y que tenía los fotogramas  de las películas que estaban proyectando en Ubrique.
A nosotros nos ha costado un poco de trabajo recordar aquello, quizás porque hace años que no hay cine en Ubrique y la publicidad ha cambiado mucho.
Pero si se fijan bien en la foto y miran la cartelera que hay detrás recordarán sin duda aquello.
Así se paseaban por las calles de Ubrique las películas en los años cincuenta. Anteriormente se repartían octavillas con la publicidad. Nosotros teníamos una pequeña colección que hemos plasmado en el blog "El Cine en Ubrique" aunque ya hemos terminado de publicar la colección y estamos a la espera de que nuestra prima María Teresa nos mande algunos programas  que había en la casa de nuestra bisabuela Antonia.




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jueves, 9 de julio de 2009

Verano en la playita de Cádiz

Foto: Julia Janeiro y Natalia Fernández con sus nietos
Cádiz 1963




Las vacaciones siempre fueron un acontecimiento que aglutinaba a toda la familia paterna y materna. Nos reuníamos todos, los abuelos alquilaban un chalet para todos en Cádiz y pasaban los dos meses de verano sin sentir.
Ahora seguimos más o menos ese ritmo, y nos vamos reuniendo todos aún en Cádiz en el piso de los abuelos. Cada año hacemos fotos en la playa con los bañadores y los cubitos y cada año pequeños y mayores guardan recuerdos inolvidables.
También pasamos temporadas en el campo, en este paraíso natural entre el Parque de Grazalema y el Parque de Los Alcornocales, en el que afortunadamente no hay aún avances técnicos, ni internet ni teléfono ni nada. Así que... ¡Bendito verano! tendremos que dejar descansar estos recuerdos familiares y esperar a septiembre.

Foto: Natalia Fernández con sus nietas
Cádiz 1962

martes, 19 de mayo de 2009

Piñonate para dos huevos


Receta del piñonate que hacían las Piñeritas desde
final del siglo XIX, escrita por Natalia Fernández
que heredó de ellas el buen hacer confitero.



Piñonate para dos huevos

Se echa en una perola un chato de vino, otro de aceite, un 1/4 kilo de azúcar, 1/2 de harina, canela y ralladura de limón. Con el todo se hace una masa y se van haciendo rollos y después se fríen. Después se muelen . Después se mondan dos medios de almendras y se fríen o se tuestan, se apartan las que parezca para adornarlos después y las demás se muelen y se le agregan a los rollos molidos ajolí dos pesetas tostado, cinco clavos y canela molida.
Todo esto se pesa y la mitad de lo que pese se le echa de miel pero la mitad se pone a la candela sola y cuando esté en punto se le agrega la masa que ya está revuelta y sin dejar de mover durante cinco minutos. Después se aparta y se echa en los moldes y se aprensan con la mano del almirez








Receta del bizcocho para adornar el piñonate
Está escrita al reverso de lareceta del piñonate




Bizcocho para molerlos y echar los molidos por la pared del piñonate:
3 huevos, un 1/4 kilo de azúcar y lo mismo de harina se echan en un papel a cucharadas y se meten al horno.



Los buñuelos de las Piñeritas

Receta de los buñuelos de las Piñeritas,
escrita por Natalia Fernández a principios del
siglo XX
.Ubrique



BUÑUELOS DE LECHE
1 medida de leche
un 1/2 kilo azúcar
canela y una cáscara de
limón una taza de
harina todo removido
antes de ponerlo a la
candela y cuando
esté cociendo sin dejar
de mover y cuando es-
te dura se apartan
y seguidaamente se le
agregan los huevos
que admitan hasta
ponerla blanda y
después se fríen
rodandolas
con una cuchara


Ésto es lo que escribió Natalia Fernández, sobrina de Josefa Coveñas Piñero, confitera en Ubrique, de su puño y letra sobre el envoltorio de una tableta de chocolate Rocío, de Hijo de Rodríguez Serrano, Granada. Es una receta que tiene más de cien años y que, junto con la del piñonate, fue la más apreciada de su tienda.

domingo, 19 de abril de 2009

Natalia Fernández Piñero: una señora abuela

Natalia Fernández Piñero el día de la primera comunión de una de sus nietas, 1967


Por Esperanza Cabello

Nuestra abuela Natalia fue, durante toda su vida, una persona muy especial. Nacida a principios de siglo en el seno de una familia exquisita, se crió con toda la dulzura de su madre, Pepa, y de sus tías las Piñeritas, porque su padre, Eduardo, murió demasiado pronto.
Su esmerada educación y el cariño que recibió durante su infancia y juventud hicieron de ella una mujer sensible, educada, piadosa , sencilla y fundamentalmente buena persona.
Se casó muy joven con Leandro Izquierdo y los hijos llegaron pronto. Nacidos Francisco y Esperanza tuvieron que mudarse de nuevo con las Piñeritas, que acogieron a la familia con cariño hasta que se establecieron en la calle Real. Allí nacieron tres hijos más: Leandro, Antonio y Eduardo. Entonces llegó la guerra y la familia se separó. Fueron tiempos muy duros para Natalia pero ella supo hacer frente a todas las dificultades y llevar a su familia adelante. Después de la guerra dos hijos más: José Luis y María Remedios.
Natalia supo criar a sus hijos con decisión y dulzura a la vez, haciendo de ellos hombres y mujeres de provecho, pero su mayor alegría fueron sus nietos. Tantos nietos y nietas a los que dedicarse y a los que querer... En la fotografía la vemos feliz el día de la primera comunión de una de sus nietas.
Durante toda su vida fue un ejemplo para todos nosotros, un modelo a seguir como mujer, capaz de seguir adelante a pesar de las zancadillas de la vida, capaz de amoldarse a las exigencias del guión de la suya propia, capaz de entregarse a todos nosotros sin pedir nada a cambio.
Si hoy pudiera vernos, ver a sus nietos y a sus bisnietos, se sentiría feliz y nos sonreiría a todos.


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miércoles, 11 de marzo de 2009

Pepa Piñero de la Rosa


NUESTRA BISABUELA PEPA

Calculamos que nuestra bisabuela Pepa, la madre de abuela Natalia, debió de nacer , en Ubrique, en 1886. Era hija de Luis Piñero y María de la Rosa y tenía varios hermanos. Desde pequeña sus primas, "las Piñeritas", que tenían una tienda, disfrutaban con su compañía, tanto es así que, a pesar de querer muchísimo a sus padres (llamaba a su padre "papalí") acabó viviendo con ellas, que eran solteras.
Pepa se enamoró de Eduardo Fernández Muñoz, un gallardo mozo muy seductor y que gustaba a todas las jóvenes, aunque su corazón fue para ella.
Pepa había prometido a la Esperanza Macarena que, si se casaban, le pondría a su primera hija Esperanza. Pero en aquella época imponer nombre a los recién nacidos era todo un ritual, y cada cuál tenía el que le tocaba, así que su primera hija tuvo que llamarse Natalia, como estaba mandado, porque la madre de Eduardo era Natalia Muñoz, una jovencita venida de Grazalema a mediados del siglo XIX .
Antes había tenido otros dos hijos, a uno lo perdió y el otro era nuestro tío Baldomero. Al enviudar (Eduardo murió cuando Natalia tenía tres años), Pepa volvió a irse con "las Piñeritas" (¿con quién mejor?) que los acogieron con los brazos abiertos.
Más tarde Baldomero se casó con Nieves Arenas y Natalia con Leandro Izquierdo, pero cuando nació la primera nieta de Pepa, una bonita niña que vino al mundo el 28 de abril de 1932, y a la que correspondía el nombre de la abuela materna, nuestra bisabuela tuvo la oportunidad de ver cumplida su promesa, y decidió que la niña se llamaría Esperanza, éste se ha convertido en uno de los nombres tradicionales de la familia y se mantiene cinco generaciones más tarde.



Esperanza Cabello Izquierdo
 
 
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lunes, 12 de marzo de 2007

La redacción de Julia para "Las Cumbres", su Instituto en Ubrique




LA AUTÉNTICA RECETA DE LOS AUTÉNTICOS GAÑOTES DE UBRIQUE

Cuando he contado a mi abuela Esperanza que organizaban un concurso de buenas recetas del pueblo me ha contado una historia real, que pasó hace muchos años...
Tenía mi abuela dos tías mayores que eran confiteras, eran dos hermanas solteras, y todo el mundo las conocía como “la Piñeritas”, por su apellido. Josefa e Isabel eran dos buenas personas, siempre amables, siempre dulces y siempre horneando los más exquisitos pasteles que uno pueda imaginar.
Cuenta mi abuela que hacían muy poco negocio, porque no podían soportar a un niño mirando los dulces, y se los daban. Como eran “los años del hambre” (después de la guerra civil) siempre había alguno que no tenía nada para comer. Tampoco dejaban que les sobrara un poco de masa, en vez de hacer un rosco de más, para sacar más dinero, se ajustaban a lo que habían pensado y hacían un poquito más grandes los roscos que ya estaban hechos.
Josefa e Isabel fueron buenas siempre, y siempre buenas confiteras. Por aquel entonces en todas las casas se hacían todas las comidas, se preparaba la carne de membrillo en otoño, se hacían los dulces de Navidad, se preparaban las canastillas de pan, se hacían las magdalenas, los borrachos y los gañotes para Semana Santa... Y además tartas, bizcochos, arroz con leche, flan, natillas, huevos nevados...
Pero los dulces y pasteles de “las Piñeritas” eran muy especiales, tan finos, tan bien amasados, con un azúcar tan suave y una miel tan escogida que siempre quedaban sueltos y deliciosos. Siempre con aquellos calderos de cobre y aquellos peroles que ya no conservamos.
Mi abuela explica que su madre, Natalia, heredó de “las Piñeritas” el don para hacer dulces, y que también heredó la receta de los gañotes. Los gañotes son dulces de Semana Santa. Creíamos que sólo se hacían en Ubrique, pero también se hacen en algunos pueblos de Extremadura, aunque la forma es diferente.
Se hacen con harina, “ajolí” (que así llamamos en el pueblo al ajonjolí), huevos, azúcar y aceite. Se amasan todos los ingredientes, después se forman finas tiras, como de plastilina, que se enrollan en una caña, y a freír.
Como ustedes comprenderán, la receta de “las Piñeritas”, la auténtica receta de los auténticos gañotes, sigue en la familia, pero si quieren probarlos, vengan a Ubrique en Semana Santa; vengan a La Plaza, al concurso de gañotes, o vengan a cualquiera de nuestras casas, serán bien recibidos, a la andaluza, y serán agasajados con nuestros exquisitos dulces caseros, un bien que ya es escaso.




Julia Ruiz Cabello


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