Revista Estampa. 22 de octubre de 1932
Hemeroteca digital
Por Esperanza Cabello
Esta semana habría sido el cumpleaños de nuestra madre. Esperanza Izquierdo nació el 28 de abril de 1932, y si siguiera con nosotros tendría noventa y dos años💜.
Cada año escribimos sobre ella y sus "preciosas primaveras", más cuando, desde hace cuatro años, nuestra nieta cumple añitos el mismo día. Pero el 28 de abril de 2025 fue un día difícil para las tecnologías (imaginamos que se conocerá para siempre como "el gran apagón").
Pero de todas formas hemos estado consultando en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España, investigando sobre los sucesos que pudieran haber ocurrido en Ubrique en 1932.
Y nos ha llamado la atención un relato publicado en al revista Estampa, publicada en 22 de octubre de este año, en el que habla sobre las exageraciones de generalmente utilizan los cazadores.
Este es el relato:
DOS MENTIRAS
Para terminar esta información, publicamos las respuestas de
dos grandes cazadores a nuestra pregunta: “¿Cuál es la mayor mentira cinegética
que ha escuchado en su vida?”
DON ÁLVARO DE FIGUEROA DICE:
"La mentira es la salsa de la caza; por eso se admiten
como buenas las más estupendas.
” Yo he oído a un cazador de ribera, que de un tiro hizo la
carambola de trucha y conejo.”
DON RAFAEL SÁNCHEZ-GUERRA DICE:
“¿La mayor mentira cinegética que he oído en mi vida? No sé
si será la mayor ésta que voy a contar ahora; pero, desde luego, fue la más
oportuna y la más ingeniosa. Por discreción no doy nombres, porque los
protagonistas son personas de todos conocidas; pero el hecho es rigurosamente
cierto.
"Se celebraba, hace siete u ocho años, una montería en
uno de los cotos más famosos de Sierra Morena. Por la noche, después de la
cena, nos reuníamos casi todos los invitados y se contaban las incidencias de
la jornada cinegética, recordando, además, diversas anécdotas de ella. En
aquellas tertulias solía llevar la voz cantante un joven aristócrata, que nos
relataba infinidad de proezas suyas en África, en India, etc. Todos estábamos ya
hartos de sus mentiras y de su petulancia.
—Casi todos los atavíos que yo uso para montear—nos dijo una
noche, son producto de mis cacerías.
Estas botas que llevo puestas me las hicieron con la piel de
un cocodrilo que maté en El Cairo; la bolsa para cartuchos es de piel legítima
de elefante, al que tuve la suerte de pegarle un tiro en la cabeza, en Calcuta;
la funda de mi rifle está también confeccionada con la piel de uno de los
muchos antílopes que cacé el Canadá...
Uno de los que le escuchaban, un señor ya de edad, montero
muy antiguo, andaluz de pura cepa, sacó en ese momento una petaca y nos ofreció
a todos cigarrillos. Era una petaca corriente, de piel de Ubrique, pero muy
original, porque tenía incrustados en ella los hierros de casi todas las
ganaderías de reses bravas.
Se la devolví, elogiándosela, y entonces, en voz muy alta,
para que le oyeran todos dijo:
”—Sí; es bonita, y, además, tiene mucho mérito.
"¡Me la hicieron con la piel de un ubrique que tuve la
buena suerte de poder matar en Cádiz!’’
.