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domingo, 18 de octubre de 2026

Otoño: un paseo por Los Alcornocales

 



Por Esperanza Cabello

 

Parece que el otoño meteorológico está llegando también a Ubrique. Por fin este calor terrible del pasado verano se ha disipado y empiezan a llegar las tardes más fresquitas y los días con algunos chaparrones. Días de lluvia aún no, desgraciadamente, y eso que nos han puesto hasta en alerta naranja, pero no hay manera, las nubes se fueron dejando atrás muy poquita agua en nuestro pueblo.

Eso sí, en lugares cercanos, como en La Zarza, llovió a cántaros, nos cuenta nuestra amiga Mari Carmen que fue un tormentazo de los gordos, con granizos y agua como si no hubiera un mañana. 

Y nosotros tuvimos la alegría de que nuestros amigos Juan  Barea y Juan Suárez (hay alumnos que cuarenta años más tarde siguen siendo amigos) nos invitaron a dar un paseo.

En principio, y conociendo la magnífica forma física que tienen y temiendo un paseíto por los riscos y repechando, pensamos que no era una buena idea, pero no, iba a ser en llanito.

Así que allá que nos fuimos los tres una tarde directos al parque de Los Alcornocales.  No pueden ustedes hacerse una idea, sobre todo si no lo conocen, del lugar tan maravilloso que es todo ese entorno.

Hicimos un paseo en llano, efectivamente, unos cuantos kilómetros disfrutando de la tarde, de los árboles, de la naturaleza, de la charla, de las risas, de los recuerdos. Es un lugar en el que, mires donde mires, siempre encuentras una maravilla de la naturaleza, árboles centenarios, barbas de chaparro, matorrales y flores, aún después de este verano tan seco, animales grandes y pequeños. Desde vacas hasta escarabajos peloteros (hacía muchos años que no veíamos tantos trabajando). No tuvimos la suerte de cruzarnos con algún gamo o con algún venado, pero sí que pudimos disfrutar de la naturaleza en vivo, del atardecer en el parque, del anochecer en silencio y, finalmente, de un delicioso té de cúrcuma que Barea traía calentito, porque ya empezaba a hacer frío.

Días más tarde volvimos a hacer el recorrido con nuestros amigos Jose y Valle, seguros de que lo disfrutarían y, efectivamente, el estar rodeados de esa naturaleza bronca y bella a la vez es un lujo para los sentidos.

Así que, queridos amigos, no tenemos palabras para expresar el agradecimiento que sentimos. Hacía tanto que no recorríamos el camino de la Ventalleja ni el del Berrueco que no recordábamos la paz y la felicidad que te inundan cuando te introduces de lleno en este paraíso natural.

¡Por muchos paseos como estos y por el renacimiento, como dicen mis amigos! Mil gracias💜💜💜💜💜 

 

 

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domingo, 25 de julio de 2021

Las barbas del chaparro

 

Un chaparro del arconocal, con las barbas al aire


 

Por Esperanza Cabello

 

Dicen que las barbas del chaparro denotan la buena calidad del aire en el que viven, y tenemos la suerte de vivir en un paraíso natural en el que no es difícil encontrar un chaparro con sus barbas al viento.

Esta fotografía, tomada hoy mismo en el alcornocal, demuestra que nuestro bosque es una de las cosas más valiosas que tenemos, nos da vida, nos da energía, nos da riqueza... y buena calidad del aire.

En realidad estas "barbas" de chaparro son unos líquenes (simbiosis entre hongo y alga), llamados Usnea (gracias a Eduardo por reconocerlos y recordar los nombres científicos de las plantas), y nos las prometíamos muy felices yendo a buscar su especie, pero hemos visto, con asombro, que existen al menos 451 especies de Usnea (en este enlace), por lo que lo dejaremos así: Usnea spp. 

De todas formas hemos encontrado una descripción de la Usnea filipendula escrita por el biólogo Miguel  Ángel LópezVarona en su blog que nos ha parecido  magnífica (en este enlace).

Las barbas del chaparro tienen propiedades antibióticas, según hemos podido saber, pero aquí tradicionalmente las usaban las gentes del campo para curar las grietas de los pies, colocándolas como una especie de plantillas, dentro de los zapatos.

En la actualidad los líquenes de los chaparros del  alcornocal indican la buena calidad de nuestro aire, pues al no tener raíces toman los nutrientes de la atmósfera, y si el aire  está contaminado se va acumulando en el talo del líquen hasta que muere.

Y da gusto ver  esas barbas tan frondosas con esos talos al viento. Respiremos tranquilos 😀

 

 

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