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lunes, 22 de julio de 2013

"Los argentinitos"

Joaquina Orellana Artacho con sus hijos
Joaquina, Guadalupe, José, Francisco, Elena y Miguel


Por Esperanza Cabello

Esta semana estamos de enhorabuena: hemos recuperado a una de nuestras primas: Lupe Quirós Sánchez de Medina.
La casualidad ha querido que coincidiera con nuestro hermano en Cádiz y qu emás tarde la encontráramos por internet. Su nombre y sus apellidos eran tan familiares que no cabía duda.
Lupe es hija de Joaquina Sánchez de Medina Cabello, la tercera de las hijas de Guadalupe Cabello Orellana y José Sánchez de Medina y Ayala, farmacéutico.
Guadalupe era la única de las hermanas de nuestro abuelo Paco que tuvo descendencia, por consiguiente, Lupe y su familia son los únicos primos Cabello que podemos tener.
Mientras nos vamos poniendo al día y vamos reconociendo a nuestras familias, Lupe nos está enviando unas fotografías fantásticas.
La primera de la serie es esta fantástica fotografía de "los argentinitos" así llamaron en el pueblo a doña Joaquina Orellana y a sus seis hijos cuando llegaron aquí.
Es una fotografía realizada seguramente en Argentina, justo después de morir nuestro bisabuelo Francisco, se los ve a todos de luto. Quizás fuera la fotografía que nuestra bisabuela mandó a José Cabello, el cura párroco de Ubrique, para que conociera a la familia que iba a acoger.
Conocemos a toda la familia gracias a la selección del AHM de Ubrique que nuestro amigo Manuel Zaldívar nos ha ido facilitando. En el censo de 1906, la familia estaba compuesta por los siguientes miembros:


Extracto del censo de 1906
Gentileza de Manuel Zaldívar

 
Así que en 1906, ya llegados a Ubrique, la familia estaba compuesta por José Cabello, hermano de Francisco, Joaquina Orellana, la madre, que tenía 39 años, Antonia Montero Zarco, seguramente la señora que les ayudaba, y lso seis hijos de Francisco y Joaquina: Joaquina, la mayor, de 14 años; Guadalupe, de 12; José, de 8; Francisco, de 6; Elena, de 4; Miguel, de 2.
Todos vivían en la calle del Perdón, recién llegados a Ubrique, en la casa del cura párroco. Más tarde  (en 1910) se mudarían a la calle Real, y después a la calle  Botica, cerca de la casa de José Sánchez de Medina, donde, seguramente, Guadalupe y José se conocerían.
Nosotros estamos entusiasmados de conocer, finalmente, a toda la familia, incluso nos hemos atrevido a nombrarlos...


 Familia Cabello Orellana, 1905
Gentileza de Lupe Quirós Sánchez de Medina


Estamos muy contentos de estas nuevas noticias que han llegado a nuestra familia, y seguros de que nuestros tíos Pepe, Ana María y María Remedios van a estar muy felices y van a mandar a su prima Joaquina un fuerte abrazo de parte de toda la familia.
En cuanto a nuestra nueva prima Lupe, bienvenida al blog familiar y gracias por las alegrías que nos estás dando.


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domingo, 17 de marzo de 2013

Francisco Cabello Orellana llega de Argentina

Extracto del padrón de 1906. Familia de don José Cabello Medina, cura párroco de Ubrique
Gentileza de Manuel Zaldívar


Por Esperanza Cabello

Nuestro amigo Manuel Zaldívar nos ha enviado de nuevo un documento que nos ha emocionado. Se trata de una hoja del padrón de 1906 del Ayuntamiento de Ubrique en el que consta la familia del cura párroco, don José Cabello Medina, natural de Sedella (Málaga), de 49 años de edad, domiciliado en la calle del Perdón, número 44. 
En la misma casa vivía su cuñada Joaquina Orellana Artacho, nuestra bisabuela, natural de Cuevas Bajas (Málaga), de 37 años de edad, recién llegada a Ubrique desde Argentina, donde su marido, Francisco, acababa de morir.
También vivían allí sus hijos: Joaquina, la mayor, de 14 años, nacida en Chinchon, provincia de Santa Fé, en Argentina; Guadalupe, de 12 años, nacida también en Chinchon; José, de 8 años, nacido en Pilar, Argentina; Francisco, de 6 años, nacido en San Carlos, provincia de santa Fé; Elena, de 4 años, nacida en San Germán; y Miguel, de 2 años, nacido en recreo, provincia de Santa Fé, Argentina.
También vivía con ellos Antonia Montero Zarco, suponemos que sería el ama del párroco, de 39 años, nacida en Ubrique.

Hay una historia muy curiosa qu eno queremos que se pierda: cuando murió su marido, nuestra bisabuela se vino desde Argentina a Ubrique, donde estaba destinado su cuñado, el cura párroco de Ubrique, don José Cabello Medina.
Suponemos que debió de ser un viaje atroz, entre la tristeza de la muerte del cabeza de familia, la pena de dejar aquel lugar en el que habían vivido los últimos veinte años y lo larguísimo del viaje en barco, en tren, en autobús, en camiones... y andando. Porque a principios de siglo ni siquiera había carreteras hasta Ubrique. Se entraba por la calzada de las Cumbres entonces al pueblo.
Seguramente don José estaba esperando a la familia, y habría cierta expectación en el pueblo, el cura ya llevaba unos quince años aquí y habría explicado que llegaban su cuñada y sus sobrinos.
Al verlos llegar desde el Benalfí un grupo de muchachos, entre los que se encontraba Francisco Rojas, se acercó a darles la bienvenida, y Rojas cogió en hombros a nuestro abuelo Paco, que solo tenía seis añillos y vendría muy cansado.


Francisco Rojas, el pregonero de Ubrique
Gentileza de María Domínguez


Rojas entró el primero en el pueblo con el niño en los hombros, anunciando que ya habían llegado los argentinos, e imaginamos a la gente saliendo a la calle a ver cómo eran los sobrinos del cura.
Hemos oido esta linda historia muchísimas veces de labios de nuestro padre y de nuestra madre, pero no sabíamos quién era Rojas, el pregonero.
Ahora, por gentileza de María Domínguez, (era su tío abuelo) tenemos esta imagen de Francisco Rojas, el pregonero del pescado, archiconocido en el pueblo porque los días en los que se vendía el pescado (que traían de Manilva, primero los burros con su carga de pescados y nieve, después el tren hasta Cortes) Rojas voceaba por el pueblo qué pescados había  y cuánto valían... "Sardinas a dos" "Jureles a tres" (pesetas, se sobreentiende).
A Francisco le gustaban mucho los niños, aunque no pudo tener hijos, suponemos que nuestro abuelo lo recordaría siempre por haber sido el primer ubriqueño que lo saludó y lo recogió en hombros a la entrada en el pueblo.


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