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sábado, 31 de agosto de 2024

José Medinilla Sánchez "el Tempranillo" en Ubrique

 

John Frederick Lewis. El bandolero José María el Tempranillo. 1834. The British Museum.

 

 

Por Esperanza Cabello

Desde pequeños hemos oído terribles historias de bandoleros en la sierra, algunas muy inventadas, otras verdaderas, otras increíbles, pero siempre, siempre, llenas de misterio.

El Tragabuches, los siete niños de Écija, el Pernales, Juan Lucas... solo por citar a unos cuantos. Pero el más renombrado era el Tempranillo, que, procedente de Lucena, huyó a nuestras sierras para esconderse de los "migueletes" y forjar una leyenda.

Cien años más tarde, cuando la Guardia Civil había sustituido a "los migueletes" y en nuestra sierra seguía habiendo bandidos, la leyenda de aquel Tempranillo  tenía tanta vigencia que otro José, José Medinilla Sánchez, tomó su apodo al "echarse al monte".

 

Edición de "El Debate"
 Madrid, 31 de octubre de 1935


Esto podemos leer:

 

MÁLAGA, 30. —Desde hace tiempo la Guardia Civil de la Serranía venía persiguiendo al forajido José Medinilla Sánchez, “El Tempranillo” autor de diversos delitos, entre ellos el incendio de un cortijo y algunos tiroteos con cortijeros y guardas jurados.

El primero de octubre “el Tempranillo” estuvo en Ubrique y como llegara la confidencia a la Guardia Civil, se presentaron dos números en el momento en que salía de una barbería. Al detenerlo, uno de los guardias le sujetó por la americana y por la corbata, pero “el Tempranillo” dio tal tirón, para salir huyendo, que el guardia se quedó con una manga de la americana y la corbata en la mano.

Posteriormente, el mismo día primero de octubre la Benemérita de los puestos de Grazalema y Ubrique sostuvo un tiroteo con el bandido, que resultó ileso. “El Tempranillo” huyó también, esta vez ocultándose en los matorrales.

Al fin se ha logrado detenerle. Los guardias civiles Juan Ruiz y Juan Díaz Escalante, del puesto de Cortes de Ja Frontera, se internaron, siguiéndole la pista, en las montañas de Jerez de la Frontera. Se encontraron en el sitio denominado “De los cortijos”. El guardia civil Escalante se agazapó tras unas matas, y al llegar a su altura saltó sobre él, amenazándole con el arma. “El Tempranillo” quedó detenido y fue trasladado a Cortes de la Frontera. Es sujeto peligroso, que ya estuvo condenado por asesinato.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Bandoleros en la Sierra a finales del siglo XIX

 

 

Periódico "El Guadalete" 21 de noviembre de 1892

Biblioteca virtual de Andalucía


Por Esperanza Cabello


A finales del siglo XIX, según podemos leer en la primera página del periódico del Guadalete, en la Biblioteca Virtual de Andalucía, la seguridad en nuestra sierra era un problema grave, pues fuera del pequeño núcleo urbano había muchos pequeños núcleos de población en aldeas, fincas y campos, y eran precisamente estos los atacados por delincuentes, bandoleros en estado puro, que tenían a la población en jaque.

Transcribimos las quejas que uno de los lectores del periódico envía en forma de carta:

 

 

LA SEGURIDAD EN LA SIERRA

No puede estar más abandonada en casi todos los pueblos de la Sierra, no solo la personal sino la de la propiedad, constantemente amenazada por infinitos merodeadores que viven de la sorpresa y del robo.

Apenas pasa día sin que tengamos noticia, ya por conducto particular, ya por el oficial, de algún robo efectuado en aquellos abruptos caminos con la confianza que presta al malhechor la impunidad.

La repetición de estos actos, más frecuentes en el tiempo que entra que en el verano, tiene impedidos a los laboriosos vecinos de los mencionados pueblos, de consagrarse al trasporte de sus productos, y, sobre todo, de emprender los viajes necesarios para adquirir las primeras materias de sus industrias; en una palabra, el terror tiene hoy en suspenso la modesta vida mercantil de muchos pueblos de la Sierra.

Ya que se les priva de carreteras y caminos vecinales cómodos, déseles al menos buen número de fuerzas de la Guardia Civil, que garanticen la seguridad personal.

Como prueba elocuente de lo que venimos lamentando, a continuación copiamos los párrafos más importantes de una carta particular que ayer recibimos de Ubrique:

«Todavía no estamos en el invierno y ya se notan en esta región síntomas alarmantísimos de la seguridad personal que disfrutaremos en el que se espera.

» Después del robo hecho al farmacéutico D. Rafael Sánchez de Medina, en la noche del 11, se han verificado los siguientes:

«Aún clareaba el crepúsculo vespertino cuando se presentaron siete hombres en la casa cortijo del «Retamoso», a tres kilómetros de esta localidad, donde se encontraba el dueño D. Pedro Jaén Rodríguez, con su familia y criados.

«¡Todo el mundo al suelo!, dijeron los bandidos, y le robaron 1.500 pesetas en diferentes monedas, más dos onzas de oro, tres escopetas, mantas y ropas de valor.

«Se fueron tan tranquilos, dejándolos hasta sin pan.

«Encontráronse en pleno día y frente a la venta de «Albuera» a un pobre arriero y lo desbaldaron de 10 únicas pesetas que llevaba.

«Del molino de las «Dos paradas» han desaparecido también once gallinas; y en nuestra población el pánico es indescriptible, particularmente entre los que viven en el campo.

» Los que sufren semejantes perjuicios niegan los hechos cuando las autoridades los llaman para declarar, ante el temor, muy fundado, de escapar peor si los bandoleros cumplen sus pronósticos de quemar y asesinar si algo dicen; y como fusilaron ha poco tiempo Lorda y los suyos varias vacas, propias de un pobre labriego de Villaluenga, que dio parte de que andaban por su terreno, de ahí el silencio que las víctimas se han impuesto.

» Como por aquí no hay más que caminos de herradura y veredas para cabras, a las que forman marco sierras elevadísimas, con crecida vegetación, cada altura es un observatorio para los malhechores, que ven sin ser vistos; y mientras distinguen los vistosos uniformes de la Guardia Civil, encargada de perseguirlos, se ríen a mandíbula batiente de sus infructuosas pesquisas.

» Son siete los bandidos; visten bien, llevan tercerolas[1] y en sus bolsillos interiores pistolas y revólver.

» No les han visto caballos, y se presentan como contrabandistas, y otras veces fingiéndose empleados de la Tabacalera, divididos en dos grupos; pero luego se reúnen para dar un golpe como el del «Retamoso» para el que necesitaban más fuerza.

Aquí no hay otro medio que organizar una columna de Guardia Civil numerosa, con paisanos prácticos también armados; batir todas estas Sierras y tomar las salidas naturales del terreno, por donde pudieran escapar.

» La que compone este Puesto son un sargento y cinco guardias, que no pueden cumplir este servicio tan importante, aun cuando no les faltan ganas.

» En este sentido oficia el alcalde al Sr. Gobernador, pues si esto es ahora, cuando empiecen las lluvias y vengan las necesidades, que consigo trae la paralización de los trabajos agrícolas, el bandolerismo echará raices en esta región, costando más trabajo hacerlo desaparecer.»



[1] Tercerola: Arma de fuego usada por la caballería, que es un tercio más corta que la carabina. RAE

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cómo manejar un almirez

Colección familiar de almireces
Fotografía: Luis Eduardo Rubio

 Por Esperanza Cabello

Hace ya muchos días que queríamos hablar de uno de los objetos más tradicionales y quizás desgraciadamente en vías de extinción de entre los de nuestras cocinas: el almirez.
Tradicionalemente era un objeto de una gran importancia en cada familia. Cada mujer tenía el suyo, que iba pasando de madres a hijas, ya que, al ser de bronce, se trataba de un objeto más bien caro.
Por su utilidad era muy preciado sobre todo por las cocineras, ya que permitía machacar los alimentos con precisión y relativamente poca fuerza.
La palabra almirez viene, obviamente, del árabe, según leemos en el DRAE:

almirez.
(Del ár. hisp. almihrás o almihráz, y este del ár. clás. mihrās).
1. m. Mortero de metal, pequeño y portátil, que sirve para machacar o moler en él.




 El almirez de las Piñeritas
Fotografía: Luis Eduardo Rubio

 Nosotros hemos conseguido, poco a poco, una pequeña colección de almireces domésticos de los siglos XVIII, XIX y XX; de ellos le tenemos un especial cariño al almirez que fuera de la abuela de las tías-bisabuelas de nuestra madre: el almirez de las Piñeritas.
Debe de ser de finales del siglo XVIII, según hemos deducido a partir del año de nacimiento de las Piñeritas (Isabel y Josefa Coveñas Piñero), y sabiendo que había pertenecido a su abuela. 
También  hemos llegado a esta conclusión comparándolo con varias piezas de museo, y atendiendo a sus características:

 "Se trata de un almirez de bronce de tipología mediterránea, carente de asas y con un diámetro de boca superior a la altura. De forma cilíndrica y paredes rectas, con pie ligeramente lanzado y borde expansionado con bocel en la parte inferior. El cuerpo presenta ocho costillas de perfiles redondeados compuestas cada una por cinco elementos lobulados. La decoración se distribuye en los espacios intercostales ycontinuará siendo un elemento muy estimado por los fundidores del setecientos. Este tipo de piezas, similares a las de uso doméstico y generalmente conocidas como “de mostrador” por su pequeño tamaño, fueron empleadas en las oficinas de farmacia para triturar, pulverizar o moler determinados productos que entrarían a formar parte del proceso de elaboración de los medicamentos."


 Doscientos años trabajando en las cocinas ubriqueñas
Fotografía: Luis Eduardo Rubio

 Las Piñeritas, que se encargaron de cuidar a nuestra bisabuela Pepa Piñero de la Rosa, y que fueron confiteras, al igual que su madre, toda su vida, utilizaban este almirez fundamentalmente para machacar las almendras y los piñones de los dulces. Cuando nuestra bisabuela Pepa tuvo a su niña, nuestra abuela Natalia, las Piñeritas le dejaron dicho que para ella sería el almirez, y después, al nacer nuestra madre, tuvieron especial cuidado de que el almirez fuera para ella, era su bien más preciado.
Y con el paso del tiempo nuestra madre nos dió el almirez de las Piñeritas, con el encargo de conservarlo y cuidarlo.
Ha sido tan utilizado que el bronce tiene muescas por todas partes, incluso las ocho costillas han ido matizándose con el paso del tiempo, hasta aparecer cada vez más lisas.
Y la maja ( o la mano del almirez, o el majadero, que por todos esos nombres se conoce)  tiene tantas entalladuras y tantas mellas que nos hablan del paso del tiempo y de los objetos de diario en las casas ubriqueñas.


Auténticos almireces de bronce
Forjados sobre moldes, sin torno alguno
Fotografía: Luis Eduardo Rubio


El resto de nuestra colección de almireces es de diversa procedencia, y son todos mucho más simples, con muescas alrededor y sin más decoración. Antes eran objetos fundamentales en las casas,  tan apreciados y conocidos que hay muchos lugares, restaurantes, hoteles, bares, calles, plazas que llevan este nombre.
Incluso uno de los últimos bandoleros de la sierra tenía como sobrenombre el "Almirez".
Nos ha parecido muy curiosa la historia de su detención, que hemos podido leer en el ABC de veinticinco de enero de 1935.

Y, a pesar de haber sido un objeto tan usual y tan conocido, un tradicional "enferie" desde hace tantísimos años (los novios o los maridos les compraban un almirez, un caldero, un brasero o algún objeto de cobre o bronce a sus mujeres durante las ferias) nos encontramos con la sorpresa de ver que hay quienes no saben cómo manejar un almirez.
Pues se colocan en la base del almirez los ingredientes que queremos moler o machacar (ajos, especias, frutos secos...) se sujeta la maja con una mano y se va golpeando lentamente la base y los laterales del almirez hasta que está todo bien trituradito.

Y así, utilizándolos cada vez que podamos, quizás consigamos que el almirez no sea un objeto en vías de extinción.


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