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sábado, 22 de octubre de 2016

Las primeras fuentes y el primer "grifo" de Ubrique

Solicitud de don Vicente Romero para poner agua corriente en su casa
Ubrique, junio de 1803


Por Esperanza Cabello

Llevamos algunos años muy interesados por el agua y las fuentes en Ubrique, y nos hemos centrado, hasta el momento, en las fuentes que existen actualmente, de las que llevamos censadas 132 (en este enlace), porque no sabíamos a ciencia cierta cuáles habían sido las primeras.
 Pero la suerte nos sonrió esta semana y tuvimos acceso a un documento de 1803 en el que se incluía una relación de las siete primeras fuentes que se construyeron en el pueblo y de los tres primeros "grifos" (llaves de tuerca, en la época) para uso doméstico o industrial que había  a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Se trata de un permiso que solicitaba don Vicente Romero para llevar hasta su casa (en construcción) para uso doméstico y de su batán, en el que realizaban las labores de lavado y preparación de la lana.
En esta solicitud don Vicente habla del recorrido del agua del manantial del Benafis hasta la plazuela de Zamora.  En el acuerdo podemos leer...

"Se ve en este Cavildo Memorial que ha presentado á este Ayuntamiento don Vicente Romero Gómez, vezino de esta villa en que expresa que en la calle del Perdon de ella está construyendo casa principal con destino a vivirla con su familia, que con inmediación á la misma pasa encañonada el Agua á la Plaza publica y Plazoleta de Zamora, haviendo en cada uno de estos sitios una pila con quatro caños abundantísimos para el Abasto comun; que considerando ser el manantial de donde se deriba, tan copioso, que además surte otros quatro caños del convento de Capuchinos, otro en la Fuente contigua de la calle del Nacimiento, otro en la tenería de don Juan Vicente Vegazo, otro en la casa que intenta dedicar para Hospital don Pedro Romero y Montero; y otro en la calle Nueva, y aún sobra mucha que se derrama  en su origen, por cuia causa se ha proyectado varias vezes poner otra pila en la Plazuela de la Santísima Trinidad; Por esta razón ha resuelto tener en la expresada su casa un cañito de la indicada agua para los usos domésticos y maniobras de lana que al presente labra."

De este texto, y conociendo la historia de la traída de aguas al pueblo, podemos afirmar que las primeras fuentes de agua para el abasto común, y a partir del manantial del Benafis  fueron:

La primera fuente pública para el abasto común fue la de los Nueve Caños, 
junto al nacimiento del Benalfí, construida en 1723



La pila del convento, 1970
Óleo del artista ubriqueño Luis Crossa

 La segunda fuente sería la del convento, aunque en este caso no era para el abasto común, sino para el uso doméstico de los padres capuchinos y para la huerta.


 El acueducto y la fuente de Cotrino
Fotografía recuperada por Manuel Cabello


 La tercera fuente "la fuente contigua de la calle Nacimiento", es la que nuestros abuelos conocieron como "la fuente de Cotrino", que desapareció bajo el pavimiento de la calle San Francisco  (de ella se conserva un pilón que está actualmente en el convento) y que fue sustituida por la fuente de la Parra en 1937.



La fuente de la calle Cañito
Fotografía recuperada por Manuel Cabello
Fotografía de Francisco García Parra


 La cuarta fuente, también desaparecida en el año 1937, era la que le dio nombre a la calle Cañito "habiendo otro caño en la calle Nueva", un cañito de agua en la esquina de la calle Nueva con la calle Cañito.


 La pila de la Plaza, de cuatro caños, fue fabricada unos años más tarde que la pila del convento, en 1727, siendo corregidor don Fernando Márquez Mancheño (en este enlace podemos leer su historia).



La Pilita Abajo, actualmente Plaza de Colón en 1933

La otra fuente de cuatro caños que existía en 1803 estaba situada en la Plazuela de Zamora, hemos consultado a nuestro amigo Manuel Zaldívar, que nos ha asegurado que la plazuela de Zamora era la actual plaza de Colón, conocida popularmente como "Pilita Abajo". También nos ha indicado que quizás esta plaza se conociera así, antes de la construcción de la pila, por el conocido Simón de Zamora o su familia. Es un orgullo poder contar siempre con la ayuda de Manuel, que tiene un dominio increíble del Ubrique y los ubriqueños de los últimos siglos.

Nuestro amigo José María Gavira  ha añadido que

 "no era corriente en aquella época dedicar calles a personas. Eso es un signo del homocentrismo de nuestros tiempos. Por aquel entonces las calles indicaban algo relacionado con cosas (Hospital, Alcantarilla, Agua…), cualidades (Nueva, Mayor…) o, como mucho, se dedicaban a un rey, pero se le llamaba Real, no con el nombre del rey.
Tampoco creo que el pueblo dedicara una calle a la ciudad de Zamora. No existía esa costumbre, salvo en casos como Ronda, pero no en homenaje a Ronda, sino porque ese era el camino a Ronda.

Lo que sí puede ser es que en la plaza viviera alguien que se llamara Zamora de apellido (puede ser Simón de Zamora, claro, o algún familiar) y la gente le diera espontáneamente ese nombre al sitio,  del mismo modo que decían “de los Solanos” a la calle próxima".
 



 Firma del Escribano Miguel Ángel Robles, 
recreada por el artista ubriqueño José Antonio Martel



Así pues, las primeras fuentes de Ubrique fueron la del Benalfí (llamada "de los Nueve Caños" por sus caños), la del Convento, de cuatro caños; la de Cotrino, de un caño; la de la calle Cañito, de un caño; la de la Plaza, de cuatro caños y la de la Pilita Abajo, de cuatro caños.
En cuanto al uso "doméstico" o industrial, los dos molinos del Rodezno tomaban el agua directamente del manantial, y los otros molinos, batanes y tenerías se encontraban a ambos lados del río, tomando las aguas directamente de su curso.
Pero suponemos que la primera industria que utilizó agua "encañonada" fue la tenería de Juan Vicente Vegazo, situada junto a "la puente" (en el siglo XVIII era una palabra femenina).
 
 


  

 El segundo edificio que utilizó agua encañonada fue la ermita de San Pedro, fundada por don Pedro Romero para hospital, cuya construcción, a manos de Miguel de Olivares, terminó en 1801. Sabemos que en 1803 este hospital tenía agua corriente. En enero de 1804 murió don Pedro, que fue enterrado en la propia ermita según sus deseos.
Precisamente uno de los alcaldes de Ubrique en 1803 era Juan de Olivares, seguramente primo de Miguel de Olivares, que había nacido en 1768 (en este enlace), como nos ha sugerido José María Gavira.


 Calle del Perdón a principios del siglo pasado
A la izquierda, la casa de Vicente Romero

Y el tercer  edificio privado que contó con una tubería de agua corriente fue la casa de don Vicente Romero Gómez, en la esquina de la calle del Perdón con la costanilla de San Pedro. Vicente solicitó traer al agua, que pasaba "encañonada en las inmediaciones" hasta su casa para uso doméstico, y para las maniobras de lana que entonces labraba.
El permiso le fue concedido y en 1805 el alarife (maestro albañil) entregó un certificado de obra en el que explicaba que ya estaba la obra concluida, y que don Vicente había arreglado a su costa la cañería desde el nacimiento hasta la puente contigua a la tenería.



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lunes, 9 de noviembre de 2015

La Ermita de San Pedro, fundada por don Pedro Romero




Fachada de la Ermita de San Pedro
en plena restauración 15 de abril de 2010

Por Esperanza Cabello

Como vivimos a menos de diez metros de la Ermita de San Pedro, fuimos testigos directos de su restauración. Pudimos ver finalmente todos los andamios retirados, los trabajos muy avanzados y el interior cada vez mejor.
La ermita se ha convertido en un referente de la vida de Ubrique, han tenido lugar bodas, conciertos, reuniones, presentaciones de libros, plenos municipales... Precisamente hoy ha sido un día especial, pues el San Pedro ha sido testigo de la declaración institucional contra la violencia de género.

Teníamos la intención de hablar en este blog de don Pedro Romero y Montero, un rico hacendado ubriqueño, esposo de doña Beatriz Zarco de Castro y padre de doña Francisca Romero y Zarco, que en los últimos años de su vida, muertas su mujer y su hija muy tempranamente, dedicó su fortuna a la construcción de la Ermita de San Pedro, hospital y ermita a la vez.
Don Pedro Romero murió en enero de 1804, sólo tres años después de que el arquitecto ubriqueño Miguel de Olivares Guerrero hubiera terminado los trabajos de construcción de la ermita.
Fue enterrado en la propia ermita el 18 de enero de ese año, según su propia voluntad.
Seis años más tarde sufriríamos la invasión de las tropas francesas, y la ermita quedaría en parte destruida, pudiéndose reconstruir con los fondos que el mismo don Pedro había dejado para el mantenimiento de la misma.



Ermita de San Pedro
Inscripción en la fachada principal



En esta inscripción que hay sobre la puerta principal podemos leer lo siguiente:


"ESTA CAPILLA DEDICA AL SR. SAN PEDRO APÓSTOL
SU FUNDADOR D. PEDRO ROMERO Y MONTERO
DIRIGIDA POR D. MIGUEL OLIVARES
ACADÉMICO DE LA DE SAN FERNANDO Y DE LA DE ROMA
EN EL AÑO DE 1801"




Interior de la Ermita de San Pedro
Foto: Leandro Cabello



Y aquí, bajo esta bóveda casi completamente restaurada y que hoy podemos contemplar todos los ubriqueños que pasemos por la puerta, fue enterrado don Pedro Romero en 1804, según sus últimas voluntades, que hemos podido leer en su testamento, recuperado en el manuscrito sobre la villa de Ubrique que escribiera a mitad del siglo XIX Rafael Aragón Macías, el primer historiador ubriqueño conocido.

En esta entrada reproducimos un extracto de dicho testamento.


sábado, 6 de diciembre de 2014

La biblioteca de Miguel Mancheño y Olivares

 Ex-libris de Miguel Mancheño 
En la biblioteca de Internet Archive


 Por Esperanza Cabello

De vez en cuando nos llevamos sorpresas que no tienen nada que ver con el tema que estamos tratando. Buscábamos información sobre una "palabra en vías de extinción", la palabra "angarilla", y hemos llegado a una enciclopedia: "El Diccionario Universal de Literatura, Ciencias, Agricultura, Industria y Comercio" Publicado por Francisco de Paula Mellado en 1851.
Comenzábamos a pasar las hojas cuando, para nuestra sorpresa, hemos visto quién había sido el propietario de ese libro: don Miguel Mancheño y Olivares, el erudito arcense del que hemos hablado varias veces en este blog. (En este enlace y en este otro).
Siempre nos ha parecido un personaje emblemático de la historia de nuestros pueblos de la sierra, nacido en Arcos en 1843 dedicó su vida a la cultura, a la arqueología, a los libros... Enrique Romero de Torres habla de su magnífica colección arqueológica.
Para nosotros además el hecho de ser descendiente de Miguel de Olivares lo hace especialmente interesante.
Y por lo visto tenía también una espléndida biblioteca...


Los libros de Miguel Mancheño, en una página americana

Lo que no entendemos es cómo ha ido a parar una parte de su biblioteca a esta página americana. Según consta en la ficha, estos libros fueron donados a la Real Academia de la Historia. Miguel Mancheño murió en 1922, no sabemos si donó todos sus libros o su magnífica colección arqueológica. Lo único que sabemos es que al menos una enciclopedia, con sus ex libris, ha ido a parar al otro lado del Atlántico. Nos hemos entretenido en buscar los tomos y están todos, cada uno con el nombre de este erudito arcense.
Al menos están perfectamente tratados y escaneados, así podemos, desde cualquier parte del mundo, consultarlos.


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martes, 1 de abril de 2014

Miguel de Olivares vivía en la calle Puente de Ubrique en 1795

Miguel de Olivares en los documentos microfilmados por Family Search


Por Esperanza Cabello

Nuestras excursiones por los documentos de Family Search no paran de darnos grandes sorpresas. La mayoría de las veces hacemos descubrimientos insólitos, supone para nosotros una gran satisfacción descubrir en estos documentos nombres muy cercanos, algunos por ser familiares y otros por ser muy conocidos.
Hoy se dan varios casos, en este mismo libro de 1795, hemos encontrado a tres personajes de los que nos sentimos muy cerca.
El primero, por cercanía familiar, Pedro Rubiales, el padre del padre de nuestro tatarabuelo Pedro Rubiales Romero, que habíamos encontrado en 1866 gracias a Manuel Zaldívar (en este enlace).




En este libro encontramos el nombre de nuestro re-re-tatarabuelo (ignoramos cómo habría que nombrarlo, y decir "antepasado" no nos parece demasiado familiar) en la calle del Agua.
Sabemos que en el manuscrito de Rafael Aragón Macías hay algunos ubriqueños apodados "El Rubio" en 1585, y nos preguntamos si nuestra rama de Rubiales estará en Ubrique desde esas fechas. Seguramente sea el pariente ubriqueño más antiguo del que hayamos tenido noticia.




El segundo personaje que hemos encontrado viviendo en Ubrique en 1795 es don Pedro Romero, el fundador de la ermita de San Pedro,  en la calle Cárcel
No sabemos si la calle Cárcel es la misma que actualmente, suponemos que sí, por los calabozos del Ayuntamiento. Seguramente don Pedro vivía en una zona céntrica como esta, ya que era un hombre adinerado.

Miguel y Pedro Romero en la calle Cárcel


Finalmente, al llegar a la calle Puente, hemos reconocido un nombre que nos es muy familiar, el del arquitecto ubriqueño Miguel de Olivares, que construyó la ermita de San Pedro en Ubrique.

Miguel de Olivares en la calle Puente


Desde luego es un lujo poder acceder a estos documentos. Pertenecen al archivo municipal, y podemos acceder a ellos a través de las páginas de Family Search. Sería un lujo poder transcribir este libro al completo, ya que se trata de uno de los primeros documentos escritos de nuestro pueblo.


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viernes, 31 de enero de 2014

Don Miguel de Olivares, en el censo ubriqueño de 1795

 Archivo Histórico Municipal de Ubrique
Publicado en internet por "Family search"



Por Esperanza Cabello


Bucear de vez en cuando por los archivos de Family search nos da muchas satisfacciones. No dominamos demasiado bien la página (en este enlace) pero nos está dando muchas satisfacciones porque no solo encontramos datos del archivo de Ubrique (como es el caso hoy) sino de archivos de todas partes del mundo. Es impresionante buscar (y encontrar) documentos de emigrantes, de quintas, de bodas, de matrimonios...
Hoy nos hemos sentido casi tan felices como cuando conseguimos encontrar la partida de nacimiento de Miguel de Olivares (en este enlace) hace ya cuatro años. 
Porque, buscando información sobre la familia Sánchez de Medina para nuestra prima Lupe, hemos encontrado, en los libros del archivo de 1795, un nombre muy conocido para nosotros:
 

Don Miguel de Olivares en el censo de Ubrique



En la calle Puente el primer nombre que encontramos es D. Miguel de Olivares. No nos cuadra demasiado la fecha, hacía al menos  trece años que estaba casado (se casó antes  1782 con Matilda Balcarcel Baeza) y lo imaginábamos en esta fecha ya en Jerez, aunque, si miramos en el árbol genealógico de la familia (en este enlace) no encontramos otro Miguel de Olivares, por lo que debe de ser "nuestro" Miguel.
En cualquier caso, intentaremos confirmar de qué Miguel de Olivares se trata, aunque  podría llevarnos años seguir repasando unos archivos tan interesantes que hacen que perdamos, de vez en cuando, el hilo de una investigación para zambullirnos en otra más apasionante cada vez.


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miércoles, 24 de octubre de 2012

Don Diego Clemencín Viñas en Ocurris

La Gaceta de Madrid, 1834




Por Esperanza Cabello

A veces encontramos documentos muy curiosos que nos hacen recordar algunas de las historias que hemos ido aprendiendo todos estos años. Buscando una  información sobre Fernando VII e Isabel II nos hemos encontrado con un ejemplar de la Gaceta de Madrid de julio de 1834.
Tenemos la costumbre, siempre que echamos un vistazo a documentos antiguos, de buscar en ellos el nombre de nuestro pueblo o de personajes conocidos, y precisamente en este número de la Gaceta hemos encontrado una necrológica muy peculiar.


 Don Diego Clemencín Viñas 1765-1834

Se trata de la necrológica de don Diego Clemencín Viñas, un erudito murciano cuya historia estará siempre unida a la de nuestro pueblo. El pobre don Diego, un cervantista extraordinario, había muerto en Madrid a causa de una epidemia de cólera después de haber escrito más de cinco mil notas para una edición de "El Quijote" que nunca llegó a ver publicada.
Muchos años antes don Diego había ingresado en la Real Academia de la Historia (en 1800) y en 1802 había sido enviado a Ubrique para informar de las excavaciones de Vegazo y los hallazgos en el Salto de la Mora.



En su necrológica, además de muchos otros informes y méritos, se trata de "las exquisitas noticias que dió a la academia sobre la antigua población, llamada Ocurris, en las cercanías de Ubrique, reino de Córdoba, y dos copias de inscripciones que presentó".

Clemencín y la historia de nuestro pueblo estarán siempre unidos por estos hallazgos, que podemos consultar en el archivo de la Real Academia de la Historia:

 "A cinco leguas de Ronda y otras tantas de Arcos, un cuarto al norte de Ubrique, en la cumbre de una sierra llamada de Benafí o de Benafeliz se ven las ruinas de un pueblo considerable, entre las cuales se han hallado varias antigüedades romanas en estos últimos años. 
Hállanse frecuentemente tanto en la cima como en todos sus alrededores por largo espacio ladrillos, a veces enteros, de un grueso y  tamaño extraordinarios, tejas de rara hechura de tres cuartas de largo y dos de ancho, bordes de tinajas, losas labradas, algunas de dos varas y media de largo y  una de ancho, aljibes o cisternas, escombros y señales de edificios. 
Vénse igualmente los restos al parecer de un acueducto que se dirigen hacia la Villa de Benaocaz durante media legua. Como a 150 pasos de la cumbre, en la falda occidental existe un edificio bastante bien conservado, parte de cantería y parte de hormigón que el vulgo del país cree y llama mezquita, de que acompañan planta y elevación dibujadas geométricamente por D. Miguel de Olivares, arquitecto de Cádiz, individuo de la Real Academia de San Fernando. 

 Planos del Columbario


Al hacerse últimamente un plantío de viñas y frutales, se han hallado más de 400 monedas de las que tengo en mi poder 16, trece imperiales desde Augusto hasta Constantino Magno y tres españolas, de las cuales una es dudosa, otra de Carissa y otra de Carteya,  rarísima según el Padre Florez. 
Ocupa la misma cumbre un espacio como de 15 fanegas de tierra, ceñido de una cerca particular de paredes fuertes. Aquí es donde se hallan las antiguallas más notables, trozos con columnas, fragmentos de piedras con algunas letras, y sobre todo dos pedestales con dos inscripciones bien conservadas que son las siguientes:

I
IMP.CAESARI DI
VI ADRIANI E DIVI TRA
IANI PARE NEPOTI DIVI
NAERVAE PRONEPOTI
PIO HADRIANO ANTONI
NO AUG. PIO PONTIFICI MAX.
RR.POTEST V COS III PP
PUB.OCURITANOR.
CRETO DECURIONUM
D.D.





                                   Fotografías de las lápidas halladas en el Salto de la Mora
                                 Romero de Torres, 1908.  Catálogo Monumental de España


II
IMP. CAESARI
M. AURELIO COM
MODO ANTONINO
AUG.PIO FELGER
SARM. PON. MAX
TRIB.P. IIII IMP.X
COS. V PP. RES P.
OCURITANORUM
DECRETO DECURI
ONUM D.





Junto al pedestal de esta última inscripción se halló una estatua de hombre sin cabeza vestido con una piel de león, circunstancia que arguye ser de Cómodo y hace más que verosímil estuviese colocada sobre el pedestal contiguo. Aparentemente debió haber otra de Antonino sobre el pedestal de su inscripción, cuyo hallazgo no es acaso difícil. 
Otra estatua se ha encontrado de mujer asimismo sin cabeza, el cuerpo y pechos rodeados de serpientes, cuya cabeza como la de Cómodo está tal vez aguardando que una mano diligente las saque del polvo y ruinas.
Omito varias observaciones sobre la lección y ortografía de las inscripciones. Las personas que me han comunicado estas noticias, se inclinan a creer que el edificio de la falda occidental de la sierra fue un baño, que los aljibes con algunas murallas son obra de moros, que el paraje de la cumbre donde se hallaron las inscripciones era un templo; que la estatua de mujer es de Proserpina.
 Pero sobre todos estos puntos no se puede juzgar con acierto a tanta distancia. Lo que resulta con certidumbre es  la existencia de una población considerable llamada Ocurris, que subsistía ya en tiempo de Antonino y duró por lo menos hasta el de Constantino. Su situación fue en el monte Ilipula,  como llamóTolomeo a las sierras de Ronda: y con arreglo a la descripción que hizo Plinio de España, estuvo en la Céltica Bética, y pertenecía al convento jurídico de Sevilla.

Madrid 16 de julio de 1802
Firmado por Diego Clemencín








sábado, 20 de octubre de 2012

Este es mi pueblo: Ubrique hoy en Canal Sur

Francisco y Leandro Cabello con Rafael Cremades
Para "Este es mi pueblo", un programa de Canal Sur



Por Esperanza Cabello

"Alea jacta est" que diría un romano, de los ocurritanos que viveron en el Santo de la Mora hace unos dos mil años. "La suerte está echada", decimos nosotros, porque dentro de un par de horas se emitirá en el Canal Sur el programa "Este es mi pueblo", dedicado a Ubrique.
No somos muy dados a los medios de comunicación, ni a querer mostrarnos ante nadie. Pero esta vez hemos hecho una excepción.
Hace un par de semanas nos llamaron por si queríamos participar en el programa, y la respuesta, en principio, fue con muchas reservas, porque estamos muy cansados de la imagen que dan de nuestro pueblo algunos programas chavacanos y ordinarios de segunda que se nutren de basura y miserias humanas, programas conducidos por gente perversa que no duda en utilizar a cualquiera para mofarse a placer de las personas y las comunidades.
Pero eso sucede en otra cadena, en este caso Canal Sur  nos daba la oportunidad de hablar de nuestro pueblo bajo nuestra propia perspectiva y hacer un homenaje a Ubrique y a los ubriqueños a través de su historia, de su léxico, de sus costumbres, de su patrimonio...
La única condición que pusimos fue hablar de nuestro padre, tanto en la grabación en Ocurris, en la que participaron nuestro hermanos, como en la que hicimos en la plaza del 28 de febrero, en el Carril.

 Grabando en el Carril con don Bartolomé Pérez

Al Carril acudimos con todos los libros de nuestro padre y el de don Bartolomé Pérez Sánchez de Medina, "El habla de Ubrique", pues creíamos que nuestro maestro no  iba a poder venir. Cuando supimos que él sería nuestro compañero de banco nos sentimos muy orgullosos de poder contar con la sabiduría y el buen hacer de nuestro antiguo maestro.
Resultó una entrevista muy entretenida, y pudimos tratar muchos temas; el primero, el habla de Ubrique explicando las razones de nuestro ceceo y nuestra entonación cantarina; también hablamos de dichos y refranes como  "En Ubrique mala mosca te pique" y las pieles carbuncosas; de la "Comedia de Ubrique",  que terminó a capotazos; del "Hoyo de las Puercas", que así llamaron a nuestro pueblo los vecinos porque en una época de pobreza en los corrales solo había hembras para no hacer tanto gasto.
También hablamos un poquito de historia: de los romanos y Ocurris; de los Ponce de León y El señorío de las Siete Villas;   de la invasión francesa y cómo los ubriqueños nunca capitularon, a pesar de que los franceses entraron hostilmente en nuestro pueblo quince o veinte veces, quemando todos los edificios públicos y las mejores casas; de los diputados ubriqueños en las Cortes de Cádiz; de doña Frasquita Larrea y su diario de Ubrique en 1824; de Manuel Cabello y los orígenes del nombre de nuestro pueblo; del convento de Capuchinos; del San Pedro, su fundador, don Pedro Romero y el arquitecto que lo diseñó, don Miguel de Olivares...
Fue un lujo contar con don Bartolo como compañero de banco, y hoy veremos cómo ha quedado la grabación. Suponemos que no podremos escuchar todas las historias, porque ha habido muchas grabaciones, justo después de nosotros, por ejemplo, fue el turno de unas chavalas muy simpáticas, de la comparsa "Las niñas", que hablaron de nuestro pueblo con admiración y pasión y cantaron un pasodoble con mucho arte.

Así que ahí está, esperamos haber estado a la altura y haber contribuido al homenaje a nuestro pueblo y a nuestros paisanos y deseamos que sea por fin un reportaje que nos haga justicia y nos dé a conocer como pueblo trabajador y afable, solidario, tranquilo y trabajador.


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lunes, 14 de mayo de 2012

El Castillo de Matrera, por Miguel Mancheño y Olivares

  Torre del Castillo de Matrera
Fotografía: Leandro Cabello

Por Esperanza Cabello


Hace un par de años conseguimos un libro muy curioso, se trataba de una obra escrita por don Miguel Mancheño y Olivares, "Antigüedades del Partido Judicial de Arcos y pueblos que existieron en él".
Es un libro de 1901, que nos gustó aún más porque trataba, aunque fuera de pasada, de nuestro pueblo, Ubrique. Don Miguel hablaba de su época romana como Ocurris y de su época árabe como Umrica.
La semana pasada un amigo nos pedía que echáramos un vistazo a ver si encontrábamos información sobre "Sierra Gamaza", y nos pusimos manos a la obra. Releyendo la obra solo encontramos tres referencias a don Pedro de Gamaza (de 1633), que quizás tenga algo que ver con el nombre de la sierra, pero nada más.
Sin embargo nos encantó encontrar referencias al Castillo de Matrera, del que habíamos hablado recientemente en este blog, así que hemos transcrito las páginas que se refieren a esta fortaleza.
Don Miguel la coloca en la época Visigoda, y tiene una curiosísima forma de explicar cómo se construyó la torre.
 Aunque la información más completa de la zona la encontramos en el artículo escrito por el doctor en Historia del Arte Alejandro Pérez Ordóñez, les invitamos a leer el texto de don Miguel Mancheño, minucioso y detallista.



    72. A catorce kilómetros al norte de Arcos entre Prado del Rey y Villamartín junto a las renombradas viñas de Pajarete, famosas por lo aromático y exquisito de sus dulces vinos, sobre una escarpada roca, inaccesible por sus lados Norte y Sur, se alza la robusta fortaleza de Matrera, que aún cuando llena de restos de la dominación arábiga y de la reconquista, conserva vestigios bien visibles de su primitivo origen visigodo, si bien mucho antes debieron habitar allí también los Celtas.
        La meseta que corona la montaña, de unas diez hectáreas de extensión, se halla cercada de murallas aún erguidas a trechos, teniendo dos entradas á los lados Este y Oeste, llamadas Puerta del Sol y de los Carros. Aquella era la plaza de armas, adonde venían a guarecerse y albergarse los pastores del contorno con sus ganados, luego que las ahumadas ú hogueras en la más alta torre de la fortaleza encendidas habían señalado la presencia de enemigos en la comarca.
         Apoyando sus cimientos en el tajo inaccesible del lado N. elévase a gran altura una torre cuadrada que aún desafía a los siglos, no obstante varias grietas causadas por el rayo que de alto abajo la hienden. Es el más avanzado puesto militar de la frontera del reino de Granada, distante menos de tres leguas de Zahara, Grazalema, Cardela y las restantes populosas y fuertes villas de la Serranía de Ronda.
         Penetrando en el interior de la robusta torre se ve que la forman tres estancias ó aposentos superpuestos. No existe escalera para subir á las dos estancias o pisos superiores, ni tampoco existen señales de que las haya habido jamás. Sin duda los antiguos presidios de la vetusta fortaleza se valían solo de escalas de mano que retirarían después de haberse servido de ellas.
      El techo de cada una de estas estancias consiste en una bóveda primitiva y la llamo así por ser la única construcción que conozco con semejante clase de aparejo. La bóveda, que es de medio cañón, está formada por por grandes lajas de piedra sin labrar, y desiguales en tamaño, colocadas de canto, las unas al lado de las otras. En los muros no se ven mechinales ni huecos que hayan podido servir para sostener el formero que debió necesitarse para construir la bóveda.
     Es decir, que aquella torre y sus estancias, se edificaron levantando los cuatro muros esteriores, cuyo interior rellenaban de tierra a medida que aquellos crecían. Al llegar a la altura que definitivamente habían de tener, echaron la bóveda de la estancia más alta, á  la que sirvió de formero el relleno de la torre, en el que se introducían á mazo las cuñas de piedra sin cortar ni labrar, de dimensiones desiguales, que constitutían las dovelas de la bóveda, y terminado el piso superior, vaciaron el relleno de tierra, hasta que á proporcionada altura formaron otra bóveda con igual paramente, y luego sucesivamente la más baja.
       La forma extraña de esta construcción tan ajena á la de los árabes, es lo que me hace atribuirla á los visigodos, no pudiendo de manera alguna calificarla de romana.
     La impresión que del examen de ella resulta es sorprendente. Las informes dovelas, desiguales en longitud y grueso, redondeadas unas, terminadas en punta otras, y afectando su mayor parte formas irregulares y caprichosas, parece como que se desprenden y desploman sobre el curioso, y su misma desigualdad produce la ilusión de que las piedras se han salido de sus alveolos, y casi se van a caer, por un fenómeno de óptica muy curioso.
      La incuria dará pronto fin de tan venerables ruinas, de cuyos ángulos faltan ya enormes sillares empleados en edificar casas de campo de los contornos, y del fortísimo Castillo de Matrera tantas veces sitiado, y testigo de cien combates en que realizaron hazañas gloriosas los hijos de Arcos á quienes en la edad media estuvo muchas veces confiada su defensa, solo quedará la memoria.


Aún se conservan las bóvedas de la torre
Fotografía: Leandro Cabello



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