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lunes, 14 de abril de 2025

El "Sofabulario" de Ubrique. Muchas palabras que recordar.

 

El sofá, hilo conductor del programa, en el convento de Ubrique

 

Por Esperanza Cabello

 

La Diputación de Cádiz ha organizado (en este enlace), un  ingenioso programa para conservar y poner en valor la riqueza léxica de nuestra sierra. En total, el conjunto de los diecinueve pueblos que conforman la Sierra de Cádiz vamos a participar en este proyecto.

Con el hilo conductor de un precioso sofá, colocado en un lugar emblemático de cada uno de los pueblos, y con la inestimable colaboración de lugareños colaborativos, están preparando un documental con el léxico más característico de todos.

Sabemos que la sierra perteneció al Reino de Granada, cuando terminó la reconquista quedaron pocos pobladores autóctonos, y fuimos repoblados por caballeros y habitantes castellanos, de diferentes lugares del norte de la península. De ahí la gran diversidad lingüística de la zona.

En nuestro pueblo, además, tenemos un deje cantarín (que, desgraciadamente, se está perdiendo) que nos hace aún más singulares.


 Así pues, hace unas semanas la concejala de Cultura, Patricia Caro, nos invitó a participar en esta experiencia, que nos parece extraordinaria, y decidimos, por supuesto, prestarnos a ello.

 


 Habíamos sido invitados un buen grupo de mayores (y otras más jovencitas y muy especiales) a intervenir en la grabación del documental. Cada uno de nosotros tenía más o menos claro lo que se nos pedía, aunque los editores van a tener un gran trabajo para conseguir plasmar en tan pocos minutos toda la diversidad serrana.

Así que, poco a poco y por parejas fuimos presentándonos y hablando del tema que nos interesaba.


 Los niños hablaron de juegos infantiles, de palabras específicas de la marroquinería y de algunas palabras más del día a día. Nuestra favorita: "la espabilaera".

 


 Unas niñas nos dieron una grata sorpresa hablándonos de las coplas de columpio y, por supuesto, cantando algunas de ellas con un arte y unas voces especiales.

 

 


 Otras contaron su experiencia en la marroquinería y nos hablaron de periquines, tejeringos, zancas, bolindres, chiburralea, liara, perrillos, badila, tocadé y mil palabras más. Incluso hubo quien construyó una frase completa con palabras ubriqueñas que, a buen seguro, no hay traductor, que no sea del pueblo, que pueda comprender el alcance de su significado.

 


 

Y es que, para explicar y conocer el habla de Ubrique hacen faltan algunos más de los dos libros que ya hay publicados: "El habla de Ubrique" (en este enlace) y "Ubrique de las petacas" (en este enlace).

Nosotros nos llevamos unos cuantos objetos con nombre singular: estampitas, zancas, unos bolindres, unas perlas, un follapepe (en esta entrada), que es una manta, y no una palabrota. Y, por supuesto, ya que se acercaban estas fechas señaladas, unos gañotes de Ubrique, con toda su tradición.

 


 

Es una lástima que esta iniciativa tan ingeniosa e interesante se quede tan pequeña. Según entendimos de los productores del documental y por lo que nos explicó Eva, la técnico de cultura del ayuntamiento, se trata de hacer un documental de treinta minutos en total, uniendo la participación de los diecinueve pueblos de la sierra de Cádiz.

Iban también a añadir algunos cortos según los pueblos, pero creemos que esta iniciativa se queda "corta". La riqueza léxica de nuestra comarca es muy amplia, y quizás las delegaciones de cultura de lso ayuntamientos deberían plantearse ampliarla para darnos mayor visibilidad.

Y por supuesto también desde la Diputación, porque cuando nuestra generación se pierda, se perderá con nosotros una gran parte del saber popular que queda antes de la globalización, por eso debemos dejarlo reflejado.

Muchísimas gracias a Patricia por  invitarnos a participar, a Eva por la atención durante la grabación, a la productora por sus indicaciones y su paciencia, al cámara por su tranquilidad y su profesionalidad, a los demás compañeros y compañeras de esta experiencia por compartir sus conocimientos y a Eduardo, por acompañarnos siempre.

 

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jueves, 3 de abril de 2025

Lamparillas de cera La Milagrosa

 

Caja de lamparillas de cera "La milagrosa"

 

Por Esperanza Cabello

De vez en cuando encontramos algunos objetos que nos llaman terriblemente la atención. Muchas veces son cosas que ni siquiera nosotros habíamos visto hasta ahora.

En este caso es  una caja de lamparillas de cera, que nosotros aquí en Ubrique también llamábamos "mariposas", eran esas velillas que se encendían en cuencos con agua y aceite y se usaban tanto para rezar como para pedir alguien o recordar a los difuntos.

A nosotros siempre nos ha interesado este invento tan útil y tan simple, de hecho hemos escrito algunas veces (en este enlace) sobre nuestros recuerdos  y aquellas mariposas siempre luciendo en la cómoda de abuela Natalia.

Ahora hemos visto que en las lamparillas son "para la visita domiciliaria" y hemos aprendido que antaño existían las visitas domiciliarias religiosas. Con una imagen en una capillita se recorrían las casas de pobres y enfermos, imaginamos que se haría un altar en la casa visitada y se utilizarían las lamparillas para velar la imagen.

En ese artículo de El diario Vasco  hemos podido saber que la capilla de la virgen Milagrosa lleva más de un siglo recorriendo las casas de Elgoibar.

En este caso, las lamparillas de La milagrosa estaban fabricadas en Albaida (Valencia), por los sucesores de Monzó Pla, seguramente que en Ubrique también hubo un momento en el que las capillas iban de casa en casa. 

Preguntaremos a nuestros mayores, a ver si alguno recuerda esta práctica.

¡Como echo de menos a mi tío Pepe! 💜

Sí, seguro que don José María Cabello, con su magnífica memoria, recordaba aquellas lamparillas y aquellas visitas domiciliarias, si es que aquí las hubo.

 

 

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domingo, 16 de marzo de 2025

¿Qué es una badila?

 

Pequeña colección de badilas con más de un siglo

 

Por Esperanza Cabello

 

Algunas veces no somos conscientes de que nos estamos convirtiendo en esa parte de la población a la que se considera "mayores". Nos da un poco de risa pensar que, cuando comenzamos este blog, hablábamos siempre de nuestros mayores y sus enseñanzas, y ahora, veinte años más tarde, seguimos hablando de nuestros mayores, pero nos damos cuenta de que, tristemente, muchos de ellos ya no están con nosotros, y somos nosotros mismos quienes formamos parte de la población que culmina la pirámide de la vida.

Por cierto, que eso nos hace felices, hemos tenido la suerte de vivir hasta ahora, ¡y muchos años que nos queden! 

Después de esta introducción, quizás innecesaria, tendremos que explicar qué es una badila, aunque ya se irán haciendo todos una idea al mirar la fotografía.

Una badila (del latín batillus), es una paleta de metal que se utilizaba para remover el carbón, el cisco o el picón en los braseros. 

 


 

Curiosamente, en ubriqueño utilizamos la palabra badila en femenino (en la RAE se encuentra badil), y para decir brasero utilizamos la palabra copa, también reconocida en la RAE (: f. Brasero que tiene la forma de copa, y se hace de latón, cobre, barro o plata, con dos asas para llevarlo de una parte a otra.)

A medida que avanzamos en la entrada nos damos cuenta de que hay todo un vocabulario  genuino alrededor de la manera de calentarse en estos pueblos de la sierra de Cádiz, donde éramos tan pobres que no había, por supuesto, ni calefacción ni estufas (en los pueblos, algunas casas más privilegiadas tenían chimenea), pero en casi todas había una mesa camilla con sus enaguas, su tarima y su alambrera (para protegerse de las quemaduras o para extender la ropita de los bebés y que se secara. La copa se encendía desde temprano con cisco o picón, una brasita y, cuando se podía, se cubría con los papeles de aluminio del chocolate para mantener el calor.

Y a medida que avanzaba el día, se iba añadiendo el picón con la badila, removiendo la copa cuando se quería un poco más de calorcito.

 

El cruce de Los Alamillos, camino de Ronda

Fotografía gentileza de Francisco Diánez

 

Me gustaría añadir un recuerdo, por aquello de que ya voy perteneciendo a la generación de los abuelos y que me encanta contar batallitas.

 A principios de los setenta, varias decenas de niños y jóvenes ubriqueños íbamos cada lunes muy temprano a Ronda (en Los Amarillos), porque era el lugar más cercano en el que había instituto, y volvíamos cada viernes por la tarde, después de pasar la semana en internados.

Un lunes de invierno nevaba copiosamente, serían las cinco o las seis de la mañana, y la Guardia Civil paró el autobús en Los Alamillos, un cruce cercano a Grazalema, diciéndonos que, por el momento, no se podía pasar. (Esto sucedió varias veces durante los años que estuvimos en Ronda). El chófer (que entonces no decíamos "conductor"), se paró junto a la carretera y decidió esperar a ver si mejoraba el tiempo.

Yo estaba malísima, como en cada viaje, porque las curvas, el autobús y yo no nos llevábamos bien, y Pepe, así se llamaba el chófer, me dijo que me bajara un rato, para reponerme. Por aquel entonces tenía trece años. Con aquellos zapatitos, los calcetines calados, la falda (entonces las niñas no usábamos pantalones) y sin vestimenta adecuada para la nieve, di unos cuantos pasos cerca del autobús, "arrecía" de frío.

 

 

Ubrique nevado en los sesenta 

la fábrica ABC en primer plano

 

En el cruce había, por supuesto, una venta, y una señora muy mayor salió de la venta y me llamó "Niña, ven aquí." Yo me acerqué a la venta y aquella viejecita, muy agradable, levantó la cortina del hueco de puerta que separaba la venta del hogar, y me dijo "Métete en la copa, que te pondrás mejor".

Me senté en la mesa, ella removió la copa y me dio un poquito de café de pucherete. Entonces empezó a contarme su vida, siempre en aquellos chozos de Los Alamillos, lo duro que había sido todo, las pérdidas de la guerra, la vida en el campo. ¡Y lo feliz que era en aquel momento! Su hijo llevaba la venta, ella tenía una casita y una copa para calentarse en invierno.

Aquella señora, cuyo nombre nunca supe y que me recordaba a mi bisabuela Antonia. Tan arrugadita, con aquellas manos finas y aquella sonrisa un poquito desdentada, me había ofrecido lo mejor que tenía, su casa, su copa y su café, y eso ha quedado grabado en mi memoria para siempre. Ahora tengo ocasión de volver a agradecer tanta bondad.

Ya no recuerdo qué pasó con la nevada, ni si seguimos hacia Ronda o tuvimos que volver para Ubrique, era 1973 y la vida no se parece mucho a la de entonces. Pero "Métete en la copa" es una frase que no muchos entenderán (siéntate en la mesa y caliéntate), y que para mi sigue teniendo el significado de las cosa sencillas de la vida que te dan felicidad.
 

 

Billete de Los Amarillos 1969

Ubrique en el recuerdo
 

miércoles, 12 de marzo de 2025

Con tanta agua, estamos "enguanchinnaos, hileando y pipandito".

 

El Rodezno, impresionante de agua

Fotografía de María Cabello

 

Por Esperanza Cabello

 

En estos días de tanta agua ("llueve como antiguamente", decimos los mayores), hemos tenido ocasión de recordar algunas palabras casi olvidadas que nunca se han ido del todo del acervo cultural de los ubriqueños y las ubriqueñas.

 

 

Lloviendo en la calle Palma

Fotografía de Leandro Cabello

 

La primera de ellas es "enguachinnao", así es como está todo después de llover, cuando se cuela el agua por todos los rincones y todo está empapadito y encharcado.

Hemos encontrado el verbo enguachinar en la RAE, y hemos encontrado varias opciones:


 




Al ver que "enguachinar" no tenía significado en la entrada, hemos ido tirando de sinónimos hasta llegar a "enaguazar", es la palabra cuyo significado más se parece a "enguachinnar", que es cuando todo está demasiado lleno de agua y charcos.

 


 

Con las otras dos palabras, "hileando y pipandito", hemos tenido menos suerte. En la RAE no hay ningún resultado válido.

Hay "helear", "holear", "hulear", pero nada de hilear. Está claro que hilear es "hacer hilos", hemos encontrado en el léxico mejicano, en términos de agricultura, cómo se hilean los rastrojos para hacer pacas, pero nada más.

Cuando llueve mucho y se te mojan los pies y los bajos de los pantalones chorrean agua como si fueran hilos, en Ubrique decimos "mira los pantalones, están hileando"; también está hileando la ropa que tendemos sin escurrir; y en estos días muchos hemos estado "hileandito".

 

 



¿Qué le pasará a Manuel si sigue jugando con el agua de la fuente?

 

¡Se pondrá pipandito!

💜💜💜💜

 (Era verano ¿eh?)

 

 

 

 


La última palabra ubriqueña que hemos oído durante estos chaparrones, es "pipandito".

- ¡Mira cómo te has puesto por salir sin paraguas, pipandito!

Pipandito significa "chorreando",  hemos encontrado esta palabra en "El habla de Cádiz", también en gerundio, como en Ubrique, pero en la RAE lo más cercano es pipar (fumar en pipa), que no tiene nada que ver.

Pero hemos comprobado que en Argentina existe el verbo "pipear", sinónimo de emborracharse. Y es que una "pipa", además de un objeto para fumar, es un tonel para transportar o guardar el vino.


 Así que es posible que por ahí ande la explicación de esta palabra tan especial (remojado por dentro o remojado por fuera). Pero tenemos que ampliar esta búsqueda.

Ahora recordamos que también en Ubrique decimos "esto es una "pipá" (pipada)" cuando es un trabajo muy grande. Tendremos que consultar con nuestro admirado don Bartolo, a ver qué piensa del tema.

 


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jueves, 19 de septiembre de 2024

Los perrillos en Ubrique. Recuerdos de otras épocas

 

Una bolsa de perrillos en la azotea

En otros lugares se llaman pinzas

 


Por Esperanza Cabello

 

Aunque cada día vamos dejando de usar muchas de ellas, en el habla de Ubrique hay cientos de palabras ¿"autóctonas"? que siguen formando parte de nuestro léxico.

Los perrillos son, en nuestro pueblo, las pinzas de tender la ropa. Imaginamos que el origen de esta palabra está bastante claro, al apretar la parte superior de cada uno de ellos, se abren como una boca de perro (hocico, claro).

Por supuesto que el uso de esta palabra ha dado lugar, a lo largo de los años, a cientos de curiosidades y anécdotas, pues parece que en Ubrique es en el único lugar en el que se los llama con ese nombre.

También ha dado lugar a historias divertidas, como aquella vez que una amiga granadina iba a tender la ropa en el tendedero del Amarguillo y le dijimos "Espera, que los perrillos están aquí abajo", y ella nos respondió: "No importa, no me dan miedo  los perros". 

Ya hemos hablado de los perrillos con anterioridad (en este enlace),  como palabra singular. Hoy, al ir a tender unos cuantos paños de cocina, hemos tenido un bonito (y quizás triste) recuerdo de la infancia.



 

 Vivíamos en la casa de nuestra abuela Natalia, y a veces, con poquitos años, ayudábamos a tender los pañuelos (entonces eran siempre de tela) o las servilletas (también de tela, por supuesto) o los calcetines, siempre ropitas pequeñas.

Y, puesto que en aquellos años no había demasiado de nada, más bien era época de carestía, tampoco había tantos perrillos como ahora. Así que las prendas se tendían compartiendo los perrillos, para que hubiera suficientes y poder tender toda la ropa.

Acordándonos de eso, hoy hemos tendido los paños compartiendo los perrillos, y han venido a nuestra cabeza, a modo de magdalena de Proust, cientos de recuerdos de aquella azotea.

Los perrillos de madera, los tendederos de alambre, las mujeres lavando en la lavadora de turbina, los primos correteando por aquella azotea, las sillitas de enea para sentarnos al sol, Leonor arreglando las macetas, Mariquita cuidando de los niños, abuela pendiente de todos, tito Pepe Luis dándonos sandía y poniendo el suelo perdido, tito Paco haciéndonos una película, los tíos fumando el día de la boda de mis padrinos...

 


Aquella azotea, como toda la casa de los abuelos, era mágica, y estos perrillos de hoy nos han recordado que la magia existe, solo hay que dejarse llevar por bonitos recuerdos y vuelves a ver a tantos seres queridos que han formado parte de tu vida.



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domingo, 7 de julio de 2024

¿De dónde viene la petaca? El origen de la palabra petaca.


 Una petaca de Ubrique, finales del siglo XIX

Familia Cabello Izquierdo


 

 

Por Esperanza Cabello

En Ubrique, nuestro pueblo, la palabra "petaca" es inusualmente habitual, incluso tenemos un amplio campo semántico autóctono que conocemos todos y que, a veces, los foráneos no comprenden. 

Petaca, petaquería, petaquero, petaquera, petaquista, petacabra... todas estas palabras relacionadas con ese objeto que aquí en Ubrique, según la Real Academia de la Lengua Española, conocemos como:

 

2. f. Estuche de cuero, metal u otra materia adecuada, que sirve para llevar cigarros o tabaco picado.

 

En realidad, la petaca primitiva ubriqueña tenía un apellido, "petaca de cuarterón", porque, en realidad, servía para contener 125 gramos de picadura de tabaco, esa es la cantidad, también según la RAE, que pesaba un cuarterón (que era medida de líquidos y sólidos).

Pinchando en este enlace, podremos saber más de los cuarterones de tabaco.

 


 
Esta es una de las piezas más singulares de nuestra colección, una petaca de cuarterón de finales del siglo XIX, la más grande de todas.


Pero la palabra petaca para la mayor parte de españoles significa:

 

3. f. Botella de bolsillo, ancha y plana, que sirve para llevar bebidas alcohólicas.

 

También recordamos que había pilas de petaca, linternas de petaca, o que en el internado se gastaba una broma, "hacer la petaca", poniendo la sábana encimera doblada por la mitad. Mejor dejamos que sea la RAE quien nos de todos los significados: 

 

petaca


1. f. Arca de cuero, o de madera o mimbres con cubierta de piel, a propósito para formar el tercio de la carga de una caballería. Se ha usado mucho en América.

 

2. f. Estuche de cuero, metal u otra materia adecuada, que sirve para llevar cigarros o tabaco picado.

Sin.:
  • cigarrera, pitillera, tabaquera.

3. f. Botella de bolsillo, ancha y plana, que sirve para llevar bebidas alcohólicas.

Sin.:
  • ánfora, carterita.

4. f. En los sistemas con micrófono inalámbrico, transmisor de pequeño tamaño que suele ir oculto en la ropa.

5. f. coloq. Esp. Broma que consiste en doblar por la mitad la sábana superior de la cama, de manera que, al meterse en ella, no es posible estirar las piernas. Les hicieron la petaca el día de su boda.

6. f. Méx. maleta (caja con asa para viajar).

Sin.:
  • maleta, valija.

7. f. pl. Méx. Caderas, nalgas.

 

Antigua petaca colonial en subasta

Cuero repujado. Siglo XVIII

 

 

Y claro, la RAE también explica el posible origen, apuntando la etimología de cada palabra, aunque, en este caso, nos hemos quedado atónitos:

 

PETACA: Del náhuatl petlacalli 'caja hecha de petate'.

 

Así que nos hemos visto obligados a traducir casi cada una de las palabras de esta etimología.

En primer lugar, la lengua náhuatl, de la que Google explica:

 

La lengua nahua o náhuatl, se encuentra considerada dentro del tronco lingüístico uto-azteca (también llamadas yuto-azteca o yuto-nahua), en el contexto histórico este idioma ha sido una de las más hablados; se tiene registro de su existencia desde el norte, hasta el sur de México.

 

¡O sea, que la palabra petaca viene de Méjico, de los aztecas, es alucinante!

 

Y ahora la palabra en cuestión, "petlacalli", que, en realidad, es la unión de dos palabras, la más común, calli, que significa, en azteca, casa o incluso caja.

Hemos encontrado una curiosidad fantástica. Calli es también un nombre propio de niña, y en una página que analiza la singularidad de los nombres, resulta que sí es usado en la actualidad.

 

 

Esta página puede resultar un divertido juego, sobre todo si buscamos nuestros nombres en Estados Unidos.

 

 

Y a continuación hemos buscado "petlatl", que en realidad es una planta conocida en Méjico como petate y cuyo nombre es Thrinax morrissi.

En realidad se parece muchísimo a la palma de este lado del Atlántico.



Petlatl en azteca, petate en mejicano, palma para nosotros



Y, de hecho, el petate tiene los mismos usos tradicionales que nuestra palma:


 

Asiento de silla fabricado con petate


Si buscamos en el Gran Diccionario Naualt, en este enlace,  encontramos lo siguiente:

 


O sea, que la palabra petlacalli como "caja o petaca de cañas" ya está documentada en 1571.


Así que, como conclusión, podemos decir que la palabra "petaca"tiene su origen en la lengua náhuatl, la lengua de los aztecas. Que significaba "caja hecha con palma" y que su uso se generalizó, significando más o menos "recipiente". Que la nuestra, nuestra petaca de cuero ubriqueña, se llamaba "de cuarterón", o sea, que era un "recipiente para guardar un cuarterón de tabaco".

La primera prueba documental que hemos encontrado con la palabra "petaca" ha sido en el archivo de Jerez, en 1858, aunque en 1857 ya ha petacas estampadas con firma y sello, y la primera vez que la hemos encontrado en prensa ha sido en el Heraldo de Madrid, el 14 de junio de 1905. (En este enlace).



 

 ADDENDA:

Cuando hacemos una entrada de este tipo, lo primero es ir a las páginas de los que conocen en profundidad el tema, y para nosotros, nadie mejor que nuestro amigo José María Gavira, nuestro amado padre, nuestra admirada María García Antuña o nuestro querido Bartolomé Pérez Sánchez de Medina. 

En este caso, y a pesar de la cantidad de investigaciones de primer nivel que han realizado todos, solo encontramos un estudio etimológico de la palabra petaca.

¡Pero qué estudio! Nos descubrimos ante la fantástica aportación de María García Antuña, no en vano es una gran filóloga y forma parte del mundo universitario.

 


"Ubrique de las petacas"

Por María García Antuña


María publicó, en 2016, su libro "Ubrique de las petacas. Una aproximación lingüística a los oficios de la piel", con la editorial Tréveris.

Hemos leído y consultado decenas de veces este libro, es casi "un libro de cabecera" para nosotros, y siempre nos causa una profunda admiración su trabajo y su manera de acercarse al mundo de Ubrique y la piel.

Pero nuestra memoria juega a veces "al esconder" (como se dice en ubriqueño) con nosotros, y no nos "acierta los frailes" (también ubriqueño puro) en muchas ocasiones.

Así que habíamos olvidado que María estudia la etimología de la palabra petaca en una decena de páginas de este libro. Comenzando con el náhualt y terminando con varios diccionarios de autoridades. 

Les recomendamos encarecidamente leer sus explicaciones. Nosotros nos hemos permitido escanear la primera página, seguros de que contamos con su consentimiento.

¡Gracias, María, por ser pionera!

Pero, ya terminando, si hoy hubiéramos comenzado por leer de nuevo su trabajo, no habríamos aprendido tanto con la palabra petaca, ni hubiéramos disfrutado jugando con los nombres de pila, ni nos habríamos hecho a la idea que, cuando los sudamericanos dicen petaca a los baúles y maletas, están diciendo lo mismo que nosotros: recipiente para guardar cosas, en su caso ropa y en el nuestro picadura de tabaco.


NOTA DEL 11 DE JULIO:

Nuestro amigo Félix Mateos Guillén ha tenido la gentileza de enviarnos la definición de petaca en el María Moliner, que adjuntamos.

Muchísimas gracias, Félix.

 



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miércoles, 2 de agosto de 2023

Aquel jarrillo de lata

 

Jarrillo de lata del Museo de la Piel

Gracias, Lola, por enviarnos la fotografía


Por Esperanza Cabello

 

Hace unas semanas compartíamos en Ubrique en el recuerdo una entrada antigua (en este enlace), dedicada al dicho "Eres más apañá que un jarrillo de lata".

Todos los mayores del pueblo recordamos aquellos jarrillos, y en más de una ocasión hemos llevado el café con el "pisto" a algún familiar a la fábrica. Los de mi generación solo conocimos el jarrillo de lata esmaltado, como este que nuestro amigo Juan Ramírez conserva

 


 

Pero pronto nos fueron llegando explicaciones sobre los auténticos y originarios jarrillos. Como estamos recordando en las últimas entradas, la época de la posguerra fue de privaciones y escasez, y los jarrillos de lata eran, fundamentalmente, una lata de conservas, casi siempre de leche condensada, a la que se le ponía un asa, imitando a  las jarras medievales. Como esta jarra tan antigua, remachada en caliente y soldada, con el asa de forja.

 

 

Jarra metálica con el asa de forja

¡Gracias, Manuel!

 

También, para los más pudientes, nos explicó Juan Ramírez que "Juanillo el Latero", en la calle Prim, hacía unas jarras de hojalata como esta que preside la entrada, y que no se oxidaba con tanta rapidez como las latas de conserva (no sabemos si quedará en algún lugar uno de esos humildes jarrillos de lata reciclada, pero nos encantaría saber que alguien lo ha conservado).

 

En Ubrique existe una gran tradición de maestros hojalateros, don Francisco Vallejo Canto, en este enlace, su hojalatería (en este enlace), incluso trabajos excelentes dignos de estar en un museo sevillano (en este enlace).

 

Como este de la foto que nos envió nuestra querida Lupe Quirós Sánchez de Medina


Así que la historia de nuestro jarrillo de lata es muy extensa, y la historia de los hojalateros de Ubrique digna de tener en cuenta, verdaderos artistas que nos suministraban todo tipo de material para el uso diario familiar e industrial, y que firmaban su trabajo, motivo de orgullo.

En el grupo Ubrique en el recuerdo, los comentarios sobre el jarrillo de lata han sido muy diversos:

 



Pues jarra metálica con asa de hierro forjado; jarra de hojalata con sello de autor; jarrillo de lata para uso corriente; lata de leche condensada con un asa por 0,50 pesetas o jarrillos de lata esmaltados que traía a Ubrique el suegro de Isabel Chacón de una empresa sevillana y que vendían en la ferretería de "Cristales" a partir de los años cincuenta, todos ellos forman parte de la historia de nuestro pueblo, de nuestras familias.

Y como tal, reunimos un día a la familia de jarrillos (en este enlace) para que quedara constancia de nuestra historia.

Gracias a todos por vuestra colaboración 💜💜 y vuestros recuerdos.

 


La familia de los jarrillos

El Amarguillo, enero de 2019

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