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domingo, 19 de septiembre de 2021

Volverán las oscuras golondrinas

 

Vuelven las golondrinas a un patio ubriqueño

 


Por Esperanza Cabello

Desde hace unos días el patio interior de nuestra casa luce de una forma más dulce y tierna, acaban de llegar, al final del verano y de la mano de mi querida madrina, mi tía María Remedios, unas preciosas golondrinas que han jalonado los recuerdos de toda una vida.

Ahora se quedarán conmigo para siempre, este regalo me ha conmovido muchísimo, y es que estas golondrinas tienen mucha historia, ya conté, cuando Marta Canto me regaló las golondrinas de Manises (en este enlace) que recordaba perfectamente las golondrinas del patio de mi abuela Julia.

 

Con mis padrinos y mis padres, en el patio de mis abuelos



Yo tuve la suerte de ser la primera niña entre todas las nietas, cuando nací ya habían nacido, en la familia paterna, mis primos Paco, Prudencio, José Manuel, Manuel Ángel y mis hermanos Francisco y Manolo, así que el nieto número siete (entonces no se sabía si el bebé sería niño o niña hasta el momento de nacer) era muy esperado y todos querían que fuera una niña.

Nací un domingo de marzo, justo a la hora de la misa matinal, y como mi padre era tan expresivo, tan extremoso y tan impaciente, fue a la iglesia a contarle a mi abuela Julia que había nacido una niña, todos los asistentes a la misa se enteraron en el mismo momento y todos lo felicitaron.

Y mi abuela Julia, al igual que mi abuela Natalia y mis tías, estaban muy contentas con la niña, tanto que de vez en cuando me "rifaban" para llevarme a casa de unas o de otras. A veces tita Ana María me recogía y me llevaba a la tienda, me recuerdo a mí misma sentada en el mostrador y a ellas dándome todos los mimos, como siempre tan zalameras.

 Yo siempre fui muy de mis abuelas, a las dos las admiré y las quise con locura, con una viví toda mi infancia, pero a casa de abuela Julia iba a diario.

Me encantaba su patio con tantas macetas, con tantos adornos, con aquellas pilistras tan hermosas, con los platos adornando la pared y los cacharros de metal sobre maceteros de madera, con las columnas de hierro y las tinajas de barro, así es como yo entiendo los patios. Y en aquel patio siempre hubo tres golondrinas.

 

En el patio de los abuelos en 1964, las golondrinas al fondo


Después, trás la muerte de abuela Julia en 1971, nuestro abuelo vendió aquella casa, y nunca supe dónde fueron a parar todos los objetos que la decoraban, poco a poco fui descubriendo, en casa de las tías, algunos de ellos: las pilistras y los juguetes de madera en lo de tita Julia, los cuadros de los bisabuelos argentinos en lo de tita Joaquina, los adornos de hierro y algunos cuadros en la casa de mis padres y en la de tito Pepe.

Pero aquellas golondrinas que tanto llamaban mi atención, se perdieron de mi vista durante un tiempo, hasta que volví a verlas cuando mis padrinos tuvieron un piso en Cádiz.



2004, Esperanza e Isabelita en la terraza de mi madrina, y las golondrinas acompañándolas


Del mismo modo que siempre fui mucho de mis abuelas, también me he sentido siempre muy cerca de mis tías, ellas han sido siempre muy especiales para mí, y por supuesto de mi madrina, la recuerdo desde siempre muy cerquita, ella era la chica, la más querida y protegida en a casa, y yo heredé ese cariño que todos le han tenido siempre y que ella derrocha a raudales para todos los que estamos cerca.

Cuando Marta Canto me regaló las golondrinas de Manises yo estaba muy contenta, y le conté a mi madrina que después de tantos años por fin había conseguido tener yo también en mi casa unas golondrinas.

 


2019 las golondrinas de Marta Canto

 

Y al contarle la historia de las golondrinas mi madrina me dijo que las golondrinas de abuela Julia también serían para mí, y que así volverían a estar en un patio ubriqueño, lleno de pilistras y coleos, con maceteros de madera, tinajas de barro y cacharros de metal.

Lo mejor de una herencia, es que la recibas cuando quien te la lega está vivito y coleando, y por eso estoy tan contenta de haber heredado estas golondrinas de la mano de mi madrina, porque sé que ella disfruta dándomelas tanto como yo recibiéndolas y colocándolas, con la ayuda de Eduardo, en el patio.

Entre las dos hemos cerrado un círculo, un círculo de tradiciones, de cariño y de recuerdos. Seguro que cuando mi familia lea esta entrada y vea las fotografías los recuerdos felices brotarán en cascada.

Ojalá alguien recordara también de dónde vinieron estas golondrinas a casa de abuela Julia, eran tres, y una se quedó en el camino.

Desde ahora las golondrinas de tita Reme, que han vuelto al final del verano a mi patio, se quedarán en Ubrique muchos años, y darán la bienvenida año tras año a las otras golondrinas, a las que de verdad vuelan y son tan importantes para nuestro mundo, y por eso escribo esta historia de recuerdos en femenino singular, por amor a mi abuela y a mi madrina, dos mujeres extraordinariamente hermosas a las que siempre tengo en mi corazón.💜💜💜

 


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Nota del día 21 de septiembre: Comentario de mi querido tío Pepe💜💜💜 (José María Cabello)

Qué maravilloso artículo, Esperanza. Las dos fuisteis privilegiadas, madrina y sobrina. Yo te recuerdo como la muñeca rubia de ojos de nácar, juguereando en la casa de Málaga o con tu infantil curiosidad repasando los libros de mi microbiblooteca en Algeciras. Tambien allí volteaban golondrinas haciendo curvas imposibles hasta posar en el balcón de Villa Palma. Siempre de paso. Símbolo de mi peregrinaje personal, como su invierno africano. Feliz en los años sesenta, en el hermoso patio de la casa, de familia. E igualmente feliz en los años setenta que conseguí mi libertad. Bss.



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sábado, 12 de octubre de 2019

Volverán las oscuras golondrinas... ¡aunque cambien de color!





Por Esperanza Cabello

Cuando buscas una casa en el casco antiguo de un pueblo, tienes mucho cuidado de comprobar que, efectivamente, hayan anidado las golondrinas en los aleros de sus tejados o en los patios o en culquier rincón de la terraza, porque, desde siempre, tener golondrinas en la casa es un augurio de buenísima suerte, sinónimo de hogar feliz, de que la fortuna acompañará a todos los miembros de la familia. Además todos sabemos, a estas alturas, el bien que estas aves hacen a nuestro entorno y lo necesarias que son para que sigamos existiendo.

Si has tenido esa suerte y tienes nidos de golondrinas en tu fachada, ¡enhorabuena!, solo tienes que colocar, al llegar a la primavera, una cajita debajo del nido para  que nada se manche y hacerles la vida agradable.
Cuando éramos pequeños sabíamos que, además, en las casas y patios se colocaban golondrinas de cerámica no solo para adornar, sino para gozar de esa buena suerte infinita que estos animalitos propocionan a las personas. En el patio de abuela Julia había unas preciosas golondrinas negras que aún recordamos perfectamente.
Hoy día seguimos siendo beneficiarios de esos nidos de golondrinas en el patio, lo que hace que nos sintamos afortunados, pero, por si fuera poco, nuestra amiga Marta nos ha traído un regalo original y lleno de buenos deseos: una familia de golondrinas de Manises absolutamente insólita, de un color muy personal y con un cariño que nos ha emocionado.
Nuestras golondrinas de Manises color lila son, sin lugar a dudas, una muestra de originalidad y buen hacer.
Gracias, Marta, por traer un poquito más de felicidad a nuestro hogar.
¡Bienvenidas, golondrinas!


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domingo, 21 de marzo de 2010

Hola, golondrinas

Las golondrinas se pasean entre los campanarios de Ubrique 
 (El campañario de la parroquia sin andamios)

 

 

Por Leandro Cabello

 

¡Hola Golondrinas!
 Todos los años por estas fechas tenemos en Ubrique unos visitantes que nunca nos fallan. Se trata de las golondrinas. Desde el momento en que llegan, después de un ligero descanso tras la migración, se ponen manos o picos a la obra y rápidamente se esmeran en arreglar los nidos que dejaron el año pasado y que los gorriones se encargan de estropearles durante el tiempo que están vacios. Ellas se las apañan muy bien pero el otro día vi un detalle que habían tenido unos colegas electricistas para facilitarles la vida a estas visitantes primaverales. Aunque realmente estas golondrinas son ubriqueñas porque nacen aquí.
 
 
Los electricistas fueron cuidadosos con los nidos
 
 
Se ve que los electricistas respetaron los nidos adosados y el nido aislado será del hijo que no se ha querido separar mucho de los padres. Mientras escribo esto estoy recordando que cuando chicos nos contaban que una del las campanas de la iglesia de la O, que están terminando de restaurar, se llamaba " La Golondrina" me imagino que por lo de: GOLON-drina, total no sé, lo cierto es que el campanario es uno de los sitios preferidos para hacer sus nidos. El año pasado fotografié a una familia de golondrinas ubriqueñas que habían nacido en el callejón techado. Me llamó mucho la atención el nido, era entrañable ver a toda la familia. Lo más curioso es que aunque el nido está casi al alcance de la mano y en una calle por la que pasa mucha gente salieron adelante. 
 
 
 
Nido de golondrinas al completo en la calle "Techada" 
Foto: Leandro Cabello 2009 .