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miércoles, 12 de agosto de 2020

Ubrique is different, por Ángel Bohórquez Jiménez

Ubrique hace cincuenta años: el Jardín del Jesús


De nuevo tenemos la oportunidad de rescatar un artículo sobre Ubrique. Esta mañana nuestro amigo Antonio Bohórquez nos ha enviado un escrito de su hermano Ángel sobre nuestro pueblo.
Ángel y Antonio pertenecen a ese gran grupo de ubriqueños (de nacimiento o de adopción) que mantiene preciosos recuerdos de su infancia y de su familia en Ubrique.
Este artículo fue además publicado en el ABC de Sevilla en 1970, de cuya hemeroteca hemos capturado la imagen siguiente.
 
Agradecemos a ambos la deferencia que han tenido con nosotros y ahora nos disponemos a saber por qué "Ubrique is different".








UBRIQUE IS DIFFERENT
POR ÁNGEL BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ

Sí, señores, a pesar de lo conocida de la frase, no queda mejor un calificativo para esta colmena trabajadora (que me perdone el señor Domínguez Lobato por la modificación del título de su magnífico artículo), y digo que es diferente porque, desde el ángulo que se le mire es así: sencillamente diferente.
 Es tan diferente de tantos y tantos pueblos de nuestra luminosa Andalucía y de nuestra diferente España que, como muestra de ello, bien basta este sencillo razonamiento: En esta época en que los pueblos tienden a disminuir su población en beneficio de las capitales, ¿cómo es que un pueblo de por allá de los confines de la provincia de Cádiz ve cada día aumentada su población con caudales humanos aportados por las villas limítrofes? Pues, sencillamente, y permítanme repetirme, porque Ubrique es diferente.
Tan diferente que es un pueblo que se basta por sí mismo, quizás el único de España, y esto me lo hace afirmar nuestra TVE, que hace algún tiempo comenzó una serie que se titulaba “Pueblos que se bastan por sí solos” y el primero fue Ubrique. Luego... nadie.
¿Qué tiene Ubrique para ser así? Sencillamente su enorme capacidad de iniciativa y el haber sabido aunar la técnica y la artesanía. Porque, ante todo, es artesano, pero debido a las corrientes actuales de la industria, se ha visto en el dilema de o seguir fieles a su tradicional forma de trabajar la piel, o morir a manos de la mecanización, y como buenos filósofos, que los hay y muchos, siguieron las enseñanzas de Aristóteles y escogieron ese difícil término medio de la artesanía mecanizada, y gracias a este acierto, que indudablemente lo es, su marroquinería es hoy exhibida en las cinco partes del mundo.

La callejuela de la Cárcel hace cincuenta años

 En este Ubrique de hoy la máquina se ha tenido que conformar con ser un auxiliar del hombre, ayudándole simplemente en el desarrollo de sus ideas, de las que es fiel reflejo la Exposición de Iniciativas Artesanas, que este año por segunda vez consecutiva ha organizado la Asociación Juvenil Católica, que viene a reflejar que la juventud ubriqueña sigue fielmente los pasos que le marcan sus mayores y la tradición marroquinera de su tierra.
También debe el ser diferente a que sus hombres lo son, y un pueblo siempre será lo que sus hombres quieran que sea. El ubriqueño, por lo general, es tan diferente del personal de otras latitudes, que mientras aquéllos trabajan para vivir, ellos viven para trabajar. Ubrique, durante toda la semana, es una gran orquesta que interpreta una sinfonía, que daría en llamar la “sinfonía marroquinera”, dirigida por un director invisible, que es su propia inspiración, que exige a sus maestros la más perfecta ejecución de la pieza.
Por la mañana los profesores, pues no son menos, se dirigen hacia el escenario, preparados por siglos de ensayos, a ejecutar la mejor pieza dé su repertorio: su “Sinfonía en Marroquinería Mayor”. Al toque de sirena, que es el movimiento de esa batuta imaginaria manejada por ese imaginario director, comienza el concierto, y todo el mundo guarda silencio. Las sierras parecen inclinarse para oír mejor la música y admirar en supremo éxtasis al solista, la pata de cabra, que, en su diario quehacer, eleva sus sonoras notas hasta lo más alto de las cumbres, y desde allí inundar al mundo con sus productos, que son las imaginarias notas de ese maravilloso concierto. 


Fachada de San Juan de Letrán

Y me preguntarán ustedes el porqué de la fama que goza Ubrique en el mundo, y yo les contestaré que, aparte de su magistral forma de trabajar las pieles, por esa formidable capacidad de iniciativa de que antes les hablaba, y creo que bastará para hacerles comprender la razón de mi asentimiento la anécdota que les referiré a continuación, y que creo les servirá de botón de muestra de esa formidable capacidad que ha llevado a este m pueblo a la cumbre de su fama.
La anécdota a que antes me refería sucedió entre dos ubriqueños, uno por vocación y otro de nacimiento, que profesionalmente nada tienen que ver con la marroquinería; el segundo de ellos dijo que “a todos los turistas que cruzan nuestras fronteras les debían exigir un carnet, y que ellos, los ubriqueños, va se encargarían de venderles los portacarnets”. Esto me parece un buen exponente del porqué de la fama que goza Ubrique y sus no menos famosas y legendarias petacas y de ese espíritu que hace de los ubriqueños unos trabajadores excepcionales y fuera de serie, que con el paso del tiempo, y pese a la necesaria, pero reducida, mecanización, han conseguido con el tiempo elevar a rango de arte el difícil trabajo de la piel.
Y es más, su iniciativa no abarca solo el campo del artículo de piel, pues existen muchos más detalles que certifican esta virtud, y de los cuales sólo me permitiré enumerar algunos de ellos, pues el hacerlo con todos sería trabajo algo menos que inagotable. De alguno de estos hechos he sido testigo presencial, y otros han llegado hasta mí por mediación de mis mayores. Ubrique, en el año 1912, contaba ya con una compañía de producción eléctrica, con personal y capital totalmente ubriqueños; vean que por esas fechas aún había capitales españolas sin este, hoy día, necesario servicio. 


Ubrique. Campo de fútbol de San Sebastián

Durante nuestra Guerra Civil, Ubrique poseyó una fábrica de fideos y pastas alimenticias, que era de las pocas que funcionaban en nuestro territorio.
Cuando las comunicaciones eran algo menos que nulas, se fabricaron sus propias navajas, que llegaron a tener una alta cotización. Estos son algunos de los detalles no vividos por mí, pero que por eso no dejan de ser menos ciertos. Entre los actuales, y de estos sí que he sido testigo, son la instalación de un poste repetidor de TV pues, dada su situación geográfica, la sierra le hacía pantalla y no se conseguía ver la imagen con nitidez. Solución: instalar el referido poste con aportación de los vecinos con aparatos receptores, que la gran mayoría posee.
También existe en Ubrique una fábrica de montaje de televisores. Después de leer todo esto quizás ustedes lleguen a la misma conclusión que yo: que Ubrique es marroquinero un poco por casualidad, ya que si se hubiese propuesto ser otra cosa no hubiera dejado de gozar del prestigio de que gozan sus productos, cualquiera que hubiese sido su actividad.
Por todo esto y por mucho más, para mí y para muchos, Ubrique is different. 

                             ÁNGEL BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ

Artículo publicado en ABC el 10 de septiembre de 1970.



miércoles, 5 de agosto de 2020

Tan solo Ubrique, por Ángel Bohórquez Jiménez



Por Esperanza Cabello
 
Hace casi cincuenta años un joven de ascendencia ubriqueña, Ángel Bohórquez Jiménez, escribió un artículo sobre Ubrique que más tarde fue publicado en el diario ABC.
Ángel era, al igual que sus hermanos, un habitual de Ubrique en los veranos de su infancia. Venían a visitar a sus tíos abuelos Serafín y Beatriz, que vivían en la calle del Perdón, y recorrían todos los rincones de aquel pueblo tranquilo y acogedor. Su padre era un enamorado de nuestro pueblo y contaba a sus hijos todas las historias que había oído de boca de sus abuelos.
Al publicar su artículo: "Tan solo Ubrique", Ángel utilizó un seudónimo, "Bebio Dencio", el nombre del primer "ubriqueño conocido", hemos tenido la doble suerte de que nuestro amigo Juan Ramírez conocía el nombre auténtico del autor y que se trata  del hermano de nuestro amigo Antonio Bohórquez, que nos ha puesto en contacto con Ángel dándonos la autorización pertinente para publicar su artículo, que transcribimos a continuación. Muchas gracias a todos,

Hemeroteca ABC 25 de agosto de 1972
ABC VIERNES 25 DE AGOSTO DE 1972. 
EDICIÓN DE ANDALUCÍA. 


“Tan solo Ubrique”

Por Ángel Bohórquez Jiménez

Son las cinco de la mañana de un lunes de un año cualquiera. El despertador suena, perezosamente me levanto y comienzo a vestirme. Termino de hacer la maleta y pausadamente desciendo por la calle Perdón hacia Los Callejones para tomar el autobús que me traerá a Sevilla. Mientras, maquinalmente, voy descendiendo y voy mirando las piedras de las calles que me van recordando las veces que sobre ellas he pasado y los recuerdos de días en que ellas fueron mudos testigos de mis correrías. Me cruzo con una persona que me da los buenos días, y su temprano saludo me hace levantar la vista y abandonar el sueño que comenzaba.

Al ver a ese Ubrique silencioso y casi despierto empecé a imaginarlo cuando apenas empezaba a esbozar lo que hoy es. Lo vi tan blanco como ahora y reclinado en el regazo de su madre, la Sierra, y cuidado en su sueño por esas tres amorosas amas de las cruces que coronan los picos que lo circundan. Lo imaginé cuando no llegaba más allá del río y cuando la Casita Sola era lo último de él en el camino de Cortes. Imaginé a sus gentes trabajando en familia, en lo que ellos mejor saben hacer, la marroquinería, y ganándose a pulso y en silencio el prestigio de que hoy gozan. 



De nuevo alguien vuelve a darme los buenos días y vuelvo a despertar y, sin saber cómo me encuentro en el autobús. Arranca y me quedo mirando a Ubrique hasta que en Las Cumbres le digo adiós, hasta luego, y ya solo me queda mi imaginación. Como el camino es largo me quedo dormido y ante mi va pasando como una película la parte de mi vida que está ligada a él.

Empecé recordando a mi abuelo, que fue él el primero que me habló de Ubrique con todo el amor y devoción que sentía por su pueblo y que poco a poco fue calando en mí. Por él fue por quien antes de que tuviera conocimiento tomé contacto con esa tierra. Un bache, me desvelo y cuando vuelvo a dormirme me doy cuenta que mis recuerdos también han saltado y me veo navegando por los primeros recuerdos propios, rodeado de mi familia y de un amigo: Luis Femando. Él fue mi primer gran amigo y la segunda persona que me hizo conocer y querer a esa tierra.

Fuimos creciendo y a la par descubriendo en nuestros juegos calles, plazas, sitios y lugares en los que jugar y dar rienda suelta a nuestras inagotables energías de niños. Nuestro sitio preferido era la huerta de mi familia, de la que apenas salíamos y de la que éramos el terror. Después se fueron uniendo Gonzalo, Álvaro y algunos otros y también se amplió nuestro campo de acción y entonces empecé a conocer la sierra, a escudriñar sus cuevas y a canchear por ella. Recorríamos todos los lugares desde el Salto de la Mora hasta la cueva del Acebuchal, desde la Cruz del Tajo hasta el Parapeto. Nos gustaba visitar la cueva del Chiriguai y escucharle “Los siete perritos” acompañado de su acordeón, nos encantaba bajar a la cueva del Tío Pepito y trepar hasta lo alto del Caldereto para luego bajar corriendo por los caminos hasta el Algarrobal, como locos suicidas por aquellos estrechos senderos.

 También recordé las batallas campales a pedradas con los de Benaocaz en la Cabeza del Toro y las riñas de mi madre cuando volvía, de la arenita de la ladera del Benalfí, con los pantalones rotos y algún que otro chichón. Recordé con íntima satisfacción lo a gusto que me encontraba con todos ellos cuando jugábamos al marro en la plaza o a los toros en la puerta de la plaza de abastos, sirviéndonos el Callejón del Pescado como toriles, o el enfado con que aceptaba salir por las tardes todo limpito con la niñera a pasear por Los Callejones, que por entonces eran huertas lo que los rodeaban. El chalet del médico Reguera se erigía sólo entre el verde de las lechugas y del maíz.

Por entonces no me importaba a mí nada que hubiesen existido los Rivero, Vallejo, León, Santamaría y otros, que hicieron del arte de la marroquinería el vehículo para la expansión del pueblo y el motivo de su legítima fama; para mí Ubrique era libertad sin límites y el lugar con que soñaba durante todo el año.

 Fui creciendo y con ello vino mi alejamiento de esa tierra, pues ya los veranos no eran, para mí, tiempo de jugar, sino de recuperar lo que durante el curso había perdido y sólo me quedaba el fugaz contacto del día de la Virgen, día en el que nunca he faltado, y cuando llegaba corría a reunirme con los amigos y recorrer las calles en la procesión con el aire de suficiencia de todos aquellos que por bigote tienen una pelusilla y aún llevan pantalones cortos. Para mí aquellos contactos eran lo mejor que me ocurría en el año, pues me apartaban de la cotidiana obsesión de los libros. Con el tiempo volví a encontrarme con gentes de Ubrique en el colegio, y el ser precisamente de allí me hizo congeniar con ellos y gracias a uno de éstos volví a encontrarme con Ubrique, y desde entonces me siento muy ligado a él por lazos muy distintos a los de antes, pero que no quitan para que siga queriéndolo y admirándolo cada vez más a pesar que el de ahora no es el mismo de antes, aunque sigue conservando sus características esenciales de siempre.

En este preciso momento siento una mano que me sacude y al abrir los ojos veo que el viaje ha terminado y tengo que volver a la realidad del presente, aunque me hubiese gustado seguir con el sueño del pasado. Efectivamente, el Ubrique que yo conocí ha crecido y cambiado mucho, más que lo ha hecho mi persona y ahora me asombro ante el Ubrique que mis ojos contemplan. El Ubrique de hoy sigue siendo marroquinero, porque ese es su destino y su grandeza. Cómo iban a imaginar aquellos que introdujeron este arte en esa tierra, que con el transcurso de los años sus descendientes, sin dejar de lado el arte, hayan montado una industria que lleva el nombre de la tierra que los cubre por los cinco continentes. Sí, porque tanto el poderoso dólar como gran cantidad de joyas reposan en el seno de una billetera o de un hermoso joyero de Ubrique. Porque tanto en Londres, como en Johannesburgo y Tokio, los documentos descansan en portafolios ubriqueños. Porque, tanto los hijos del tío Sam, como los beduinos enriquecidos por el petróleo, tanto el rubio nórdico como el moreno africano, guardan su tabaco en un producto de esa tierra.

Pero no sólo los introductores de este arte, sino los ya mencionados Rivero, Vallejo, etc. se asombrarían de hasta dónde ha llegado lo que ellos sembraron y éstos promocionaron. Porque esta expansión no es debida al azar ni a la ayuda por parte de nadie, sino al tesón y al espíritu inquieto de los que ayer, hoy y mañana fueron, son y serán marineros en esa nave que es Ubrique. Un espíritu emprendedor y aventurero que ha llevado a tener una cruz grabada con un nombre ubriqueño allá en el lejano Dien Bien Phu[1], a un jerarca de la Iglesia hispanoamericana nacido a la sombra del San Antonio o a que se celebrase una boda en Reikiavik en la que sonaron nombres ubriqueños. 



Y bajando a escala nacional podría asegurarse que pocas ciudades españolas no tienen en estos momentos a un hombre cargado de maletas llenando los comercios con productos de su tierra, la fruta del árbol de su trabajo. Al llegar a este punto me pongo a divagar sobre el cartelillo que llevan muchos coches ubriqueños pegado en su parte trasera, y que dice: “Ubrique: pueblo blanco, serrano y turístico. Cuna del artículo de piel”. Pues bien, me tendrán que perdonar que no esté de acuerdo con él. No estoy de acuerdo, porque no se puede estar acorde con algo que no corresponde a una realidad, palpable y comprobada. Me refiero a lo de turístico ya que ni por asomo lo es. Turístico presupone poseer unas características que atraigan, y precisamente el trabajo y la laboriosidad no son cosas que atraigan al ser humano, que lo que busca es el ocio y el descanso y Ubrique es, ante todo, trabajo. Además, si ser turístico significa el recibir a unas cuantas personas de vez en cuando, cualquier aldea, por pequeña que sea  lo es con mayor motivo que Ubrique. Ubrique es turista y no turístico, porque es él el que sale y no el que recibe, y también me parece inexacto el apropiarse de la paternidad de la manufacturación de la piel, pues es bastante problemático el saber donde empezó a trabajarse la piel. Yo diría que Ubrique, más que creador del artículo de piel es el que lo ha impulsado a ocupar el rango que posee. Y yo me preguntó: ¿Quién tiene mayor mérito, el primer hombre al que se le ocurrió moldear sobre el barro o un Miguel Ángel o Leonardo, que elevaron la escultura a la más sublime expresión del genio? Sinceramente, para mí los segundos y Ubrique es el “Miguel Ángel” del trabajo de la piel.

 Por eso yo propondría que el referido cartelito solo llevara inscrito: “Ubrique”,  porque no necesita adjetivaciones aquello que de por sí expresa toda la grandeza que humanamente se puede conseguir.

Con respecto a lo de blanco y serrano no lo puedo discutir, pero es innecesario, puesto que el solo nombre de Ubrique evoca el blanco de su limpia trayectoria y el olor a retama y lentisco de su tierra.

Así, por siempre y para siempre para mí Ubrique es tan solo Ubrique.

BEBIO DENCIO “TAN SOLO UBRIQUE”




[1] Ciudad de Vietnam. Batalla que significó el final de la Guerra de Indochina contra Francia.




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miércoles, 25 de marzo de 2020

Cándido, sobrino de Cecilia Vecina Rodríguez







Nuestro amigo Antonio Bohórquez ha publicado en "Ubrique en el recuerdo" una simpática fotografía de un señor joven llamado Cándido. Fotografía realizada en Cuba, en la Galería Fotográfica Dufart Mañán, en la calle O'Reilly de La Habana (en este enlace).
En el reverso podemos leer:
"Recuerdo á mi queridídima tía Cecilia de su sobrino Cándido" .
Publicamos a continuación las explicaciones de Antonio sobre su familia y las conjeturas sobre Cándido:





Por Antonio Bohórquez Jiménez

Revisando y organizando las fotografías que me han llegado de mis mayores, ahora que tenemos mucho tiempo que ocupar, me encuentro con esta, bien conservada y hecha en La Habana en el estudio fotográfico Dufart y Mañán, en la avenida O´Reilly, creo que a finales del XIX o principios del XX. Al dorso figura la dedicatoria: "Recuerdo a mi queridísima tía Cecilia, de su sobrino Cándido".
Está claro que se trata de Cecilia Vecina Rodríguez (CVR), casada y sin descendencia con Miguel T. Bohórquez Clavijo. Pero ¿ quien es éste, su sobrino Cándido ?

Cecilia Vecina Rodríguez era hija de Serafín Vecina Poley y Beatriz Rodríguez Barea. Según M. Zaldívar ("Malteses en Ubrique. Los Carabot, los Misut y los Vecina"), fueron sus hermanos :

Buenaventura, casado con Ana J. Rodríguez Chacón. Ninguno de sus hijos consta que se llamara Cándido.

Elisa, casada con Francisco Bohórquez Clavijo, bisabuelos míos y de mis primos ubriqueños, los Bohórquez Gutierrez, Bohórquez González y Luengo Bohorquez. Tampoco tuvieron hijo llamado Cándido.

Ricardo, que murió soltero.

Emilia, casada con Juan Coveñas. Solo se que tuvieron una hija, Beatriz, a la que conocí de pequeño en casa de mis tios.

Angeles, casada con José Janeiro Córdoba, desconociendo si tuvieron hijos y sus nombres.

Serafín, casado con María Pérez Mancilla, no constando el nombre de sus hijos, si los tuvieron.

Hace años, Robustiano del Canto publicó un trabajo, "Sobre el origen y evolución de las Petacas en las que, recuerdo decía que una de las hijas estaba casada con un sombrerero llamado Nieto, de cuya hija, Beatriz, Elena Lobatón subió recientemente una foto y a la que también conocí de pequeño.

En caso de que fuera sobrino de su marido, no figura ningún Cándido ni entre los Ayala Bohórquez ni, como hemos dicho, Bohórquez Vecina. Según Juan Lozano Lobatón, otro hermano, Modesto Bohórquez Clavijo, ingresó en la Real Compañía de Guardias Marina. ¿Sería éste Cándido hijo suyo? 


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viernes, 17 de enero de 2020

Francisco Bohórquez Salcedo en Los Callejones de Ubrique

Rufina Ayala y Francisco Bohórquez Salcedo en Los Callejones
Fotografía gentileza de Juan Luis Solano Lobatón



Por Esperanza Cabello

Muchas veces nos damos cuenta de lo realmente pequeño que es el mundo y del montón de vueltas que pueden dar las fotografías hasta llegar a nuestras manos y darnos cuenta de una gran coincidencia.
Hace siete u ocho años, nuestro amigo Juan Luis Solano Lobatón nos envió mucha documentación y fotografías de su familia, con sus datos hizo José María una entrada que también está en este blog (en este enlace).
Entre las fotografías había una preciosa de su abuela  Rufina Ayala cuando era niña, preciosa, montada a caballo con su primo Francisco Bohórquez Salcedo.

En aquella época hicimos la entrada y más tarde nos "olvidamos de las fotos".

Hace un par de años, nuestro amigo Antonio Bohórquez Jiménez compartió en el grupo "Ubrique en el recuerdo" la siguiente fotografía:






Francisco Bohórquez Salcedo en Los Callejones, 1932-33
Fotografía gentileza de Antonio Bohórquez Jiménez.



Esta semana hemos estado revisando las fotos de Juan Luis porque recordábamos que había una fotografía muy parecida a la postal de sus abuelos y en los pie de fotos hemos leído "Rufina Ayala con su primo Francisco Bohórquez Salcedo",  ya habíamos oído ese apellido antes,y recordábamos la fotografía de nuestro amigo Antonio en Los Callejones.
Así que hemos buscado las dos fotos  y aquí están. Un niño ubriqueño de principios de siglo montado a caballo con su prima y con un gran sombrero de Ubrique y el mismo niño, convertido ya en muchacho  andando con su bicicleta en la misma calle del pueblo, en Los Callejones.
Imaginamos que sus padres o él mismo sí que habrían visto estas fotografías, pero ¿cuántas posibilidades había de que ambas fotografías terminaran juntas en el blog de una Ubriqueña casi un siglo más tarde, después de haber estado, sin saberlo, más de dos años en el mismo ordenador?
Y lo más curioso, Juan Luis y Antonio, los actuales propietarios de las fotografías, pertenecen, muy lejanamente, a la misma familia (por sus tatarabuelos, pensamos) y sin conocerse nos han enviado fotografías de la misma persona en el mismo lugar en años diferentes y con "medios de locomoción" también diferentes.

Lo que decíamos: "El mundo es un pañuelo..."














sábado, 21 de enero de 2017

La partida de nacimiento de Sebastiana Bohórquez Gómez, 1851

Partida literal de nacimiento de Sebastiana Bohórquez    
Archivo Histórico Provincial de Cádiz   



Por Esperanza Cabello      

Ayer hablábamos de Sebastiana Bohórquez Gómez, la ubriqueña que fue, junto con otra chica, la primera mujer que ingresó en un instituto en la provincia para estudiar bachillerato, concretamente en el Instituto Columela, de Cádiz.
Entre los documentos que nos proporcionó el Archivo Provincial de Cádiz se incluye, además, una Partida Literal de Bautismo hecha en 1872, para poder ingresar en el Columela. En realidad Sebastiana había nacido el 10 de agosto de 1951 tal como consta en el Libro de Bautismos.



Partida de nacimiento de Sebastiana Bohórquez Gómez, 1851



Curato de Ubrique. Nº 0612685. Sello 119. Año 1873. 0,50 céntimos de peseta



Don Cándido Reguera y Arroyal, Presbítero Licenciado en Sagrada Teología, Cura de la Parroquial de Nuestra Señora de la O de esta Villa de 


Certifico: que en el libro 43 de Bautismos folio 20 vuelto se halla la siguiente partida:


En la Villa de Ubrique, correspondiente á la Provincia de Cádiz y al Obispado de Málaga en once de Agosto de mil ochocientos cincuenta y uno: Yo, don Francisco Carrasco y Carrasco, Presbítero de Licentia Parochi,  bauticé solemnemente a Sebastiana María de San Lorenzo, hija legítima de Pedro Bohórquez y Juana Gómez; sus abuelos paternos don Cristóbal Bohórquez y doña Sebastiana Piñero y los maternos Francisco Gómez y Marina Tocón, todos naturales y vecinos de esta villa: declaró su padre no tener otra hija de estos nombres y que nació ayer á las dos y media de la tarde en a Plazuela de Zamora, fue su madrina María Piñero Carrasco, soltera, á quien advertí el parentesco espiritual y obligaciones que por él contraen, siendo testigos don José Medinilla y Fernando Carrasco, de esta vecindad. 

De que doy fe= Juan Romero Gil = Francisco Carrasco y Carrasco.-

Es copia literal de su citado original á que me remito. Ubrique, tres de Junio de mil ochocientos setenta y tres=


Licenciado Candido Reguera 
(gratis)



Nota del 22 de enero: Nuestra prima Mercedes Romero Janeiro, sobrina bisnieta de Sebastiana, nos ha enviado una fotografía de su tía. Muchas gracias, Mercedes.

Sebastiana Bohórquez Gómez
Gentieza de Mercedes Romero Janeiro

En el cementerio de San Bartolomé de Ubrique existe la tumba familiar de los Bohórquez Gómez en la que conta  que Sebastiana Bohórquez murió el 28 de agosto de 1931.
 
 

 

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