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jueves, 25 de junio de 2026

¡Niñas, ponéos para la foto! El Cañajoso, 1967

 


Por Esperanza Cabello


Un recuerdo familiar. Era 1967, y habíamos ido al Cañajoso, el campo de nuestros tíos Bartolo y María de los Ángeles, a pasar el domingo.

Los Janeiro siempre hemos sido muy familieros, y nos reuníamos con facilidad todos, o por grupitos, en domingos o festivos, a hacer un arroz o a comer tortas, o churros, o lo que cuadrara.

Las dos primas mayores, Mari Carmen y Esperanza, se afanaban por hacer un grupito para la fotografía, no era muy normal tener a la mano una cámara de fotos y testimoniar la vida diaria. 

Para formar el grupito, Esperanza había cogido en brazos a su hermana pequeña, Natalia, y le decía a su prima Reme, con el ppie, que se adelantara un poco, mientras, María José no quería fotos y salía corriendo sin que Mari Carmen pudiera sujetarla y Maritina, protegida detrás de Esperanza, miraba la escena como si ni fuera con ella. Y es que, seguramente, el fotógrafo era su padre, nuestro tío Antonio Sanz, siempre pendiente de los pequeños y grandes detalles.

Por la derecha se ve corriendo a Francisco, que seguramente iba jugando con los demás primos, y detrás están los coches familiares, el Citroen de nuestro padre y los Seiscientos de los tíos. 

Y, como detalle final, la puerta del Cañajoso abierta, invitando a los mayores a estar dentro con sus charlas, mientras la rueda del pozo seguía tranquila, esperando su turno.

Recuerdo de familias unidas, de familias felices, de familias de otro tiempo en los que los domingos camperos eran todo un evento.

Besos a las primas 💜💜💜 

miércoles, 28 de abril de 2021

28 de abril ¡Qué día tan bonito para nacer!

 

 

Esperanza Izquierdo Fernández

Fotografiada por Francisco García Parra



Por Esperanza Cabello

 

Hoy es 28 de abril, un precioso día de primavera para nacer. Eso debió de pensar nuestra madre hace ochenta y nueve años, y hoy sería su cumpleaños si siguiera con nosotros.

Hace unos días, hablando con una amiga, comentábamos que habíamos salido muy "madreros" los cinco hermanos Cabello Izquierdo. Cuando hace más de veinte años murió nuestro padre fue un mazazo absoluto, y nos afectó a todos tanto que nos costó mucho volver a retomar nuestras vidas, más para nuestra madre, claro, para la que nunca volvió a ser lo mismo.

Pero en los años siguientes nuestra madre se convirtió en nuestra guía, en nuestro refugio, en nuestro punto fuerte, y los cinco nos convertimos en "incondicionales" de nuestra madre, más cuando poco a poco fue apagándose. Entonces resultó como si algo muy nuestro se hubiera ido para siempre con ella.

Y así sigue siendo, no hay día que no la echemos de menos, que no nos encomendemos a su recuerdo, que no hagamos una comida o leamos algún libro como ella, y, como tanto nos habían advertido, nos veamos haciendo las cosas como ella.

Abuela Esperanza, ese era su último "título", la mejor hija, la mejor compañera, la mejor madre y, finalmente, la mejor abuela. Nosotros estamos esperando la llegada de nuestra primera nieta y solo quisiéramos poder ser para nuestros nietos lo que abuela Esperanza fue para todos.

Muchísimas felicidades, mamá, muchísimas felicidades, preciosos 89 abriles, siempre en nuestros corazones, siempre en nuestro recuerdo, siempre en nuestras vidas💜💜💜💜💜💜


domingo, 24 de noviembre de 2019

María Remedios y Esperanza Izquierdo




Por Esperanza Cabello

No puede haber mayor alegría, en estos días de orden en los archivos, que encontrar recuerdos familiares felices y amables, y entre ellos ha destacado hoy, por méritos propios, esta fotografía de nuestra madre y nuestra tía María Remedios durante una celebración familiar.
Las dos guapas y contentas, satisfechas de estar con su familia y felices de ver a hijos y nietos juntos y a su alrededor.
Tiempos felices que nos hacen recordar esos miles de momentos vividos con ellas y con nuestra tía Carmen, momentos de risas, de inventos, de familia, de "vámonos a comer al Calancha",  de jornadas de campo familiar, de guisoteos, de gañotes, de coger aceitunas, de hacer carne de membrillo, de jugar con las nietas.
Hemos sido muy afortunados de haber tenido a estas madres tan maravillosas, a estas mujeres fuertes, luchadoras y sabias; y verlas así es una maravillosa caricia del recuerdo. 
Así las recordamos 💜💜💜.



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sábado, 13 de abril de 2019

Esperanza Izquierdo Fernández

Esperanza Izquierdo Fernández. Años cuarenta




Por Esperanza Cabello 


Dentro de poco será el día del cumpleaños de nuestra madre, había nacido el 28 de abril de 1932 en la calle Real de Ubrique, segunda hija del matrimonio de Leandro Izquierdo Rivera y Natalia Fernández Piñero.
Y hoy hemos encontrado esta preciosa foto en los entresijos de nuestro propio ordenador y nos hemos quedado embelesados.
Qué muchacha más guapísima, no nos extraña en absoluto que nuestro padre estuviera "embobaíto" con ella. Era una chica alegre, piadosa, cariñosa, guapa, inteligente y humilde.
Ahora, que hace casi tres años que no está con nosotros,  comenzamos a atrevernos a mirar hacia atrás, a olvidar los terribles momentos de su despedida, la sinrazón de los hombres de iglesia que la dejaron abandonada a su suerte, la incontrolable tristeza de pensar que se fue.
Y nos da mucha alegría ver, por ejemplo, esta fotografía.
¡Cuántas esperanzas, cuántas ilusiones, cuántas sonrisas en un momento!
Solo podemos sentirnos agradecidos por haber tenido una madre como ella, y marcarnos, como meta en la vida, ser una milésima parte de la maravillosa persona que fue.
¡Siempre en nuestros corazones, mamá!


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viernes, 31 de agosto de 2018

En la feria de Ubrique, 1949

En la feria de Ubrique 1949


Por Esperanza Cabello

Se aproximan los días grandes de nuestro pueblo, este año la feria se celebrará del doce al quince de septiembre, y ya están acondicionando la plaza de Las Palmeras para las casetas. Hace mucho (quince años al menos) que la feria dejó de celebrarse en fecha fija, del catorce al diecisiete de septiembre, para adaptarse a un fin de semana.
Hemos recuperado esta fotografía de 1949 con un montón de jovencitas vestidas de flamenca; de izquierda a derecha María Sánchez, Esperanza Izquierdo, Manola Moreno, Emilia González, Nati Muñoz y su hermana Isabel. Creemos que están en la calle del Agua, porque en la época el real de la feria era el centro del pueblo.
Nos llaman la atención terriblemente los vestidos, todos confeccionados a mano en las casas, por las costureras o las modistas (que de las dos había), el de nuestra madre seguramente fue hecho por Dolores Esteban y nuestra abuela Natalia, que eran dos fantásticas costureras. Los siete vestidos son diferentes, es una lástima que no se aprecien los colores, pero al mismo tiempo todos son de lunares, todos largos, todos con volantes y los abalorios de las chicas todos similares.


 Cartel de feria de Ubrique 2018
Henar Bayón Fernández



Han cambiado mucho las cosas en estos setenta años, ahora la feria se anuncia con un precioso cartel, este año ha sido premiado el presentado por nuestra antigua alumna Henar Bayón Fernández ¡Enhorabuena!, titulado "En un lugar de la Sierra".
Las chicas, y también las mayores, se siguen vistiendo de flamenca, con trajes de todo tipo con diseños diferentes y muy conseguidos, la feria se celebra en las afueras, en la plaza de Las Palmeras, ya no hay farolillos en el casco antiguo, y las cunitas, los patitos y el voitoma han sido sustituidos por la noria, el pulpo y los coches de choque.
Pero la feria sigue siendo la fiesta ubriqueña más señalada. Todo Ubrique se prepara para el día de la Patrona primero y la feria después.
Así que vamos a ir preparando los trajes de faralaes, los mantones y las flores, que la fiesta continúa.


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martes, 15 de mayo de 2018

La familia Janeiro de Estepona

Familia Janeiro de Estepona, con don Miguel Jerez Marmolejo y Teresa Janeiro Córdoba, hermana de nuestro bisabuelo Manuel



Nuestro amigo Juan Ordóñez Bazán, administrador del grupo "Estepona- Historias de Ayer y de Hoy", ha publicado la fotografía de un grupo familiar que nos es muy cercano, y es que tenemos en el archivo familiar la misma fotografía, pero, curiosamente, en nuestro álbum se llama "La tía Teresa de Estepona", y Juan lo llama  "Retrato de don Miguel Jerez Marmolejo".
Ya hemos hablado en estas páginas anteriormente de nuestra familia de Estepona (en este enlace), pero nos ha parecido muy curiosa la visión de Juan, que nos ha autorizado gentilmente a transcribir en nuestro blog.


Retrato de D. Miguel Jerez Marmolejo y su familia

Don Miguel nació en 1853 y falleció a los 72 años de edad en 1925. Estuvo casado en primeras nupcias con doña María de los Dolores Mena Ayllón, con quien tuvo cinco hijos: Mª Carmen, Francisca, Asunción, María y Antonio. Durante ese primer matrimonio, vivieron en calle Concepción.
Médico de la Beneficencia, cirujano, forense, ginecólogo, inspector de Sanidad y oftalmólogo. Fue uno de los pioneros en España, en poner en práctica el tratamiento contra la neuralgia del trigémino, o enfermedad del suicidio. El dolor de este trastorno es tan intenso e insufrible, que al no haber tratamiento en aquella época, muchos de los que lo padecían, optaban por el suicidio.
En su despacho tenía el esqueleto natural de un cadáver, algo bastante frecuente en las consultas de los médicos de aquella época, pero que provocaba cierto repelús a sus pacientes.

Cuando don Miguel le dijo a su padre que quería estudiar medicina, este le contestó que estaba de acuerdo, pero no quería un médico mediocre, quiso que estudiara todas las especialidades posibles. Gracias a su elevado cociente intelectual, sacaba matrículas de honor en todas sus asignaturas. Asistía periódicamente a congresos en Málaga, Sevilla y Granada, para seguir su formación y estar al día en todos los adelantos en medicina.
Fue una institución en Estepona, hizo muchas obras de caridad. A sus pacientes si no tenían dinero (que eran la gran mayoría), no les cobraba la consulta. Además de ser muy generoso, no necesitaba el dinero, ya que era una persona muy acaudalada, fruto de su trabajo y de la gran fortuna que heredó de su padre, don Miguel Jerez Vázquez.
Casó en segundas nupcias con doña Teresa Janeiro Córdoba, en la década de los 90 del siglo XIX.
En la foto, de izquierda a derecha, detrás del sillón: Anita y junto a ella, su hermano Pedro Rubiales Janeiro, ambos nacidos del anterior matrimonio de doña Teresa Janeiro Córdoba con Cristóbal Rubiales Coveñas; le sigue, Francisca, Miguelito II, vestido de marinero y la más pequeña a la izquierda, apoyada en el hombro de su madre,Teresita Jerez Janeiro; estos tres últimos, fruto del matrimonio de doña Teresa y don Miguel. En la foto, don Miguel sostiene en sus manos un salacot, que le trajeron como presente unos amigos que viajaron a India.
El primogénito de don Miguel y doña Teresa, de nombre: Miguel, falleció a los tres años de edad. A su segundo hijo varón también le pusieron de nombre Miguel.
En su segundo matrimonio, vivieron primero, en calle Los Reyes frente a don Cándido Ortiz y posteriormente en Plaza el Egido.
Todos los jóvenes de la foto a excepción de Pedro (el mayor de traje oscuro) fallecieron a muy temprana edad, víctima de la tuberculosis.
Su padre D. Miguel Jerez Vázquez, fue condecorado como Caballero Cubierto ante el Rey- entre otras muchas distinciones más - por la reina María Cristina en agradecimiento por los servicios prestados a la Corona (de este gran personaje nos ocuparemos en futuras publicaciones, ya que su vida da casi para escribir un libro).

martes, 2 de enero de 2018

El retrato de Manuel Cabello restaurado por Salvador Romero

Manuel Cabello Janeiro, años setenta
Fotografía restaurada por Salvador Romero Venegas




Por Esperanza Cabello

Tener amigos es algo estupendo, de eso no cabe duda, pero tener amigos artistas es aún mejor, porque en cualquier momento te pueden sorprender con una obra de arte, como la recuperación de esta fotografía de nuestro padre.
La habíamos utilizado ayer, un poco ajada y amarillenta, para felicitar en el grupo "Ubrique en el Recuerdo" a todos los que se llaman Manuel o Manuela, y hoy nos hemos encontrado con una magnífica sorpresa en nuestro correo. Salvador nos la ha enviado retocada y restaurada.
La fotografía está limpia, reluciente, sin marcas y sin dobleces, y podemos ver a nuestro padre guapo y elegante, como era siempre.
Salvador Romero es un fotógrafo ubriqueño de los de siempre. Fabricante de profesión, ha sabido compaginar el arte de la marroquinería con el arte de la fotografía y en varias ocasiones nos ha sorprendido con sus increíbles trabajos.
Tuvo en su niñez una relación estrecha con nuestra familia (nuestros tíos nos hablan de él con mucho cariño) y desde que comenzamos con nuestro trabajo en el grupo nos ha ayudado en muchas ocasiones, proporcionándonos fotografías o, como hoy, mejorando las que tenemos. Nos gustó especialmente el trabajo que hizo con unas fotografías de entrega de premios de Misión Rescate en las que estaban nuestros padres y Adolfo Suárez (en este enlace).
Por eso queremos agradecerle públicamente estos detalles, a la vez que no queremos dejar pasar la oportunidad de "lucir" una fotografía de nuestro padre tan apuesto y garboso.
¡Gracias, amigo!


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Nota de las 20:00: Nuestro tío José María ha dejado un entrañable comentario en las redes sociales que no podemos dejar de transcribir aquí:

La verdad es que el arte fotográfico de Salvador lo tengo comprobado en otras aportaciones a este grupo.Y personalmente me une a su persona el mismo recuerdo cariñoso que le tienen mis hermanas, ayudándoles en la tienda durante su adolescencia. Pero la obra realizada en esta foto, me resulta especialmente sensible. Y es que recuerdo tanto a mi hermano, que esta foto lo representa en su plenitud. No siento mayor orgullo que cuando mis paisanos me dicen !Cómo te pareces a tu hermano! Hace años - próximos a sus paseos por el jardín del Edén- por la cercanía de Ronda y el numeroso grupo de su generación visitaba calle la Bola, muchos me sorprendían con la comparación a la que me fui habituando.Pero mi sorpresa es que hace unos veinte días coincidí en consulta medica - que es mi segunda vivienda habitual- con una paisana de la generación de mis sobrinos, para mi desconocida.
Mi sorpresa fue grande cuando me espetó, respetuosa:"!Cómo se parece Vd. a su hermano!!"En un crescendo ya casi olvidado pasé a la sorpresa, de ésta a la alegría y enseguida a la admiración. Contesté,de inmediato con mi respuesta de siempre: "Es el mayor elogio que pueden hacerme.Para mi, es un orgullo que recuerden a mi hermano."
 Esta vez, quien me hablaba era Sole, catedrática de latín en uno de los institutos de Ronda. Ubriqueña, sobrina del carismático Sebastian Macias, quien - por cierto- se inició como marroquinero en la petaqueria de abuelo Paco. Y es....que Manolo y yo, desde niños, nos admirábamos y nos queríamos.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Cuando los Nueve Caños eran algo más que nueve

Julia Janeiro Rubiales  en la fuente de los Nueve Caños
Fotografía de Pedro Rubiales, 1921


Por Esperanza Cabello

A veces nos sorprendemos a nosotros mismos descubriendo, en fotos que ya habíamos visto, otros matices, otros puntos de vista.
Muchas veces hemos hablado del "tío Pedro", Pedro Rubiales, que era muy aficionado a la fotografía y se encargó de fotografiar el Ubrique de finales del siglo XVIII y principios del XIX. La mayor parte de su obra está hoy día desaparecida. Nuestra tía Isabel, que guardaba muchas de sus fotografías, nos contó que un día don Francisco García Parra y el padre Fray Sebastián vinieron a la casa a pedirle a su madre unas fotografías "para un libro que estaban escribiendo", y que se llevaron un buen montón de fotografías que nunca volvieron a sus manos.
Pedro hizo fotografías para la prensa, para publicidad y para muchas familias ubriqueñas; también, por supuesto, para su propia familia, y gracias a él tenemos muchos testimonios fotográficos de principios de siglo.
La fotografía que traemos hoy, en la que está un señor que nos recuerda al propio Pedro (suponemos que forma parte de una serie de fotografías durante un paseo por el pueblo que hemos ido publicando), nos parecía un simple ejercicio de fotógrafo. Si ponemos atención vemos que la cara de la amiga de nuestra abuela está partica por la mitad, y superpuesto un trozo de otra fotografía.
Pero hoy, al fijarnos bien en la foto, nos hemos dado cuenta de que, a pesar de que no se aprecian bien los nueve caños, se trata, sin lugar a dudas, de la fuente de los Nueve Caños.
Solo quedan tres o cuatro embocaduras de las antiguas y se ven perfectamente los dos pilones de caliza tallados que había en origen.
Las lavanderas están a la izquierda, en el mismo lugar en el que las hemos visto en otras postales de principios del siglo pasado. Hasta 1927, con el alcalde don Claudio Reguera León, no se construiría el primer lavadero que hubo en la zona (en este enlace).
La fuente, que había sido construida a principios del siglo XVIII, se remodelaría completamente en 1937, durante las obras de la traída de aguas al pueblo. Entonces se sustituyeron los dos pilones y también se cambiaron las embocaduras de los nueve caños, quedando la fuente como la conocemos actualmente.


En este video podemos ver los detalles de la fuente

Ya solo nos queda que nuestro tío José María o nuestras tías ´Remedios o Ana María nos confirmen la identidad de la "amiga" de nuestra abuela y de las dos pequeñas, y así tendremos el marco de este paseo por Ubrique completo.


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Nota del día seis: Este es el comentario de nuestro tío José María Cabello:

La foto es un encanto y ver a la abuela Julia en su espléndida juventud, una gozada.Por la fecha en que se realiza, todavía está vestida de aquellos intrrminables lutos, algo aliviado seguramente en recuerdo de su padre.
 Su acompañante- aunque la visión del rostro no es completa- es su inseparable Maria Luque, destinataria de muchos de los cuadros realizados por abuela y sus hermanos, rescatados por tus padres después de repetidas visitas a Fuente de Andalucia, donde vivía su hermana Lola.
 La pequeña que aparece debe de ser una de las hijas de tía Isabel, Belén o Isabelita (lástima que nuestra desaparecida cronista familiar no pueda identificarlo) y ciertamente el señor ensombrerado que figura a la derecha no es Pedro Rubiales, al que yo conocí ya mayor pero siempre barbilampiño y con boina.
Si es el autor de la foto, aunque de aquellos años existen fotos familiares que realizaba A. Horrillo, un fotógrafo que vivía en Villaluenga.
En cuanto al marco....otro bello rincón de mi pueblo, con la pátina antigua del lavadero y de los caños rotos.

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domingo, 30 de octubre de 2016

Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo

Esperanza Izquierdo y Manuel Cabello, por José Antonio Martel    



Por Esperanza Cabello

Este fin de semana hay muchas fechas que nos superan. Hoy hace cuatro meses que murió nuestra madre, después será el Día de los Difuntos y finalmente, el día 2, será el Día de los Paseos.
Y precisamente del Día de los Paseos de 1951 era la fotografía en la que se inspira este cuadro, la misma que ustedes ven en blanco y negro a la derecha de estas palabras.
Fue cuando nuestros padres "se conocieron" (como se decía en la época). En realidad se conocían desde siempre, vecinos de la calle del Perdón, la calle Real y la calle San Pedro; pero fue entonces, en una excursión al Salto de la Mora un Día de los Paseos, cuando él "se le acercó" y ella supo que algo iba a cambiar en sus vidas.
Esta fotografía es para nosotros muy importante, los vemos tan jóvenes, tan sonrientes, tan alegres, tan felices... En la puerta de Santa Lucía, un día de fiesta para todo el pueblo, sin petaquería, sin estudios, sin tareas domésticas. Solo grupos de amigos  o familias de excursión.
En la época todas las familias subían a Santa Lucía el dos de noviembre, en el conocido "Día de los Paseos". Los petaqueros y petaqueras colgaban el pañete, las escuelas cerraban sus puertas, las madres preparaban canastos con frutos secos, membrillos, tortillas o picadillo y los padres iban a las viñas por una arroba de mosto.
Los niños jugábamos en el campo, bebíamos en el pozo de Santa Lucía, correteábamos por una carretera en la que aún no pasaban apenas coches y aprovechábamos el verdor de la "otoñá" para sentarnos y disfrutar de un día especial.

Como esa foto era tan especial para nosotros, decidimos inmortalizarla aún más, y pedimos a nuestro amigo, el pintor ubriqueño José Antonio Martel, que nos la convirtiera en lo que ahora es un cuadro maravilloso.
No es la primera vez que Martel se enfrenta a una petición como esta. Ya anteriormente había dado color a otras fotografías en blanco y negro, incluso de sus cuadros se han hecho azulejos de cerámica (en este enlace). Y tampoco es la primera vez que pinta un retrato, es un artista capaz de captar el alma de las personas y de los lugares y plasmarlos dándoles vida.
Cuando hizo aquel cartel de feria nos enamoramos de su pintura, y queríamos que, de alguna manera, el amor de nuestros padres se inmortalizara también. (cartel de feria).

Y no hemos sido unos clientes fáciles. Le pedimos que fuera un cuadro alegre y feliz, que los hiciera sonreír, que vistiera el paisaje de primavera, en esa zona en la que crecen orquídeas y varitas de San José en primavera; que los dejara solos, sin más personajes, a la sombra de esa preciosa encina ¿o será un olivo?; también que pusiera a nuestro padre su reloj característico...

Y aquí están, para siempre, ahora con nosotros: sonrientes, felices, con una luz que ilumina toda la casa, nada podría hacernos tan felices.

Por eso hoy, que hace cuatro meses que perdimos a nuestra madre, tenemos, a pesar de todo, una razón para sonreír, y es que gracias a un buen amigo tenemos un magnífico recuerdo.
¡Infinitas gracias por todo, Martel, ha sido un verdadero lujazo!


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sábado, 3 de septiembre de 2016

Una abuela excepcional

Abuela Julia con algunos de sus nietos en La Cerca, 1970


Por Esperanza Cabello

Esta fotografía familiar nos encanta, es una foto simple, y, lamentablemente, muy deteriorada por el tiempo, pero le tenemos un cariño muy especial.
Es nuestra abuela Julia rodeada de algunos de sus nietos: Manolo, Leandro, Sergio, Irene, Natalia, Espranza... ¿Y quién será el chiquitín o la chiquitina? 
Quizás fuera Ana María o Julia, no acertamos a decidirnos.
En cualquier caso es una foto extraordinaria, de hace ya cuarenta y cinco años, y hoy es un día muy especial para recordar a nuestra abuela con una gran sonrisa y con todo el cariño del mundo, mandándonos a coger hinojos, pendiente de todos nootros, sabiendo lo que quería cada uno... Hoy es el aniversario de su muerte, pero su recuerdo perdura, siempre con una sonrisa.
Julia Janeiro Rubiales, toda una señora y una gran abuela.


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miércoles, 10 de febrero de 2016

Las chicas de paseo





Teresa Lanzat, Paquita Arenas, Esperanza Izquierdo y María Sánchez
Ubrique, 1955
Fotografía gentileza de Fernando Oliva



Por Esperanza Cabello

Hace casi un año nuestro amigo Fernando Oliva presentó en su blog una serie impresionante de fotografías antiguas: "Ubrique en la memoria". 
Se trata de más de doscientas fotografías de Ubrique desde los años veinte hasta los años noventa del pasado siglo. En la primera parte casi todas las fotografías son de Rafael Vilches y a partir de los setenta son fotografías del propio Fernando.
Hay muchas fotos muy interesantes, y le pedimos que nos enviara, con algo más de calidad, las que estaban directamente relacionadas con la familia, y Fernando, amable como siempre, nos las envió.
Hoy estábamos  intentando recuperar más datos de don Francisco Lanzat Ríos y hemos  vuelto a ver esta fotografía que tanto nos gustó en su día.
Nuestra madre con sus amigas de toda la vida: María Sánchez y Paquita Arenas, dando un paseo por los alrededores de Ubrique, y, a la izquierda de la fotografía, Teresa Lanzat, la hermana del párroco ubriqueño que organizó una "pequeña revolución".
Nos llama mucho la atención la indumentaria de las cuatro amigas tan adustas y tan elegantes, nuestra madre lleva hasta guantes. Era a mediados de los cincuenta, así que la moda "monjil" imperaba, todas ellas con grandes cuellos y solapas.
Y, como diría años antes Coco Chanel : "Montrer les genoux... jamais!" (Enseñar las rodillas... ¡Nunca!).
Muchas gracias, Fernando, por habernos enviado esta fotografía tan entrañable.


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lunes, 7 de diciembre de 2015

Tres primas de oro

Ana María, Isabel y Remedios
Tres primas de oro


Por Esperanza Cabello

Hay personas en el mundo que hacen que todo sea mucho más fácil, mucho más bonito, mucho más alegre y, por supuesto, mucho mejor.
Estas personas siempre abren puertas, siempres están dispuestas a escucharte, a echar una mano, a regalarte una sonrisa, a estar a tu lado.
Y nosotros tenemos la suerte de contar, en nuestra familia, con muchos de estos tesoros, porque estas personas son, en realidad,  de oro.
Hoy ha tenido lugar una reunión de campeonato en Ubrique, las tres primas más sonrientes, las tres primas más alegres, las tres primas más buenas del mundo.
Nuestras tías Ana María y Remedios han venido "de visita", a ver a su prima Isabelita. Y han demostrado, una vez más, que con alegría, con bondad y con una gran sonrisa, se puede conquistar el mundo.
¡Ojalá estas grandes sonrisas duren eternamente!


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sábado, 28 de noviembre de 2015

Casa Cabello

 Isabel Álvarez, Ana María Cabello y Clara Rojas 
En la puerta de la tienda, 1965


Por Esperanza Cabello

Hace muchos, muchos años, de esta fotografía, quizás más de cincuenta (el cartel que está en la puerta nos ha dado la pista), pero parece que no ha pasado el tiempo, parece que Casa Cabello sigue todavía en la esquina de la Plaza, parece que vamos a llegar a la puerta y nuestro abuelo va a estar allí dentro sentado, en su butaca de mimbre, leyendo el periódico con las patillas de las gafas más arriba de la cuenta, con un cafelito sobre aquella mesa pequeñita, con la máquina de escribir tan preciosa, tan antigua y tan utilizada.
Parece que vamos a ir hacia el mostrador y nos vamos a encontrar a nuestras tías Ana María y Joaquina, siempre riendo, siempre diciéndonos piropos, siempre contentas.
Parece que nos van a sentar de nuevo sobre aquel mostrador tan modernisimo, de colores, como los azulejos de la fachada  y van a volver a colmarnso de ragalos entre sonrisas y alegrías.
¿Cuánto valdrán esos recuerdos de niños? Un potosí, está claro.


 Isabel, Joaquina, Joaquina, Ana María, María de los Ángeles
Cortesía de Lupe Quirós Sánchez de Medina


Casa Cabello era una tienda fundamentalmente de ropa, pero podías encontrar casi cualquier cosa entre aquellas cajas tan grandes de las estanterías, o en unas vitrinas pequeñas atestadas de cacharritos variopintos: un peine con forma de sirena, un cuadro de la Alhambra enmarcado, fundas de plástico para guardar los cepillos de dientes, zapatitos de niños chicos, cintas, babis, ropa interior, monederos, cajitas, estuchería de piel, flotadores para la playa, juguetes de plástico, espejos, toallas, hules, maquillaje, sujetadores con ballenas de verdad, colonias ¿qué no venderían nuestras tías?
Porque siempre eran así, como las vemos en las fotografías, riendo, felices, dispuestas siempre a vender, con mucha labia y muchas tablas en el mundo de las ventas.

Y nuestro abuelo, la verdad es que apenas lo recordamos en el mostrador, más bien en su rincón, tranquilo, o escuchando las historias que le contábamos. También nos acompañaba a veces a la trastienda (¡El paraíso de las "registradoras"!) y nos enseñó a utilizar un viejo tocadiscos, y a apreciar la música de tangos con aquellos discos magníficos que habían traído cuando se vinieron de Argentina.

Casa Cabello era familiar, cercana, una isla en el mundo de las compras. Nos encantaba ir a la tienda y pasar allí las horas perdidas, oyendo las conversaciones de nuestras tías o programas en la  radio de válvulas que nuestro abuelo tenía.

El papel de la tienda: camisería, géneros de punto, lanas
Plaza del Generalísimo, 11, teléfono, "38"

Guardamos como oro en paño este trocito de papel de envolver de la tienda, estaba entre las cosas de nuestros padres y nos parece estupendo poder guardar este "tesoro".

Nuestra prima Irene nos ha enviado un recuerdo entrañable: una de las bolsas ¡Oh, modernidad! de la tienda de nuestro abuelo, ya debían de ser los setenta, porque el teléfono de la tienda había dejado de ser el "38" para ser el "110038", y también había cambiado el nombre de la Plaza, ahora era "General Franco".


 Bolsa de Casa Cabello
Fotografía de Irene García


Cuántas veces íbamos de mandados con nuestra madre y nos quedábamos embobados mirando el escaparate, decidiendo qué pijama nos gustaba más o qué pañuelitos bordados íbamos a pedir... Después nos íbamos con nuestras compras, que tantas veces fueron regalos, en esas bolsas verdes inolvidables. 
De vez en cuando también nos daban una monedita que llevábamos en la mano, fuertemente apretada, y gastábamos en el quiosco de Ana, siempre le comprábamos a ella, quizás por su aspecto de abuela agradable.
Una vez, nuestro abuelo iba a ser padrino de algún recién nacido, no recordamos de quién. Y cuando fuimos a verlo tenía encima de aquella mesita en la tienda un montón de monedas; había perras chicas, perras gordas, pesetas, dos reales... Nos dijo que estaba preparando "el pelón", y que se metería todas esas monedas en el bolsillo para echárselas a los niños al salir de la iglesia.
Nos fuimos con él a la iglesia, y, cuando salíamos del bautizo, nos puso un montoncito de pesetas en la mano, para que no nos pisotearan los niños mayores si nos metíamos a recoger monedas del suelo.

"Roña, papá Luis"
"Padrino, que no se lo gaste en vino"
"El pelón, el pelón"

Esas eran las frases que los chiquillos gritaban a plena voz al terminar los bautizos (nosotros hemos pensado que seguramente en tiempos de Alfonso XIII, cuando se acuñaron aquellas monedas con la efigie del rey niño a las que se les llamaba popularmente "pelón", ya se repartirían puñados de monedas en los bautizos, y cuantos más "pelones" hubiera, pues mejor, más generoso era el padrino y más dinero recogían los niños).
 Pues en aquella ocasión nos quedamos junto al padrino, con las moneditas bien guardadas, mientras los demás niños pugnaban por recoger otras monedas del suelo.

La tienda estaba justo en el centro del pueblo, junto a las de Rogelia, de Consuelo Bohórquez y de Pilar y Juan Piñero, en los sesenta y en los setenta aquella era la zona casi exclusiva de ropas y tejidos. No recordamos hasta qué año estuvo abierta, pero de una cosa estamos seguros: Casa Cabello dejó un recuerdo imborrable en todos nosotros.

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martes, 10 de noviembre de 2015

Mamá en Aznalmara

Esperanza Izquierdo en la entrada de Aznalmara


Por Esperanza Cabello

Hace unas semanas quisimos publicar esta fotografía, porque nos encanta la faceta excursionista de nuestros padres, pero no recordábamos bien dónde se encontraba.
Nuestro hermano Leandro nos explicó que se trataba de una excursión a Aznalmara, y, efectivamente, recordamos que fuimos muchas veces de pequeños a visitar el castillo, a recorrer aquellos caminos y a subir por aquellas peñas.
Nuestra madre era una magnífica "andarina", no se quedaba a la zaga en las caminatas familiares, y con sus cinco hijos, con calzado de calle, incluso con medias y faldas, era capaz de subir a cualquier pico, de repechar por cualquier lugar.
Ahora sus años no le permiten andar por esos campos, pero, vayamos donde vayamos, siempre tenemos un recuerdo para ella (para ellos), porque no hay lugar en la sierra al que no nos hayan llevado.
Y hay muchos lugares concretos (de paellas, de columpios, de anécdotas de todo tipo) que nos hacen recordar aquellos tiempos y echar, por un ratito, la vista atrás.
"Aquí estuvimos con abuela", "en esa rama ponía abuelo un columpio", "en ese llano abríamos la tienda de campaña azul", "por aquí cogíamos espárragos"... Esas son, muchas veces las frases que vamos repitiendo en cada paseo por el campo.
En esta ocasión la frase ha sido "¡Aquí se hizo abuela una foto!" y, con un gran recuerdo a Esperanza "la mayor", hemos rendido tributo a aquellas añoradas excursiones.

 Excursión al castillo de Aznalmara, casi cincuenta años después


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martes, 25 de agosto de 2015

La familia Cabello Izquierdo

La familia Cabello en 1995, por Julia Ruiz Cabello



Ir a la casa de nuestra madre es siempre una especie de viaje al pasado, no solo porque ha sido nuestro hogar durante muchos años, sino porque encontramos auténticos tesoros que nuestros padres, cuidadosos, han conservado durante años.
El tesoro de hoy es más bien reciente, pero al mismo tiempo enternecedor.
Se trata de un dibujo que Julia, la nieta número siete, hizo en 1995, con apenas siete años, para regalar a sus abuelos.
Toda la familia en línea, las dos primeras generaciones en la fila de arriba y la tercera en al de abajo, con los perros, por supuesto.
Abuelo, un poco pequeño, con gafas y sonriente.
Abuela, con un precioso vestido verde, sus labios pintados y sus ojos muy azules.
Tita Esperanza con su jersey lila y sus gafas.
Tito Curro, del mismo tamaño que abuelo y con poquito pelo.
Tito Leandro, muy alto y con camisa de excursionista.
Tita Natalia, tope fashion con su pelo rizado
Tito Manolo, muy delgado y de rojo... eran otros tiempos, ahora estaría de verde.

En la fila de los primos, puestos por orden de nacimiento, cada uno tiene su particularidad, Ester con su melena, José Manuel con su collar, Serafín con gafas (que llevó varios años) Arturo con sus ojos claros, vestido de oscuro, Francisco José deportista, Julia muy rubia con su mono verde y María, la pequeña entonces, con su vestidito rojo.
Los tres primos pequeños, Esperanza, Laura y Leandro, aún no habían nacido.

Los dos perros, Curro, un schnauzer gigante negro precioso, y Quiti (sic) la perrita de tita Natalia, cierran la relación familiar.

Si de algo podemos estar contentos y satisfechos, es de formar parte de esta gran y estupenda familia, y también de las alegrías que nos dan los "tesoritos" que encontramos en casa de nuestros padres.
Solo nos queda dar la enhorabuena a la pintora que supo plasmar tan exquisitamente el alma de la familia Cabello.


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miércoles, 29 de julio de 2015

Manuel Cabello Janeiro y el Salto de la Mora: una verdadera historia de amor

 El Salto de la Mora, 1 de abril de 1951
Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo


Por Esperanza Cabello

Nuestro amigo José María nos ha pedido  una manita para completar su cronología de Ocurris (en este enlace), en lo que respecta a nuestro padre y a don Salvador de Sancha, el arqueólogo sevillano director de las excavaciones que tuvieron lugar en el Salto de la Mora en los años setenta.
Lo primero que hemos pensado es que es una pena que nuestra historia reciente no esté escrita, y también que quien se ha ocupado en los últimos años del yacimiento haya hecho una tarea tan parca en este sentido.
Pero rápidamente ese sentimiento de tristeza ha sido sustituído por una gran sonrisa, porque hemos recordado que teníamos en mente hablar de una gran historia de amor, la de Manuel y Esperanza, y esta petición de nuestro amigo nos viene como anillo al dedo.

Corría el año de 1951. Esperanza Izquierdo acababa de regresar definitivamente del internado de Ronda, después de nueve años estudiando y de haber terminado los siete cursos de bachillerato y la reválida (lo que la habilitaba para ser maestra, pero ella no continuó con los estudios).
Esperanza se dedicó a su casa, a ayudar a la familia y a su tarea apostólica. Se encargaba de los grupos de Aspirantes de Acción Católica, y con sus niñas hacía muchas excursiones, entre ellas, por supuesto, al Salto de la Mora, lugar obligado de excursiones para los ubriqueños durante muchos años.
Por otro lado Manuel, un jovencito espigado de veinte años, había empezado sus estudios de medicina, pero no se acostumbraba a estar en Cádiz, él prefería estar en Ubrique, recorrer la sierra, seguir los pasos de su maestro, don Fernando Gavilán, y conocer in situ la naturaleza y el patrimonio.
Un día organizaron las monitoras de aspirantes de Acción Católica y los amigos de Manuel una excursión al Salto de la Mora. Manuel se había ofrecido de guía, conocia de primera mano todos los recovecos del yacimiento, pues lo había visitado en repetidas ocasiones con su maestro, don Fernando Gavilán, seguidor de la Escuela de Libre Enseñanza.


 Los amigos en el Salto de la Mora
Ubrique, 1951


Fue un día de juegos, de risas y de miradas. Nuestra madre nos ha contado muchas veces que notó cómo aquel muchacho la miraba repetidamente, y que a ella le pareció muy divertido y muy guapo, aunque en aquel momento no tenía pensamiento de novio ni de nada similar.
Pero el muchacho fue muy insistente, y tanto insistió que seis años más tarde aquel amor que había empezado en el Salto de la Mora se convirtió en matrimonio y amor para siempre.
Manuel dejó sus estudios de medicina en Cádiz, los cambió por un puesto en la petaquería de su padre y estar a cien metros de la casa de su amada. Y los dos comenzaron una vida en común que siempre, siempre, estaría ligada al Salto de la Mora.
Porque los domingos, los días de los paseos, las fiestas y cada vez que podía volvían al lugar en el que comenzó su idilio. Tenemos cientos de fotografías y películas jugando en el foro, con amigos, con los primos, con la familia. Con burrito, sin burrito, con columpio, con paellas. De todas las formas posibles.
En 1965, que ya era el responsable de la empresa heredada de su padre, tuvo un gran revés de la fortuna, pues una bodega de Jerez suspendió pagos y no le pagó un gran pedido que acababan de servir. Eso significó la ruina absoluta. Ya era padre de familia numerosa, y decidió terminar sus estudios y convertirse en maestro, en menos de un año tenía la carrera terminada y las oposiciones aprobadas.
En el curso 1966-67 fue nombrado profesor de la Escuela-Taller Santa Ana, de Ubrique, y ese mismo año comenzó un programa de televisión que marcaría nuestras vidas y las de muchos ubriqueños: Misión Rescate



Misión Rescate era un programa-concurso radiofónico dedicado a rescatar el patrimonio en el país. Estaba dedicado a maestros y alumnos y les proponían "rescatar" cualquier elemento del patrimonio que mereciera la pena o que estuviera en peligro.
Manuel, siempre activo y siempre curioso, decidió participar en ese programa, y en compañía de su amigo el maestro Francisco Collado Jara, participó, por primera vez, en nombre de los ubriqueños.
Y entonces comienza una nueva "historia de amor",la historia de un hombre que trabajó sin medida para preservar y dar a conocer al mundo entero el patrimonio de los ubriqueños y la ciudad romana de Ocurris.
Esta historia continuará en la siguiente entrada (aquí)


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lunes, 25 de mayo de 2015

Esperanza Izquierdo Fernández

Esperanza Izquierdo Fernández
El día de  las Bodas de Plata de sus padres



Por Esperanza Cabello

Afortunadamente hay muy pocas personas en el mundo que no puedan presumir de madre, no importa si éstas son jóvenes o mayores, si continúan con nosotros o no, si eran morenas o rubias, altas o bajas, con estudios o sin ellos. Realmente da igual todo. 
Son nuestras madres, y a todos se nos agolpan las ideas, las ilusiones, el cariño, los buenos recuerdos, el olor a casa, a las comidas, a la ropa, a los abrazos.
Para todos  y cada uno de nosotros nuestra madre es muy especial.
Y hoy nos toca presumir un poquito de madre. Ella ha sido siempre discreta y nunca ha querido tener protagonismo, pero sabemos que tenemos una madre extraordinaria.
Nuestro amigo Salvador Romero nos acaba de hacer este magnífico regalo, ha arreglado para nosotros esta fotografía que hicieron a nuestra madre el día de las Bodas de Plata de sus padres, dándole un nuevo aspecto más diáfano, con más realce y con una gran calidad.
Muchísimas gracias, Salvador, porque nos permites presumir un poquito de madre guapa.


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viernes, 13 de febrero de 2015

Teresa Jerez Janeiro. Estepona

Teresita Jerez Janeiro en el estudio de Juan Gaytán
Estepona, principios del siglo XX


Por Esperanza Cabello

Ayer tuvimos la oportunidad de hablar con nuestro tío José Janeiro Horrillo, uno de los "Janeiro" familiares al que conocemos desde siempre pero con quien hemos tenido la oportunidad de hablar más tranquilamente desde hace unos años.
José nos daba una mala noticia, Francisco Javier, el hijo pequeño de Teresa Rubiales, ha fallecido esta semana, y quería que la familia lo supiera. Lamentablemente Francisco Javier estaba enfermo desde hace un tiempo, aunque esta penosa noticia nos ha entristecido a todos.
Al hablar de Teresa Rubiales recordamos a otra Teresa, la prima de nuestra abuela Julia, Teresita Jerez, de cuya belleza habíamos oído hablar varias veces pero cuya historia desconocíamos.
Aprovechamos la oportunidad de hablar con José, que es de Estepona aunque vive en Málaga, para preguntarle por Teresa Janeiro.
Teresa Janeiro Córdoba era hermana de nuestro bisabuelo. Había nacido en Ubrique en 1861 (nuestro padre contaba que su maestro había sido don Juan Leal, el maestro que se vió obligado a  entregar las llaves de las escuelas al Ayuntamiento por indigencia) y se había casado en 1883 con Cristóbal Rubiales Coveñas. 
Los dos habían montado un taller de sombrerería en Ubrique, pero, ya nacido el primer hijo, Pedro, decidieron trasladarse a Estepona, y montar allí el negocio familiar. Sabíamos que en Ubrique, además de la artesanía marroquinera, había habido un gran auge en la creación de sombreros (en este enlace), sobre todo en las familias Rubiales y Arenas, y nuestra tía Isabel nos había explicado cómo se hacían (en este enlace), pero ignorábamos que los sombreros de Ubrique hubieran tenido tanta importancia en Estepona. Según escribe nuestro padre en el libro de la historia de la familia, no solo fabricaban sombreros de piel de conejo, sino que comenzaron a fabricar sombreros militares y todo tipo de sombreros para hombres, teniendo gran éxito.

El negocio iba muy bien, y allí nació Ana, la primera niña.
Pedro, el hijo mayor,   volvió entonces a Ubrique, donde comenzó su carrera de fotógrafo.
Pero Cristóbal, el padre de la familia, enferma, y  Teresa llama a su hermano Emilio (el abuelo de José) y a su hijo Pedro para que vayan a Estepona a echarle una mano. Tras la muerte de Cristóbal  continúan con la fábrica de sombreros en Estepona Emilio, Teresa y Pedro .
Nos cuenta José que había en Estepona un médico muy rico, don Miguel Jerez Marmolejo, que se enamoró de Teresa, y que ambos se casaron en la década de los noventa del siglo XIX.
Teresa y Miguel tuvieron tres hijos, Francisca, Miguel y Teresa, y que durante muchos años fueron una familia muy feliz.
Pero la desgracia se cebó de nuevo en la familia, y la tuberculosis vino a llevarse a los cuatro hijos más jóvenes de Teresa: Ana, Francisca, Miguel y Teresa murieron todos siendo muy jóvenes, entre 18 y 24 años, todos en el plazo de dos años.
Finalmente murió también don Miguel, por lo que Teresa estaba totalmente deshecha.
Teresa se refugió en su hermano Emilio, que se había casado con una guapa esteponera, Ana Navarro Cano. Ana se había criado junto a la familia Jerez Janeiro, y había sido como una hermana para Teresa.

Pedro, el hijo mayor de Teresa, se casó  con otra esteponera, Caridad Tineo Fernández, adscrita al cuerpo de telégrafos, y ambos se asentaron en Álora, donde tuvieron a Sebastiana y a Teresa.

Por su parte, Emilio y Ana fundaron una gran familia numerosa, tuvieron a Ana, Pedro, Cayetano (el padre de José), Emilio, Manolo, Teresa y Eduardo.

Nos cuenta José que Teresita Jerez era de una belleza asombrosa, murió con 24 años y los últimos de su vida fueron muy tristes y muy penosos, porque tenía la certeza de que iba a morir. Poco importaba que su padre fuera médico, que fuera una familia muy adinerada con todos los medios a su alcance, Teresita y sus hermanos tuvieron un final trágico.


Nosotros hemos recuperado, gracias a nuestra tía Isabelita Álvarez, tres fotografías en las que está Teresita Jerez.
La primera de ellas, al inicio de esta entrada, está realizada por el prestigioso fotógrafo de Estepona Juan Gaytán en su estudio, calculamos que en la segunda década del siglo XIX.


Mesa petitoria en Estepona
Principios del siglo XX


La segunda fotografía es de una mesa petitoria, José nos dice que quizás fuera para recoger fondos para un sanatorio, algo relacionado con la Cruz Roja.
Nos llama tremendamente la atención el atuendo de las señoras (Teresita Jerez está a la izquierda de la fotografía, la señala una cruz) con sus mantones de Manila, sus peinetas, sus mantillas y sus trajes. 
También es muy curioso ver cuánto se parece esta fotografía a la que hizo Pedro Rubiales Janeiro (hermano de Teresa Jerez Janeiro) a la cuestación pro sanatorio antituberculoso de Ubrique (en este enlace), lo que nos lleva a pensar que quizás esta fotografía fuera también obra de Pedro Janeiro, fotógrafo de profesión (además de sombrerero).




Carnaval esteponero
Principios del siglo XX
¿Fotografía de Pedro Rubiales Janeiro?


La última de las fotografías de Teresita Jerez es esta estupenda imagen del carnaval esteponero. Van vestidos de soldados españoles y de enfermeras que los cuidan.
 Era la época de la Guerra de Marruecos ( la Guerra del Rif, que fue entre 1911 y 1927), y también nos llama la atención cómo nos ha recordado esta fotografía a otra fotografía familiar de carnaval, aquí en Ubrique:


 Carnaval ubriqueño
Segunda década del siglo XX
Fotografía de Pedro Rubiales Janeiro


 Son Antonio, Julio y Lola Álvarez Janeiro disfrazados durante la Guerra de Marruecos, ella de soldado español (como los de Estepona) y ellos de marroquíes.


Agradecemos encarecidamente a José Janeiro Horrillo sus explicaciones, a Isabelita Álvarez Janeiro las fotografías y a Manuel Cabello Janeiro que hubiera escrito su libro sobre la familia Janeiro que nos ha servido para completar los detalles de esta historia.
Nos encanta nuestra gran familia.


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