domingo, 7 de abril de 2019

El órgano de la parroquia de Ubrique. Requiem por una pieza de nuestra historia.

Las piezas del órgano de la parroquia de Ubrique tirado en la calle
Esta noche irá, seguramente, a la basura, después de sesenta y cinco años acompañando 
a los ubriqueños en sus fiestas más sonadas






Por Esperanza Cabello


Esta tarde lluviosa de domingo, al volver a casa, hemos encontrado en la plaza de Francisco Fatou un gran ¿montón de basura?
 Enfadados porque no hay manera de que actuemos cívicamente y  llevemos nuestras basuras grandes al punto limpio y porque los alrededores del San Pedro a veces parecen un basurero más que una zona residencial, nos hemos acercado al supuesto montón de basura y se nos ha removido el alma.
¡Casi todas las piezas del órgano de la parroquia están tiradas en pedazos en este "punto limpio" tan poco recomendable! ¡¡Nuestro órgano!!


En las últimas semanas hemos estado hablando de doña Isabel Domínguez, benefactora de nuestro pueblo, que regaló un órgano vasco al pueblo de Ubrique, y que hizo que el cardenal Bueno Monreal trajera a nuestro pueblo a un  nuevo sacerdote, gran organista, don José Enrique Ayarra Jarne, que preparó su cátedra para la catedral de Sevilla en el órgano de Ubrique.
Así que llevábamos unos días buscando información sobre don José Enrique, sobre el órgano y sobre todas las circunstancias que acompañaban a Isabel Domínguez.

Y ahora no hemos podido dejar de sentir una gran decepción, mientras los recuerdos llegaban a borbotones... el coro parroquial, las misas cantadas, don José Enrique Ayarra tocando el órgano. Los momentos de la infancia, las misas de don Gabriel, más coros parroquiales, las misas del Gallo desde el coro, los primeros conciertos de música clásica con grandes pianistas, los buenos años de la coral Remedios Pozo, Daniel Borrego, Pepe García, la coral Ocurris Populi, Canticorum...





Este era nuestro órgano, el órgano de Ubrique. No sabemos bien qué razones habrán llevado a los responsables a desmantelarlo y a deshacerse de casi todas las piezas; quizás hiciera falta una buena puesta a punto, sabemos que lo han reparado en anteriores ocasiones, que es lo que pensamos que hay que hacer con los objetos representativos. Pero hemos estado revisando las piezas de madera y están impecables,  no hemos encontrado ningún resto de insectos ni carcomas ni termitas en la madera.
Esta noche, cuando los empleados municipales carguen bajo la lluvia los trozos del órgano despiezado en el camión de la basura, terminará para siempre la historia de un elemento que ha formado parte, en los últimos sesenta y cinco años, de la historia de nuestro pueblo, de los bautizos, de las comuniones, de las bodas, de las misas.
En realidad lo que hay en la basura son todas las piezas a excepción del teclado y los tubos de metal, ojalá los hayan guardado para contruir un nuevo órgano y su sonido sea como el de este. (Pues no, por lo visto los han vendido convenientemente a unos organeros).
Imaginamos que otro quizás más moderno, vendrá a sustituirlo. Hemos estado consultando la página de la parroquia y no hemos encontrado ninguna noticia  relacionada con el órgano ni que lo fueran a desmantelar.
Como se nos va, y la última vez que lo veremos será ahí tirado en medio de la calle bajo la lluvia, hemos querido fijarnos en los detalles de los restos del  órgano de la parroquia. ¡Qué lástima!





Como decíamos, hace sesenta y cinco años más o menos que llegó el órgano a Ubrique, en su etiqueta, impecable hasta que la lluvia de esta tarde ha empezado a deshacerla, podemos leer:

ENVÍO DE ORGANERÍA ESPAÑOLA S.A.
AZPEITIA (GUIPÚZCOA)
EXPEDICIÓN NÚMERO: 2006
TRANSPORTE: CAMIÓN
NÚMERO DE BULTOS: ...
BULTO NÚMERO: 16
NATURALEZA: MATERIAL DE ÓRGANO
ESTACIÓN DE DESTINO: UBRIQUE (CÁDIZ)

REVERENDO SEÑOR CURA PÁRROCO
PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA O
UBRIQUE (CÁDIZ)

PESO: 40 Kgs.



¡Qué poco imaginaba aquel reverendo cura que  años más tarde iban a tirar a la basura casi todas las piezas de  aquel órgano tan nuevecito!







Entre sus maderas, como hemos dicho buenas maderas y muy bien conservadas, hemos podido leer algunas anotaciones a lápiz, entre ellas destacan varios números de teléfono modernos y un nombre muy significativo "Enrique".




Los fuelles, que imaginamos eran accionados a mano, también nos han llamado la atención por su buen estado. No hay que olvidar que el órgano es un instrumento de viento, y el aire que va pasando por los tubos se suministra con estos fuelles. Es de suponer que los modernos tendrán turbinas o cualquier otro elemento que facilite el manejo, pero estos, que siguen abriéndose y cerrándose, nos recuerdan a un acordeón y tienen el encanto de lo tradicional.





 Aunque no hemos encontrado el teclado ni los tubos, si que están aquí los pedales, el pedalero (pedaliers, para los músicos), la consola y la fachada del órgano, no sabemos si el mecanismo estaba estropeado hasta tal punto que no se podía reparar, pero hemos accionado por  última vez los pedales y continúan teniendo los engranajes.




Y la consola está intacta. ¡Cuántas veces nos hemos embelesado mirando cómo tocaba don Gabriel! ¡Cómo nos entusiasmaba cuando nuestro padre nos decía que don Manuel Pérez, que era ciego, también tocaba el órgano!
Y cuando conocimos los libros de Bécquer y leímos la historia de Maese Pérez el organista, siempre pensábamos que el órgano de Ubrique sería un día igual, y que cuando murieran los que sabían tocarlo tocaría solo, para que no los echáramos de menos.



Nos hemos fijado que la mayoría de las piezas, las de madera y las metálicas, tienen un mismo número, el 4.214, imaginamos que la empresa  que lo construyó, Organería Española, S.A. (O.E.S.A.), que había sido fundada en Azpeitia en 1941, numeraba todas las piezas de los órganos que iba construyendo.
Pero no era, con total seguridad, el número de órganos fabricados, pues hemos podido leer (en este enlace) que la empresa matriz, Eleizgaray, construyó 44 órganos entre  1915 y 1923.
En este enlace podemos ver los talleres en los que se construyó, a mediados de los cincuenta, el órgano de la iglesia de Ubrique, ese que hoy está tirado en la calle.
La organería estaba en la avenida Ortiz de San Pelayo, y su número de teléfono era el 94.






Podemos ver toda la pedalera con sus cartelitos indicando  las clavijas que permiten accionar los tonos más graves del órgano. Ignoramos cómo funcionaban, pero recordamos a don Gabriel moviendo manos y pies al mismo tiempo, seguro que debe de ser muy complicado. Don Manuel Pérez Trastoy nos dijo que él mismo había explicado a don Gabriel el funcionamiento del órgano, lo cual sigue pareciéndonos mágico.





De nuevo el mismo número, 4.214, esta vez en las piezas metálicas que componían la parte trasera del órgano.

Y aquí termina la historia del órgano de la parroquia de  Ubrique, como decíamos al principio de esta entrada, se nos ha encogido el corazón al ver los trozos de órgano (sin tubos ni teclado, insistimos) tirados  en medio de la plaza, una pieza llena de historia, que será seguramente sustituída por algo más moderno y más insulso, y que se lleva consigo cientos de recuerdos de momentos mágicos vividos por todos los ubriqueños.




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Manufacturas Victoria, fábrica de artículos de piel de Ubrique





Por Esperanza Cabello

Hemos encontrado, en un portal de segunda mano, una tarjeta de visita de uno de los comerciales de Manufacturas Victoria.
la firma Manufacturas Victoria era de tres socios: Manuel León Carretero, Sebastián Castro García y Antonio Domínguez Angulo, y que estaba en la calle Botica, número 17.
Isabel Castro Salas, hija de Sebastián Castro, nos ha contado que su padre era un petaquero de primera y un buen maestro.
También nos ha contado que en Manufacturas Victoria se fabricaban petacas, pureras, carteras de caballero y de señora, además de estuchería repujada y juegos de escritorio.
Isabel recuerda a un cliente de Madrid que hacía un pedido muy especial: carteras y monederos con pedrería. Era un disfrute ver estos pedidos de monederos como joyas.
Y en  los estuches también fueron innovando, desde los normales, para pañuelos, corbatas o manicura hasta  joyeros con espejos o con bailarinas y música.
Isabel recuerda que eran preciosos, que los petaqueros de Manufacturas Victoria tenían unas manos artesanas de primera, como tantos otros ubriqueños, y los artículos eran especialmente bonitos, sobre todo en la época, y a los ojos  de aquella niña.



Y su comercial era Juan Bautista Sanz Vidal, que vivía en la Alameda de Hércules, en Sevilla. En la época era normal que las fábricas tuvieran sus propios viajantes, pero también comerciales profesionales que llevaban varias firmas, la distribución era fundamental para el conocimiento de los artículos.

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sábado, 6 de abril de 2019

José Luis López Núñez: una exposición retrospectiva

 José Luis López Núñez muy bien rodeado de amigos y admiradores: don Manuel, Isabel Gómez. José Manuel Rivera, David Bulpe y  Casiano López Pacheco



Por Esperanza Cabello

Anoche tuvo lugar, con toda la emoción del mundo, la inauguración, en la sala de exposiciones del antiguo mercado de abastos,  de la exposición retrospectiva que el pintor ubriqueño José Luis López Núñez nos ofrece a todos los ubriqueños hasta el treinta de abril.

Estaba previsto que la inauguración comenzara a las nueve de la noche, en un Ubrique en el que cada vez hay más acontecimientos culturales y solidarios para alegría de todos los vecinos.
Y allí nos dimos cita una gran cantidad de amigos, familiares y admiradores de José Luis, un artista que lleva casi siete décadas pintando y que encontró en la pintura su pasión, su tabla de salvación.
Presidía el acto nuestra alcaldesa, Isabel Gómez García, una gran admiradora de José Luis que ha cultivado su amistad desde hace muchos años. Y la presentación corría a cargo de don Manuel Pérez Trastoy, Hijo Adoptivo de Ubrique y de David Bulpe, fotógrafo y amigo de José Luis.






Entre el cuantioso público encontrábamos a todos los vecinos que querían demostrar su cariño y su admiración a nuestro pintor, familiares, representantes de asociaciones, profesores, pintores, marroquineros, políticos y una gran variedad de personas que no  iban a dejar pasar este momento sin felicitar a José Luis.
La alcaldesa, mujer culta y amante del arte, presentaba a José Luis con admiración y cariño, dedicándole unas palabras sentidas y llenas de entusiasmo. Agradecía a todos los presentes su asistencia y nos confesaba que desde que se inauguró esta sala ella estaba convencida de que una de las primeras sería una exposición de José Luis López Núñez.
También le dio las gracias al pintor en nombre de todos los ubriqueños por sus años de servicio público, pues ambos han coincidido en el ayuntamiento de Ubrique.

A continuación David Bulpe daba comienzo a la presentación. A pesar de que él mismo decía que lo suyo no eran las palabras, no perdió la oportunidad de ensalzar a su amigo pintor, de hablarnos de su obra, de su trayectoria y de su familia. De lo agradecido que estaba por haber compartido con él y su familia muchas horas en los últimos días, mientras preparaba el video-presentación que fue el eje de este evento. David nos explicó su visión tan personal de José Luis y de su trabajo, su asombro por las pinceladas meticulosas y trabajadas, su entusiasmo por la luz y el color, su fuerza vital.
 




En tercer lugar don Manuel Pérez Trastoy tomó la palabra para agradecer a José Luis todas sus atenciones, para recordar la exposición conjunta que ambos hicieron en 2017 y para explicar que "uno no anda bien y otro que no ve bien" hicieron historia en nuestro pueblo con la papiroflexia y la pintura.
Se trataba del primer acto público en el que don Manuel participaba desde que el pasado 23 de marzo fuera nombrado, solemnemente, Hijo Adoptivo de Ubrique, y tanto sus palabras como su presencia levantaron gran simpatía entre el numeroso público asistente.

El último turno de palabra fue para el protagonista de la noche, que no quiso dejar pasar la ocasión de agradecer a todos su asistencia y las muestras de cariño y respeto que estaba recibiendo. Nos explicó lo importante que para él es la pintura y lo satisfecho que estaba de hacer esta exposición, compuesta por setenta cuadros de varias épocas y muy diversos estilos. También mostró agradecimiento para su familia y sus amigos, tomándole a don Manuel la palabra de hacer de nuevo una exposición conjunta.
 



Y, finalmente, el broche de oro. David Bulpe había preparado un video expresamente para la ocasión, con decenas de fotografías de José Luis, con fragmentos de videos de entrevistas a sus seres queridos y a él mismo y con una alocución de don Manuel en que iba presentando su biografía tal y como la habíamos escrito para esta ocasión (en este enlace).
Con una música exquisitamente elegida, con la sensibilidad que solo David puede expresar y con la minuciosidad y perfección a las que este joven  amigo nos tiene acostumbrados, el video de David Bulpe, regalo para José Luis y su familia, fue realmente una maravilla.

Pasadas las emociones todos los presentes tuvieron la oportunidad de brindar con una copa de vino, de recorrer la exposición, de comentar, de conversar, de compartir y de admirar a uno de nuestros pintores decanos.
Tanto la alcaldesa como los concejales presentes expresaron su satisfacción por el éxito de la exposición y su admiración al artista, que en todo momento mantuvo, como decía David,una elegancia y una educación distinguidas.
Y nosotros aún no sabemos cuál de los cuadros presentados es mejor, si el de los azules brillantes, el de las amapolas minuciosas e impresionistas, el de las flores puntillistas o cualquier otro.
Muchísimas gracias a todos por permitirnos disfrutar de momentos tan importantes y de dar al pueblo la oportunidad de asistir, hasta el 30 de abril, en la sala de exposiciones del antiguo mercado de abastos, a esta retrospectiva de José Luis López Núñez, todo un lujo.


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miércoles, 3 de abril de 2019

José Luis López Núñez. Biografía




Por Esperanza Cabello
Fotografías gentileza de David Bulpe

Cuando hablamos de los pintores de Ubrique, un personaje que destaca, sin lugar a dudas, es José Luis López Núñez. Pintor autodidacta, descubrió desde su más tierna infancia que la pintura era su pasión, y hoy en día, después de toda una vida llena de sorpresas, de matices y de muchos cuadros, sigue siéndolo.
Su abuelo paterno, Antonio López Angulo, nació en Ubrique, era quien ejercía de correo entre nuestro pueblo y Cortes de la Frontera. Al principio el transporte era con animales, más tarde con su coche. En Ubrique conoció a Isabel Moreno Vinagre, la que sería su mujer, la hermana de Ángeles y Otilia, aún podemos recordar sus tiendecitas.
Isabel y Antonio crearon una gran familia, Antonio se estableció definitivamente en Ubrique y fue el fundador de La Perla, uno de los establecimientos  de más raigambre en el pueblo.
Tuvieron seis hijos, Casiano, Antonio, Juan, Luis, María y Ángel. Todos ubriqueños conocidos y muy apreciados en el pueblo.

Por parte de su madre, sus abuelos fueron Fernando Núñez e Isabel Ríos, ambos de Ubrique, él dedicado al campo, ella a su casa; y también tuvieron una gran familia, formada por Fernando, María (la madre de José Luis), Diego, Juana, Paca e Isabel.

Casiano y María, los padres de José Luis, eran muy conocidos y muy queridos en Ubrique; Casiano era interventor en el Banco Español de Crédito, y también fue el telegrafista de Ubrique, cuando la oficina de telégrafos estaba en la calle del Perdón.
María se dedicaba a su familia, a su casa y a sus hijos.
Vivían en la Plaza de Colón, en una casa que fue el regalo de boda de los abuelos, y allí nacieron sus hijos, Antonio, Fernando, Maribel y José Luis, el más pequeño de todos.



José Luis López Núñez nació el 4 de junio de 1943, en la casa familiar. Isabel la partera fue la encargada de ayudar a María con el nacimiento de su hijo menor, que llegó al mundo a las doce del mediodía de un  cálido viernes.
La familia era feliz y todo transcurría con normalidad hasta que, cuando el pequeño tenía once meses, sufrió  una enfermedad que en la época hacía estragos entre los más pequeños: la poliomelitis.
Esta enfermedad le afectó en una pierna, aunque  José Luis no dejó en ningún momento que eso le afectara en su forma de vida.
Jugaba como los demás niños, corría y andaba por todas partes, desde la Pilita Abajo al Calvario; jugaba al contra, al marro, a los bolindres, a lo que se terciara. Y no se dejaba vencer por su problema.
Con cinco añitos comenzó a ir al Asilo, su monja, sor Dolores, no le dejó buen recuerdo, aunque sí recuerda con cariño a sor Pilar Linares, una mujer buena, muy buena, que lamentablemente para José Luis no se dedicaba a dar clases, sino que recogía limosnas por las casas. Era una santa.

A los siete años se fue a la escuela del convento, su profesor entonces era Manuel Janeiro. Más tarde ingresó en el colegio Rodríguez de Valcarcel, primero con don Severiano, después con don Ramón y, finalmente, con su maestro favorito, don Román.
Al comenzar las clases con don Román, José Luis comprendió que el dibujo era lo suyo, don Román le pedía que dibujara y cada vez lo hacía mejor.  Incluso llegó a ilustrar los cuadernos que el profesor debía enviar a la inspección educativa. Don Román dejó un magnífico recuerdo en este alumno aventajado en pintura, hasta el punto que después de dejar Ubrique volvió en varias ocasiones a visitarlo y a visitar su estudio.

Como el dibujo era lo que mejor dominaba, con ocho años José Luis comenzó a hacer sus primeros pinitos como repujador en el taller de Fernando Vallejo Martos (que había llegado de Cortes), más tarde con Emilio y finalmente con los hermanos "Retra" en la calle de Los Morales; Manuel, uno de los hermanos, era un hombre de trato exquisito, y José Luis estuvo compaginando trabajo y estudios hasta los doce años.

A pesar de que el oficio de petaquero no le interesaba en absoluto, esa fue la profesión para la que estuvo destinado. Comenzó en la petaquería de los hermanos Sillero, también con Pulido y finalmente con Pedro Cruz. Sus años en el banquillo iban pasando factura, los problemas de su pierna se acentuaron y el estar tanto tiempo sentado comenzó a acarrearle problemas más graves de salud, pero José Luis aguantó todo lo que pudo, pues se había convertido en un padre de familia numerosa y su responsabilidad le hacía trabajar más allá de lo conveniente.






Efectivamente, José Luis había conocido muy joven a una muchachita ubriqueña, Juana Mari Pacheco García, que aunque vivía en Las Cañillas venía con frecuencia al pueblo. Los dos se conocieron en su reunión de amigos. Se hicieron novios, de aquellos noviazgos antiguos que duraban tanto tiempo.
Se casaron en agosto de 1966, instalándose en la calle San José, cerca del antiguo consultorio de Ubrique.
José Luis y Juana han tenido cinco hijos, Casiano, Juan Luis, Carlos Javier, Mari Pili y Esther Mari, la pequeña.
La familia estuvo viviendo en Santa Rosalía, en un piso cuyo alquiler (2000 pesetas al mes) pagaba José Luis haciendo una tarea en su casa, además del trabajo diario.
Más tarde se trasladaron a su actual residencia, en la nueva zona de Ubrique. En estos años José Luis y Juani se han convertido en los felices abuelos de cuatro nietos, Casiano, de 16 años;Hugo, de nueve; Martina, de ocho y Pepe de un año.





Muchas veces nos preguntamos cómo puede una familia numerosa apañarse bien en la casa de un artista, y sabemos que los cuadros van agrupándose detrás de las puertas, en los altillos, por los rincones... Con José Luis no fue una excepción, pronto se vio obligado a buscar un estudio, y eligió uno de los magníficos rincones del casco antiguo, en la calle Guindaleta.  Porque su pasión, la pintura, no lo ha abandonado en ningún momento de su vida.

Lo recordamos en una de sus primeras exposiciones en los salones de la AISS a principios de los setenta, fuimos con nuestros padres a visitarla, el estilo entonces de José Luis era completamente diferente y original, con colores claros y atrevidos diseños cubistas. Lo curioso es que en muchas de sus exposiciones José Luis llevaba los cuadros ya vendidos.
Era una época de nacimiento artístico en Ubrique, y José Luis fundó, junto a otros amigos pintores (Agüera, Martel, Mancilla, Pedro, Joaquín Domínguez...), la "Sociedad de amigos del Arte", dedicados a la enseñanza y difusión del arte en los colegios y por todos los medios posibles.
Daban clases los sábados en las escuelas, organizaban subastas, concursos, exposiciones, todo ello costeando de su propio bolsillo lo necesario y por "amor al arte". Entre esos niños a los que atendían estos artistas han salido varias hornadas de pintores ubriqueños y muchos licenciados en Bellas Artes (actualmente hay treinta y siete en Ubrique).

Después de aquella primera exposición han venido muchas más; sin contar las colectivas, sobrepasan las cincuenta, pues José Luis es un artista prolífico, ha pintado muchísimos más de mil cuadros y sigue pintando día a día, la pintura es su expresión, su refugio, su motor.


Por supuesto que pintar no lo ha mantenido, ni mucho menos, aislado en su estudio. José Luis es una persona implicada y concienciada que ha realizado una gran labor como concejal en el ayuntamiento de Ubrique. Comenzó en los primeros tiempos de la Democracia, junto a Emilio Rubiales, como independiente. Una de sus iniciativas más importantes era terminar con las barreras arquitectónicas. Ubrique es un pueblo con una estructura urbanística difícil para las personas que tienen alguna dificultad de movimiento, con tantas cuestas, estrecheces y escaleras, y José Luis trabajó durante tres legislaturas (junto a Ignacio Calvo y a Reguera) para eliminar esas barreras.
También se ocupó con esmero del Reglamento de Honores y Distinciones del ayuntamiento, luchando para que el pintor Luis del Canto Montero recibiera la Medalla de Plata de Ubrique "por los méritos, acciones y servicios en el ámbito de la promoción y enseñanza de la pintura, así como su colaboración, siempre desinteresada, con distintas asociaciones e instituciones locales en el fomento de las actividades culturales en beneficio de la ciudad y sus habitantes."
También lo conocemos como tertuliano de radio, o como pregonero de la Semana Santa ubriqueña. 



La última exposición de José Luis fue en el convento de capuchinos, junto a don Manuel Pérez Trastoy, y ahora ha preparado una muestra retrospectiva con unos sesenta cuadros que muestran sus diferentes estilos, desde el cubismo hasta la abstracción.

Toda su vida José Luis ha perseverado para ser uno más, para no permitir que las secuelas de aquella enfermedad que sufrió de niño lo apartaran de su camino, para vivir una vida plena, ordenada y tranquila y ahora, a sus setenta y cinco años, se siente orgulloso de la gente de su pueblo, de sus amigos, de los suyos.
También se ha afanado por hacer visible la "discapacidad", actualmente forma parte del colectivo "Arte 2000", formado por cinco artistas con diferentes discapacidades.

Y aún hoy, casi setenta años después de haber trazado sus primeros dibujos en su cuaderno escolar, José Luis sigue disfrutando cuando comienza la "lucha" entre el lienzo y el artista, cuando se le plantea un reto, cuando se enfrenta a un trabajo original, sin muestras, sin cortapisas, solo el lienzo y el pintor.






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domingo, 31 de marzo de 2019

Isabel Domínguez León. Biografía

Cuadernillo de las Hermanas Franciscanas del Rebaño de María
Gentileza de Ramón Trujillo
Isabel Domínguez León con varias hermanas, entre ellas sor Celina y sor Dolores
María Sánchez detrás a la derecha 
Y la niña pequeña, Mari Carmen López





Por Esperanza Cabello

Lo primero que debemos explicar es que esta biografía de Isabel Domínguez León es el resultado de muchas preguntas y la colaboración de un buen montón de ubriqueños y ubriqueñas que han tenido la amabilidad de contarme sus recuerdos y de enviarme sus fotografías. Por eso queremos agradecer...
En primer lugar, a Manuel Zaldívar, que nos envió las imágenes del censo del AMU que nos permitieron saber cuándo nació y quién era su familia.
También a José Gómez, el sepulturero del cementerio de Ubrique, que nos acompañó a la tumba de las dos hermanas, María e Isabel, y así sabemos cuándo murieron.
De la misma forma a Luis Vilches, que nos ha proporcionado las escrituras de la Fundación Isabel Domínguez López y nos ha permitido conocer sus propiedades y los estatutos de dicha fundación.
Ramón Trujillo nos facilitó la  primera fotografía que tuvimos de ella, que es la que comienza esta entrada.
Nuestra tía María de los Ángeles Janeiro, nuestro tío José María Cabello, nuestros amigos Juan Ramírez y Fernando Rodríguez Núñez y nuestra amiga Mari Carmen López nos contaron sus recuerdos, hay que saber que doña Isabel era de un par de generaciones anteriores, por lo que fue amiga de nuestras abuelas o bisabuelas. Ahí aprendimos que durante su estancia en Cádiz había vivido en la Plaza de Mina, 3, en un palacete o los detalles de su matrimonio o de su entierro.
Y finalmente su sobrina Ana María León nos ha contado más detalles de su vida y algunas anécdotas de sus viajes, a la vez que nos ha facilitado algunas fotografías más.
Muchísimas gracias a todos, sois geniales.💜


Isabel Domínguez en uno de sus viajes 
con su sobrina Ana María León



Doña Isabel Domínguez León era la quinta hija del matrimonio formado por Joaquín Domínguez Cantalejo, natural de Villamartín, que había nacido en 1848 y era labrador de profesión y de Isabel León Clavijo, natural de Ubrique, nacida en 1854.
La familia vivía en el número 17 de la calle Sagasta, la actual calle Botica, justo enfrente del hermano de Isabel, Sebastián Domínguez,  que era arriero.
En 1894 tenían cuatro hijos: Ana, de 19 años; Josefa, de 16; María, de 12 años y Joaquín de 3 años.
La benjamina de la familia, Isabel,  nació  en Ubrique cinco años más tarde, concretamente el ocho de diciembre de 1899.
Sus padres murieron excesivamente pronto. En el libro de censos del AMU de 1909 encontramos que la cabeza de familia es Ana María, la hermana mayor, que tiene, en ese momento, 31 años, veinte más que Isabel. Entonces los cinco hermanos siguen viviendo en la calle Botica, aunque Joaquín está estudiando en Cádiz. La familia era pudiente, y tenía los medios suficientes para pagar los estudios del varón.

Datos del AMU
gentileza de Manuel Zaldívar


Hasta ahí los datos que tenemos fijos; imaginamos que la vida de Isabel transcurriría apaciblemente en el Ubrique de principios del siglo XX, y que, como otras familias adineradas, trasladaron su residencia a Cádiz en los tiempos tumultuosos de la II República o de la Guerra Civil.
De nuevo sabemos que Isabel vive en Cádiz, en la Plaza de Mina, 3, en una lujosa mansión, y también que se casó con un médico, pero el matrimonio fue un perfecto fracaso.
En la época no existía el divorcio, pero ambos se separaron, e Isabel siguió viviendo allí con su hermana María, doce años mayor que ella.

A mediados de los cincuenta, las dos hermanas deciden volver a vivir en su pueblo natal, compraron la casa de los abuelos de María Teresa Benítez, al principio de la calle del Perdón. Les costó treinta mil pesetas en la época, que no era poco.
En realidad eran tres casas, los números dos, cuatro y seis de la calle del Perdón, sobre el solar de estos edificios construyeron una gran casa, que consta así en el Registro de la Propiedad de Ubrique:

Casa sita en la villa de Ubrique, en la calle Auditor Bohórquez señalada con el número 6 de gobierno, formada por las ca­sas que ostentaban los números dos al seis de la misma calle. Consta de dos plantas en su parte delantera y de tres en las crujías posteriores, una de ellas asotanada que tiene dos puertas a la calle Doctor Serafín Bohórquez. Tiene una su­perficie de doscientos ochenta metros y treinta y nueve decímetros cuadrados, y sus linderos son: derecha, entrando, casa de la calle San Francisco, propia de Salvador Gallego Rojas; iz­quierda, la número ocho de la calle Auditor Bo­hórquez, propia de la Fundación Asilo Nuestra Señora de Los Remedios de Ubrique; y fondo, con calle Doctor Serafín Bohórquez.
 
 
Las dos hermanas llegaron a Ubrique para quedarse,  tenían gratos recuerdos de su infancia y juventud y pensaron acercarse a la familia. Su madre era ubriqueña y tenían muchos primos y sobrinos, entre ellos sigue reinando el apellido "León".
Al ser acaudaladas su tren de vida era  diferente al que llevaban otras familias. En su casa vivía una cocinera y dos criadas. Además tenían un chófer, que en los primeros años fue Diego, "el Candelilla", más tarde su hijo, Curro, y finalmente un joven llamado Juan, de Algar, que también vivía en la casa.
Los pueblos son muy dados a poner apodos, por lo que rápidamente se las conoció como "las Ricachonas".
 
 
Este es un recuerdo de José María Cabello: "Su llegada a Ubrique, después de una larga estancia en la capital, fue espectacular. Recuerdo que fue en verano, sin concretar año,disfrutaba de mis vacaciones cuando un suntuoso haiga (posiblemente un Mercedes) atravesaba lentamente las calles de Ubrique. El chófer y dos señoras. Enseguida se comentó que eran dos paisanas que volvían a vivir en Ubrique. Después se conocieron sus nombres y apellidos".
En realidad el primer coche fue un seat 1.500, y más tarde, con Juan, compraron un Mercedes.


La hermana María, mayor que Isabel doce años, murió muy pronto, en diciembre de 1958, con 76 años, y no tuvo descendencia. Llevaban pocos años en Ubrique, e Isabel hizo construir un discreto túmulo en el cementerio de San Bartolomé para ambas.

Tumba de doña María Domínguez León
Cementerio de Ubrique


Antes de la muerte de su hermana, Isabel se había rodeado de su familia, de sus primos y sobrinos, y también de las monjas del asilo, sus vecinas, con las que había entablado gran amistad.
Su sobrina Ana María recuerda que en aquella lujosa casa celebraron algunas fiestas, sobre todo en Navidad o fin de año, ella acompañaba a su tía en muchas ocasiones, sobre todo en los viajes.
Porque Isabel era una gran viajera, siempre acompañada de amigos y familiares recorría Andalucía. Uno de sus viajes favoritos era a Marmolejo, a tomar las aguas, y en estas fotografías podemos verla en Úbeda, un verano.



 Isabel Domínguez León a la derecha
Fotografía gentileza de Ana María León

También viajaba a visitar sus fincas, tenía un gran patrimonio, varias fincas en El Coronil, un molino en Coripe... 
Si calculamos que dejó una fundación con más de diez millones de pesetas de la época, podemos decir que tenía un patrimonio realmente considerable.
Muchos de los ubriqueños de entonces la recuerdan  en algunos eventos municipales, pronto se hizo un hueco en la vida del pueblo, sobre todo en lo relacionado con la parroquia.
Amante de la música y muy amiga del Cardenal Bueno Monreal, Isabel compró un órgano para la iglesia del pueblo, que hasta entonces no tenía.
El cardenal, que era de Jaca, tenía previsto traer a Ubrique a uno de sus "protegidos", un curita muy joven, recién ordenado, con apenas 23 años, que era un genio de la música y que quería ser organista de la Catedral de Sevilla. Bueno Monreal trajo a Ubrique a don José Enrique Ayarra Jarne, que llegó a Ubrique en la primavera de 1960 y  pasó en nuestro pueblo poco más de un año.
A pesar de que esta estancia fue muy breve, don José Enrique dejó una profunda huella en todos los ubriqueños, no solo como magnífico organista (en este enlace) sino como gran persona, gran montañero, buen amigo, fundador de la coral y, sobre todo, como enamorado de Ubrique y la sierra.
Esa es una de las cosas que debemos a Isabel Domínguez.



Un año antes de la llegada de don José Enrique a Ubrique, y al mes de morir su hermana María, Isabel decidió legar su patrimonio al pueblo de Ubrique, para lo que fundó una "Institución de Beneficiencia, de duración indefinida, con personalidad jurídica y plena capacidad para poseer, adquirir y enajenar bienes de todas clases. 





Fue establecida su voluntad de constituir y do­tada por Doña Isabel Domínguez León mediante testamento otorgado en Ronda, el día 3 de Enero de 1.959, ante su Notario don José Caravias Villen, y formalizada en escritura pública otorga­da en Ubrique, tras su fallecimiento por el Albacea-Contador Partidor, el día 17 de Octubre de 1.963, ante el Notario de Ubrique D. Rafael Rodríguez Navarro, en la que se establecieron asimismo sus Estatutos."


 
            Lápida de Isabel Domínguez León
            Cementerio de san Bartolomé. Ubrique

Efectivamente Isabel murió el 13 de enero de 1963, a los 65 años de edad, como consecuencia de una caída accidental en su casa de Sevilla, en la calle Brasil.
Ella había dejado instrucciones para ser enterrada en Ubrique, cuando llegó a nuestro pueblo el cortejo fúnebre, algunos de los entonces niños del pueblo recuerdan momentos memorables, como cuando no encontraban las llaves de la casa y tuvieron que romper uno de los cristales de un balcón para entrar, o cuando los niños y las niñas se fueron sin permiso detrás del cortejo fúnebre hacia el cementerio y después en casa les regañaron.
Y también, lo más triste, cuando al día siguiente llegó el marido, del que Isabel se había separado cuando no existían ni separación ni divorcios legales, y que se llevó en un camión casi todo el mobiliario y el ajuar de la casa, exceptuando los muebles y enseres de la salita, algunos de los cuales (por ejemplo el reloj) están ahora en la parroquia.


 Con su sobrina y unas amigas en Úbeda
  Fotografía gentileza de Ana María León


Al morir, todo el patrimonio de Isabel Domínguez pasó a la fundación que ella misma había constituido cuatro años antes. La Fundación Isabel Domínguez León está administrada a perpetuidad por las personas que ostentan en ubrique el cargo de alcalde o alcaldesa; juez o jueza y párroco.
Su generosidad abarca, fundamentalmente, el ámbito de la beneficiencia, pero también el ámbito cultural local.
Su casa fue a principios de los setenta la sede de la primera maternidad de Ubrique, y actualmente es la sede de Cáritas, abierta a todos los que la necesiten.


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