Este blog, "El blog de Ocurris", que comencé en 2007, es un homenaje a mis padres, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández, a su vida y a su trabajo. Quiero recuperar sus escritos, sus investigaciones y muchos de sus recuerdos.
Al mismo tiempo es un amable homenaje a todos los miembros de nuestra familia y a nuestro pueblo, Ubrique, para que no se pierda la historia de los que nos precedieron y podamos recuperarla entre todos. Gracias. Esperanza Cabello Izquierdo.
Varias veces hemos hablado de las excursiones al Pico de San Cristóbal que organizó nuestro padre durante más de quince años. Hoy hemos recibido esta fotografía, gracias a la gentileza de Puri Hinojo y Juan Manuel Román, de la elección de "Mis Pico de San Cristóbal, 1972". Los dos últimos años, todos los participantes en la excursión se reunían en la Plaza de Grazalema, allí se seleccionaba a una de las chicas a la que se imponía la banda de "Mis Pico de San Cristóbal" y se le entregaban unas flores. La foto corresponde a la última etapa de esta excursión, en la Plaza de El Bosque.
Julia Janeiro y Natalia Fernández Madrinas en la boda de nuestros padres
Calle San Pedro, Ubrique, 1957
Muchas veces hemos hablado de nuestras dos abuelas, Julia y Natalia, en este blog, no en vano han sido las que han creado los lazos más fuertes en ambas familias. Las dos tenían mucho en común, las dos tuvieron vivencias terribles y vivencias fantásticas, las dos vivieron la guerra, el encarcelamiento de los maridos, los años difíciles, las alegrías de la vida. Las dos fueron madres de familias numerosas, las dos eran piadosas, cariñosas, entregadas. Nuestras dos abuelas fueron un gran ejemplo para todos nosotros...
...y las dos eran unas artistazas!
Natalia Fernández haciendo croché, 1960
Nuestra abuela Julia pintaba, y nuestra abuela Natalia cosía: las dos con un primor, un detallismo, una meticulosidad y un buen hacer, que sus obras quedarán para siempre como modelo para nosotros.
Credencial de Batidor de Misión Rescate Juan Manuel Román, año 1970
El ubriqueño Juan Manuel Román García ha tenido la gentileza de enviarnos su credencial de Batidor de Misión Rescate. Se lo agradecemos muchísimo, porque no encontrábamos ninguna de las credenciales, a pesar de que en Ubrique había cientos de niños y niñas que pertenecían a Misión Rescate.
Pertenecer a Misión Rescate era una experiencia y un lujo. Para todos los niños ubriqueños era una ilusión formar parte de esta experiencia, poder hacer excursiones por el campo buscando restos de antiguas culturas, que te eligieran para pertenecer al grupo 208, que te dieran un premio, dar infinitos paseos con tus amigos por el campo, que pudieras hablar en la radio o salir en la televisión, que encontraras una moneda, o restos de cerámica, o unos muros que serían romanos o árabes...
Y la credencial de batidor testificaba que pertenecías a un colectivo que salvaguardaba el arte, la cultura y el patrimonio de nuestros pueblos.
Código de los Batidores En el reverso de la credencial
También sabíamos todos que los batidores tenían obligaciones, que el respeto era lo más importante y, sobre todo, sabíamos que en nuestro pueblo había arte, cultura y patrimonio que respetar.
Impresionante vista del Garciago Foto: Leandro Cabello
Hoy he dado un paseo por la Cañada de los Gamonales. Aunque hay que subir una gran cuesta, la cercanía a Ubrique y lo bonito del paisaje hacen de este paseo un itinerario totalmente recomendable. Conforme se va subiendo la vegetación va cambiando: desde el bosque de alcornoques en la parte baja a los prados más arriba; pero lo más llamativo es la gran muralla de roca caliza que pertenece a la Sierra de Ubrique y que de pronto encontramos ante nosotros.
Según avanzaba, se iba mostrando la Sierra con toda su majestuosidad.
El poblado del Garciago, en la meseta
Foto: Leandro Cabello
Si nos fijamos bien, podemos ver las cuevas, las líneas de sedimento, los derrumbes recientes y ¿cómo no? las ruinas del Poblado del Garciago, un antiguo asentamiento que perteneció al Señorío de Las Siete Villas y que fue abandonado por sus habitantes hace cientos de años, cuando se fueron a vivir a Ubrique. Cuando éramos unos chiquillos vinimos muchas veces con nuestro padre a ver los restos del poblado.
Sobre el tajo pequeño se encontraba el Garciago.
Foto: Leandro Cabello
Ante estos espectaculares cortados uno no puede dejar de pensar que es una zona inmejorable para la práctica de la escalada, y aunque no sea practicante de este deporte, ya me veía calzado con mis pies de gato, el arnés y el saquito de magnesio colgado a la espalda yagarrado a algún saliente. Seguro que además de disfrutar de la escalada disfrutaría con las vistas.
Con estos pensamientos caminaba acercándome al pie del tajo cuando al pasar una angarilla me encontré con este letrero:
Con ésto quedo quedó truncada mi nueva afición a la escalada. Me conformé con llegar al pie del Garciago y ver desde lejos las pocas ruinas que quedan. No me atrevía a subir porque le hago mucho caso a los carteles (también estaba un poco cansado).
Sólo me quedaba pensar en la prohibición: primero se me vino a la cabeza que seguramente el dueño no quiere estar recogiendo a algún herido de vez en cuando.Después pensé en las ruinas y en los posibles restos que todavía se pueden preservar y no debieran perderse.
Pero alcé mi vista a la pared y vi cómo un gran grupo de buitres leonados planeaba en círculos. Algunos se posaban de vez en cuando en alguna de las multiples oquedades y me imagino que la prohibición es por guardar sus nidos . Así que pensé: que vivan tranquilos, ésta sí que me parece una razón de peso.
Ya buscaré otro sitio para comenzar mi nueva afición a la escalada.
Pelea de gallos Fotografía recuperada por Francisco Javier Janeiro
Francisco Javier Janeiro nos ha enviado una nueva fotografía de Ubrique. Se trata de la imagen de una pelea de gallos sobre la que no tenemos ningún datos. Parece que era una actividad popular en el pueblo a principios del siglo pasado.
Los Llanos del Republicano: Villaluenga del Rosario
Si subes por el camino que comienza junto a la piscina de Villaluenga y que llega al puerto de las Viñas te encuentras con uno de los lugares más maravillosos de la sierra de Cádiz:
LOS LLANOS DEL REPUBLICANO
En este paraje natural, si observas el paisaje detenidamente puedes encontrar muchas cosas: una buena maceta de espárragos o una cesta de setas para hacerte un revuelto. Por favor, no hagas como esa gente que llena bolsas y bolsas de setas que al final acaban tiradas en la cuneta o en cualquier cubo de basura, porque no conocen las setas y las desperdician.
También puedes encontrar en El Republicano a los miembros del Grupo de Rescate de Montaña del parque de bomberos de Ubrique buscando a algún senderista perdido y con mucho frío, porque allí arriba es posible que te nieve en invierno.
Con un poco de suerte podíamos encontrarnos con el cosario que subía de Ubrique a Ronda por estos llanos siempre haciendo algún negocio trayendo y llevando mercancías de primera necesidad con sus mulos.
Con el cosario podías encontrar, cómo no, a algún Ubriqueño que aprovechaba el viaje para visitar "al de los huesos"en Benaojan.
Incluso era posible encontrarse a Manuel Cabello fotografiando un dolmen o alguna obra de moro, y por supuesto buscando a su amigo Curro Olmo para comprarle un buen queso de cabra payoya.
En El Republicano nos podíamos encontrar al mismo Curro Olmo, que después de la guerra civil formó parte de una murga en Villaluenga , la misma que una vez fue haciendo un bonito "pasacalles" por estos llanos pues tenían una actuación en Montejaque.
O incluso al republicano que, después de la guerra, permaneció escondido en cuevas de esta zona durante muchos años y que cocinaba con carbón para no hacer humo y ser descubierto.
Asímismo, al fondo del valle y junto al paso del correo que une este llano con los llanos de Libar, nos podemos encontrar con la Sima del Republicano que es un verdadero paraíso para los espeleólogos por donde se cuela todo el agua que cae en los llanos .
Y por supuestísimo, en los Llanos del Republicano puedes encontrarte con un grupo de amigos camino del Navazo para pasar un fin de semana haciendo un descanso...
Grupo de amigos descansando
Octubre 1998
Pero yo he encontrado algo que me imagino que no tendrá mucha importancia teniendo en cuenta la cantidad de cosas que puedes encontrar: una avioneta que tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en LOS LLANOS DEL REPUBLICANO.
Foto: Leandro Cabello con la avioneta en los Llanos del Republicano
Borrador para el libro "Ubrique, Piel al descubierto" pág, 131 Fotografía: Manuel Cabello, 1991
Edificaciones sobre restos de murallas (restos andalusíes)
Este fin de semana hemos tenido la ocasión de hojear con nuestra madre el libro del ubriqueño Alejandro Pérez Ordóñez: "Sierra de Cádiz Andalusí".
Es un libro precioso, de edición muy cuidada, con muy buenas fotografías, bien documentado, alegre, ordenado, preciso, completo. Nos ha encantado. Además, pese a ser técnico y riguroso, es un libro muy humano; los agradecimientos, las reseñas, el prefacio , el prólogo y algunos detalles nos hacen pensar en una gran persona.
Portada de "Sierra de Cádiz Andalusí"
Alejandro también fue alumno de nuestro padre, o, por lo menos, de su colegio. Nuestra madre dice que era un niño extraordinario, y que nuestro padre lo apreciaba muchísimo, decía que le recordaba enormemente a su nieto, Serafín, que tenía mucha curiosidad y se interesaba por todo, por los animales, por la historia, por la ciencia... Seguramente no podía ni imaginar, cuando hablaba con su padre y le decía que ese chaval tenía que seguir estudiando, que valía muchísimo, que Alejandro sería historiador, y de los muy buenos, y que publicaría este libro del que, sin lugar a dudas, Manuel Cabello estaría muy orgulloso. ¡Enhorabuena, Alejandro!
Nuestra madre estaba emocionada. El libro de Alejandro le ha recordado mucho lo que vivió con nuestro padre. Las fotografías, los lugares...Alejandro describe minuciosamente todas las muestras de arquitectura islámica en nuestra comarca y ella sabe mejor que nadie cuántos paseos dieron ella y nuestro padre por esas sierras, cuántas veces hablaron con los vecinos, con los dueños de los campos, con los pastores, con los cazadores... Muchas veces nos llevaban a nosotros, apasionados de las piedras y de los "huesos antiguos", aunque fueran de oveja. O de esos restos "tan antiguos y tan romanos", aunque fueran trozos de tinajas. Más tarde iban con los nietos mayores, Ester y José Manuel, que los acompañaban en todos los paseos. Otras veces era con los alumnos. Los niños y niñas de Misión Rescate que aprendimos a conocer y a querer nuestra sierra en aquellos paseos.
Esperanza recuerda cuántas veces fueron a Aznalmara (decían que había un pasadizo subterráneo que llevaba hasta el río, pero nunca se encontró), a Fátima, a Cardela, al Salto de la Mora, al Garciago... y a Archite. Por lo visto, Archite, una de las Siete Villas, no estaba localizada. Se sabía que había existido, pero nadie sabía dónde. Había una finca muy cerca de Benaocaz, que se llamaba "Chite", con un nombre claro pero que estaba demasiado cerca del pueblo para ser otro asentamiento, así que buscaron por el Rano, por Agua Nueva, por la Diaclasa...
Un día, hablando con el dueño de la finca, éste les contó que mientras estaba cavando, salió volando un insecto muy grande de una hoquedad, y que allí tenía que haber tumbas, porque había huecos. Entonces fueron a esa zona y, efectivamente, podía vislumbrarse el trazado de varias edificaciones, restos de muros y los enterramientos. Allí estaba Archite, muy cerquita de Benaocaz. Hablando con el secretario del Ayuntamiento, llegaron a la conclusión de que en realidad en 1500 no estaría tan cerca, porque Benaocaz ocuparía sólo el Barrio Nazarí, y que las dos villas estarían separadas más de dos kilómetros.
Trabajo de campo de Manuel Cabello con el equipo de Misión Rescate, 1969
Aunque se les vea de espaldas, la silueta de estos batidores de Misión Rescate es inconfundible: Manuel, Francisco, José Luis, Ángel, Pepe, Manolo, Zurita, Pepe Gómez, Leandro... Manuel Cabello recorrió una y mil veces nuestra sierra, acompañado casi siempre por su mujer, Esperanza, o llevando a sus alumnos a conocer nuevos lugares. Consiguió catalogar más de doscientos yacimientos arqueológicos, y se puso en contacto con todos los organismos posibles para llamar la atención sobre estos yacimientos para que no cayeran en el olvido.
Hoy transcribimos una parte del capítulo XI de "Ubrique, encrucijada histórica", en el que relata cómo a mediados de los setenta localizaron Archite, un poblado medieval abandonado en 1522, del que se sabía poca cosa hasta el momento. Manuel Cabello se aseguró de su existencia en los Archivos de Benaocaz, estudiando los documentos del "Señorío de las Siete Villas", y posteriormente procedió a su localización y señalización.
CAPÍTULO XI EL ARCHIVO HISTÓRICO DE BENAOCAZ LA PANDILLA LOCALIZA ARCHITE Y OTRAS ZONAS ARQUEOLÓGICAS
Lamentablemente quedaría dormida la piqueta de los arqueólogos por unos años, trás el cierre de las excavaciones oficiales del Salto de la Mora que ya se conocía como muy importante en la proyección de la arqueología nacional. Si en capítulos anteriores decíamos que "las cosas de palacio van despacio", la situación de la arqueología, por aquellas fechas, iba que... ¡ya, ya...!
Tenemos que recordar, una vez más, la visita a las fiestas ancestrales de Benaocaz, y cómo, visitando el antro de lo que fuera la cárcel de la villa, en los bajos del Ayuntamiento, vimos tirado por los suelos un conjunto de legajos y librotes de los que, en principio, no pudimos tener ni idea de su contenido ni de su calidad histórica.
Después, buscando y seleccionando el material de archivo, seleccionamos 24 legajos, de los que destacamos uno de 1555, compuesto por 103 folios manuscritos que interpretamos como "Ordenanzas dadas por el Duque de Arcos para la buena marcha de los pueblos de la Serranía de Villaluenga", más otros 23 que estudiamos en profundidad, y que relacionaremos al final del presente capítulo, no sin antes añadir que fueron tantos días y tantas horas, lupa, máquina y lápices en mano, que, agotados muchas veces, descansábamos paseando o haciendo excursiones por los alrededores de Benaocaz. Porque...
...Archite, no cabía duda, era una de las Siete Villas, situada entre Ubrique y Benaocaz. Pero ¿Dónde estaba? Muchas veces habíamos recorrido la calzada, camino primitivo entre estas dos poblaciones, casi siempre rastreando a la busca de cualquier testimonio histórico. Pero intentar localizar Archite era algo aventurado, porque en el corto espacio entre las dos poblaciones, apenas una legua, no era fácil encontrar el llano más apropiado para su localización, Sólo había dos, el del Rano, muy próximo a Ubrique, y el del Chite, pequeña finca muy próxima a Benaocaz, y en ninguno de los dos se daba el condicionamiento idóneo para la ubicación de una población, con el entorno natural de aquella época medieval, como era la altura para su propia defensa.
Pero, a fuer de ser sinceros, aquella pequeña parcelación, conocida como "El Chite", nos daba cada día más y más sospecha de que pudiera tener su origen en la desaparecida Archite. Así pues centramos nuestras investigaciones en aquella zona, y con sólo un par de visitas, ya el verano cayendo, cuando todo está limpio por las primeras aguas septembrinas y los pastos agostados, pudimos observar (en esta visita nos acompañaba nuestro buen amigo don Francisco Álvarez, propietario de la finca) in situ los vestigios de la población desaparecida.
Efectivamente su trazado, con algunas calles perfectamente delimitadas, sus cuadros de edificaciones aisladas, a manera de ínsulas, unos enterramientos descubiertos tiempo atrás por el propio señor Álvarez, canales para el riego de esa zona tan fértil y favorecida por las aguas de la Fuente Santa...
Podemos asegurar que nos encontrábamos en la antigua población de Archite, de la que, consultados algunos textos, sabemos que pervivió hasta el año 1552, cuando sus vecinos decidieron abandonar aquellos lugares para instalarse en Ubrique. Y cuenta el Padre Sebastián de Ubrique, historiador Capuchino, que, en dicho traslado se trajeron a esta última población a su Patrona la Inmaculada, que seguramente fue la antigua titular de la parroquia de Nuestra Señora de la O, talla muy curiosa, entre ojival y renacimiento, que fue quemada en los sucesos de abril de 1936. Aragón Macías, otro historiador ubriqueño, nacido en Arcos, nos dejó una interesante relación de los primeros cuarenta repobladores de Archite, en su libro "Miscelánea", pero habrá que dejar a los futuros historiadores esa parcela, ya que nuestra obra sólo atiende a los hechos anecdóticos y testimoniales en busca de los protagonistas de la historia comarcal."
Termina el capítulo haciendo un listado de los interesantísimos documentos que pudieron consultar en el Archivo Municipal de Benaocaz, y llamando la atención de las autoridades, para que ese "tesoro fuera custodiado al máximo, evitando con ello su destrucción y olvido, y así conservarlo para que los eruditos y las generaciones venideras puedan gozar de su contenido."
Ubrique nevado el 3 de febrero de 1954 Fotografía recuperada por Francisco Javier Janeiro Pérez
Autor: Francisco García Parra
Por Esperanza Cabello
No es muy normal que nieve en Ubrique, ni siquiera en los inviernos más crudos. Siempre hemos subido a Grazalema, a Villaluenga o a Benaocaz cuando nevaba, a jugar con la nieve y a disfrutar del espectáculo de nuestra sierra nevada.
Pero hay varias nevadas que todos recuerdan, la de febrero de 1954, o la de marzo de 1960, por ejemplo.
Nosotros recordamos con especial cariño la de febrero de 1993, cuando nevó en carnavales, y estábamos en la cabalgata vestidos de tuareg, con la camella. Nuestro hermano Leandro, que tenía preparada la patacabra para quemar, como todos los años, se puso tan contento de sentir la nieve, que empezó a saltar y a bailar, y todos los "tuareg" empezaron a bailar, a "orar" y a cantar. Fue uno de los momentos más mágicos de todos los carnavales que hemos vivido.
Un poco más tarde, cuando llegamos al llano para quemar la patacabra, pudimos juntar la nieve y el fuego, y la pobre camella ardió sobre la nieve.
Esta fotografía que nos ha enviado Francisco Javier Janeiro nos ha hecho evocar momentos de alegría en la nieve y hemos mezclado varios temas. Nos centraremos en la foto.
Se trata de una fotografía tomada en febrero de 1954, cuando una enorme nevada cayó sobre Ubrique. En primer término se ve, a la izquierda, el campo de fútbol antiguo, y a la derecha la fábrica de artículos de piel A.B.C.
Está tomada desde Las Cumbres, y podemos ver cómo el pueblo terminaba ahí, justo en el centro de Los Callejones, el resto, huertas nevadas.
Reverso de la fotografía Explicaciones de Francisco García Parra
Don Francisco Garcia Parra fue muy cuidadoso en sus explicaciones, e intentó reflejar en sus fotografías el verdadero Ubrique entre los años treinta y sesenta. Gracias a sus imágenes y a sus crónicas, podemos hacernos una idea de cómo era nuestro pueblo y sus gentes hacé más de medio siglo.
Nota del 22 de diciembre de 2012: La casualidad ha hecho que llegue a nuestras manos una fotografía de Arcos de la Frontera nevado en 1954 en la página de facebook de Faín Viejo, es una preciosa imagen (posiblemente de Víctor Marín), precisamente del mismo día que Francisco García Parra fotografió Ubrique.
Fotografía de la Primera Comunión de Manuel Cabello Enviada por Francisco Javier Janeiro
Ayer tuvimos la suerte de hablar un ratito con nuestra tía Julia Janeiro, que vive en Albacete, y de contactar con su hermano Javier. Los dos son hijos del tío Ángel y nietos de Manuel Janeiro. Nos ha encantado poder hablar con ellos, saber que la familia sigue bien, grande y unida, y que los recuerdos que estamos recuperando entre todos no se van a perder. Javier nos ha enviado esta fotografía de nuestro padre, recuerdo de su Primera Comunión, el ocho de septiembre de 1937, con cinco añitos. En el reverso de la tarjeta podemos leer la dedicatoria de nuestro padre a sus tíos: "A mis queridos titos, Lola y Ángel de su sobrino Manolito. Ubrique, 8 Sepbre. 1937". Muchas gracias, Javier, y bienvenido.
Dedicatoria de Manuel Cabello A sus tíos Ángel y Dolores
Es curioso como de una simple anécdota se puede crear una historia interesante o, por lo menos, curiosa.
Hace unos días comentaba con mi madre una entrada para este blog sobre los Llanos del Republicano y me contó como hace un tiempo vino un grupo de espeleólogos y zoólogos que venían de Cataluña para buscar en la Sima del Republicano un extraño insecto que vivía en aquella cueva. En Villaluenga les hablaron de mi padre, de modo que uno de ellos vino a nuestra casa buscando información.
Dio la casualidad que llegó a la hora de la cena y mientras que mi padre le explicaba lo que el espeleólogo necesitaba saber, mi madre, que preparaba la cena, le ofreció un plato de huevos fritos con chorizo, que aquel hombre comió encantado, elogiando enormemente aquel plato que le habían ofrecido.
En los días sucesivos este señor siguió viniendo a nuestrta casa para explicar el progreso de las investigaciones ¡¡¡precisamente a la hora de la cena!!!
Manüel Pillard: "Des Toits" 1972
Enlazando la anterior historia también contó mi madre como en los años setenta visitó Ubrique un pintor francés llamado Manel Pillard, ¨profesor de la Sorbona y enviado por la casa Velázquez , en Madrid, que fue enviado por Salvador de Sancha. Estuvo un tiempo por la zona pintando en Ubrique y Ronda . Aquí lo acogieron como a un hijo, y mi madre recuerda todavía la manera de relamerse ante un buen plato de huevos fritos con chorizo, ya se sabe, los artistas…
Con el tiempo se estableció entre su familia y la nuestra un gran lazo de amistad que aún perdura no sé si ha tenido que ver algo el menú.
Por lo anterior recordé una historia que nos contaba mi padre; cuando termino la mili en Ceuta, vino en tren hasta la estación de Cortes . Allí hubiera debido esperar un medio de transporte, pero con la impaciencia por llegar decidió venir andando, de modo que se puso en marcha.
Como la tarde caía, antes de llegar al berrueco decidió cortar camino por el monte de Barría para llegar al puente, pero la noche se le echó encima y se desorientó. Cuando ya se estaba angustiando, y muertecito de hanbre, vio a lo lejos una lucecita e imaginó que sería de una casa.
Cuando llamó a la puerta le abrieron con cautela. Allí vivía un matrimonio. Mi padre les preguntó por el caminoa Ubrique, pero la mujer le dijo que antes tenía que comer algo de modo que le preparó … un buen PLATO DE HUEVOS FRITOS CON CHORIZO. Me imagino de que forma se lo comería aquel soldado! Cuando terminó, el hombre abrió la puerta delantera de la casa, había entrado por la puerta trasera, y la casa estaba pegada a la carretera de Ubrique. Mi padre siempre les agradeció aquel gesto, y siempre habló de aquellos huevos con chorizo...
Pasado el tiempo, una vez que bajabamos en coche desde el mojón, encontramos a una señora en la carretera pidiendo ayuda pues su marido se encontraba mal. Nos bajamos del coche y mi padre los montó para traerlos a Ubrique, sin saber quiénes eran. Resultó ser el matrimonio que le había atendido hacía muchos años y a la mujer le dio una gran alegría de saber quien les estaba ayudando. Por desgracia no sé el nombre de aquella familia, pero intentaré averiguarlo.
Así de estupenda está nuestra tía Isabel Álvarez, la mayor de la familia, y con unos recuerdos increíbles. Ya nos contó la historia de los premios del Ayuntamiento que relatamos hace unos días, y hoy hemos estado hablando de su abuelo, Manuel Janeiro Córdoba.
"Mi abuelo Manuel (1859) se casó dos veces, primero con Isabel Rubiales Coveñas, mi abuela, y cuando mi abuela murió, se casó con Julia Rubiales Coveñas, la hermana de su primera mujer. Tuvo muchos hijos, Edmundo, Humberto, Ángel, Isabel, Arsenio, Julia, Rogelio, Pedro, Manuel, Eloy y Ana, se ocupó siempre de todos ellos con mucho cariño.
Por lo visto cuando era chico lo habían puesto de carpintero, pero a él lo que le gustaba era el Café que tenía mi bisabuela. Así que se ocupó durante toda su vida del Café de Janeiro, en el establecimiento que la familia tenía en la Plaza de Abastos, que hoy se llama la Plaza de la Verdura. La plaza era muy diferente entonces, no había árboles ni cruz, y el suelo estaba empedrado. Se llamaba Plaza de Abastos porque todas las mañanas se montaba el mercado. La gente venía de sus huertas muy temprano, con un saco y una caja en la que llevaban la mercancía. Extendían el saco sobre el suelo y allí ponían las dos o tres cosas que vendían: unas papas, unos pimientos, unos "moniatos". Eran tiempos de menos abundancia.
Tanto en invierno como en verano, mi abuelo abría el café a las seis de la mañana. Me acuerdo de mi tío Ángel dándole vueltas al bombo en el que se tostaban los granos de café. Se olía a café recién tostado desde todos los rincones de la Plaza. Entonces mi abuelo les daba a cada uno de los vendedores de la plaza una tortilla (tortitas que hacían con harina, manteca y azúcar) y un vaso de aguardiente, de balde. No podía soportar verlos allí con el frío, sentados en la caja. Siempre se ocupaba de los que tenían menos. Tampoco les cobraba nunca nada a los que tenían más de sesenta años, decía que ya habían pagado bastante.
Mi abuelo era masón, le gustaba ayudar a los demás. Era un hombre muy culto, le gustaba leer y siempre estaba al día con las noticias. Se dedicaba muchos ratos a pintar, hacía unos cuadros preciosos, y a mis tíos los enseñó a pintar también.
Como tenía el café debajo de la casa, pasaba allí todo el tiempo. Le gustaba mucho organizar entretenimientos. Cada noche contrataba alguno diferente. Me acuerdo de que el cómico que más me gustaba era "El Regaera", nos reíamos muchísimo. También traía a los titiriteros y a los comediantes.
Yo no conocí lo de la Comedia de Ubrique, pero mi tía Ana contaba y no paraba, le encantaban las historias antiguas. Por lo visto mi abuelo llamó a unos cómicos para que hicieran un teatro. Como no venían, llamó a otros, y los primeros, que se enteraron, se enfadaron y se pusieron de acuerdo para estropear la representación, así que por la tarde, cuando la obra se estaba representando, empezaron a meterse y terminaron todos a tortas...
Lo que más le gustaba a mi abuelo eran los toros. Primero organizaba él mismo "El toro del gayumbo", eso era como el toro de cuerda, lo iban trayendo hasta el matadero, que estaba en la esquina de la Plaza de la Verdura. Después, cuando le tocó la lotería, se puso de acuerdo con su cuñado para construir la Plaza de Toros de Ubrique.
De todo esto hace ya mucho tiempo, recuerdo a mis tíos, Paco y Julia, que se quedaron a vivir en la casa familiar, porque Paco fue comprando las partes a los hermanos, y a mi tía Ana, que se quedó con ellos para ayudar a Julia. Recuerdo a mi tío Manuel, que se fue a Argentina, a mi tío Humberto, que tenía una fábrica de fideos y los sacaba a la plaza para que se secaran ...
Mi madre hablaba mucho de mi abuelo, empezaba a contar historias y no paraba..."
Isabel, afortunadamente, tampoco para. Recuerda perfectamente cientos de anécdotas familiares, y nos ha encantado escuchar esta versión de lo que sucedió en Ubrique con "La Comedia de Ubrique". Seguramente nunca sabremos qué pasó en realidad, si el público se levantó para defender a la protagonista o si los actores de otra compañía boicotearon la representación, lo que sí parece seguro es que aquello terminó "a capotazos".
Ya hemos tratado con anterioridad el tema del Archivo de Benaocaz, cuando Manuel Cabello comenzó en el año 1972, con sumo cuidado y el asesoramiento de expertos, a ordenar y catalogar someramente el archivo de Benaocaz, en estado de semi-abandono hasta ese momento, en el que los responsables municipales solicitaron su ayuda y asesoramiento para emprender la dificilísima tarea de organizar los legajos sin dañarlos. Una parte de este trabajo la publicó en su libro "Ubrique, encrucijada histórica", y nosotros hemos estado intentando encontrar la documentación original, pero hasta el momento no la hemos encontrado. Lo que sí hemos encontrado han sido estas dos fotografías de los archivos, distintas de la que teníamos hasta el momento, relizadas por nuestro padre. La primera es de dos cartas de finales del siglo XVI y la segunda es la página exacta en la que se hacen constar los pricvilegios de la Mesta en Benaocaz y el escrito de querella y demanda por Juan Sigler, procurador del Concejo de Mesta en contra de la Villa de Benaocaz.
La Torre del San Antonio, hace unos días, con su reloj averiado
Foto: Leandro Cabello
Por Leandro Cabello
El San Antonio, y con él su reloj, se ha convertido en un símbolo de Ubrique, o, como dice Ana María Benítez, en una reliquia para los ubriqueños.
Ya en entradas anteriores explicamos que la torre del San Antonio había sufrido grandes transformaciones a lo largo de su historia, y nuestro padre dedicó varios estudios a la torre, a la fachada posterior del edificio (que es la que vemos desde La Plaza) y al edificio en sí, incluso utilizó su imagen para la portada de su primer libro.
Pero del reloj en concreto no se había ocupado, aunque había "fantaseado" con que todos los elementos de esta fachada, reloj incluido, formaban parte de un conjunto que evocaría la imagen de las herramientas propias de los petaqueros o ¿por qué no? de los masones.
El caso es que el reloj, tal y como lo conocíamos, estaba en la fachada del San Antonio desde 1886. En principio iba a ser colocado en el Ayuntamiento, pero su fachada principal, en aquel entonces, estaba un poco deteriorada y no podría soportar el peso de la maquinaria del reloj. Según Ana María Benítez, la corporación municipal decidió entonces :
"... la restauración de la fachada en 1886, acometida con la intención de ubicar en ella un reloj... En la navidad de 1886 se hicieron los preparativos. La torre se ordenó con una decoración de banderas y para que se viera bien el reloj se iluminó con lámparas de carburo... El reloj fue comprado a plazos a la casa cordobesa "Pascual de Gregorio y Compañía", y para esta compra se habían destinado dos mil quinientas pesetas. Como curiosidad, cabe decir que posee el mismo diseño y estilo que el que se encuentra en el Big-Ben de Londres."
El mismo diseño, el mismo estilo... ya no.
El reloj estaba averiado desde hace unos meses, y el viernes, por casualidad, encontré en el San Juan este coche:
Empresa dedicada a los relojes de Torre y Campanas
Este vehículo me dio que pensar, así que estuve pendiente para ver si finalmente arreglaban el reloj, y lo han hecho. Ahora, el reloj de la Torre del San Antonio funciona muy bien, da las horas y marca las horas, pero...
Foto: Luis Eduardo Rubio
La Torre del San Antonio, parece que nada ha cambiado, pero...
Si miran ustedes bien las agujas, se darán cuenta de que el diseño es diferente, ya no son agujas del mismo tipo que durante años. ¡A saber cuántas veces ha habido cambios a nuestro alrededor y no nos hemos dado cuenta!
El reloj del San Antonio, con sus nuevas agujas
Foto: Luis Eduardo Rubio
El caso es que por fin está arreglado nuestro reloj, y podemos seguir mirándolo tranquilos mientras paseamos un poquito en La Plaza.
La obra de nuestra fotografía es muy actual, han comenzado los trabajos en la antigua barbería, pero la historia que relatamos sucedió hace mucho tiempo.
Es sabido que en los pueblos corren todo tipo de rumores referentes a la existencia de tesoros escondidos. Antes no había tantos bancos y la gente aprovechaba cualquier hueco en su casa para guardar los objetos preciados o las monedas, o los enterraban en la tierra para supuestamente tener a buen recaudo sus pertenencias.
Recuerdo una historia que le contó un albañil a mi padre: Resulta que estaban derribando una casa antigua en Ubrique y notaron que al tocar en una parte del muro sonaba a hueco. Rompieron un poco y se llevaron una gran sorpresa al ver que dentro había una gran tinaja. Nerviosos por el hallazgo guardaron silencio y quedaron en volver por la noche para descubrir lo que ellos pensaban que sería un gran tesoro. Ya de noche , a oscuras, volvieron y con cuidado descubrieron totalmente la tinaja. Llevados por el nerviosismo uno de ellos le dio con la machota y empezaron a salir aceitunas partidas que tenía la vecina en una tinaja en su alacena. ¡En realidad habían picado en la casa de la vecina, le habían roto la alacena y la tinaja!
Yo sé que en algunas obras aparece un tarro con unas pocas monedas de la época en la que se hizo la casa asi como el nombre de los albañiles y alguna cosilla más. Me imagino que alguna vez alguien habrá encontrado el tesoro y se habrá callado, aunque tambien oí comentarios de personas que de un día para otro cambiaron de estatus y más de uno oyó rumores de tesoros escondidos.
Una alacena en el muro, en el Rodezno de Ubrique
Nuestro padre conservó, durante mucho tiempo, un trozo de vasija árabe que había aparecido al derrumbar una casa del casco antiguo en el que, por casualidad, se había adherido una de las monedas que, supuestamente, llenaban la vasija. Durante una tarde entera buscaron con cuidado los restos de la vasija y las "otras monedas", pero sólo encontraron ladrillos y escombros.
Esperanza Izquierdo con su hijo y sus nietosUbrique, 8 de septiembre de 2009
De todos los miembros de la familia, nuestro hermano Francisco, su mujer y sus hijos son los que con más fervor y devoción siguen las tradiciones populares. Costaleros de la Virgen desde hace muchos años, los dos Francisco, padre e hijo, llevan la imagen de Nuestra Señora de Los Remedios por las calles de Ubrique en procesión el día de la Patrona y el día del voto. María y María del Carmen los acompañan siempre.Desde que murió nuestro padre, esperamos a la procesión en nuestro balcón, y siempre se para un minutito abajo, lo suficiente como para que, como dijo nuestra prima este año, "se te encoja un poquito el corazón y te de un pellizco, aunque no seas religiosa".Si nuestras abuelas pudieran verlos, se sentirían tremendamente orgullosas de ellos.
Ese es el epitafio que podemos encontrar en la tumba de nuestra tatarabuela, Ana Córdoba, madre de Manuel Janeiro Córdoba, y bisabuela de nuestra tía Isabel, que nos ha contado otra interesante historia: "Mi bisabuela Ana había nacido en Marchenilla (Cádiz), en 1855, se casó con un gallego, Manuel Janeiro López, que había nacido en El Barco de Valdehorras en 1828. Vivían en Ubrique en la Plaza de la Verdura, en la misma casa de siempre, donde estuvo el café de Janeiro.
Tuvieron cinco hijos, Manuel, Teresa, Emilio, José y Eduardo. Desde muy pronto Ana tuvo que buscarse la vida para sacar adelante a sus hijos, y montó varios negocios: donde hoy está lo de Carriles, tenía una fábrica de fideos, que después llevó mi tío Humberto. Era muy curioso ver las madejas de fideos enrolladas secándose en la puerta. También tenía el café, aquí en la esquina de la plaza, que después regentó mi abuelo Manuel, y además allí, junto a la calle Madera, donde estaba la posada y al lado de la pescadería, mi bisabuela Ana tenía una almona.
Una almona es una fábrica de jabón. En unos noques como los de los curtidos se mezclaba agua, sosa caustica y grasa, que no siempre era aceite, también se podían usar trozos de cerdo. (Mi padre nos contaba que después de una epidemia de peste porcina, echaron cerdos casi enteros en los noques de sosa para hacer jabón). Ese jabón se vendía en la misma almona, y se utilizaba en las casas tanto para lavar la ropa, como para limpiar el suelo o el aseo personal". La almona de nuestra tatarabuela desapareció a principios del siglo XX, a partir de entonces en cada casa se hacía el jabón necesario para el gasto, pero con los tiempos modernos, el proceso de su fabricación se ha ido perdiendo en las últimas fechas hasta casi olvidarse. Nosotros tuvimos la suerte de conocer la receta de jabón que se hacía en la casa de nuestra abuela Natalia, y Pepa Morales nos enseñó a hacerlo. Aunque se trata de sustancias tóxicas y no conviene hacerlo en casa, ni mucho menos utilizarlo para el aseo personal, hemos decidido explicar el procedimiento, para que no se pierda.
Utensilios para hacer jabónFoto: Esperanza Cabello
En primer lugar, los utensilios: nos hemos modernizado y en vez de la vara para mezclar utilizamos una batidora (su uso es exclusivo para el jabón), un cubo para hacer la mezcla, un recipiente para el jabón y guantes y mascarilla para protegernos.
Ingredientes para hacer jabónFoto: Esperanza Cabello
En segundo lugar los ingredientes: agua, sosa y aceite usado: una parte de sosa, el doble de agua y el doble de esta última cantidad de aceite. Por ejemplo, medio kilo de sosa, un litro de agua y dos litros de aceite.Con todos los ingredientes a mano, los guantes y la mascarilla puestos y un grifo cerca, hay que ponerse en un lugar ventilado, se echa la sosa en el cubo, después el agua y se remueve bien con la vara, finalmente se va añadiendo el aceite despacito, como si fuera una mayonesa, mientras se bate con la batidora. Hay que tener mucho cuidado con la sosa que se utiliza, la de bolitas de los grandes supermercados no sirve, porque su composición es diferente y no cuaja bien. Más vale utilizar la sosa en escamas de siempre, de venta en droguerías o en pequeños comercios.
Jabón recién hecho
Foto: Esperanza Cabello
Al terminar de añadir el aceite, la mezcla ya será un poco más consistente. Se vierte con cuidado en el molde y se deja reposar un día entero.Con un cuchillo (especial sólo para el jabón) se hacen unos cortes antes de desmoldarlo.
Ya se ha cuajado el jabón
Foto: Esperanza Cabello
Finalmente se desmolda y se deja secar unas horas. Después lo guardamos en una caja hermética.Ahora utilizamos este jabón solo para la lavadora o para el suelo, pero es estupendo, y todas las tías, abuelas y amigas están encantadas de poder usar el mismo jabón de siempre.